viernes, 4 de abril de 2014

EL ILEGALISMO FRANCÉS A PROPÓSITO DE LA NOVELA “EN CUALQUIER CASO NINGÚN REMORDIMIENTO”

En el número de abril del periódico CNT publico un artículo sobre el llamado ilegalismo en el anarquismo francés, a propósito de la novela de Pino Cacucci En cualquier caso, ningún remordimiento, que cuenta la vida de Jules Bonnot. Aquí reproduzco la versión larga del propio artículo

Si algo ha levantado siempre mucha literatura ha sido la llamada violencia en el anarquismo. Es curios que un movimiento con múltiples aristas de estudio se le encasille constantemente en acciones violentas, presentado la historia del movimiento libertario completamente deformada. Estas cuestiones se han hecho por varias razones:
  1. Por desconocimiento de la propia ideología anarquista.
  2. Por la pasión por lo que denomino “la casquería” de la historia del anarquismo con el fin de distorsionar la situación.
  3. Por cuestiones puramente políticas donde presentar al anarquismo como un accidente violento sirve para defender otras causas.

Son algunas de las razones, aunque pueden existir muchas más. Y es una cuestión que no solo pasa en el anarquismo español. El anarquismo francés, por poner un ejemplo, también se ve afectado por estas cuestiones. Sobre todo en lo concerniente al llamado periodo terrorista y el ilegalismo que abarca el periodo comprendido de la última década del siglo XIX hasta mediados de la década de 1910 en el siglo XX. Por ese periodo circulan nombres como el de Ravachol, Emile Henry o Jules Bonnot. Aunque en muchas ocasiones se ha tendido a mezclar todo, cada uno de estos personajes responden a una tipología concreta y un momento histórico. Nada tiene que ver las acciones de Ravachol con las de Bonnot. Vamos a intentar poner un poco de orden a toda esta historia. Para ello nos vamos a guiar por dos de los mejores historiadores franceses del anarquismo: Jean Maitron y Jean Preposiet.

El anarquismo francés tiene diversas tipologías desde el aplastamiento de la Comuna de París en mayo de 1871. Algo que tampoco es ajeno a otros lugares del mundo. El anarquismo se debatió entre la organización en las sociedades obreras para incidir de forma efectiva en el movimiento obrero y la en la organización puramente anarquista, que sin desechar el obrerismo le dé otro cariz a la organización anarquista. A finales del siglo XIX tomó fuerza entre algunas individualidades anarquistas la opción de atacar a las instituciones del Estado o los centros de poder con el cometido de erosionarlo y provocar con ello el estallido de una conciencia que condujese a la revolución. Aquí encuadrariamos los casos y acciones de Sante Caserio y el asesinato del presidente de la República francesa Sadi Carnot o a Luigi Lucheni y el asesinato de la Emperatriz Sissi. Estos anarquistas consideraban que los personajes a los que ejecutaban eran responsables directos de la miseria y de masacres, por lo que planificaban su eliminación. Aquí entraría también Angiolillo y el atentado contra Cánovas del Castillo. Otros lo intentaron contra centros específicos, como Desiré Joseph Pawels, anarquista belga fallecido en la Iglesia de la Madelaine por el artefacto explosivo que portaba. En la misma línea se situaría Auguste Vaillant, que en diciembre de 1893 atentó contra la propia Cámara de los Diputados francesa. Su ejecución en la guillotina en febrero de 1894 provocó la reacción de Caserio y Pawels ya explicadas.

Otros anarquistas optaron por la llamada expropiación. Acciones muy criticadas por los militantes de organizaciones anarquistas pero que estuvieron presentes en muchos aspectos. Destacan las figuras de Duval, Pini o de la Marius Jacob del que se ha dicho que el escritor Maurice Leblanc se basó para hacer el personaje de Arsenio Lupin.

En toda esta vorágine finisecular había dos nombres que siempre son destacados por encima del resto. El primero es Ravachol. Y el segundo el de Emile Henry.
Ravachol en realidad se llamaba François Claudius Koeningstein. Desde pequeño se vio obligado a
trabajar y adquirir distintos oficios. A través de diversas lecturas se comienza a poner en contacto con círculos socialistas en Saint Chamond. Conoce el anarquismo y comprueba que se siente más vinculado a esta ideología. Ravachol comienza a tener problema por la justicia por acciones que le acusan pero que en realidad son ajenas, en un principio, a su propia persona. Pero a partir de ese momento las acciones de Ravachol fueron sucediéndose. Falsificador de moneda, profanador, robo, etc. Por todas estas acciones es perseguido y llega a ser detenido, aunque consigue evadirse. En ese momento llega a París. Y deciden vengarse de lo acontencido contra los anarquistas Decamps y Dardare. Ravachol y dos colaboradores organizan el atentado contra el presidente de la Audencia Benoît en el 136 del Bulevard de Saint Germaine. A pesar del artefacto explosivo no hay víctimas y Benoît sale ileso. Decide entonces volver a la carga. A pesar de las detenciones de sus colaboradores en los días previos, Ravachol escapó y logró realizar el atentado en el domicilio del sustituto de Benoît de apellido Bulot en el 39 de la Rue de Clichy. La bomba provocó siete heridos y cuantiosas pérdidas materiales. Pero Ravachol fue poco discreto y la policía estaba sobre aviso. Fue detenido en marzo de 1892 en el Restaurante Lherot. A pesar de que Ravachol fue condenado a cadena perpetua se le juzgó también por tres crímenes anteriores con lo que la condena fue a muerte. Fue guillotinado en julio de 1892. Sus acciones fueron recordadas en numerosas canciones de la época.
Aun con de la militancia que Ravachol había tenido con anterioridad nunca fue aceptado en muchos círculos libertarios. Sus acciones de robo o profanación fue entendida en muchos círculos anarquistas como algo alejado de la ideología.
La java bons enfants y su muerte sí tuvo más repercusión entre los círculos libertarios teniendo en cuenta cuales eran los orígenes del personaje.
Caso contrario a Ravachol es el de Emile Henry. Henry había nacido en Barcelona debido a que su padre se vio obligado salir de Francia tras su participación en la Comuna de París. Por ello Emile Henry es un militante que bebe de las raíces revolucionarias desde un inicio. Henry fue un militante aventajado y formado, propio la cultura obrera de la época. La acción que Vaillant realizó contra el parlamento y la condena a muerte de este anarquista provocó la reacción de Henry. Anteriormente, en noviembre de 1892, Henry había atentado contra la Comisaria de la Rue Bons Enfants de París. En realidad el destino de la bomba era las oficinas de la Compañía minera de Carmoux (ciudad del sur de Francia), cuyos mineros estaban en huelga. La bomba fue interceptada y trasladada a la comisaria, depositándose en un patio. Allí hizo explosión mientras dos policías la manipulaban. Posteriormente la ejecución de Vaillant en 1894 provocó la reacción de Henry, quien realizó un atentado contra el café Términus el 12 de febrero de 1894 con el resultado de un muerto y veinte heridos. Henry fue detenido, juzgado y condenado a muerte. Las declaraciones y confesiones de Henry durante el juicio fueron toda una condenada a la sociedad capitalista y una justificación de sus acciones contra la explotación y sus instituciones. Su ejecución se realizó el 21 de mayo de 1894 contando con tan solo 22 años de edad. La acciones de Henry también se recordaron a través de canciones como La java des bons enfants.
Llegados a este punto damos un salto y hablamos de la figura de Jules Bonnot. Y poco tiene que ver Bonnot con los anteriores casos. En el caso de Bonnot no realiza atentado con bombas contra instituciones o por cuestiones de lucha obrera. Bonnot es lo que se conocía como un expropiador. Aunque también comenzó a militar en las sociedades obreras, su carácter temperamental le dejó muchas veces fuera de esos empleos. Las acciones de Bonnot fueron espectaculares en conexión con sus colaboradores. Lo que se conoció como la llamada “Banda de Bonnot”. El atraco de la Rue Ordener contra la entidad bancaria Societé General, las acciones de expropiación, etc. Una trayectoria dilatada en el propio Bonnot antes de unir su suerte a la de Raymond Callemin, Eduard Carouy o Ganier. Un grupo que había crecido al calor del periódico L'Anarchie fundado por Albert Libertad y continuado por Víctor Kibalchite luego conocido como Víctor Serge, uno de los participantes en la Revolución rusa y autor de numerosos libros al respecto.
Bonnot había pasado por muchos vericuentos, persecuciones y acciones. Se dice incluso que fue chofer del escritor Arthur Conan Doyle (como recoge la novela de Pino Cacucci). La idea de Bonnot era expropiar a aquellos que robaban. Todos los integrantes del grupo de Bonnot procedían del movimiento obrero francés. Pero decidieron realizar acciones de este tipo. La vida y la muerte de Bonnot es cinematográfica. Persguido por atracos y asesinatos, Bonnot es acorralado junto con Debois en Choisy Le Roy. Huía tras haber sido sorprendido y asesinar al comisario Jouin, que le seguía la pista. En un asedio de horas. Al asedio de la casa defendida por los dos anarquistas se desplazaron unidades especiales de tiradores del regimiento de los Zuavos. Tras horas de asedio Debois y Bonnot fueron acribillados el 27 de abril de 1912. Unos días después se repitieron las mismas escenas en otros lugar, en el asedio a la casa donde estaban Valet y Garnier, integrantes del grupo de Bonnot. La mayoría de los integrantes de la Banda de Bonnot fueron ejecutados.

Algunas consideraciones

A pesar de la espectacularidad de las acciones que se han narrado este tipo de actuación siempre fue minoritaria en el seno del movimiento libertario. Curiosamente se resalta en exceso este tipo de actuaciones y nada las consideraciones que personajes como Kropotkin o Malatesta tuvieron al respecto. Si bien el movimiento anarquista se solidarizada en ocasiones con los condenados a muerte, a los que consideraban compañeros anarquistas, lo cierto es que no contemplaban sus acciones como positivas para la anarquía. En la Francia de finales del siglo XIX e inicios del XX tuvieron mucha más repercusión en el anarquismo las teorías del obrerismo y la vinculación al movimiento sindical. Personajes históricos como Louise Michel, que había participado en la Comuna de París, el geógrafo Eliseo Reclus, Charles Malato, etc., fueron más incisivos en el desarrollo del anarquismo. Para la parte sindical habría que destacar las figuras de Tortelier y su concepto desarrollado de la huelga general o la de Fernand Pelloutier que afianzó el sindicalismo revolucionario. A pesar de su fallecimiento en 1901 su figura será fundamental para el devenir del movimiento obrero francés cuando se aprueba la Carta de Amiens de 1906.

El final del siglo XIX fue el reflejo de unas acciones individuales motivas por el sentimiento de venganza ante los ataques tanto a la clase obrera como contra militantes individuales que se rebelaban contra la sociedad establecida. Ninguna organización estaba tras las acciones. El anarquismo organizado no las amparaba aunque se solidarizara con las personas e intentase dar una lectura a lo que sucedía. La consecuencia del momento y en la actualidad es una magnificación de aquellas acciones y una ocultación intencionada de los debates internos del anarquismo y su participación en la organización obrera.

El caso de Bonnot si responde a otras cuestiones. Quedaba lejos los debates de finales del siglo XIX. Bonnot y el resto de su grupo se alejaron de las acciones colectivas para entrar en las individuales convirtiéndose en un islote dentro del panorama anarquista. Quizá sus antecedentes inmediatos estaban en Pini, Duval y Jacob. Pero lo que no se puede negar es la formación anarquista de los integrantes de la Banda de Bonnot. Su concepto de expropiación fue muy criticado y alejado de las concepciones mayoritarias del anarquismo. Pero con la muerte de Bonnot se pone punto y final a toda una época.




martes, 1 de abril de 2014

LAS ILUSIONES APLASTADAS 75 ANIVERSARIO DE UNA DERROTA

Artículo publicado en el periódico Diagonal edición digital con motivo del 75 aniversario del final de la Guerra Civil

En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.
El Generalísimo
Franco
Burgos 1º abril 1939

            Este fue el parte de guerra que el 1 de abril daba por concluida la contienda, emitido por radio con la voz de Fernando Fernández de Córdoba. Se cerraba casi tres años de combates desde que el 18 de julio de 1936 un grupo de militares perpetrara un golpe de Estado contra la República. Tres años de Guerra donde los vencedores dieron todas las muestras de lo que iba a ser el régimen que forjaban. El objetivo era claro: aplastamiento definitivo de sus enemigos. Porque como Fernando Fernán Gómez dice al final de su obra Las bicicletas son para el verano cuando finalizó la contiendo no hubo paz, comenzó la victoria. Y frente a ella los derrotados.
            No habían pasado ni ocho años desde que el 14 de abril de 1931 se proclamase la República. Las ilusiones que entonces se forjaron quedaron aniquiladas ese 1 de abril de 1939. No solo por la derrotada de la República democrática. También porque fueron aplastados manu militari proyectos de transformación social que se venía desarrollando en España desde el siglo XIX. El movimiento obrero es el gran derrotado de la Guerra Civil. Sus aspiraciones de una sociedad nueva y socialista quedaron aplastados. Los proyectos socialistas y anarquistas, muchos de los cuales se pusieron en práctica durante la Guerra Civil iniciando una verdadera y profunda revolución, fueron exterminados.
            Pero la gran derrota de 1939 no solo se ejemplificó por una durísima represión iniciada por el gobierno de Franco. También por la imposición del terror. El terror político, el terror social y el terror psicológico. Algo que las generaciones posteriores siguieron sufriendo y que, actualmente, sigue siendo una de las grandes herencias del franquismo, merced a unas políticas de las memoria intencionadamente erróneas y fundamentadas en los propios principios de los vencedores de la Guerra Civil. Y es que mucho son los puntos del franquismo que aun se mantienen vigentes. Desde estructuras políticas pasando por instituciones no depuradas hasta llegar a una verdadera impunidad para las víctimas de una guerra y del franquismo que se debate entre el genocidio o las prácticas genocidas contra ellas. Algo que ha llamado la atención de las propias instituciones internacionales que han comprobado como en España no se ha hecho nada por restablecer la Verdad, la Justicia y la Reparación de las víctimas. Y como dice el historiador Paul Preston la corrupción también es otra de las grandes herencias actuales del franquismo.

Casado y el final de la Guerra Civil. Donde todos y ninguno tenían razón

            El final de la Guerra Civil fue dramático. Mientras la maquinaria de exterminio de los rebeldes se puso en marcha desde el propio inicio de la Guerra (no hay más que recordar las palabras de Emilio Mola seguidas al pie de la letra) en el campo leal a la República se generó una serie de debates, muchos de ellos enriquecedores, que vinieron acompañados por disputas internas que poco favor hicieron.
            El final de la Guerra Civil fue el fiel reflejo de esas disputas. Desde mayo de 1937 ostentaba la presidencia del gobierno de la República el socialista Juan Negrín. En su primero gobierno había eliminado la participación de los sindicalistas tanto de la UGT (producto de los problemas internos del movimiento socialista) como de la CNT. A pesar de ello se sucedieron distintos problemas en el seno del gobierno que no dejaban de ser problemas de los propios organismos que representaban. Los reveses militares llevaron a Negrín a promover una reforma de gobierno en 1938 donde caía un ministro comunista (Jesús Hernández) y entraban nuevamente los libertarios (Segundo Blanco). A pesar de ello el gobierno de Negrín se enfrentaba a varios problemas. El primero el retroceso de la República en el campo de batalla. La toma de Teruel y su rápida pérdida era un motivo de preocupación para el gobierno de la República. El segundo una desigual lucha a nivel internacional. Mientras los golpistas habían encontrado rápidamente apoyos en sus aliados fascistas europeos (Portugal, Alemania e Italia) la República quedó completamente aislada. Ni Francia ni Reino Unido apoyaron a la República, promoviendo una Comité de No Intervención. La URSS apoyó con material bélico y asesores, pero esta ayuda siempre fue motivo de enconados debates al no ser desinteresada. México dio una ayuda sincera pero testimonial. A la altura de 1938 y con un mapa europeo muy distinto al de 1936 la República estaba seriamente erosionada a nivel internacional. Las Brigadas Internacionales se retiraban de la España leal haciendo entrever un cambio de política internacional en la URSS. Las potencias democráticas daban un nuevo ejemplo de debilidad frente al fascismo cuando cedieron ante Hitler por la invasión de los Sudetes. Los Acuerdos de Munich de septiembre de 1938 no dejaban de ser un duro golpe para la República española.
            Los problemas internos que se generaron tras la crisis de Mayo de 1937 quedaron larvados en muchas organizaciones. Los socialistas caballeristas (seguidores de Largo Caballero) se vieron fuera del poder y comenzaron a estrechar lazos con la CNT a nivel sindical si bien otros sectores socialista y comunistas dentro de la UGT les comenzaban a disputar la dirección del sindicato. La CNT también se vio fuera del gobierno, pero era una organización lo suficientemente poderosa como para mantener muchas cuotas de poder tanto a nivel municipal, militar o en el comisariado. Aun así las disputas llevadas en Barcelona en Mayo de 1937 fue algo que se guardaron los anarquistas. Igualmente la alianza circunstancial para poder controlar el gobierno que Negrín, Prieto y los comunistas formaron se fue erosionando poco a poco por las propias disputas internas hasta llevar a la crisis de febrero de 1939. El presidente de la República, Manuel Azaña, era criticado por todos acusándolo de derrotista por sus reflexiones y escritos.
            Cuando el 5 de marzo de 1939 el coronel Segismundo Casado constituyó un Consejo Nacional de Defensa (CND) desautorizando al gobierno de Juan Negrín, todas estas querellas internas estaban encima de la mesa. El problema que la historiografía ha planteado es que ha mezclado todas las cuestiones haciendo una historia unívoca. Pero repasando las fuentes nos damos cuentas que ese CND que surgió en Madrid no era tan cohesionado como se creía. Porque una cosa era los intereses de Casado y otra muy distinta la de los casadistas. Casado llevaba tiempo en contacto con agentes británicos para poder liquidar la Guerra. Era consciente de que en su entorno tenía agentes de la Quinta Columna, como el teniente coronel José Centaño de la Paz. Que estos estaban llevando conversaciones con los quitacolumnista en Madrid que pasaban la información al gobierno militar rebelde de Burgos. Pero los casadistas, que eran una suerte socialistas caballeristas, libertarios, algunos republicanos y figuras simbólicas como el socialista Julián Besteiro o el militar José Miaja, tenían otras pretensiones y, sobre todo, demasiadas querellas con los comunistas por todo lo acontecido en el pasado, ya que estos les habían marginado en una política de intento de control del movimiento obrero. La gran diferencia, y fundamental, entre Casado y los casadistas era que mientras Casado quería negociar una paz honrosa a cualquier precio los casadistas no estaban dispuesto a ello, tal como demostraron a partir de la segunda quincena de marzo. Pero ya era demasiado tarde.
            Por contra el gobierno de Negrín era legal pero debil y profundamente erosionado. Cuando se constituyó el CND casi ningún ministro del gabinete de Negrín estaba en España. Igualmente unos días antes mientras Negrín anunciaba (como hizo en numerosas ocasiones con anterioridad) una ayuda militar de las potencias democráticas, estas reconocían a finales de febrero al gobierno rebelde de Franco en Burgos. La política de Negrín quedaba desactivada y fuertemente erosionada. Además tampoco se escapaba que el propio gobierno de Negrín hablaba en algún momento de paz honrosa frente a los enemigos. Todas estas cuestiones se tomaron como un vacío de poder cuando se constituyó el CND.
            Por su parte los comunistas habían ido perdiendo peso paulatino desde 1938. Desde 1936 el PCE había llevado a cabo una política que le llevó a llenar un vacío que dejaron los partidos republicanos, convirtiendose en un partido de orden, y que le llevó también a una disputa con el PSOE, la UGT y la CNT para poder controlar el movimiento obrero. En este último punto el PCE fracasó. Los comunistas hicieron un llamamiento a la resistencia numantina para que los rebeldes no tomasen Madrid. Pero estaban a merced de la política internacional. No podemos olvidar que el PCE era la Sección Española de la Internacional Comunista y que estaban a disposición de lo que las directrices internacionales marcasen. Y a nivel internacional Stalin estaba cambiando de política. Esa posición de debilidad también fue detectada por su rivales políticos cuando se constituyo el CND en marzo de 1939. Cabe una pregunta en este punto. ¿Qué hubiese sucedido si la guerra se hubiese aguantado hasta septiembre de 1939, con la invasión alemana a Polonia, con el pacto Molotov-Von Ribbentropp de por medio? ¿Cual hubiese sido la posición del PCE ante la Guerra Civil española cuando está hubiese entrado en el conflicto general europeo? No es nuestra misión hacer ni historia factual ni ucronías pero la pregunta no es baladí.
            Los anarquistas siguieron siendo durante la Guerra referencia y ganaron en influencia en muchos sectores. Su posición fue de colaboración con el resto de fuerzas antifascistas y se puede decir que fue el movimiento que más cedió en el periodo bélico. Siendo antiestatista cedió ministros y cargos politicos. Siendo antimilitaristas dieron militares. Pero en la labor de control del movimiento obrero y en la forma de entender la Guerra Civil chocaron con sus rivales históricos, los comunistas. Aun así al acabar la guerra la importancia que anarquistas y comunistas tuvieron se hizo evidente al ser los únicos movimientos que articularon desde muy temprano una resistencia clandestina al franquismo.
            Los combates que se entablaron en Madrid y alrededores (Guadalajara, Alcalá de Henares y Torrejón de Ardoz) entre las fuerzas del CND y las fuerzas comunistas leales a Negrín fueron el triste epílogo de la Guerra Civil.
            Sin hacer juicios de valor hay dos conclusiones claras en este triste final de la República:
1. A la altura de marzo de 1939 el gobierno de Negrín estaba completamente aislado a nivel nacional e internacional. Su posición era de completa debilidad.
2. El CND quiso llenar un vacío de poder sobre unas bases muy débiles, pues lo integrantes del mismo no coincidían en objetivos. La Paz Honrosa era una completa utopía e ingenuidad teniendo en cuenta cual era la política de exterminio que Franco estaba llevando a cabo.

            Aun así una cosa es clara. La derrota de 1939 no vino determinada por las disputas internas en el campo republicano. Esa conclusión esta muy alejada de la realidad. Hay dos factores fundamentales que determinaron la derrota de la República y de los proyectos que en ella anidaban:
1. El primero y fundamental el golpe de Estado de 1936. La Guerra Civil se inició por dicho golpe de Estado. Y en él estaban los enemigos eternos del progresismo. El golpe lo apoyó la derecha política, una parte del Ejército, los terratenientes, la clase capitalista, la amplia mayoría de la Iglesia católica, etc.
2. La soledad de la República fue manifiesta. En el momento crucial de su existencia, cuando fue atacada, se quedó sola. Las potencias democráticas le dieron la espalda.

            Por eso la gesta del pueblo español fue resistir durante tres años las embestidas de Franco, de los fascistas y de los nazis. Y que incluso esas fuerzas lograron derrotar por primera vez al fascismo en el campo de batalla en Guadalajara en 1937. Madrid nunca fue tomada por los rebeldes. Madrid cayó extenuada el 28 de marzo de 1939. Franco fracasó siempre que quiso tomar Madrid.

Las consecuencias de la victoria y la derrotada

            El 1 de abril de 1939 comenzó el calvario para los que no pudieron salir de España. Las cárceles se llenaron de militantes antifascistas. Las organizaciones obreras y de izquierda fueron proscritas y perseguidas. Pensar distinto al régimen dictatorial era un delito que se pagaba con la propia vida. Miles de personas fueron juzgadas en juicios de guerra sumarísimos sin ninguna garantía jurídica. Frente a la presunción de inocencia se reglamentó la presunción de culpabilidad. Miles de personas fueron ejecutadas de forma extrajudicial y sus cuerpos arrojados a fosas comunes y cunetas que hoy todavía permanecen en el anonimato. Otros tantos dieron con sus huesos en las prisiones del franquismo, en los batallones de trabajadores donde fueron mano de obra esclava, internados en campos de concentración con condiciones inhumanas que acababan con su vida. Otros muchos partieron al exilio y ya nunca más volvieron a España. Algunos resistieron al fascismo tanto en Europa como en España. No cejaron en su empeño de derribar a Franco cuando nuevamente se les dio la espalda en 1945, habiendo contribuido a la derrota de nazis y fascistas. Los vencedores se regodearon en su victoria, marcaron los tiempos y determinaron las interpretaciones. Los derrotados fueron siempre condenados al ostracismo. Y de esos polvos estos lodos.
            Pero hubo algo que los derrotados nunca perdieron Y fue su dignidad. La dignidad de haber estado luchando por los ideales que querían. Quien mejor que el novelista y dramaturgo Max Aub en una de sus obras sobre el universo concentracionario (Campo de los Almendros) para definir quienes eran eso que lucharon en España y salieron derrotados:

Estos que ves ahora deshechos, maltrechos, furiosos, aplanados, sin afeitar, sin lavar, cochinos, sucios, cansados, mordiéndose, hechos un asco, destrozados, son, sin embargo, no lo olvides, hijo, no lo olvides nunca pase lo que pase, son lo mejor de España, los únicos que, de verdad, se han alzado, sin nada, con sus manos, contra el fascismo, contra los militares, contra los poderosos, por la sola justicia; cada uno a su modo, a su manera, como han podido, sin que les importara su comodidad, su familia, su dinero. Estos que ves, españoles rotos, derrotados, hacinados, heridos, soñolientos, medio muertos, esperanzados todavía en escapar, son, no lo olvides, lo mejor del mundo. No es hermoso. Pero es lo mejor del mundo. No lo olvides nunca, hijo, no lo olvides.

viernes, 28 de marzo de 2014

El final de la Guerra Civil y la Revolución. Aquel marzo de 1939. Alcalá de Henares

Al cumplirse 75 años del final de la Guerra Civil, reproduzco aquí el último epígrafre de mi tesis doctoral donde relató el final de la Guerra en Alcalá de Henares. En unos días el libro completo de mi tesis doctoral va a estar disponible en las librerías (El movimiento obrero en Alcalá de Henares, 1868-1939. Silente ediciones, 2014)

La partición de la zona republicana en dos, cuando el ejército sublevado llegó a Vinaroz, la pérdida de Teruel, la situación mermada del Ejército Popular de la República tras la Batalla del Ebro y la caída de Barcelona el 26 de enero de 1939, dejaba herida de muerte a la República española. El gobierno de Juan Negrín, que desde el 5 de abril de 1938 contaba nuevamente con la participación de todas las fuerzas políticas y sindicales, quedaba duramente erosionado por los reveses militares.
A estos problemas de carácter militar se unían los de carácter político. A nivel internacional, las Brigadas Internacionales se habían retirado de España. En febrero de 1939, Francia y Gran Bretaña reconocieron de forma oficial al gobierno sublevado de Franco. Si la política de No Intervención había generado a la República un duro revés y se encontraba internacionalmente aislada, la retirada de la ayuda de los brigadistas, el cambio de estrategia política de la URSS y el abandono definitivo de las potencias democráticas, dejaba a la República con unos pertrechos muy pobres de cara al exterior.
A todo ello se unía un sentimiento, en muchos sectores de la izquierda, de rechazo al gobierno de Negrín y a la actitud del PCE. Para diversos sectores del PSOE, gran parte del movimiento libertario y una parte de los partidos republicanos, la legitimidad del gobierno negrinista estaba entredicho. Y la política en la dirección de guerra del PCE se tomaba como una manipulación soviética. Muchos sectores consideraban que Negrín estaba en manos de los comunistas y que estos estaban manipulando la guerra a sus propios intereses partidistas y en franca obediencia a los designios de la URSS. La oposición a Negrín, por parte de diversos sectores del PSOE, sobre todo del largocaballerismo, venía por las disputas del control del propio partido. La salida de Largo Caballero del gobierno no fue bien recibida y los intentos de los distintos sectores por el control de la UGT deterioran mucho a la organización socialista. Muchos jóvenes socialistas comenzaron a separarse de la JSU y a reestructurar las Juventudes Socialistas. Las acusaciones de “criptocomunismo” se empezaron a hacer extensivas. La unificación del PSOE y del PCE, que se buscó en algunos momentos, quedó suspendida.
Por lo que respecta al movimiento libertario, la competencia por el control del movimiento obrero entre comunistas y anarquistas fue algo que se desarrolló durante toda la Guerra Civil. Los numerosos enfrentamientos entre ambas tendencias habían llegado a sucesos sangrientos que desencadenaron la primavera de 1937 y los luctuosos Sucesos de Mayo en Barcelona. En aquella ocasión, los comunistas tomaron ventaja respecto a los libertarios. La CNT se vio excluida del gobierno tras la caída de Largo Caballero y Negrín no estaba por la labor, en un principio, de dar participación a las organizaciones sindicales en la dirección política de la República. Los libertarios buscaron entonces una alianza con la UGT y siguieron pidiendo la constitución de un gobierno de carácter sindical. Aun así, el Comité Nacional de la CNT, encabezado por Mariano Rodríguez Vázquez, quería que los libertarios volviesen a tomar parte del gobierno, cosa que consiguieron en abril de 1938 con Segundo Blanco. Esta cuestión suscitó enfrentamientos y discusiones entre los que veían el colaboracionismo como positivo, para impedir así el avance comunista, y los que no lo veían conveniente y solicitaban regresar a los postulados antiestatistas. Aunque en cualquiera de las posiciones los comunistas eran vistos como un rival a batir.
Lo cierto es que los comunistas había tomado el control de muchos mandos del Ejército y eso fue visto por el resto de fuerzas antifascistas como un peligro. Muchas de ellas se lanzaron a controlar el mayor número de unidades militares así como el comisariado.
Pero lo que quedaba claro es que a la altura de febrero de 1939 determinadas fuerzas antifascistas y leales a la República tenían excesivas querellas tanto con el gobierno de Negrín como con los comunistas. Algunos sectores del Ejército también estaban disconformes con el desarrollo de la Guerra. En la mente de todos, tanto del gobierno como de sectores que se oponían a él, planeaba la idea de una “Paz Honrosa” y de intentar liquidar la guerra de tal manera que la República y sus defensores quedaran en la mejor posición. La táctica de la resistencia por todos los medios era compartida por muchos sectores antifascistas. Pero las fuerzas de la población cada vez eran más escasas al igual que los recursos.
En ese contexto se produce la formación del Consejo Nacional de Defensa (CND) en Madrid el 5 de marzo de 1939 y la destitución del gobierno de Juan Negrín. A la cabeza del CND se sitúo el coronel Segismundo Casado, que en aquel momento era Jefe del Ejército del Centro. A su lado estuvieron representantes de las organizaciones republicanas, los libertarios, los socialistas caballeristas y algunas figuras de importancia como el socialista Julián Besteiro o el general José Miaja. El motivo de la constitución del CND era llenar el vacío de poder que había en la zona republicana e intentar negociar la paz con el ejército sublevado.
El gobierno de Negrín consideró la formación del CND como un golpe de Estado contra la República. Apoyado por los comunistas defendieron la legalidad del gobierno y acusaron de intrusión y golpismo a Casado y los suyos. Esto provocó que unidades militares que no apoyaron al CND se mantuvieran leales al gobierno y se iniciara dentro de la zona republicana, ya circunscrita solo al Centro y Levante, una guerra civil entre los partidarios del gobierno de Negrín y los partidarios del CND.
Y en esta lucha intestina, que acabó por desangrar a la España republicana, Alcalá de Henares tuvo un papel protagonista. El Consejo Municipal de Alcalá de Henares en aquel momento tenía al socialista Simón García de Pedro como Alcalde, y una amplia mayoría representativa de socialistas y libertarios. Los comunistas tenían entonces dos concejales, siendo uno de ellos Victoria Aparicio, la primera concejala mujer de Alcalá de Henares.
Cuando se constituyó el Consejo Nacional de Defensa en Madrid, la 300 Brigada Guerrillera y la Primera Brigada de Tanques, ubicadas en Alcalá de Henares, se mantienen fieles al gobierno de Negrín. El IV Cuerpo de Ejercito, al mando del anarcosindicalista Cipriano Mera, hace movilizar a la 14 División, en manos del socialista Liberino González, para que cerque la ciudad de Alcalá de Henares. Aun así en un primer momento la unidad guerrillera logra mantener Alcalá de Henares y ocupa Torrejón de Ardoz. Casado manda entonces desde Madrid unidades militares para apoyar a las fuerzas del IV Cuerpo de Ejército que el día 9 de marzo toma definitivamente Alcalá de Henares y Torrejón de Ardoz. “(…) Liberino me telefoneó para anunciarme que se habían apoderado de Alcalá de Henares y que se encontraban en el Puente de San Fernando, sobre el Tajuña, de nuevo parados por orden de Casado.”.
Tomada Alcalá de Henares por las fuerzas del CND, la ciudad complutense albergó un gran número de detenidos y de material de Guerra. En los días sucesivos, cuando las fuerzas casadistas se hicieron con el control total de la situación, todos los detenidos fueron trasladados a Alcalá de Henares. Según las memorias de Segismundo Casado “La sublevación comunista terminó con la concentración de 15000 prisioneros en la zona de Alcalá de Henares, creándose bastantes dificultades para su abastecimiento.”. A pesar de que el número que facilita Casado de detenidos es excesivamente alto, no tuvieron que ser pocos los que fueron trasladados a la ciudad complutense. Estos presos fueron hacinados cerca del aeródromo de Alcalá, donde se encontraba la que fue residencia del jefe de la aviación republicana, Hidalgo de Cisneros. Allí establecieron un campo de concentración donde fueron presos muchos militantes comunistas y mandos del Ejército que habían defendido al gobierno de Juan Negrín. Este campo de concentración fue conocido como Caño Gordo. Allí quedaron esos presos cuando las tropas franquistas tomaron Alcalá de Henares. Y a ellos se unieron en los primeros días tras la derrota republicana el resto de militantes antifascistas detenidos por las fuerzas rebeldes.
Los días que duró la lucha, la actividad municipal quedó suspendida y las actividades de las organizaciones sindicales y políticas también. En la sesión municipal del 14 de marzo de 1939, el Consejo Municipal de Alcalá se adhiere al CND y excluye de la representación municipal al PCE. “Expresan también su protesta para el Partido Comunista y su adhesión a la Junta Nacional de Defensa. Cumplido por Izquierda Republicana, Hollemaert por Unión Republicana, Castaño por la CNT y Cao por el Partido Socialista (…)”.
Por aquellas fechas el consistorio alcalaíno estaba en plena elección de nuevo Alcalde, que de forma accidental lo estaba ejerciendo el libertario Elías Fernández. Este pasará a la historia por ser el último Alcalde constitucional de Alcalá de Henares.
Al ser suspendido el PCE y todas las organizaciones a él afines, sus locales fueron clausurados. En Alcalá de Henares esa clausura se produjo durante los días de las luchas entre el CND y los negrinistas. El local del PCE y de la AMA son incautados y sus bienes controlados por las fuerzas triunfantes.
Los socialistas también intentan limar sus diferencias y encauzar su propia situación representativa. Destituyen a algunos de sus representantes en el Consejo, como Claudio Sanz, que había sido presidente del Comité Enlace UGT-CNT, “por pertenecer al Partido Comunista y en su virtud retirarle la confianza”. Nombra como sustituto al ugetista Saturnino Pérez Guajardo. Era el 22 de marzo de 1939. Nunca llegó a ejercer como concejal. La última sesión del Ayuntamiento se celebró el 19 de marzo.
El día 28 de marzo, cuando las calles de Madrid eran ocupadas por el ejército rebelde, en Alcalá de Henares se izó la bandera bicolor en el balcón de Teléfonos. Los partidarios del nuevo régimen estaban felices. Los defensores de la legalidad republicana preocupados y con miedo. El Ayuntamiento lo ocupó Antonio Luis Sanz. Las calles comienzan a llenarse de falangistas que hasta la fecha habían estado escondidos o emboscados. Muchos leales a la República huían de la ciudad.
El día 30 de marzo Alcalá de Henares es ocupada por la columna de Sagardía. Se celebró una misa en la Plaza de Cervantes y se constituyó una administración municipal compuesta por José Félix Huerta Calopa, Tomás García Hidalgo, Baltasar Rodríguez Salinas, Máximo de Francisco y de la Riva y Ricardo Pérez Manzano.
A partir de ese momento las cárceles y los campos de concentración se llenaron de militantes obreros. La República había perdido la guerra. El movimiento obrero había sido derrotado. Más de setenta años de historia de obrerismo complutense que le esperaba la cárcel, los paredones de fusilamiento, el exilio y la clandestinidad.

martes, 25 de marzo de 2014

"MORIR BAJO DOS BANDERAS". ESPAÑOLES CONTRA NAZIS Y FASCISTAS

Breve reseña del libro de Alejandro M. Gallo Morir bajo dos banderas (Rey Lear, Madrid, 2012)

En los últimos tiempos la literatura referente a la participación española en la Segunda Guerra Mundial se ha ampliado considerablemente. Hace poco comentábamos en esta bitácora la novela gráfica de Paco Roca Los surcos del azar, que relata la historia de los española en La Nueve a través de la vida de uno de ellos, Miguel Campos.
            Sin embargo el libro de Alejandro M. Gallo no es un cómic sino una novela. Me lo regalaron las pasadas Navidades. Había leído algo al respecto sobre el libro en diversas revistas y periódicos. Me llamó muchísimo la atención el libro. Sobre todo por el autor, que junto a sus estudios académicos (Licenciado en Filosofía, Ciencias Políticas y Ciencias de la Educación) había pertenecido al Ejército y en la actualidad es el comisario-jefe de la Policía local de Gijón. Tengo que reconocer que en un principio este expediente me hizo sospechar. Evidentemente por puro prejuicio. Pero una vez que leí el libro reconozco que me equivoqué.Además leí que es aficionado a cuestiones relacionadas con la Memoria Histórica, la guerrilla antifranquista y la Revolución rusa, lo que me ha levantado la curiosidad de leer alguna otra cosa de este autor.
            Siendo como es una novela, evidentemente la libertad del autor se deja ver. Sin embargo construye una historia completamente realista con diversos personajes que de una u otra forma están entrelazados entre sí. Todo a través de una familia de derrotados durante la Guerra Civil: los Ardura. El padre acaba preso y luego alistado en la División Azul para desertar y unirse a los partisanos comunistas. Los hijos alistados con la Legión extranjera y luego con las tropas de Leclerc. Aparecen los combates contra los colaboracionistas franceses en África, la lucha contra el Afrika Korps en Bir Harkeim, la llega a Europa por Sicilia y por Normandía, la liberación de París, etc. Se une humor con drama, lucha antifascista y deseo de venganza.
            Hay quizá un par de aspectos de la novela que no me han gustado. El primero la excesiva venganza que mueve a uno de los Ardura para dar caza a un nazi, Rudolf Törni. Por otro la figura de Ricardo, el falangista pronazi que se llega a marchar a Alemania en los últimos momentos para defender la causa nazi. Se deja entrever (o esa es mi sensación) una admiración por el idealismo de este personaje  cuando realidad era fanatismo ideológico.
            Un gran acierto es como los movimientos estratégicos de las potencias que van venciendo a Hitler aislan la posibilidad de invasión de España para desalojar a Franco del poder. Sobre todo por personajes como Churchill. Franco iba a ser un invitado poco incómodo para la reconstrucción de Europa y una manera de frenar el avance del comunismo. Ese mito de “el centinela de occidente” surge gracias a las potencias occidentales que vencen en la Segunda Guerra Mundial. Lo mismo que hay personajes perfectamente definidos como Leclerc o Amado Granell. También, aunque no se cita mucho, la importante participación anarquista en las unidades españolas contra el fascismo. Hecho de menos que se citase a un personaje como Francisco Ponzán, que en el sur de Francia montó toda una red de evasión y fue ejecutado por los nazis (o por los colaboracionistas franceses) tres días antes de la liberación e Toulouse. Un personaje que podría haber encajado perfectamente en la obra tal como lo hace Cristino García Granda.
            Por lo demás el libro está bien trabajo, bien investigado incluso en los detalles. Una novela de 663 páginas con un anexo biográfico de los personajes que circulan por ella. Un libro recomendable por su fácil lectura y por lo interesante de la temática trabajada.

martes, 18 de marzo de 2014

LA COMUNA DE PARÍS. EL IMAGINARIO COLECTIVO DEL OBRERISMO

Muchas son las fechas que jalonan la historia del movimiento obrero. El Primero de Mayo es quizá la más conocida. Tomando como orígen la huelga que se produjo en Chicago en mayo de 1886 y donde se reivindicaba las 8 horas de trabajo. Posteriormente fechas como el aniversario de la Revolución Rusa (7 de noviembre), el día de la mujer trabajadora (8 de marzo) y otros son muestras de ese imaginario colectivo del que se dotó el obrerismo.
Pero entre las primeras fechas las que más destacó fue una que hoy ya no se celebra. Por menos a nivel internacional. El 18 de marzo, aniversario de la Comuna de París. Solo Francia sigue rindiendo homenaje a los communards. Si bien es una fecha que el paso del tiempo no ha deformado.
En marzo de 1871 París se proclamó en Comuna en medio de la guerra franco-prusiana. Por primera vez en la historia los trabajadores tomaban las riendas del poder. Constituyeron comités, se organizaron en la defensa, crearon talleres, gestionaron los barrios, etc. Todo un impulso creativo del obrerismo amparado por una organización como la Asociación Internacional de Trabajadores que había nacido en Londres en 1864. Un movimiento capitalizado de forma mayoritaria por los proudhionianos, seguidores del anarquista de Besançon Pierre Joseph Proudhon. Aquí destacaría algunos de los militantes obreros más importantes de Francia, entre los que destacó Eugène Varlin. Perteneciente a una familia de campesinos pobres, Varlin se convirtió en un obrero tipógrafo. Varlin se muestra rápidamente seguidor del ideario del anarquista Pierre Joseph Proudhon e impulsa la creación de Sociedades de Socorros Mutuos, embrión de los modernos sindicatos. Participante en numerosas huelgas de tipógrafos se afilia a la Asociación Internacional de los Trabajadores siendo delegado en los Congresos de Londres (1865) y Ginebra (1866). Fundó un comedor cooperativo en París (La Marmita) y formó parte del Consejo de la Internacional en Francia junto a otro personaje fundamental como Jean Louis Pindy. Desde el primer momento Varlin se compromete con la Comuna y el 26 de marzo de 1871 forma parte de su Consejo en la Comisión de Finanzas. Opositor a la creación del Comité de Salud Pública del que era partidario la mayoría de los blanquistas, Varlin tiene un trágico final. Detenido en combate durante la Semana Sangrienta es linchado por un grupo de burgueses, siendo fusilado sentado.
Aun así el corolario de integrantes de aquel acontecimiento es múltiple. Edouard Vaillant, Jules Valles, Nathalie Le Mel, Gustave Courbet (uno de los pintores más famosos de Francia), Emile Eudes, etc. Entre los participantes habría que destacar también a Louise Michel, uno de los personajes más importantes del movimiento obrero francés. Dedicada a la enseñanza conoce a las máximas personalidades políticas y literarias de la época. Condenada por su participación en la Comuna es deportada a Nueva Caledonia donde toma contacto con los autóctonos de la zona y les enseña a leer aprendiendo la lengua de los canacos. De vuelta a Francia se vincula a los grupos anarquistas y participa de numerosos movimientos y procesos huelguísticos, debatiendo con las otras corrientes del movimeinto obrero. Escribió numerosos textos entre ellos sus propios recuerdos de la participación en la Comuna. Murió en 1905 siendo su entierro una gran manifestación del obrerismo francés. Su vida ha sido objeto de numerosos trabajos, documentales y películas.
La represión contra la Comuna fue desmedida. Siendo un movimeinto que no generó víctimas excepto al final del mismo, durante las jornadas de la Semana Sangrienta, el objetivo de las autoridades de Versalles era claro: borrar de un plumazo la obra de los revolucionarios parisinos. Y esto llevó a la ejecución de 30000 communards y el juicio contra miles de integrantes de la misma que fueron deportados y encarcelados. Durante años estuvo prohibido en Francia hablar de la Comuna. El Mac Mahon se encargó de ejecutar la represión. Incluso se erigieron algunos monumentos actuales de París, como el Sacre Croeur en Montmatre.
Entre los grandes logros de la Comuna estuvieron la implantación de una educación para todos, la abolición de la pena de muerte, el establecimiento de una jornada digna de trabajo, la extensión de los derechos y los deberes en la población, la igualdad entre hombre y mujer, etc. Fueron dos meses frenéticos con los versalleses y los prusianos presionando. Además la Comuna no solo se quedó en París. En Lyon se produjo también un importante movimeinto donde incluso se llegó a tomar el Ayuntamiento de la ciudad. Bakunin participó activamente en la Comuna de Lyon. También se dieron movimientos en Burdeos, Narbona o Marsella.
Sin embargo la Comuna vivió en el imaginario de la clase obrera internacional. Dentro de Francia se recordaba a través de canciones y en celebraciones cerradas. Y tan solo un año después de la misma ya comienza a ser conmemorada en muchos lugares.
El cementerio de Pere Lachaise de París, que fue escenario de los últimos combates entre los versalleses y los communards, también fue testigo de ejecuciones masivas y sumarias. Allí se encuentra el Muro de los Federados, como recuerdo de las víctimas de la Comuna.
Lo curioso de la Comuna de París es que es reivindicada por el amplio conjunto del movimiento obrero. Anarquistas, marxistas, socialdemócratas, etc. Incluso sus personajes, siendo definidos como el caso de Varlin o Louise Michel, son queridos y admirados por el conjunto del movimiento obrero. La Comuna fue la máxima referencia del movimiento obrero revolucionario antes de la Revolución rusa de 1917 o la española de 1936.

La Comuna en Alcalá de Henares

No quiero dejar pasar la oportunidad de referirme a como este episodio del movimiento obrero tuvo también su reflejo en la ciudad de Alcalá de Henares. Tan solo un año después del acontecimiento parisino en la ciudad complutense se estaba formando la primera sociedad obrera adscrita a la Federación Regional Española, la sección de la AIT en España. A su cabeza se situó en fotógrafo, Florencio Navarro, que siempre estuvo vinculado en la ciudad a los movimientos progresistas. El 16 de marzo de 1872 el periódico La Emancipación decía los siguiente: “Las secciones de Alcalá de Henares piensan conmemorar igualmente la gran revolución de París con una manifestación pública”. Por primera vez en Alcalá se celebraba un acontecimiento relacionado con el movimeinto obrero internacional. El lugar de la celebración fue desconocido.
Pero la vinculación de Alcalá con la Comuna fue incluso más estrecho. No solo por las celebraciones alrededor del acontecimiento, sino que junto a Florencio Navarro, Francisco Ainsúa y Julián Ramos, la gran figura del origen del movimiento obrero alcalaíno es Paul Lafargue. Yerno de Marx, este francés nacido en Cuba participó de la creación de los primeros núcleos obreros en Burdeos y luego participó de la Comuna de París. Obligado a salir de Francia por ello llega a Madrid y comienza a trabajar con una parte de los militantes madrileños. Llega a Alcalá de Henares y acude como delegado de la Federación Local complutense al congreso de Zaragoza de abril de 1872, siendo el impulsor de la ponencia sobre la propiedad. Escribió numerosos artículos para La Emancipación y participó activamente de los debates que llevaron a la ruptura de la Internacional en España. La sección de Alcalá de Henares y la Nueva Federación Madrileña se decantaron por las posiciones marxistas frente a las mayoritarias del bakuninismo en España y que en Madrid representaba la Federación Local y el periódico El Condenado de Tomás González Morago.
Lafargue volvió a Francia y allí se vinculó al POF de Jules Guesde. Es una de las figuras más singulares del movimiento obrero internacional, con una gran producción bibliográfica y de artículos. Incluso su muerte es realmente curioso. Cuando vio que no podía dar más a la sociedad se suicidó junto a su mujer, Laura Marx. Ambos están enterrados en el cementerio de Pere Lachaise en París. Un hijo de ambos murió mientras estaban en Madrid y está enterrado en la capital de España.
Pero este imaginario colectivo de la Comuna no se quedó en los orígenes del obrerismo alcalaíno. Cuando a inicios del siglo XX la ciudad ve nacer un poderoso movimeinto obrero socialista impulsado bajo la figura de Antonio Fernández Quer, la Comuna de París es uno de esos acontecimientos que sirve para la unión y participación de la clase obrera de la ciudad.
Y esta celebración fue algo que se extendió mucho en el tiempo. Tal como dice el historiador Manuel Morales “Una fecha que venía mostrar la comunidad de intereses de la que participaban los trabajadores de todo el mundo y la afirmación de su identidad como clase obrera (...)”

La Comuna de París y el cancionero

Si algo legó la Comuna de París fue un amplio cancionero que aun hoy pervive. Canciones como Les temps des cerises, Vive la Commune, Elle n'est pas morte, La semaine sanglante, etc. Pero de todas las que adquirió fama internacional fue precisamente un poema que hizop Eugene Pottier, L'Internationale. Años despues Pierre Degeyter le puso música, convirtiéndose en el himno internacional de la clase obrera. Aquí su letra originaria:

C’est la lutte finale :
Groupons-nous, et demain,
L’Internationale
Sera le genre humain

Debout ! les damnés de la terre !
Debout ! les forçats de la faim !
La raison tonne en son cratère :
C’est l’éruption de la fin.
Du passé faisons table rase,
Foule esclave, debout ! debout !
Le monde va changer de base :
Nous ne sommes rien, soyons tout !

Il n’est pas de sauveurs suprêmes :
Ni Dieu, ni César, ni tribun,
Producteurs, sauvons-nous nous-mêmes !
Décrétons le salut commun !

Pour que le voleur rende gorge,
Pour tirer l’esprit du cachot,
Soufflons nous-mêmes notre forge,
Battons le fer quand il est chaud !

L’État comprime et la loi triche ;
L’Impôt saigne le malheureux ;
Nul devoir ne s’impose au riche ;
Le droit du pauvre est un mot creux.
C’est assez languir en tutelle,
L’Égalité veut d’autres lois ;
« Pas de droits sans devoirs, dit-elle
« Égaux, pas de devoirs sans droits ! »

Hideux dans leur apothéose,
Les rois de la mine et du rail
Ont-ils jamais fait autre chose
Que dévaliser le travail ?
Dans les coffres-forts de la bande
Ce qu’il a créé s’est fondu
En décrétant qu’on le lui rende
Le peuple ne veut que son dû.

Les Rois nous soûlaient de fumées,
Paix entre nous, guerre aux tyrans !
Appliquons la grève aux armées,
Crosse en l’air, et rompons les rangs !
S’ils s’obstinent, ces cannibales,
À faire de nous des héros,
Ils sauront bientôt que nos balles
Sont pour nos propres généraux.

Ouvriers, paysans, nous sommes
Le grand parti des travailleurs ;
La terre n’appartient qu’aux hommes,
L’oisif ira loger ailleurs.
Combien de nos chairs se repaissent !
Mais, si les corbeaux, les vautours,
Un de ces matins, disparaissent,
Le soleil brillera toujours !

C’est la lutte finale :
Groupons-nous, et demain,
L’Internationale
Sera le genre humain

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