lunes, 6 de marzo de 2017

EN DEFENSA DE MAX AUB

Recuerdo que en el año 2004 comencé mis cursos de doctorado en la Universidad de Alcalá de Henares. Entre los cursos que solicité se encontraba uno que se titulada “Los exilios de las España de 1939. Literatura, teatro, cine y testimonio”, dirigido por el profesor José María Naharro-Calderón. Y fue en ese curso cuando conocí de forma más pormenorizada la vida y obra de Max Aub. Hasta ese momento había leído su novela La calle de Valverde y algunos trozos de su obra Campo de almendros. Sin embargo, el profesor Naharro-Calderón profundizó en el universo concentracionario de Max Aub y eso me animó a realizar un trabajo sobre su libro Campo francés. Desde entonces mi admiración por la persona y la obra de Max Aub no paró de crecer. Un literato que eligió la nacionalidad española (“Una persona es de donde hace el Bachillerato” dijo en cierta ocasión. Y Aub lo hizo en Valencia), que desarrolló su carrera profesional en nuestro país, que se afilió al movimiento obrero a través del PSOE y la UGT y que tras la Guerra Civil sufrió los campos de concentración y vivió en el exilio mexicano. Antes la vida de Max Aub la conocí por una serie protagonizada por Juan Echanove que emitió TVE en 2002 con el título “Max Aub, un escritor en su laberinto”, parafraseando “El laberinto mágico” que aglutina las diversas obras de Aub sobre los campos de concentración en España y Francia tras la Guerra Civil española y que tanto le marcaron.
            Por eso, ayer leía con estupor que los nuevos gestores de la Naves de Matadero pretenden eliminar el nombre de Max Aub de una de las naves para pasar a denominarse Nave 10. La misma suerte va a correr la que lleva el nombre de otro dramaturgo como Fernando Arrabal, que pasará a denominarse Nave 11. Las razones que argumentan el equipo directivo de las Naves de Matadero es que tanto Aub como Arrabal no representa el teatro que a partir de ahora se va a desarrollar en dicho lugar. Que esos autores son parte de un modelo más clásico del teatro.
            No deja de sorprenderme ni de indignarme esta decisión por varias razones. La primera porque el nombre de una sala se pone por los méritos del personaje (sobrados en el caso de Max Aub y Fernando Arrabal) y no por si el mismo concuerda con su forma de entender el teatro al que se desarrolla en el espacio. No veo al Centro Dramático Nacional cambiando el nombre de Valle-Inclán o María Guerrero a sus teatros solo porque en esos espacios no se desarrolla un teatro como lo entendían esos autores. La segunda razón es porque tanto Aub como Arrabal revolucionaron el mundo del teatro en sus momentos históricos. Ya no solo por sus obras sino por su puesta en escena. Por eso pasan a la historia de la literatura y de la dramaturgía. Por eso tiene el nombre sus salas. Y en tercer lugar, porque tener esos nombres, mantener y explicar quienes fueron, forman parte de las políticas públicas de la memoria que se vienen pidiendo para la ciudad de Madrid desde hace años. Porque Aub forma parte de la historia más reciente de este país que tuvo que abandonar España por su oposición frontal a la dictadura de Franco. No solo es una cumbre de la literatura sino un represaliado político. También lo fue Arrabal en otros momentos históricos y bajo la bota del mismo dictador. Volvería a ser un error garrafal, uno más, en materia de memoria por parte del Ayuntamiento de Madrid y de su equipo de gobierno encabezado por la alcaldesa Manuela Carmena.
            A veces cuesta pensar de donde salen este tipo de decisiones. Pero las políticas de memoria del Ayuntamiento madrileño están empezando a llegar al delirio. En una absurda política de compensación se da una de cal y otra de arena. Los méritos para ser parte de un callejero o del nombre de una sala, se tiene en la historia de ese personaje. De quién estamos hablando. La memoria histórica es una cuestión de derechos humanos no es una mera cuestión de consenso. Por mucho que le pese al Ayutamiento madrileño no es lo mismo Max Aub que el general Yagüe. Y aunque sé a la perfección que el Comisionado de Memoria depende directamente de la alcaldía y la dirección de Matadero depende de un concurso público de Cultura, no se puede desgajar el desastre general de la gestión de la memoria de todo el equipo de gobierno. Porque aunque haya salido a concurso público el Ayuntamiento tiene que tener el aherrojo de frenar este tipo de iniciativas. Porque es absolutamente demencial que el pasado sábado 4 de marzo se le pusiera el nombre de Arturo Barea a una plaza de Lavapiés (la de las Escuelas Pías, donde estudió el autor de La forja de un rebelde) y ese mismo día nos sorprenda la noticia de que quieren quitar el nombre de Max Aub y Fernando Arrabal a las Naves de Matadero.
            Como amante del teatro, estoy de acuerdo en todas las técnicas experimental modernas (y posmodernas, si nos ponemos) que se quiere llevar a los escenarios. De eso se nutrió históricamente el teatro. Pero lo que no puedo estar de acuerdo es que en nombre de esa “posmodernidad” quieran barrer la memoria de aquellos que no solo crearon un teatro mejor sino que lucharon por un mundo mejor y fueron represaliados por ello. Hay que ser ecuánime y saber poner freno a las barbaridades. Ya se cometió una auténtica barbaridad contra la Cátedra de Memoria Histórica, contra ese grupo de profesionales que intentaron desarrollar un plan de memoria en Madrid y que fueron atacados de forma inicua por diversos frentes con acusaciones falsas. Estamos a tiempo de frenar una nueva barbaridad que puede hacer desaparecer a Max Aub y a Fernando Arrabal de las Naves de Matadero. Porque aunque no respondan al mismo criterio el resultado que se daría sería el mismo que si la derecha más rancia de la capital de España arremete contra la izquierda cultural exiliada: la desaparición de sus nombres.
            Todavía se está a tiempo de corregir el error, porque a este paso el equipo de gobierno de Ahora Madrid va a conseguir laminar los apoyos que les sostiene y habría hecho un nuevo feo (uno más) a la memoria de los represaliados del franquismo y a las asociaciones de la memoria y de víctimas que piden solo un poco de consideración.
            Experimentemos, avancemos pero cuidemos la memoria. No hagamos desaparecer a Max Aub del nombre de una sala, a su legado, por argumentos tan peregrinos. Quizá, la parte más consciente del equipo de gobierno del Ayuntamiento debería tomar cartas en el asunto.
            Desde luego, con mi modesta opinión, y como historiador de esos que investiga lo que significó la España que el franquismo se encargó de perseguir, solo puedo oponerme a que Max Aub y Fernando Arrabal (cuya obra conozco menos) desaparezcan de las Naves de Matadero.

Julián Vadillo
Historiador







 ¿Quién era Max Aub?

            Max Aub Mohrenwitz nació el 2 de junio de 1903 en París. Sus abuelos paternos eran Max Aub y Magdalena Marx, de cuya unión nació Federico Guillermo Aub Marx. Este casó con Susana Mohrenwitz. De esta unión nació el citado Max y su hermana Magdalena Aub.
            Su padre era de Baviera y era representante comercial, a pesar de que venía de una familia dedicada por entero al derecho y las leyes. Hablaba bien el español y trabajó para la Casa Alaska en Sevilla. Al quebrar se instala como vendedor de bisutería fina para caballeros. La gran cantidad de viajes que realizaba hace que Max tenga más relación con su madre.
            La madre de Max Aub era de origen sajón, aunque había nacido en Francia. Pertenecía a la alta burguesía. Max Aub se crió con ella, su hermana y la criada. El amor de madre a hijo fue intenso y también viceversa.
            Se crió siempre en un ambiente cultural elevado. Practicó el bilingüismo y, a pesar de sus orígenes judíos, su enseñanza fue agnóstica.  Su contacto con la lectura fue continuo. Mostraba pasión por los libros. Aprendió a leer con Los miserables y tenía fascinación por Víctor Hugo, Baudelaire, Rimbaud, etc.
Se educó en el colegio College Rollen, muy exquisito y esmerado. Vinculado con Karl Marx por su abuela paterna, siempre tuvo en él esa constante de sus orígenes sociales y familiares.
Max Aub, aunque francés, se consideraba apátrida. Y con su llegada a España llegaba el español apátrida. Instalado en Valencia se convirtió en un escritor valenciano y un español universal.
Con el estallido de la I Guerra Mundial, Max tuvo que salir de Francia con toda su familia. Como su padre estaba de viaje por España unos amigos le aconsejan que no volviera a Francia. Y en agosto de 1914 toda la familia se reunió en Barcelona. Con once años llega a Valencia y queda completamente enamorado de la ciudad del Turia. Su familia pasa por varios domicilios de la capital valenciana. En 1915 escribe su primer poema en español. Y al siguiente año su padre pide la nacionalidad española.
España estaba entonces en plena efervescencia política. En 1917 la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) y la UGT (unión General de Trabajadores) llegan a unas alianzas para declarar huelga revolucionaria. En Valencia, en la plaza de Emilio Castelar, hay un enfrentamiento entre ciudadanos y Guardia Civil. Desde entonces Max Aub sabe que su lugar esta con los humildes y los oprimidos.
En 1918 cursa estudios en la Alianza Francesa y en la Escuela Moderna, que era la única laica de Valencia. Su educación desde pequeño fue pues liberal y laica. De esta época le impacta algunos de sus profesores, sobre todo Ángel Lacalle, profesor de Literatura Española.
Comienza a tomar amistad con la familia Gaos, con Manolo Zapater, Fernando Dicenta, Juan Gil-Albert, Juan Chabas, Pedro de Valencia, etc. Toma pasión por la comida, la música y los libros, frecuentado librerías de viejo.
En 1920 acaba el bachillerato. Entonces su padre quería que siguiera la tradición familiar y estudiara Derecho. Pero prefirió seguir los pasos de su padre y se hizo representante por Levante, Aragón, Cataluña y Almería. Merced a estos viajes toma contacto con el mundo cultural y de la vanguardia.
Conoce en 1921 a Jules Romains, que le da una carta de presentación que utilizará con posteridad. Por esta época Max esta suscrito a la Nouvelle Revue Française, y también a otras revistas italianas y belgas.
Repartiendo sus mercancías por Cataluña conoce en las tertulias a personalidades como López Picó, Salvat Papasseit, Esclasens y Gasch. Se adentra en el teatro experimental con obras como El desconfiado prodigioso o Espejo de avaricias.
Llegado en 1923 es testigo en Zaragoza de la militarada que provoca la sublevación de Miguel Primo de Rivera, con la declaración del Estado de Guerra.
Le toca la lotería en diciembre de 1923, y esto le permite viajar a Madrid junto a su amigo José Medina Echevarria. Allí presenta a Enrique Díez-Canedo la carta de presentación que en 1921 le había facilitado Jules Romains. Díez-Canedo le introduce en el Ateneo de Madrid, y allí le presenta a Luis Fernández Ardavín, quien lee sus versos.
En un viaje a París en 1924 conoce a Joan Miró y a escritores como Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, Jorge Guillen, José Bergamín, Francisco Ayala, Gerardo Diego, Juan Gil-Albert, Alejandro Casona, Vicente Gaos, Emilio Prados, Juan Chabas, etc. Con todos tendrá relación, sobre todo tras la Guerra Civil.
Publica versos en España. También le influye mucho el filósofo José Gaos, que le recomienda la lectura de Heine, de filósofos del siglo XIX, y le introduce por el placer de Baroja, Unamuno, Quevedo, Cervantes o Mariano José de Larra.
Con la mayoría de edad se nacionaliza español para poder cumplir el servicio militar. Pero la miopía le exime de entrar en el ejército.
En 1925 publicó Los poemas cotidiano, con prólogo de Enrique Díez-Canedo. En la Revista de Occidente publica extractos de Geografía. Un año después publica Caja, cuento vanguardista en la línea de Geografía.
El 3 de noviembre de 1926 contrae matrimonio con Perpetua Barjau Martín, que sería su compañera hasta la muerte. Un año después, el 8 de abril de 1927, nace su primera hija Maria Luisa.
Su estancia en Madrid le hace conocer a personajes como Manuel Azaña, Julio Álvarez del Vayo, Luis Araquistaín, Juan Negrín, Gregorio Marañón o Ramón Maria del Valle-Inclán. Todos ellos se reunían en el café Regina.
Su obra teatral Narciso es pública en 1928. Es una pieza difícil, con acento vanguardista, y que se anticipa a un teatro que hará aparición treinta años más tarde.
En ese año 1928 conoció al escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez, que había vuelto a España se su destierro. Poco después Blasco falleció. Por ello, cuando Aub vuelve a España en viaje, muchos años después de su exilio, visita la tumba de sus padres en Valencia y también la del escritor Vicente Blasco Ibáñez.
Desde 1927 Max Aub comenzó a tener contacto con el PSOE (Partido Socialista Obrero Español) y se adhiere a él en 1928. Años después, en 1954, hablaba así de su compromiso político: “Mi socialismo nació de un sentimiento de solidaridad, de un deseo de que los que no tienen vivan mejor. No es esto una idea sino un anhelo tan viejo como la sociedad”. Max Aub nunca abandonará el PSOE.
El 14 de abril de 1931 se proclama la II República. Max Aub apoya al nuevo régimen. El 18 de septiembre nace su segunda hija, Elena. Publica en 1933 Fábula verde. Escribe para el periódico La luz y realiza un viaje a la URSS a los festivales de teatro junto a su amigo José Medina Echevarría.
Entre 1934 y 1936 dirige El Búho, grupo de teatro universitario al estilo de La Barraca de Federico García Lorca. También publica Luis Álvarez Petreña y Yo vivo. Escribe para las Misiones Pedagógicas Jácara del Avaro. Hace constantes viajes a Barcelona y Madrid. Aquí conoce a personajes como Reglar, Ernest Hemingway o Andre Malraux.
Para la campaña del Frente Popular escribe en 1936 El agua no es del cielo y estrena en el Teatro Principal Las dos hermanas, donde incita al pacto entre la UGT y la CNT.
Ya durante la Guerra, dirige en Valencia el periódico Verdad y es el socio número 3 de la Alianza de Escritores Antifascistas para la Defensa de la Cultura. En julio de ese 1936 nace su hija Carmen.
Desde diciembre de 1936 hasta julio de 1937 es Agregado Cultural de la Embajada Española en Paris junto al embajador Luis Araquistain. Fue subcomisario de la Exposición Universal de París. Encarga a Pablo Picasso un cuadro, razón por la cual nacerá el Guernica. Organiza el II Congreso de Intelectuales Antifascistas celebrado en Valencia, Madrid y Alcalá de Henares.
Adaptó en 1938 La madre de Máximo Gorki y en 1939 dirige con Andre Malraux la película Sierra de Teruel[1].
Con la derrota de la República, Max tiene que salir de España. Pero lejos de encontrarse en un exilio tranquilo, Max Aub sufre la represión de las cárceles y los campos de concentración. Permanece durante un año en París donde escribe Campo cerrado, y reivindica Sierra de Teruel como la mejor obra cinematográfica a favor de la República. Su defensa de la República española le vale tener enemistades. Por ello Aub es acusado de comunista en una Francia invadida, sufriendo prisiones y encarcelamiento.
En abril de 1940 entra en el campo de Roland Garrós (que también recreará en Campo francés como veremos). Pide ayuda a Jules Romains  y este le pasa la petición a Henri Mimbré. De Roland Garrós pasa al campo de Vernet d´Ariège, donde ocupa el lugar que tuvo el húngaro Arthur Koestler. En 1941 consigue la libertad y va como agregado de prensa del Gobierno de México a Marsella. Trabaja para la Resistencia francesa y en la confección de visados para exiliados españoles. Vuelve a ser denunciado, pasando por la cárcel de Niza y Marsella, para volver al campo de Vernet donde estará cuatro meses. De allí pasará a las prisiones del Norte de África. El amor que siente por España le hace atesorar en esos duros días la idea de editar un libro de los clásicos españoles. También en el traslado a Argelia, cuando está en el Mediterráneo, ve frente a frente a España, de la que tuvo siempre la idea del retorno. El trayecto le inspira a escribir San Juan.
Entre 1941 y 1942, durante nueve meses, está en el campo de concentración de Djelfa en Argelia. Cuando sale tiene una autorización para poder embarcar en Casablanca hacia México. Pero es detenido en Oxuda ante una nueva sospecha de comunismo. Esta detención le hace perder el barco de Casablanca, a pesar del visado que le había facilitado John Dos Passos. Se refugia en una maternidad y es ayudado a escapar por Edmundo González Roa, cónsul de México. Embarca por fin el 23 de julio de 1942 hacia EEUU junto a Alfredo Mendizábal. El 1 de octubre de 1942 llega a Veracruz. En el trayecto escribió las obras teatrales El puerto y La vida conyugal.
El 30 de octubre de 1942 es aceptado en México como Asilado Político en calidad de inmigrante. México será su segunda patria y no la abandonará si no es para volver a España. Podemos considerar que su vida fue una carrera de obstáculos y objetivo el retorno.
En México se vincula personalmente al mundo del periodismo, la docencia y sobre todo al cine. A pesar de ello no se sintió muy convencido y sus amigos le hicieron entender que era para su supervivencia. Su tarea de escribir continúa y el 6 de julio de 1943 publica San Juan: la expresión tristemente exacta de nuestros días. También estrena en el Teatro Virginia Fábregas La vida conyugal. Es el primer español que estrena en territorio mexicano. Por ello el 20 de septiembre de 1943 se le realiza un homenaje, con la asistencia de varios intelectuales mexicanos y españoles (Alfonso Reyes, José Gaos, León Felipe, Francisco Giner de los Ríos, Mariano Ruiz Funes, etc…).
Se afilia en 1943 al Sindicato de Trabajadores de la Industria Cinematográfica, Similares y Conexas de la Republica Mexicana. Por ello se puede seguir su actividad como autor, coautor, director y traductor de más de 50 guiones cinematográficos. Fue también profesor de técnicas cinematográficas y en 1944 es elegido secretario de la Comisión Nacional de Cinematografía. Ese año termina y publica Campo cerrado.
En 1946 Max Aub, gracias a la ayuda de la Secretaria de Gobernación, puede reunirse otra vez con su familia. Ese año publica El rapto de Europa. En 1947 reivindica su calidad de inmigrado y un año después, el Certamen de Fiestas de Primavera le entrega una medalla por su poema Canto de Primavera. Publica Los muertos y el 6 de enero de 1949 se le concede la categoría de inmigrado, solicitando poco después la nacionalidad mexicana para toda su familia.
Trabaja para la cinematográfica y la editorial de Castro Leal y hace ediciones junto a Francisco Giner de los Ríos y Díez-Canedo. En este momento comienza a salir su revista Sala de Espera.
Publica Campo abierto y entra como socio del Ateneo Español en México. Muere su padre en Valencia, pero se le deniega la entrada en España para poder asistir al entierro. En 1952 pasa a formar parte del PSOE-Unión  Socialista Española-Organización en el Destierro de Afiliados del PSOE.
Es el organizador de las ferias del libro hasta 1959. Cuando en 1955 publica Ciertos cuentos se reivindica como escritor español y ciudadano mexicano. Tiene relaciones con gente como Octavio Paz, Castro Leal o Jaime Torres Bordet. Pero sus guías espirituales en el exilio fueron León Felipe[2] y Alfonso Reyes. Lo que pretendía era acallar las acusaciones de nacionalismo que muchos escritores mexicanos le dirigían.
Entre 1956 y 1966 Max Aub realiza varios viajes a Europa. El primero, de 1956, lo hace por Inglaterra y Ginebra. En Puerto Rico representan varias obras suyas. Max Aub, por su parte, homenajea a Mozart a los 200 años de su nacimiento y a Heine a los 100 años de su muerte.
En 1957 publica Una nueva poesía española, que crea una polémica  entre la intelectualidad española por las ausencias de Gerardo Diego y Vicente Aleixandre.
En 1958 vuelve a Francia, después de que la maquinaria burocrática francesa se lo prohibiera, arrastrando aun las sospechas de comunista que había tenido en 1941. En el sur de Francia consiguió ver a su madre.
En 1959 viaja por Roma, Grecia, Londres y París, donde se encuentra con el historiador Manuel Tuñón de Lara, Estaban Salazar Chapela, Darío Puccini o Rafael Alberti.
En 1960 prepara sus libros Campo francés, Campo de almendros, El hombre del bacón e Historia de la mala muerte. Ese año proyecta por primera vez Sierra de Teruel en el cine de las Américas. Contacta con Carlos Barral y tiene intercambio de literatura entre México y España. Participa como jurado en el Premio Internacional de Editores. Defiende al escritor Luis Goytisolo ante su detención e impulsa el Movimiento 59, que tiene como objetivo editar aspectos de la guerra de España publicados por autores extranjeros. Asiste en Roma a la investidura de Honoris Causa de Dámaso Alonso.
En 1961 visita en Inglaterra a la familia de Arturo Barea y se le vuelve a negar un visado para entrar en España. Ese año toma posesión como director de los Servicios Coordinados de la Radio, Televisión y Grabaciones de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México). Tiene como corresponsales a Tuñón de Lara en París, José Luis Caro en Londres y Esteban Salazar Chapela en Madrid.
En 1962 intenta editar Biblioteca de la Pléyade: sección de autores de leyenda española. Pero el proyecto no sale adelante. En abril de 1962 muere su amigo Emilio Prados y en septiembre su madre, a cuyo funeral no puede asistir. En 1963 vuelve a viajar por Europa y participa como jurado en el III Premio Nacional del Editores realizado en Corfú. Da conferencias en París, Roma, Alemania y Checoslovaquia. Firma el Manifiesto de los 1000 en la polémica de Fraga con Vicente Aleixandre, Pedro Laín Entralgo y José Bergamín. En noviembre se le concede el Premio Nacional del Teatro por la obra La cárcel.
En 1964 viaja a Salzburgo a la IV edición del Premio Internacional de Literatura. También asiste como jurado al Festival de Cannes. En 1965 viaja a Valescure (Costa Azul) a la V edición del Premio Internacional de Editores y nuevamente al Festival de Cannes. Realiza algunas conferencias por Alemania.
La VI edición del Premio Internacional de Editores se celebra en México y en el jurado estaba Octavio Paz, Camilo José Cela, Jaime Gil de Biedma y el propio Max Aub.
Tiene dos viajes a destacar. El primero el que hizo a Israel en el curso académico de 1966-1967, donde hace una similitud en la persecución del pueblo judío y el pueblo español. Se siente más cerca de España, al ver cerca de la población sefardí. Max Aub habla de la cultura iberoamericana, estableciendo un hilo de contacto hispanoamericano-israelí. Aquí nace su Imposible Sinaí.
El otro viaje es entre diciembre de 1967 y febrero de 1968 a Cuba. Acude al Congreso de Intelectuales de La Habana. Se adhiere a la lucha de los intelectuales y de la cultura contra el bloqueo que tiene Cuba desde 1962. De aquí sale su libro Enero en Cuba. Nuevamente en Cuba se vuelve a sentir cerca de España.
Finalmente el 2 de octubre de 1968 se le dio el permiso para entrar en España.
En 1969 va a Francia, Roma y por fin España, treinta años después de que pasara la frontera. Visita Barcelona, Valencia y Madrid. Recupera parte de su biblioteca personal que estaba en la Universidad de Valencia. De aquí nace su diario La gallina ciega.
A partir de 1960 la salud de Max Aub declina. Aun con todo escribe para la revista Ínsula y acaba de escribir La gallina ciega. Quiso que se publicara en España pero al final se hizo en México. Él mismo dice que es una obra que no va a gustar, pues ni el mismo la entiende. En 1971 continúa trabajando con su obra Buñuel. Viaja a EEUU para participar en una conferencia, mientras su mujer se desplaza a España pues fallece la suegra de Aub.
En enero de 1972 da una conferencia en Nueva York y el 24 de ese mes recibe el homenaje del gobierno francés y es nombrado Comendador de la Orden de las Artes y las Letras. Viaja por última vez a Europa, donde es jurado en el Festival de Cannes. En mayo viaja por última vez a España, y en Valencia recibe un homenaje. Amparo Soler, hija de los dueños de la imprenta donde Aub aprendió la tipografía, lee el manifiesto. Vuelve a México en julio y el día 22 fallece por un infarto de miocardio. Su última voluntad es ser enterrado en el panteón español, con una lápida sencilla, donde solo conste su nombre, primer apellido y fecha de nacimiento y muerte. Con esto imitaba a otro valenciano, Vicente Blasco Ibáñez.



[1] Esta basada en la novela de propio Malraux Espoir (La Esperanza).
[2] Así definía Max Aub a León Felipe: Un poco más joven que Juan Ramón, Díez-Canedo, Enrique de Mesa; un poco más viejo que Guillén, Salinas o Gerardo Diego; León Felipe es –el solo – una generación aparte.
El día de mañana, cuando se estudie l a extraordinaria influencia de América en la poesía española del siglo XX, en la generación del 98, en los antes citados, Juan Larrea, en Federico García Lorca, en Cernuda, en Altolaguirre –cuentas de nunca acabar – el poeta esencial, en este aspecto, será León Felipe. Nadie como él esta a la base de un verdadero mundo español, si lo hay.
Extraído de la Revista Ateneo XI, pag. 33.  

jueves, 2 de marzo de 2017

Calendario de presentaciones del libro "Por el pan, la tierra y la libertad. El anarquismo en la Revolución rusa"

Con la publicación del nuevo libro, se van a realizar numerosas presentaciones. Aquí están las que, hasta ahora, están confirmadas. Se irá completando si hubiese alguna más

VIERNES 10 DE MARZO. 19:30. LIBRERÍA LAMALATESTA (Calle Jesús y María, 24. Metro: Tirso de Molina o Lavapiés)
Intervienen: Sergio Higuera (editor), Chris Ealham (Historiador y profesor), Julián Vadillo (Autor del libro)

MARTES 21 DE MARZO. 13:00. FACULTAD DE GEOGRAFÍA E HISTORIA (UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID)
Intervienen: José María Faraldo (Historiador. Profesor de la UCM), Julián Vadillo (Autor del libro)

JUEVES 30 DE MARZO. 19:00. LIBRERÍA TRAFICANTES DE SUEÑOS (Calle Duque de Alba, 13. Metro: Tirso de Molina o La Latina)
Intervienen: Sergio Higuera (editor), Fernando Hernández Sánchez (Historiador y profesor de la UAM), Julián Vadillo (Autor del libro)

JUEVES 6 DE ABRIL. 19:00. LIBRERÍA DIÓGENES. ALCALÁ DE HENARES (Calle Ramón y Cajal, 1)
Intervienen: Sergio Higuera (editor), Alfredo González y Julián Vadillo (Autor del libro)

JUEVES 20 DE ABRIL. BIBLIOTECA MARÍA RIUS (LLEIDA)

VIERNES 21 DE ABRIL. 18:00. LIBRERÍA SIN TARIMA. Con motivo del día del libro
Intervienen: Representante de la librería y Julián Vadillo (Autor del libro)

MARTES 25 o JUEVES 27 DE ABRIL. 18:00. FERIA DEL LIBRO DE VALENCIA. Mesa por confirmar.

JUEVES 11 DE MAYO. 19:00. FERIA DEL LIBRO DE GUADALAJARA
Intervienen: Sergio Higuera (editor) y Julián Vadillo (Autor del libro)

martes, 21 de febrero de 2017

"Por el pan, la tierra y la libertad. El anarquismo en la Revolución rusa"

Ya está a la venta el libro "Por el pan, la tierra y la libertad. El anarquismo en la Revolución rusa", editado por Volapük ediciones. Ha salido al precio de 14€

Por el pan, la tierra y la libertad es un detenido estudio sobre el protagonismo que tuvo el anarquismo en "el acontecimiento que cambió el mundo": la Revolución rusa. El libro repasa los antecedentes del movimiento revolucionario y anarquista, a través de sus grandes figuras como Bakunin o Kropotkin, o de procesos precursores casi inéditos como los que se desarrollaron en Bialystok y Krinki que trascienden la propia Revolución de 1905.
 Se analizan las enconadas posturas del anarquismo ruso e internacional ante la Primera Guerra Mundial, la que nos pone en relación con los estallidos revolucionarios de febrero y octubre de 1917, en los que el anarquismo va a tener especial relevancia, lo que se fraguó en las décadas previas. Una vez que los bolcheviques toman el poder en octubre de 1917, el anarquismo se convertirá en la fuerza alternativa. Posteriormente, inmersos en el contexto de guerra civil se produce en Ucrania la experiencia comunista libertaria majnovista y, por otro lado, la insurrección de Kronstadt que mostraban el desencanto de buena parte de las fuerzas revolucionarias con el nuevo dominio imperante que no dudó en aplicar una feroz represión contra aquellos que habían estado a su lado liquidando el régimen zarista.
 Casi a modo de epílogo el libro expone las actividades y discusiones que perduran en el movimiento anarquista ruso del interior y el exilio al que se verían abocados muchos de ellos.
 El historiador Julián Vadillo Muñoz logra analizar el anarquismo ruso en su justa medida, ya que como movimiento derrotado en este proceso ha tenido siempre una atención tergiversada de su historia cuando no condenada al olvido. Con una firme pretensión divulgativa, acercando estos hechos a todo tipo de público y sin perder rigor por ello, con una clara contextualización histórica, nos presenta en el estudio a los personajes, organizaciones y grupos, prensa, las dificultades, los debates y posiciones, las realizaciones revolucionarias... que alcanzó el anarquismo ruso en este periodo.


POR EL PAN, LA TIERRA Y LA LIBERTAD
El anarquismo en la Revolución rusa
Julián Vadillo Muñoz
Volapük Ediciones - Guadalajara, febrero 2017
328 páginas, 13x20 cms, Rústica con solapas
978-84-940852-8-4
14 euros

miércoles, 15 de febrero de 2017

Publicación del libro "En el alba del anarquismo. Anselmo Lorenzo (1914-2014)"

Aquí dejo la sinopsis del libro editado por Calumnia edicions sobre la vida de Anselmo Lorenzo. Aunque con un poco de retraso, pues la idea era editar el libro coincidiendo con el centenario de la muerte de Anselmo Lorenzo, gracias al esfuerzo de Calumnia edicions finalmente ha podido ser editado. El precio del libro es de 10€

Anselmo Lorenzo (1841-1914) marcó la historia del movimiento obrero español. El tipógrafo nacido en Toledo pasa a la historia por ser uno de los pioneros del internacionalismo y del desarrollo de las ideas anarquistas en España. A partir de una extensa obra (hoy casi olvidada), Anselmo Lorenzo se mostró como un militante obrero dinámico, activo y culto, que forjó el carácter de un movimiento como el libertario que marcará los tiempos de la historia del país en las seis décadas que median entre la introducción de la Internacional en España hasta el final de la Guerra Civil en 1939.
Considerando la importancia del personaje, este volumen rescata varios aspectos de la vida del mismo, para completar un cuadro general, no solo vital, sino de la propia historia del movimiento obrero español. Para ello se han dado cita una serie de historiadores e investigadores, conocedores del personaje y de la época. Rafael Villena, Julián Vadillo, Juan Pablo Calero, Paco Madrid, Laura Vicente, Dolors Marín, David García Aristegui y Jordi Maíz, se dan cita para plasmar en una obra, En el alba del anarquismo. Anselmo Lorenzo (1841-1914), la importancia y la transcendencia de un personaje hoy injustamente olvidado por la Historia.

ÍNDICE DE LA OBRA

- La trayectoria del un líder: Anselmo Lorenzo (Rafael Villena Espinosa)

- La organización ante todo: Anselmo Lorenzo en los orígenes de la Internacional, 1868-1875 (Julián Vadillo Muñoz)

- Un sindicalista llamado Anselmo Lorenzo (Juan Pablo Calero Delso)

- Estudio sobre la importancia de la prensa libertaria y la colaboración de Anselmo Lorenzo con la misma (Paco Madrid)

- El feminismo como principio de justicia en Anselmo Lorenzo (Laura Vicente Villanueva)

- Anselmo Lorenzo: del educador y librepensador al científico social (Dolors Marín Silvestre)

- Anselmo Lorenzo y la ciencia (David García Arístegui)

- La obra escrita de Anselmo Lorenzo (Jorge Maíz Chacón)

viernes, 20 de enero de 2017

GRACIAS, MARCOS ANA

Hoy Marcos Ana (Fernando Macarro Castillo) habría cumplido 97 años. Recupero el artículo que publiqué en la edición digital de Diagonal con motivo de su fallecimiento el pasado 24 de noviembre

Querido Marcos:
            Estas son las palabras que nadie querría escribir. Pero te nos has ido. Te has ido, pero has dejado muchas cosas, Marcos. Has dejado tu vida como ejemplo. Tu dignidad como bandera. Tu resistencia como forma de afrontar los problemas.
            La primera que escuche tu nombre es cuando era chaval en las calles de Alcalá de Henares. Esa Alcalá que nos vio crecer a los dos en distintas épocas. Tú llegaste con tu familia en la década de 1930. Tiempos difíciles. Tiempos de cambio. Tiempos de esperanza. De ti se comentaba en la ciudad, o mejor dicho, algunos sectores de la ciudad, muchas cosas. Cosas de la guerra. Cuando me fui haciendo mayor y cogí esa apetencia por la historia, hice mi tesis doctoral sobre el movimiento obrero de Alcalá de Henares. Y en ese trabajo aparecías tú. Fernando Macarro Castillo. Y como todo historiador tiene que hacer es no dar nada por sentado. De haber sido así, tú habrías sido culpable por decreto. Sin embargo la fuerza de la historia y los documentos me dijeron lo contrario. Lo que apareció en los mismos es que Fernando Macarro Castillo, hijo de Marcos Macarro y Ana Castillo, fue uno de los organizadores de las Juventudes Socialistas Unificadas en la ciudad (ese mitin de Federico Melchor que lo cambió todo). Fuiste secretario de organización en la misma cuando Agustín Anuarbe era su secretario general. Lo que me decían las fuentes es que fuiste uno de los organizadores del Batallón Libertad, cuando apenas tenías 15 años de vida. Porque aquello del golpe de Estado para ti, un hijo de un jornalero, no era plato de buen gusto. Allí me apareció que aunque fuiste a combatir, eras menor de edad y te sacaron de las zonas de conflicto. Allí vi como Fernando Macarro realizó una importante labor en el interior del movimiento obrero de la ciudad durante la Guerra Civil. Allí también sucedió uno de los momentos más difíciles de tu vida, cuando el 8 de enero de 1937 los bombardeos nazis que sufrió la ciudad acabaron con la vida de tu padre, Marcos Macarro Ramos, con apenas 55 años de edad.
            Sin embargo, cuando acabó la guerra y te convertiste en un proscrito para los vencedores, dijeron otras cosas de ti. Te acusaron de cuatro crímenes. Cuatro crímenes que en mi investigación se quedaron sin fundamento. Dicen que mataste al sacerdote Marcial Plaza y a su padre José Plaza. Una acusación que cae incluso en las propias fuentes franquistas, pues la Causa General, esa que montó el franquismo después de la guerra, cita otros nombres pero no el tuyo. Dijeron también que asesinaste al cartero Amadeo Martín Acuña. ¿Pero como vas a asesinar a Amedeo, amigo Marcos, si ese 3 de septiembre de 1936 estabas en la Cruz Roja con heridas? También dijeron, Marcos, que mataste al labrador Augusto Rosado Fernández. Los que te acusaban no cayeron en la cuenta que ese 30 de julio de 1936 tú estabas con el Batallón Libertad en otro lugar. Estas cosas de las que te acusaron, de las que decían y aun siguen diciendo, yo no me las creí. No me las creí y demostré que fueron falsas, Marcos.
            Sin embargo, aquella justicia al revés del franquismo no se molestaba en comprobar las cosas. Fuiste detenido, torturado, juzgado y condenado a la pena de muerte. La Pepa, esa gachí, que como cantaste una vez en una entrevista en tu casa, tenía predilección por los rojillos en Madrid. Muy cerca estuvo de segar tu vida. Pero el régimen consideró que cuando se produjeron los hechos eras menor de edad y tu pena fue conmutada por la inmediatamente inferior: 30 años. Ibas a estar 30 años en la cárcel, Marcos. No estuviste tanto, fueron 23. Otros compañeros tuyos de Alcalá no lo contaron. No lo contó tu amigo Agustín Anuarbe. Tampoco el maestro Ángel García, ese que también habías conocido. Ni Epifanio Chavarría. Ni Basilio Yebra. Ni muchos otros más. Fueron fusilados. Su delito solo fue, en realidad, ser socialistas, anarquistas, comunistas, republicanos.
            Sin embargo aprovechaste la cárcel para muchas cosas Marcos. En ese ambiente hostil, lúgubre, de represión, de tristeza, hiciste tu universidad. Allí aprendiste, estudiante, leíste, combatiste, te hiciste poeta. Pero también te apenaba tu madre, Ana. Por eso, tomaste tu sobrenombre de Marcos Ana: Marcos por tu padre; Ana por tu madre. En la cárcel coincidiste con amigos. Amigos que con el tiempo tuvimos en común. Porque otro que me habló de ti fue Fernando Nacarino Moreno. También alcalaíno. Y también comunista, como tú. Él entró en la cárcel más tarde. En 1947, tras la explosión del polvorín. Y con muchos de los que fueron acusados injustamente por ese hecho coincidiste en Burgos. Tú ya llevabas en prisión 8 años. Nacarino me dijo que hablase contigo sobre muchas cosas. Y no me defraudaste. Él también nos dejó. En el 2007.
            Tus años de cárcel siguieron. Allí me contaste que conociste la verdadera solidaridad. Entre tus camaradas. Entre los presos. Escribiste, hiciste teatro, leíste mucho. Pero también te enfrentaste a tus verdugos. Conociste a gente que en el periodo de la República habían sido de primer orden y sin embargo, el régimen franquista los condenó al ostracismo. ¿Te acuerdas de Eduardo de Guzmán, de Manuel Navarro Ballesteros, de tu amigo Antonio Buero Vallejo, del literato Hoyos y Vinent que murió enfermo en Porlier, etc.?
            Tuvieron que pasar 23 años, querido amigo, para que volvieses a tener libertad. Libertad relativa, porque estabas en España. Y en aquel momento, 17 de noviembre de 1961, España seguía siendo una cárcel. Por eso era mejor salir del país. Y fuera nunca te olvidaste de España. Seguiste trabajando a favor de los presos del franquismo. Seguiste fiel a tu ideario comunista en el PCE. Impulsaste el CISE (Centro de Información y Solidaridad con España). Defendiste a Grimau, a Granado y Delgado, a Puig Antich y a tantos otros. Te hiciste gran amigo de Neruda, de Alberti, de María Teresa León, etc. Todos poetas como tú. También conociste el amor con Vida Sender, con la que tuviste a tu hijo Marcos.
            Pero si algo tiene un luchador es que nunca ceja en empeño. Y murió Franco. Y tú volviste para seguir luchando junto a tus camaradas.
            ¿Sabes una cosa, Marcos? Quizá no es el momento de contar tu vida. Para eso escribiste Decidme como es un árbol y muchas otras obras. Para eso también te grabó el amigo Javi Larrauri en un video llamado “Marcos frente a Marcos”. Para eso me consta que hay un grupo de gente muy capaz trabajando en un proyecto muy bonito sobre tu vida. A mi me gusta recordarte como todas esas veces que nos vimos en actos o cuando te entrevisté un par de veces en tu casa. Cuando presentaste conmigo en la fiesta del Partido Comunista de Madrid mi libro sobre la explosión del polvorín de Alcalá de Henares, donde tanto amigos comunes lo sufrieron.
            Marcos, hoy los comunistas lloran tu perdido. Los comunistas, tus camaradas. Pero otros, que no somos comunistas, pero creemos en la libertad, en la justicia, que somos de otras escuelas, también. Porque tú fuiste un ejemplo. Porque tu abrías las puertas de tu casa y no preguntabas por las ideas. Porque siempre tenías algo que decir y sabias escuchar. Porque no eras un ortodoxo, sino que veías la verdad en los que luchaban, como tú lo hiciste toda la vida, por la justicia, la dignidad y la libertad. Porque no dudabas en ponerte en cabeza de manifestaciones por las causas justas. Nunca te callaste en 96 años de existencia. Criticaste las cosas negativas. Luchaste por la memoria.
            Algunos seguirán diciendo cosas de ti. Cosas falsas. Gente que no se preocupa en leer o investigar, sino que prefiere dar cosas por sentado. Mejor no hacerles casos. Se te ha reconocido muchas cosas. Has demostrado que la dignidad está por encima de cualquier cosa. Pero quedan algunas por reconocerte que todavía no se han logrado. Hay que lograr que Alcalá reconozca tu trayectoria. Y vamos a trabajar en ello. Hay que lograr que esos juicios del franquismo, realizados bajo aberraciones jurídicas, sean declarados ilegales para que gente como tu sea realmente inocente. Los historiadores, o algunos de ellos, hemos intentado poner un granito de arena para desmentir muchas cosas. Espero que hayamos estado a la altura de las circunstancias. Otros todavía tienen que mover muchas palancas.
            Ya no vamos a poder disfrutar de tu presencia, Marcos. Y eso me apena profundamente. Ya no vamos a poder ir a tu casa entrevistarte, como lo hemos hecho muchas veces. Porque hoy se ha ido uno de los nuestros. De los comunistas. De los socialistas. De los anarquistas. De los republicanos. De los antifascistas. De los que se dejaron la piel por una sociedad distinta. La ventaja es que Marcos lo pudo llegar a contar y siguió en la lucha. Los que no pudieron, gente como Marcos nos habló de ellos. Pero nos queda tu legado y nos queda tu obra. Nos queda tu dignidad y nos queda tu pasión por la libertad. Nos queda, en definitiva, lo que ha sido Marcos Ana.
            Que la tierra te sea leve, compañero, camarada. Hasta siempre. Gracias, Marcos.

jueves, 19 de enero de 2017

LA HISTORIA EN UN TABLERO

Artículo publicado en la edición digital del periódico Diagonal

En ocasiones, contar algún acontecimiento histórico puede ser sencillo. Sencillo y complejo, porque lo uno no quita lo otro. Y ejemplificar la historia, hacerla accesible, contar algo a partir de un objeto, puede ser una buena forma de hacer entenderla. Eso es lo que intenta y consigue Juan Mayorga en su obra Reikiavik, que estos días se representa en una reposición en la sala Francisco Nieva del Teatro Valle-Inclán del Centro Dramático Nacional.
            La estructura de la obra es simple. Dos personajes (Bailén y Waterloo) y un muchacho (no tiene nombre). Bailén y Waterloo representan al muchacho la partida de Reikiavik, cuando en 1972 los ajedrecistas Bobby Fischer y Boris Spaski se jugaron el campeonato mundial de ajedrez. A partir de ahí, la lectura que podemos sacar de la obra es infinita. Un gran mérito de Juan Mayorga. Y como las lecturas son infinitas, remarco las que me han llamado la atención.
            En primer lugar, Mayorga ha recurrido a una partida de ajedrez para plasmarnos la Guerra Fría. Ese conflicto entre EEUU y la URSS que se extendió desde el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945 hasta la caída de la Unión Soviética en 1991. Y recurrir a un tablero de ajedrez no es baladí. El tablero de ajedrez es simétrico, como simétrico era el conflicto. La URSS dominó el panorama ajedrecístico durante 24 años. Spaski fue uno de sus representantes. EEUU se alzó con el título en ese campeonato en la persona de Bobby Fischer.
            Pero si para Fischer (Waterloo) y Spaski (Bailén) el ajedrez lo era todo, para las dos superpotencias tan solo era un escenario donde poder plasmar su rivalidad. EEUU y la URSS no hablaban de ajedrez. El tablero de ajedrez de las superpotencias era el mundo. Fischer y Spaski dos peones solamente. Y la fecha no era lo de menos: 1972. Aun se dirimen combates de la Guerra de Vietnam, conflicto donde EEUU y la URSS tuvieron una implicación. Es un año antes de que Salvador Allende fuese derrocado por un golpe de Estado que acabó con su vida y con las esperanzas del pueblo chileno de establecer un modelo social distinto. Y viene a colación porque en la obra, los actores interpretan a varios personajes. Y uno de ellos es Henry Kissinger, uno de los impulsores de la política de contención contra su enemigo soviético y uno de los intervinientes a favor del golpe de Pinochet en el Chile de 1973. Tiene reflejo en la obra.
            También podemos ver la obra en clave del olvido. El olvido que cubre a algunos personajes cuando dejan de ser importantes para nuestros intereses. Les pasó a Fischer y Spaski en sus respectivos países. De héroes a villanos. Pero también es el reflejo de Waterloo y Bailén. Personajes anónimos, que como dice el director de la obra “quieren vivir la vida de otros”.
            Una obra que puedes sacar la lectura de que incluso cuando ganas, puedes perder. Fischer y Spaski era unos fuera de serie. Unos auténticos genios en su materia. Ambos habían ganado en algún momento. Pero posteriormente perdieron. Perdieron su batalla individual. Se dieron cuenta que eran unos peones en un tablero demasiado complejo. Incluso la complejidad del ajedrez era demasiado simple en un contexto donde lo que menos importaba es como moviesen ellos las piezas en su tablero. La partida era otra. Y por ello, también, los nombres de los protagonistas no son casuales. Bailén y Waterloo. Derrotas determinantes de alguien que había nacido para ganar: Napoleón Bonaparte.
            Pero también la obra refleja la vida y la esperanza. Fischer y Spaski tenía esperanza en el ajedrez. Su vida era el ajedrez. Bailén y Waterloo tienen la esperanza de representar esa vida para que otros la conozcan. Y no es trabajo menor, porque en muchas ocasiones nosotros y nosotras imitamos otras vidas. Pero también la obra tiene una clave en la muerte. Porque de aquella partida de ajedrez de 1972 que duró semanas (del 11 de julio al 31 de agosto y que gano Fischer por 12 ½ a 8 ½) solo vive hoy Spaski.
            La propia vida de los protagonistas reales de la obra daría para un artículo. Fischer falleció y fue enterrado en Reikiavik. El tormento fue el leiv motiv de la vida de Fischer. Infancia difícil. El era judío pero rechazaba sus propios orígenes. La partida que jugó contra Spaski fue la última que hizo oficialmente. Tuvo problemas con EEUU cuando fue a jugar a Yugoslavia otra partida con Spaski en 1992. EEUU había bloqueado las relaciones con Yugoslavia y le fue retirado el pasaporte. Acabó sus días en Islandia, concediéndole la nacionalidad islandesa. Murió el 17 de enero de 2008. Spaski tuvo distinta trayectoria pero también muy trágica. Fue uno de los mejores ajedrecistas del momento. Ganó el campeonato mundial. Pero su derrota con Fischer le hizo bajar el nivel y ya no fue lo mismo de cara a las autoridades soviéticas. Tanto fue así que en 1984 cayó en desgracia y tuvo que salir de la URSS, nacionalizándose francés. Aun así, él siguió en la élite del ajedrez y llegó a jugar con el que sería un futuro campeón como Anatoli Karpov. Actualmente sigue viviendo en San Petersburgo.
            Quizá en la obra de Mayorga los aspectos biográficos son los que menos interesen. Lo que importa es lo psicológico. Porque entre los dos grandes personajes, entre Fischer y Spaski, entre Bailén y Waterloo, está el muchacho. Y ese muchacho somos nosotros, los espectadores. Los ciudadanos. Además, el muchacho se mimetiza con uno de los personajes, que esta desahuciado vitalmente, con la clara intención de sustituirle en esa plasmación de otras vidas. Sin quererlo, el muchacho puede ser el personaje más importante de la obra.
            En definitiva, estamos ante una obra de teatro de calado. Muy recomendable. Lo poliédrico de sus lecturas hace de la obra algo magistral. A eso ayuda la enorme dirección de Juan Mayorga, que se nota que se documenta para las obras, como de los actores Daniel Albadalejo, Elena Rayos y César Sarucho.

            Si pueden no pierdan la oportunidad de ver Reikiavik, una partida de ajedrez con historia donde todos podremos vernos reflejados.