miércoles, 15 de abril de 2015

El movimiento obrero como agente modernizador. Primera parte

Primera parte esquematizada de la conferencia que di con motivo del 84 aniversario de la Segunda República en Alcalá de Henares, organizada por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de la ciudad complutense.

Agradecimiento a la ARMH de Alcalá de Henares por invitarme a este acto y felicitarles por la labor realizada en este año de existencia que llevan en la ciudad, así como a Manuel Ibáñez por la presentación y a Raúl González Luciano, viejo amigo de la facultad y que ahora coincidimos en estas cosas, entre otras muchas, que tenemos en común.

-          ¿Dónde radica la importancia del movimiento obrero?

      La larga duración de la dictadura franquista hace que se pierda perspectiva histórica respecto a la importancia del movimiento obrero. El movimiento obrero queda como un agente distorsionador de la historia, algo negativo.
      Las distintas corrientes de interpretación histórica en España ha tenido, como es lógico, distintas visiones del movimiento obrero. El franquismo lo estigmatizó. Habló en genérico de “marxismo” y lo consideró uno de los grandes males de la nación.
      La visión liberal lo considera un aparato distorsionador una vez que el Estado liberal se asentó. Los liberales aun así distingue entre un movimiento obrero que se adapta a las nuevas estructuras y los revolucionarios que quieren subvetir un orden  libre.
      La escuela marxista si ve en el movimiento obrero un factor fundamental de la evolución histórica. Aun así distingue entre movimientos obreros embrionarios o utópicos frente a un movimiento obrero representado por el socialismo ciéntifico y vanguardistas. Teniendo también en cuenta diversas tendencias de ese socialismo científico en los debates de inicios del siglo XX entre las posiciones socialdemócratas y las revolucionarias.
      Hoy también podemos hablar ya de una escuela anarquista de interpretación del movimiento obrero. Quizá establecida en dos visiones. Una más cercana a posiciones de reivindicación pasional del pasado libertario. Pero otra acercándonos a la medida del pasado libertario con base científica e investigaciones muy serias para un movimiento que como el libertario estaba necesitado de ello.
      En lineas generales, independientemente de estas escuelas que hemos hablado, las investigaciones tienden a romper la idea de un movimiento obrero “bueno” frente a un movimiento obrero “malo”.

-          Proceso de democratización en España

      En muchas ocasiones parece que la democracia a España llega por ciencia infusa con la proclamación el 14 de abril de 1931 de la Segunda República. Y esto nos puede llevar a equivocos y a confundir la verdadera importancia de la propia Segunda República. Es imposible que tan solo un pacto entre políticos de distintas tendencias republicanas en San Sebastián y unas elecciones municipales que se convirtieron en plebiscitarias trajeran un cambio tan profundo y radical en la sociedad española. En España no existía una base burguesa avanzada y liberal. Los republicanos, que habían sido el motor de cambio en muchos otros países, en España siempre estuvieron muy divididos (federales, unitarios, progresistas, etc.). La posibilidad de artícular un partido de base liberal-demócrata como fue el Partido Reformista de Melquíades Álvarez fueron un fracaso. Las opciones políticas de personajes como Azaña fueron muy minoritarias y débiles en el seno de la sociedad española.
      Las raíces de estos cambios fueron anteriores y tiene un protagonista principal: el movimiento obrero. Y los avances sociales y políticos que se conquistan en España básicamente desde inicios del siglo XX tuvieron al movimiento obrero como un agente fundamental. ¿Cómo lo consiguieron? Ejerciendo una presión social que provocó que las autoridades fuesen cediendo paulatinamente derechos laborales, sociales y políticos. ¿Qué sucedía cuando el avance marcaba ritmos más altos por los cuales las autoridades y el statu quo de las clases acomodadas se ponía en peligro?. Se cortaba de raíz por diversos procedimientos. La represión era una de ellos. La guerra sucia, como por ejemplo el pistolerismo de la patronal en el periodo que media entre 1918-1923. O en último extremo la instauración de dictadura por medios de golpe de Estado, como el ejemplo de 1923 con Primo de Rivera o el golpe de Estado de 1936 que tiene características distintas y propias porque generó una Guerra Civil.
      A esto hay que unir que el movimiento obrero había avanzado de forma espectacular desde su introducción en España en diciembre de 1868 y el establecimiento de las primeras sociedades obreras de la Asociación Internacional de Trabajadores. No solo en lo numérico y organizativo (pues tuvo flujos y reflujos) sino en la generación de toda una cultura obrera, en el desarrollo de unas formas de socialización que anticipaba el modelo de sociedad que defendían. Un modelo de organización muy alejado del desarrollo liberal capitalista.
      Vamos a poner algunos ejemplos de esos avances que provocó el movimiento obrero en la sociedad el momento. Por ejemplo se fueron perfeccionando el derecho a huelga, las subidas salariales, la reducción de la jornada laboral, legislación en materia de protección laboral y derechos sociales, etc.
      Algunos dan la interpretación de que estos avances se produjeron gracias a la labor del sindicalismo de concertación. La labor que el sindicalismo de la UGT y sus dirigentes llevaron a cabo en instituciones como la Comisión de Reformas Sociales que se desarrolló en el siglo XIX y se dio una visión de la situación de la clase obrera, el Instituto de Reformas Sociales fundado en 1902 y donde desde el primer momento los socialistas tuvieron participación o a nivel local la participación ugetista en las Juntas Locales de Reformas Sociales. Sin quitar un ápice de importacia a estas instituciones y a la labor del movimiento obrero socialista en ellas es imposible establecer  esta razón única para considerar que la situación de la clase obrera mejoró. Por ejemplo las Juntas Locales de Reformas Sociales funcionaron de forma muy deficiente. No porque los socialistas no las utilizasen sino porque la patronal no prestó atención a las demandas y a las resoluciones de las mismas. Algo que incluso denunció públicamente el propio movimiento obrero socialista.
      Pero es imposible entender los avances sociales si se olvida los procesos de luchas en la calle del movimiento obrero. Por ejemplo la Ley de Contratos de 1902 se aprueba tras el ciclo huelguístico que media entre 1898 y 1901. En una frontera en la que se pasa de los motines de subsistencia del periodo finisecular a la huelga científica de inicios del siglo XX. Un proceso de movilización donde los anarquistas tuvieron un protagonismo destacado. Esas disposiciones sobre el contrato de trabajo y las huelgas, firmadas por Sagasta y Segismundo Moret, venía a legislar tras ese proceso precisamente gran parte de las peticiones que la clase obrera hizo y con el objetivo de las autoridades de frenar el avance del movimiento obrero con dichas concesiones. Un párrafo interesante de estas disposiciones está en la página 17 del folleto Disposiciones sobre el contrato del trabajo y las huelgas editado en 1902 por orden del Ministerio de Gobernación y de la presidencia del gobierno: “El peligro, sin embargo, arrecia, y la intranquilidad se extiende por los campos, sobre todo en esta época en que las labores de siega y de la trilla, aumentando la demanda de brazos, ociosos en el invierno, despiertan en los jornaleros esperanzas que, desnaturalizadas por las predicaciones anarquistas, engendran, al formularse, amenazas e inquietudes precursoras de violencias y represiones”. Estaba claro quien ponía como enemigo las instituciones del momento.
      Otro ejemplo sería la jornada de 8 horas de trabajo. Ciertamente el 1 de julio de 1931 se desarrolló un decreto sobre la “Duración máxima legal de la jornada de trabajo” que fue aprobado como ley de la República el 9 de septiembre de 1931, siendo Ministro de Trabajo Francisco Largo Caballero. En él se aprobó la jornada legal de 8 horas de trabajo. Sin embargo la normalización de ese hecho no es una conquista de la República. La jornada laboral de 8 horas de trabajo se había alcanzado en España unos años antes. En 1919, tras la Huelga de La Canadiense, canalizada por la CNT, que se hizo extensiva a otros sectores laborales, una delegación de la organización anarcosindicalista se desplazó hasta Madrid, con Salvador Seguí a la cabeza, para negociar con el gobierno. El acuerdo fue el decreto de aprobación de las 8 horas de trabajo. Ahora bien, esa disposición era sistemáticamente violada por la patronal, lo que hizo que la gran mayoria de las sociedades obreras españolas se tuvieran que poner en huelga en el periodo que media entre 1919 y 1923 para reclamar su cumplimiento. En Alcalá de Henares esas huelgas fueron recurrentes en ese periodo hasta el establecimiento de la dictadura de Primo de Rivera. A nivel nacional, en esas mismas huelgas, participó Francisco Largo Caballero, que después sería el Ministro de Trabajo. La República si que intentó el establecimiento de mecanismo de obligado cumplimiento, aunque el enfretamiento de muchos patronos con las instituciones republicanas hicieron que estas disposiones muchas veces no se cumplieran que con el tiempo generó un cambio de estrategia tanto de la UGT como de una parte de los socialistas, como veremos.
      Igualmente uno de los grandes triunfos de la Segunda República fue la educación. En el primer bienio de la República se había avanzado más en esta materia a nivel nacional que en los treinta años precendentes. Y es que para las autoridades de la Restauración, la educación no fue una cuestión prioritaria. Con solo decir que la Ley Moyano de 1857 era mucho más avanzada que la Ley Orovio de 1876. Aunque tampoco podemos obviar que en el tiempo que media entre el inicio de la Restauración en 1876 hasta la proclamación de la República en 1931, se produjeron avances como una implicación mayor del Estado en las políticas educativas que llevó a la creación del Ministerio de Instrucción Pública en 1901.
      Aun así las medidas adoptadas no fueron suficientes y el analfabetismo siguió campando a sus anchas a lo largo y ancho de la geografía nacional.
      Una vez más tenemos que buscar los proyectos más avanzados, de los que bebió la legistalación republicana, fuera del Estado. Proyectos como la Institución Libre de Enseñanza, creada por Francisco Giner de los Ríos en 1876. En la ILE se formaron muchos de los políticos republicanos como Julián Besteiro o Fernando de los Ríos.
      Pero fue el movimiento obrero nuevamente pionero en el desarrollo de una educación equitativa. Proyecto como las escuelas generadas en el seno de los ateneos republicanos y libertarios, donde se tendía a la alfabetización de la clase obrera, creación de Escuelas de Artes y Oficios en el seno de los sindicatos (base de la formación profesional posterior), o proyectos avanzados como las escuelas laicas (por ejemplo la de Guadalajara) o la Escuela Moderna de Ferrer basada en principios pedagógicos libertarios en 1901, son ejemplos en los que miró la naciente República de abril de 1931.
      En Alcalá de Henares existen esos casos. No se podría entender la lucha que desde el Ayuntamiento se desarrolló en la República por el mejoramiento de las escuelas primarias y la lucha tenaz por el establecimiento de un centro de segunda enseñanza, sin los ejemplos previos en la ciudad. Frente a una escuela destartalada durante la Restauración, surgieron proyectos como la escuela del Centro Obrero republicano en 1901 o la Escuela de Oficios del Ateneo Obrero, también republicano, de 1904. Pionera en la educación fue la escuela “El porvenir de la infancia” de Francisco Pardina, maestro socialista que mantuvo esta escuela a lo largo del tiempo. O ya en al década de 1910 la Escuela de Artes y Oficios de la UGT ubicada en la Casa del Pueblo. Cuando ya en la República se comenzó a desarrollar una escuela más equitativa y comenzaron a destacar maestro como Fernando G. Matilla, los ejemplos que les precedieron fueron fundamental, teniendo en cuenta que Pardina también participó.
      La conclusión es que todas estas cuestiones previas se consolidaron con la República y se hicieron más extensivas. Pero evidentemente la República no lo consiguió todo. Siguieron existendio problemas laborales múltiples, la reforma agraria fue el gran problema de la República o polémicas leyes como la Ley de Terminos Municipales o la Ley de Defensa de la República.

lunes, 6 de abril de 2015

UNA GRAN TUMBA FRANQUISTA LLAMADA BURGOS

Artículo aparecido en la edición digital del periódico Diagonal

Muchas veces establecemos lugares comunes en la historia y en nuestra memoria a la hora de analizar la realidad. En ese sentido siempre hemos oído como se ha catalogado a provincias como Guadalajara o Burgos como conservadoras en lo político. Sin embargo, cuando nos acercamos a la realidad histórica, nos damos cuenta que esos lugares comunes son eso: lugares comunes. Decir lo contrario sería obviar que en otros momentos históricos provincias como Burgos tuvieron uno de los movimientos sindicales más dinámicos. Que la población de Aranda de Duero contó con unos de los sindicatos de la CNT más poderosos, el de los ferroviarios que le unía a otra ciudad también insertada en esos lugares comunes como Soria.
Desgraciadamente en este país nos damos cuenta de esto por dos vías. Cuando hacemos estudios históricos de esas provincias que en muchos casos tiene una relativa difusión. O cuando se exhuma alguna de las múltiples fosas que pueblan la geografía de nuestro país. Y aquí Burgos tiene un protagonismo inusitado.

Lo último. Monte Estépar

Mientras España vivía unos momentos de reposo, preparada para las elecciones municipales próximas o veía pasar diversas procesiones, un grupo de personas se reunía en Monte Estépar, un lugar muy cercano a Burgos capital. Monte Estépar es un lugar escondido dentro del municipio de Estépar. Allí durante la Semana Santa (el viernes día 3 para ser más precisos) un grupo de arqueólogos, represetantes de la memoria histórica y familiares han llevado a cabo una exhumación. Una exhumación que no ha contado con apoyo de ninguna institución. Que no ha despertado el interés de una clase política que considera todo esto de la memoria histórica como algo “incómodo”. Solo las organizaciones civiles, las asociaciones de la memoria y los familiares de la víctimas se movilizan. En el caso de Monte Estépar el dinero para la exhumación ha salido de un crowdfunding, impulsado por la Coordinadora Provincial de Memoria Histórica de Burgos o por grupos como Espacio Tangente.
El año pasado ya comenzaron las exhumaciones de esta zona. Se localizaron 70 cuerpos bajo la tierra. Este fin de semana han aparecido 26 más. Cuatro fosas. 96 cadáveres. Todos ellos fusilados entre agosto y octubre de 1936. La mano ejecutora el ejercito sublevado franquista, las partidas de falangistas que iban de pueblo en pueblo y de prisión en prisión para cobrarse una contribución de sangre generada por el odio. A su cabeza el gobernador de la provincia en esa época: Fidel Dávila Arrondo. A muchos este nombre ya ni les sonará. O sí les suena, pero como el nombre de una calle. Muchas calles en la geografía española tiene todavía el nombre de Fidel Dávila. Un militar africanista, fuertemente conservador, que durante la Segunda República pasó a la reserva y que una vez que se consumó el golpe de Estado de julio de 1936 se unió a los rebeldes en Burgos donde residía. Fue uno de los mandos del Ejercito del Norte, formó parte del Junta Técnica de Estado, embrión del Estado franquista y ocupó numerosos cargos militares y políticos durante la dictadura hasta su fallecimiento en 1962.
Fidel Dávila fue la cabeza de todo un aparato represivo que se cobró la vida de miles de personas en la provincia de Burgos y otros lugares. Entre las víctimas hay personajes como director del Orfeón de Burgos Antonio José Martínez Palacios, el director de Burgos Gráfico Antonio Pardo Casas, etc.

El modus operandi. ¿Por qué el Monte Estépar?

La represión tuvo muchas aristas. De los cuerpos encontrados en Monte Estépar hay varios ejemplos. Algunos eran sacados de sus casas por las partidas de falangistas, llevados a lugar del crimen y ejecutados. La fosa donde se enterraban estaba cavada previamente (muchas veces por vecinos de los pueblos limítrofes) o bien la cavaba el propio reo. Era una represión extrajudicial. Desaparecidos que no dejaron ningún rastro hasta que se exhuma la fosa. Para otros el final era también igual de cruel. Se hacían listas en las cárceles, se dictaba orden de libertad y en el traslado eran asesinados. Sacas de presos que sí dejaron listas de personas que nunca aparecieron. Por eso se sabe que los lugares de fusilamientos fueron muchos más. Otros eran sacados y ejecutados tras consejos de guerra sumarísmos donde se dictaminaba pena de muerte bajo leyes aberrantes y que contravenía cualquier tipo de derecho.
La elección de los parajes de ejecución tampoco era aleatoria. En un principio las ejecuciones era muy visibles. Pero paulatinamente los rebeldes fueron perfeccionando su técnica. Había que tapar responsabilidades. Luis Castro, documentalista, historiador e integrante de la Cátedra Complutense de Memoria Histórica del siglo XX de la Universidad Complutense de Madrid nos da la clave de la elección de estos lugares en su libro Capital de la Cruzada, Burgos durante la Guerra Civil: “La situación llegó a ser tan escandalosa en este aspecto que las autoridades dictaron normas para tratar de disimular los crímenes y se ordenó que las ejecuciones se hicieran en lugares más alejados (Estépar, la Brújula, la Pedraja, etc.) y que los cadáveres fueran debídamente enterrados. Con frecuencia se hacía en zanjas longitudinales, cavadas al efecto por los ejecutores o por los vecinos de pueblos próximos que eran obligados a ello por lo que se denomina 'prestación personal'”.
Eran pues elecciones de lugares premeditadas. El paraje de Monte Estépar era un lugar ideal para estas ejecuciones. Un lugar ideado por el franquismo. Un lugar premeditamente olvidado por las autoridades tras la muerte de Franco. Un lugar en la memoria de muchos habitantes de Burgos, que muchos años después ha podido salir a la luz.
Al pie de las fosa exhumada estos días, junto a los esqueletos de los represaliado, se encontraron los casquillos de las balas falangistas que les ejecutaron. Una prueba más del crimen del franquismo. Unos tiros de gracia que tienen también nombres propios. El libro La Guerra Civil en Burgos: fusilados, detenidos y represaliados en 1936 de Fernando Cardero Azofra y Fernando Cardero Elso, narra una de las historias más terribles de ese lugar llamado Monte Estépar: “Se comentaba que José Iñigo, comandante de Caballería, encargado de descerrajar el tiro de gracia en la nuca de los fusilados de Estépar, cada vez que lo hacía, exclamaba en tono sarcástico '¿véis lo que me obligáis a hacer, comunistas de mierda?'”

Los otros lugares de la memoria

En Monte Estépar se han recuperado en total 92 cuerpos. Hay más. Los testimonios dicen que muchas de esas sacas fueron ejecutadas allí. El problema viene que tras la construcción de la carretera que une Valladolid y Burgos, muchos de esos lugares fueron destruídos. Nada nuevo bajo el sol. Rita Barberá lo hizo en Valencia. Gallardón en Madrid.
Pero de un tiempo a esta parte en Burgos las asociaciones civiles y de la memoria, junto a los familiares están realizando un trabajo titánico. Ya en Monte Estépar se señalizó en 1989 como lugar de fusilamientos. Tuvo que pasar muchos años más para que haya sido exhumada.
Otros lugares han tenido tambien su exhumación. Incompleta, porque siempre hay falta de recursos, problemas de la administración y mucho voluntarismo. Aranda de Dueron en lugares como Monte Castoján o La Lobera han sido exhumados ya 130 cuerpos. Se estiman que hay muchos más. En Gumiel de Izán se localizaron 59 en un lugar llamado La Legua. En Milagros, en La Casilla de los Camineros se exhumaron 46. En Quintanilla de la Mata, en Monte Andaya los cuerpos fueron 85. En el cementerio de Valdenoceda 114 cuerpos. En Villamayor de los Montes, en en Alto de la Venta, 46 cadáveres.
Mención especial merece la fosa de Villafranca de los Montes de Oca, en el Monte de La Pedraja. Allí han sido localizados 135 cuerpos. De entre ellos vamos a nombrar a uno. Antoni Benaiges, maestro de Bañuelos de Bureba. Benaiges era un maestro freinetista, una técnica educativa que se basaba en la utilización de la imprenta en el aula. El maestro Benaiges prometió a sus alumnos que irían a ver el mar en el verano de 1936. Sin embargo tras el golpe de Estado Benaiges desapareció. Fue ejecutado por los falangistas en La Pedraja. Nunca pudo llevar a sus alumnos al mar. Muchos años después su familia, investigadores y documentalistas como Sergi Bernal lo han dignificado. Pero junto a él hay 134 cuerpos más por dignificar.
En Burgos se han localizado tambien fosas más pequeñas, que tienen entre uno y diez-doce cuerpos y otras con algunos más. Otros lugares están localizados pero no exhumanos. Por ejemplo la Torca Palomera en Mozuelos de Sedano. En ese paraje las partidas falangistas fusilaban y lanzaban los cuerpos a una sima de más de 60 metros de profundidad. Unos de los dirigentes falangistas ejecutores que vivia en Masa dijo que en esa sima cabían todos los militantes de izquierdas del Valle de Sedano. Según Jesús Gutiérrez Flores en su libro Guerra Civil en Cantabria y pueblos de Castilla calcula unos 40 ejecutados en ese paraje. No se sabe. No se ha podido bajar a la sima. Hoy esos cuerpos descansan bajo una pila de basura y animales muertos.
Burgos, la que fuera la capital de la España franquista, es una gran tumba bajo cuya tierra todavía reclaman justicia cientos y cientos de fusilados. Puede que miles. No se sabe el censo que a medida que se exhuma crece.
No se puede edificar una democracia cuando aquellos que la fueron a defender en sus diversas formas tras el golpe de julio de 1936 están enterrados bajo el asfalto de carreteras, en parajes perdidos o bajo toledas de carroña y basura. Esto no es necesario que lo diga alguien de izquierda. No hace falta que lo diga un historiador. Es una cuestión de sentido común. Pero para los herederos de aquel régimen, para los que defienden a rajatabla la Ley de Amnistía de 1977 el peligro es el sentido común.

Pd: Foto de Álvaro Minguito. Diso Press

lunes, 23 de marzo de 2015

EN MEMORIA DE MONCHO ALPUENTE. Los esclavos felices

Artículo publicado en la edición digital del periódico Diagonal


No quiero escribir una necrológica simple de Moncho Alpuente. No quiero que sea algo usual para alguien al que conocí y con el que compartí algunas cosas. Por eso he querido titular esta necrológica con el título que le dio a uno de sus últimos artículos aparecido en el periódico CNT.
Cuando me enteré el sábado por la mañana que Moncho había fallecido de un infarto no daba crédito. No hacía mucho que había hablado con él. Rápidamente me metí en las webs de la prensa generalista. Muchos lo reseñaban. Hablaban de sus colaboraciones en El País, de sus inicios en grupos como “Las madres del cordero” o “Moncho Alpuente y los kwai”, de sus últimas colaboraciones en Público, etc. Pero en ningún momento hicieron mención de su compromiso, de su posición clara con el movimiento libertario, etc.
A Moncho le conocí hace muchos años. Fue en el curso de unas jornadas libertarias que organizó la CNT de Alcalá de Henares. Era el año 1998, si no recuerdo mal. A Moncho se le invitó para dar una charla sobre manipulación de los medios de comuncación. Me tocó hacer de maestros de ceremonías. Fuimos a comer, charlamos, etc. Conectamos bien desde el primer momento. La charla fue un completo éxito. Un personaje como Alpuente no deja de ser llamativo en una ciudad pequeña como Alcalá.
A partir de ahí comenzamos a tener un contacto fluido. Le invitamos a distintos sitios y siempre era su enlace. Según Mocho yo organizaba muy bien las charlas. Algo que le agredecí mucho.
La última vez que nos vimos fue en Guadalajara. En otras jornadas libertarias. Y la temática la misma. Viajamos juntos en el coche. Jamás me imaginé que era la última vez que iba a ver vivo a Moncho.
Muchas cosas podría destacar de Moncho. Era alguien directo. No se casaba con nadie. Si tenía que criticar alguna cosa, lo iba a hacer en el contexto que fuera. Y eso siempre se agradece. Como él mismo decía, era algo que le ocasionío algún problema de vez en cuando. Pero Moncho era así.
Nadie mejor que él podía hacer un repaso a la manipulación que ejercen los medios de comunicación. El franquismo censuraba. Pero Moncho dejaba claro que la democracia también. Quiza por aquello de que de la ilegitimidad del régimen franquista proviene la legimitidad del actual. Antes de que muchos criticasen el regimen de 78, personas como Moncho ya lo hacían. Su resonancia era escasa, pero ahí queda.
Pero Moncho tenía otros valores. Era mordaz y ácido. Tenía sentido del humor. Algo fundamental en los pensamientos críticos. Todavía recuerdo aquel debate en TV donde discutió con el entonces presidente del Atlético de Madrid, Jesús Gil. Buena intervención de Moncho. Luego le costó que diversos integrantes del Frente Atlético el boicotearan algunos actos.
Junto a todo esto, Moncho era un buen periodista. Un ejemplo de lo que se denomina periodismo crítico. O de lo que hoy denominamos periodismo situado. Porque para Moncho no solo era necesario plasmar la noticia. También se tenía que interpretar. Y lo mismo que muchos se hacían llamar “independientes” y esa independencia solo era un postureo, Moncho no escondía sus opiniones. Algo de mucho valor para una sociedad donde las apariencias importan más que las realidades y los hechos.
A Moncho se le podía seguir en muchos lugares, no solo a través de sus mordaces artículos periódisticos. También podíamos conocer a Moncho como cantante. A beneficio de los huérfanos, una de esas canciones que a muchos nos ha marcado. Una forma de mostrar la hipocresía que las clases altas tienen para con los pobres. Una muestra en música de lo que Berlanga hizo con su gran película Plácido. Hay que destacar también su “Moncho Alpuente y los Kwai” así como su proyecto musicial con su gran amigo El Gran Wyoming en “The Moncho Alpuente Experience”.
Pero no se quedó ahí. Programas de televisión y de radio también atesoras la biografía de Moncho. Colaboraciones críticas y mordaces que han dejado huella para aquellos que le seguiamos.
Y esa pluma también la disfrutamos en libros. Buenos libros, con gracia, didácticos y divulgativos. Para tomar conciencia con una buena dosis de risa. Aquí destaco su Como escapar del 92, Operación centollo o Grandezas de España: la historia más grande jamás contada con menos escrúpulo. Alguno de estos libros muy enmarcados en la época en la que realizó la escritura.
Que grande era Moncho. Tanto que ni siquiera se llamaba Moncho. Su verdadero nombre era Ramón Más Alpuente. El periodismo de este país debería de aprender de un periodista como Moncho Alpuente. Cuando ahora ves en televisión muchas tertulias y la alaracas que muchos dicen es cuando nos daremos cuenta de la falta que nos va a hacer Moncho Alpuente.
“El capitalismo es como el cerdo, de él todo se aprovecha, sus desechos alimentan a los fondos buitres y a los fondos de reptiles”. Esta es una de la frases que escribió uno de sus últimos artículos
del CNT. Claridad y transparencia para poder plasmar un pensamiento.
Hoy ya no vamos a poder leer los artículos de Moncho. Ni el CNT, ni el Público, ni en Mongolia, ni en Cáñamo, etc. Ya no vamos poder pedirle una colaboración para Diagonal. Pero su práctica periodística, su visión de las cosas es lo que tiene que permancer.

  Salud, amigo. Salud Moncho, que la tierra te sea leve

lunes, 9 de marzo de 2015

¡Pan y trabajo! Cuando los pobres asaltaban panaderías

Artículo aparecido en la web del periódico Diagonal

París. 9 de marzo de 1883. Hacía 12 años que se había producido el movimiento fracasado de la Comuna de París. Durante muchos años cualquier conato de protesta, de recuerdo a la Comuna y sus reivindicaciones era duramente reprimido por la Tercera República francesa.
Aun así el movimiento obrero siguió actuando. Socialistas y anarquistas comenzaban a salir de un letargo que les había condenado la represión de la Comuna. Muchos de los integrantes y protagonistas de la primera gran revolución obrera de la historia comenzaban a volver a Francia.El obrerismo y la reivindicación volvía tomar fuerza en la sociedad francesa.
Y el momento no podía ser más oportuno. Francia atravesaba entonces un momento difícil. La carestía de vida, la subida de los productos de primera necesidad, la escasez de trabajo y las condiciones laborales adversas hizo que la población tomara conciencia. Una conciencia que venía determinada por las necesidades y también por deseo y anhelo de una sociedad distinta.
Aquel 9 de marzo de 1883 se convocó en París una gran manifestación. Una manifestación contra el alto desempleo y las condiciones paupérrimas de los trabajadores. La manifestación discurrió por los centros neurálgicos de la capital francesa. Su objetivo era demostrar quienes eran los culpables de la situación de los obreros, reivindicar medidas a favor de los trabajadores y organizar a los mismos para poder emprender una transformación revolucionario. Algo que a pesar de la represión había quedado muy vivo con la Comuna de 1871.
Pero independiente de la ideología que tenía los distintos trabajadores que participaron de aquella manifestación, había algo que les unía. El hambre. Un hambre que azotaba fuerte a los barrios bajos parisinos. Un hambre del que los especuladores de aquel Parí se beneficiaban. Por eso aquella manifestación tuvo una acción de enorme trascendencia. Al discurrir de la misma, al pasar por delante de los centros del poder de Francia (Congreso, Palacio de la Presidencia, etc.), los asistentes comenzaron a asaltar panaderías. El hambre apremiaba, el precio del pan era desorbitado y los trabajadores necesitaban de ese producto de primera necesidad. Fueron varias las panaderías asaltadas en aquel día. Algo que no era nuevo en las movilizaciones obreras tanto francesas como fuera de Francia. Algo que un escritor como Emile Zola también reflejó en su extraordinaria obra Germinal en 1885, dos años después de estos acontecimientos.
Y hay aun un dato más importante. Esta manifestación, que contó con una enorme participación, tuvo en las mujeres sus principales protagonistas. Las mujeres fueron quienes la encabezaron. Muchas de ellas había participado de forma activa en la Comuna de París. Y esa participación de la mujer reflejando los problemas de subsistencia fue un leiv motiv que se dio a partir de ese momento. Por ejemplo la crisis finisecular en España vino protagonizada por distintos motines de subsistencia encabezado por mujeres. Ejemplos como los de Córdoba, Valladolid, Alcalá de Henares, etc., fueron sintomático. O incluso la chispa que encendió la revolución de febrero de 1917 en Rusia fue una manifestación de mujeres contra la carestía y contra la guerra.
La represión de las autoridades francesas contra la manifestación no se hizo esperar. El movimiento obrero fue creciendo a partir de ese momento.

Protagonistas

Pero es interesante analizar algún protagonista de aquella manifestación del 9 de marzo de 1883 en París. Destaquemos a dos: Louise Michel y Emile Pouget.
La historia de Louise Michel esta unida a la historia del movimiento obrero francés. Maestra de formación, participó de forma activa en la Comuna de París de 1871. En aquellos momento se sentía identificada con las ideas del socialista Auguste Blanqui. Tras el proceso revolucionario fue detenida, juzgada y condenada al destierro en Nueva Caledonia. Allí siguió formando su personalidad revolucionaria e incluso se acercó a las poblaciones aborígenes de la zona. Regreso a Francia en 1881 y tras el entierro de Auguste Blanqui, defendió el socialismo antiautoritario pasando a engrosas las filas del anarquismo. En 1883 impulsó y participó en la manifestación citada, junto a Paulina Minke, y fue detenida dos semanas después acusada de “incitación al pillaje”, siendo condenada a 10 años de reclusión en la prisión de Saint-Lazare. Amnistiada en 1886, un año después sufre un atentado por un monárquico que estuvo a punto de costarle la vida. Louise Michel se convierte en una defensora de los derechos de la mujer y contra la pena de muerte. Su participación en distintos congresos internacionales socialistas y sindicalistas la convirtieron en un personaje de referencia, así como sus escritos, destacando su La Comuna de París, sus memorias sobre el acontecimiento. Su muerte se produce en 1905 siendo su entierro una gran manifestación obrera.
Emile Pouget fue otra de las grandes figuras del obrerismo francés que marcó las lineas de lo que se sería el sindicalismo revolucionario y el anarcosindicalismo. Iniciado en el republicanismo, Pouget pronto fue consciente de la situación de los obreros y comenzó su militancia para la creación de sindicatos obreros. Participó en el Congreso de Londres de 1881 y fue también uno de los impulsores de la manifestación de 1883. En esta manifestación, en la Plaza Maubert estuvo junto a Louise Michel cuando la policía cargó contra ellos. Fue detenido y condenado a ocho años de prisión por intengo de “robo a mano armada”. Al igual de Louise Michel fue amnistiado en 1886. La importancia de Pouget comienza cuando en 1889 sacó el primer número de uno de los periódicos libertarios más importantes de Francia: Le Père Peinard. El asesinato del presidente Sadi Carnot provocó su salida de Francia y no fue juzgado en el famoso “Juicio de los Treinta”. Volvió a tierra gala en 1895 y desde entonces trabajó para el impulso del sindicalismo revolucionario francés, participando de la creación de la CGT de la que llegó a ser su secretario general, siendo también uno de los impulsores de la Carta de Amiens. Obras suyas como El sabotaje o Las carasterísticas de la acción directa hacen de Pouget una de las figuras más importantes del sindicalismo francés, que falleció en 1931.

  Un episodio olvidado el de la gran manifestación contra el desempleo de 1883 y de esos asaltos a las panaderías parisinas que bien valía rescatarlo del ostracismo.

jueves, 26 de febrero de 2015

ASÍ SE TEMPLÓ EL ACERO

Hace pocos días me acordé de esta obra de Nikolai Ostrovski: Así se templó el acero. Una obra que leí hace muchos años. Recuerdo que se la compré a un buen amigo mío librero. Acababa de leer la obra de Máximo Gorki La madre de la que había visto también la adaptación cinematográfica de Vsevolod Pudovkin. Por aquella época, mis años universitarios, devoraba distintos libros relacionados con una de mis grandes pasiones desde entonces: la Revolución rusa. Me acuerdo aquel día que visité el puesto de libros de mi amigo José Ramón y me mostró la obra de Ostrovski. No lo dudé y la compré por un precio realmente bajo. Precio de amigo, se diría.
Hace unas semanas, repasando algunas cosas de la Revolución rusa para un curso que di me acordé de Ostrovski. Y me acordé de esta obra. Uno de los ejemplos de la literatura comunista. 
Aquí no voy a valorar la calidad de la obra. Si es buena o es mala. Eso es cuestión de gustos. Pero diré la razón por la que esta obra me marcó. Primero por la personalidad del autor. Nikolai Ostrovski nació el 29 de septiembre de 1904. Siendo muy joven se unió al movimiento revolucionario y se encuadró con los bolcheviques en la Revolución de 1917 y durante la Guerra Civil rusa. Estuvo en la Brigada de Caballería Kotovsky. Pero durante la Guerra Civil Ostrovski fue herido y también contrajo el tifus, lo que hizo que sus heridas y su estado de salud entrase en un proceso irreversible. A pesar de ello siguió ocupando cargos en el Ejercito, en el Komsomol (Juventudes Comunistas) y trabajando, hasta que en 1925 fue internado en un sanatorio en Crimea.
A pesar de todos sus inconvenientes, Ostrovski comenzó a estudiar a distancia en la Universidad de Sverdlov. Ciego y casi sin poder moverse, Ostrovski escribió numerosos artículos y participó de la radio, convirtiéndose en uno de los escritores más afamados de la Unión Soviética. Falleció con apenas 32 años de edad (el 21 de diciembre de 1936).
Su obra Así se templó el acero es uno de los mejores panoramas del periodo que vivió. Ostrovski se enmarca a la perfección en las corrientes el realismo socialista y defiende con vehemencia la política bolchevique. El propio título es un guiño a Stalin. La palabra Stalin significa "acero". Y así se templó ese acero para Ostrovski. El protagonista de su obra es Pavel Korchaguin, su alter ego. La obra no deja de ser una autobiografía novelada del autor. En ella defiende la actuación bolchevique en la Revolución de 1917 y en la Guerra Civil. Todos los lugares comunes de la propaganda estalinista se aglutina en la obra de Ostrovski. La personalidad del propio Ostrovski, de no parar hasta conseguir sus objetivos y ponerlos al servicio de la Revolución se notan en cada uno de los párrafos de la novela.
La recuerdo con un cariño enorme porque de una forma sencilla entendí todo lo que significó el estalinismo para la sociedad rusa de la década de 1920 y 1930. Una novela que nos lega la mentalidad de un país en ese momento. Como intelectuales de toda talla defendían al Estado soviético por encima de cualquier cosa. La obra de Ostrovski no solo muestra ese apoyo al estalinismo sino también la denuncia contra el trotskismo, al que consideraban traidor.
Esta obra de Nikolai Ostrovski es recomendable. No por la ideología que destila, en la que no comparto nada. Sino porque se puede tomar como un documento histórico, sociológico y antropológico. Así se templó el acero es una joya de la literatura. Como lo es desde el punto de vista contrario El caso Tulayev del gran escritor Víctor Serge y que reseñé también en este blog (http://fraternidaduniversal.blogspot.com.es/2014/05/la-represion-en-tiempos-del-estalinismo.html)
Si tienes oportunidad de leer la obra de Ostrovski no lo duden.
Pd: Sé que hay una adaptación cinematográfica soviética de la obra de Nikolai Ostrovski. No la he visto pero no me importaría nada poder verla.

martes, 17 de febrero de 2015

ALCALA DE HENARES Y LA MEMORIA HISTÓRICA

En enero de 2014, el grupo municipal del PSOE y de IU de Alcalá de Henares me invitaron a dar un pequeño discurso sobre la memoria histórica de la ciudad como complemento a una moción que presentaron en el pleno del Ayuntamiento. Preparé un pequeño discurso para poder leer en apenas 5 minutos en aquel pleno.
Hoy rescato este discurso por varias razones, aunque una la principal. En Alcalá se ha perdido el norte de la reivindicación de la memoria histórica. El PSOE la ha aparcado. IU presentó hace poco una moción con otros tintes a la que se presentó en enero de 2014. Del PP o de UPyD nada se puede esperar. Los nazis de E2000 lo tienen claro. Y la irrupción de nuevas fuerzas como Podemos en la ciudad nada se sabe que van a hacer alrededor de esto o si lo tienen en su agenda. 
Ninguna asociación de la memoria ha sido llamada para hablar del tema. Ningún integrante que llevamos trabajando en estas cuestiones durante años han sido convocado a nada. Y mientras la memoria histórica de Alcalá languidece y solo se mantiene gracias a la iniciativa de algunas asociaciones y organizaciones. Solo la iniciativa individual y colectiva de alguna de estas organizaciones llevaron a colocar una placa en la fosa del cementerio de Alcalá. Solo la iniciativa de los libertarios y los comunistas de la ciudad se han preocupado por recuperar la memoria. La iniciativa de historiadores por plasmarla en paseos y trabajos de investigación académica. La ayuda que desde Guadalajara ha facilitado el Foro por la Memoria y que en Alcalá ha marcado la ARMH de la ciudad. Al resto el tema le molesta, lo considera menor o ni lo contempla.
Solo es un toque de atención

Moción sobre desapariciones del franquismo

Excmo. Ayuntamiento de Alcalá de Henares
Excmo. Sr. Alcalde de Alcalá de Henares
Señoras y señores concejales

En primer lugar quiero agradecer al grupo municipal socialista y al grupo municipal de Izquierda Unida que me cedan brevemente la palabra.
Igualmente quiero aclarar que aquí no viene a hablar un político. Yo no soy político. Yo soy un historiador. Integrante de la Cátedra Extraordinaria de Memoria Histórica del Siglo XX de la UCM y colaborador del grupo de investigación sobre conflictividad en la Segunda República de la Universidad Carlos III de Madrid.
La moción que aquí se presenta es muy justa y muy pertinente. Incluso diría que en algunos aspectos se queda corta. Justa porque viene a reclamar algo que en cualquier democracia de nuestro entorno esta asumido. Pertinente porque vivimos momentos importantes para la recuperación de la memoria histórica. Y no solo porque nos ampare un derecho internacional para poder reclamar la Verdad, la Justicia y la Reparación para las víctimas del franquismo. También porque en cualquier país de nuestro entorno (Francia, Reino Unido, Alemania, etc.) ser demócrata significa ser antifascista. Algo que en Europa se tiene asumido pero que en España aun no.
Y es pertinente que este tipo de moción se presente en una ciudad como Alcalá de Henares. Alcalá fue desde la segunda mitad del siglo XIX una ciudad que buscó de forma constante la mejora de su clase trabajadora. Durante los años que median entre la introducción de la Primera Internacional en 1871 hasta el final de la Guerra Civil en 1939, Alcalá forjó un poderoso movimiento obrero que supo defender los intereses de los trabajadores. Sin embargo, el final de la Guerra Civil significó no solo la derrota política del movimiento obrero sino su persecución física. Todo aquel que no comulgó en la ciudad con las ideas de las autoridades triunfantes fue perseguido, encarcelado, fusilado, condenado al ostracismo o empujado a un largo exilio. Por no hablar de la inmensidad de una masa silenciosa que penó durante la dictadura.
Esa derrota le costó a Alcalá muchas víctimas. Víctimas cuyo único delito fue pensar distinto. La represión franquista tiene datada ahora mismo en la ciudad 286 víctimas, fusiladas entre 1939 y 1948. Estando como estamos en esta casa consistorial hay que remarcar que entre esas víctimas se encuentran concejales de la corporación alcalaína. En la fosa común del cementerio de Alcalá de Henares están Agustín Anuarbe Pardo, Manuel Muñoz Murcia, Enrique Vadillo Oñoro, etc. También en el cementerio civil de Madrid fueron fusilados los concejales complutenses Leandro García, Casimiro Ilarraza o Epifanio Chavarría. Porque las víctimas del franquismo en Alcalá de Henares no solo se produjeron en la ciudad. Especialmente cruel fue las nueve primeras ejecuciones en Alcalá efectuadas el 28 de abril de 1939 contra Agustín Anuarbe Pardo, Enrique Vadillo Oñoro, Basilio Yebra, Manuel Muñoz Murcia, Anastasio Castell, Justo Basa, Victoriano Basanta, Leonardo Martínez y Máximo Rabadán, que se realizaron a modo “ejemplarizante”. Republicanos, comunistas, socialistas, anarquistas, masones, etc., fueron víctimas de esa durísima represión.
Junto a estas desapariciones habría que sumar las desapariciones extrajudicionales que hacen una cifra enorme. O las víctimas políticas por la explosión del polvorín de Alcalá de Henares en 1947 que llevó al paredón de fusilamiento en Ocaña a militantes clandestinos del PCE y de las JSU de Alcalá de Henares.
Durante la Guerra Civil, siendo Alcalá zona leal a la República, se produjeron también casos de violencia contra personas. Personas militantes en los campos de la derecha política. A pesar de las cifras engordadas por parte de la Causa General, esas víctimas fueron reivindicadas y sus nombres se conocen. Crímenes por el que pagaron personajes que no tuvieron nada que ver en los mismos, como el maestro Ángel García, militante del PSOE y de la UGT fusilado en Madrid en 1941, o Fernando Macarro Castillo (Marcos Ana) que penó en las cárceles del franquismo durante 23 años. Son dos ejemplo de muchos más. Aun así hay que decir que estas personas asesinadas durante la Guerra Civil distan mucho de ser en un número tan grande como planteó las fuentes franquistas. Según demostré en mi tesis doctoral (que se publicará en unas semanas) se contabiliza un total de veinte asesinatos en la ciudad de Alcalá de Henares, concentrados en 1936, a los que habría que sumar 31 desapariciones más, de las cuales testificadas con muerte hay siete. Hace un total de represión en Alcalá de 27 personas constatadas y 24 que no sé sabe si fueron asesinadas o no en la ciudad. El resto de nombres o no murieron en Alcalá, o murieron en los frentes o directamente no fueron asesinados (caso de los llamados resucitados). Insisto, datos contrastados en mi tesis doctoral leída con éxito hace ahora un año
Pero no podemos ser reduccionistas y mucho menos partir de la equiparación de víctimas bajo el paraguas de que “todos fueron responsables”. Una cosa son las víctimas generadas durante la Guerra Civil y otra las víctimas durante la dictadura franquista, que se extendió casi 40 años. En palabras del historiador Francisco Espinosa “Al igual que lo propio de la mentira es presentarse como la verdad, lo propio de las dictaduras surgidas de violentos golpes militares es ocultar y borrar sus orígenes y las huellas del terror y, al mismo tiempo, llevar a cabo una campaña incesante contra el régimen destruido de modo que el asalto al poder y el aplastamiento del contrario queden justificados y legitimados”. Esto es justamente lo que hizo el franquismo y que nuestra historia más reciente no se ha preocupado tampoco en rescatar.
Las víctimas del franquismo tienen derecho a ser rescatadas del olvido por varias razones:
1. Por la ilegalidad del régimen franquista. Un régimen emanado de un golpe de Estado contra la legalidad de la Segunda República. Con ello se vulneró el ordenamiento jurídico en vigor.
2. La ONU declaró al franquismo como fascismo y régimen alineado con las potencias del Eje. Potencias con las que Franco colaboró y posibilitó que muchos españoles murieran en los campos de concentración y exterminio nazis. Recientemente una comisión de la ONU se desplazó a España para escuchar a las asociaciones de memorias y a las víctimas del franquismo. A esto se une que la justicia argentina reclama a los criminales del franquismo.
3. Los crímenes franquistas se enmarcan en el derecho emanado de Nuremberg que condenó a los criminales de guerra y contra la humanidad nazis.
4. La falta de derecho de los familiares se enmarca en la impunidad que existe en España.

Lo que pide la moción presentada por PSOE e IU es justo. Tan solo pide que se aplique la legislación internacional y también la española a través de su Ley de Memoria Histórica. Haciendo un símil futbolístico el franquismo ocuparía un puesto de Champions League en desapariciones forzadas y crímenes contra la humanidad tras la Alemania nazi, la URSS estalinista y la Camboya de Pol Pot. Un triste registro.
Esperemos que la moción, mejorable en muchos puntos, sea el inicio de un cambio de rumbo en la política municipal por la memoria. El mundo académico estamos por la Verdad, la Justicia y la Reparación de las víctimas del franquismo.

 Muchas gracias.

viernes, 23 de enero de 2015

Nuevo número de Germinal. Revista de Estudios Libertarios



Y con este van 12 número de esta extraordinaria revista.
Enhorabuena a los editores y los autores de estos interesantes trabajos.