lunes, 7 de agosto de 2017

LA VENGANZA DE LOS SIERVOS. UN LIBRO DE JULIÁN CASANOVA

El profesor Julián Casanova nos tiene acostumbrados a abordar los temas de la historia de España relacionado con el anarquismo, la Segunda República, la Guerra Civil, el franquismo, el papel de la Iglesia en la represión, etc. Pero en esta ocasión se ha adentrado en la historia de la Revolución rusa de 1917 en el año que, precisamente, se cumple el centenario de la misma. Y como todo lo que sale de la pluma de Casanova, estamos ante una obra interesante, bien escrita, investigada y que aporta muchas cuestiones en un año donde la producción bibliográfica sobre el acontecimiento es importante pero tampoco esta sobrepasando las expectativas.
            Podemos decir que estamos ante un libro breve (estamos hablando de algo menos de 200 páginas), donde Julián Casanova realiza toda una introspectiva al proceso revolucionario ruso que se desató en 1917, partiendo de una breve pero importante introducción de los antecedentes de la misma, así como un pequeño epílogo del devenir del propio proceso revolucionario.
            Hay cuestiones que hacen del libro de Julián Casanova una obra donde hay que pararse de forma inevitable. En primer lugar lo bien hilado del tema a la hora de afrontar el acontecimiento en sus espacios temporales cortos. Por ello la importancia que le da a la Guerra Mundial (1914-1918) es fundamental para poder entender el acontecimiento. En segundo lugar la importante separación que hace entre la revolución de febrero y octubre de 1917, estableciendo de forma amena los debates que alrededor de la misma hay y presentando todas las corrientes interpretativas al respecto. En tercer lugar, Casanova aborda un tema que no lo hace muchos libros: el papel de las mujeres. Y no solo con los nombres propios sino con la participación directa de las mismas en el proceso revolucionario. Vuelve a incidir, y de forma muy clara, en la importancia de la dualidad de poderes que surgen en Rusia entre febrero y octubre de 1917. El poder del gobierno provisional frente al poder de los soviets. Elemento imprescindible para entender el proceso revolucionario.
            Este libro de Julián Casanova tiene una gran virtud. Esta escrito con un lenguaje accesible que gusta y aporta cosas a doctos y profanos. Y no es fácil escribir así un libro de historia. Pero lejos de convertirse en un libro “opinativo” (como puede ser el de Richard Pipes), el libro de Casanova tiene una fuerte base bibliográfica. Por ello, aunque carece de notas a pie de página, el libro viene acompañado por un capítulo de bibliografía comentada. Una aportación que sorprende por la enorme cantidad de libros manejada por el autor, sobre todo en inglés. Esto hace pensar que, aunque en España existe muchos libros relacionados con la Revolución rusa, las aportaciones fuera de nuestra fronteras son mucho mayores y que el conocimiento del acontecimiento en nuestro aun esta por perfilarse. Cuestión comprensible teniendo en cuenta que el número de historiadores que en nuestro país manejan el ruso como idioma es escaso para poder acceder a las fuentes primarias.
            El hecho de que el libro no tenga notas al pie no desmerece la calidad científica de la obra.
            Lo simple (que no simplificación) a la hora de plantear el acontecimiento ruso hace de la obra de Julián Casanova una parada obligatoria y un libro recomendable para cualquier curso que se precia que quiera abordar la Revolución rusa. Además, es de agradecer que la obra no caiga en contrafactuales, muy típicos de algunas obras de Historia.
            Sin embargo, no todo libro es perfecto, y por ende tampoco el del profesor Casanova. Si bien son muchas las virtudes también existen algunas cuestiones que hay que señalar. Los antecedentes se quedan un poco cojos a la hora de analizar lo que sucede posteriormente. Hubiese sido interesante delimitar bien los espacios ideológicos en la ya de por si porosas organizaciones y doctrinas que se movieron en la Revolución rusa.
            Igualmente, aunque el protagonismo de los bolcheviques es innegable, no hay que desdeñar el papel que jugaron otras ideologías en el proceso revolucionario que se abrió en febrero de 1917. En el libro de Julián Casanova los socialistas revolucionarios y los anarquistas no aparecen en el papel protagonista que les corresponde. Es entendible debido a la brevedad del texto y a los objetivos del mismo. Pero el socialismo revolucionario fue la tendencia mayoritaria del obrerismo ruso (y dividido entre sí) y el anarquismo también tuvo un papel protagonista, tal como han demostrado las recientes obras de Julián Vadillo Muñoz (Por el pan, la tierra y la libertad. El anarquismo en la Revolución rusa) y Carlos Taibo (Anarquismo y revolución en Rusia, 1917-1921). Aunque estos agentes aparecen citados no lo están con la importancia que jugaron y su papel queda desdibujado.
            Por último, solo una cuestión. En la página 142-143 se cita a Fanny Kaplan como autora del atentado contra Lenin y el autor la ubica como anarquista. En realidad, Fanny Kaplan era integrante de los socialistas revolucionarios, no era anarquista. Un error no atribuible al profesor Casanova, ya que son numerosas las fuentes que la sitúan en el anarquismo de forma errónea.

            Dejando a un lado estas pequeñas apreciaciones, el libro de Julián Casanova para a ser uno de los imprescindibles para el estudio de la Revolución rusa. Completo en todas sus partes y con una cronología final que parte desde la liberación de los siervos en 1861 hasta la  muerte de Lenin en 1924. No tengo ninguna duda en recomendar este libro de Julián Casanova para los que quieran acercarse de forma sencilla, amena y directa a lo que supuso la Revolución de 1917 en Rusia. Felicitaciones al autor. Ahora tocar leer el escrito  del profesor José María Faraldo y el coordinado por Fernando Hernández Sánchez y Juan Andrade.

lunes, 19 de junio de 2017

EL CAMINO DEL PUTCH DE 1937

Artículo publicado en el número 90 de la revista Libre Pensamiento dentro del dossier "Enseñanzas vivas de mayo de 1937"

Resumen

            Las disputas que se generaron en el interior de la retaguardia republicana, si bien no fueron determinantes para el resultado final de la guerra, si supusieron un punto de inflexión entre las distintas fuerzas antifascistas. Los Hechos de Mayo de 1937 fueron una muestra de esos conflictos. Sin embargo, la historiografía tradicional en diferentes vertientes ha dado lecturas muy dispares de unos acontecimientos que no dejan de ser importantes para entender la correlación de fuerzas en la retaguardia republicana. Las deferentes aristas del conflicto muestra la complejidad de un proceso que tenía, como fin último entre las organizaciones antifascistas más poderosas, el control del movimiento obrero.

La difícil correlación de fuerzas

            Cuando el 18 de julio de 1936 un grupo de militares se sublevó contra la legalidad de la República española dando pasó a una Guerra Civil, las posiciones de la izquierda política estaba muy fragmentada. A pesar de la conformación del Frente Popular, los objetivos de los distintos sectores de la izquierda, ya fuese moderada o revolucionaria, estaban muy divididos. Desde las posiciones de los republicanos liberales, representados por Izquierda Republicana y Unión Republicana, hasta los socialistas del PSOE y la UGT. Curiosamente, las fuerzas que afrontan con mayor grado de unidad el envite presentado por los golpistas, fueron aquellas que rivalizarían durante el conflicto por la influencia y control del movimiento obrero: los comunistas del PCE y el movimiento libertario representado por la CNT y la FAI.
            Los libertarios, que habían discurrido la Segunda República con debates internos y momentos de flujo y reflujo, celebraron un congreso en mayo de 1936, donde sacaron tres grandes acuerdos:
  1. La reintegración de los sindicatos de oposición. Los sindicatos que habían salido de la CNT (los treintistas) y habían constituido la Federación Sindicalista Libertaria, retornaron a la CNT en ese congreso. Por ello se conoció como el Congreso de Reunificación
  2. La valoración realizada por el movimiento libertario de las actividades desarrolladas durante el primer bienio, llevaron a la conclusión de que el enfrentamiento directo con el capitalismo era inviable si no venía precedido por una alianza revolucionaria con la otra gran organización sindical, la UGT. Por ello en el congreso se aprobó instar a la UGT a la firma de una alianza revolucionaria que preparé el futuro socialista del país.
  3. En tercer lugar, el congreso aprobó el concepto confederal del comunismo libertario, siempre como un ejemplo de futuro revolucionario pero nunca como un programa cerrado, cuestiones muy alejadas del modelo libertario de organización. Además no todas las voces apoyaron dicho concepto (ya planteado y aprobado en el interior de la FAI por el escrito de Isaac Puente en 1933). José Peirats lo consideró excesivamente rural para un mundo que se estaba industrializando.
            Sin embargo, entre los debates que el movimiento libertario planteó hubo uno que no se abordó en el congreso. En caso de un estallido revolucionario, ¿cómo tiene que ser la correlación de fuerzas con aquellas tendencias que no piensen como el movimiento libertario? Esta cuestión sería nodal en desarrollo posterior.

            El recorrido del Partido Comunista fue más azaroso, teniendo en cuenta que era un partido sin apenas raíz histórica en el movimiento obrero y que se vio eclipsado en los años republicanos con la pujanza de libertarios y socialistas. Aun así, su cambio de estrategia a partir de 1932-1933 (había recibido a la República con el grito de « ¡Abajo la República burguesa! ¡Vivan los soviets! ») comenzó a dar sus frutos. Su estrategia fue intentar hacerse un hueco en el panorama político español. Las uniones por la base, la integración de la CGTU en la UGT, sus intentos de unificación con el Partido Socialista, la unión de la UJCE y la FNJS en 1936 dando lugar a las JSU o la fundación en Cataluña del PSUC como resultado de la unión de diversos partidos socialistas y comunistas en la zona. Los resultados se notaron pronto a nivel electoral. En noviembre de 1933 alcanzaron el primer diputado en la persona de Cayetano Bolívar y en febrero de 1936, con la victoria del Frente Popular, tenían ya 16 diputados. Aun así su fuerza respecto a socialistas y anarquistas seguía siendo inferior. Fue durante la Guerra Civil cuando los comunistas adquirieron una influencia que les convirtió, dentro del campo republicano, en el principal rival de socialistas y libertarios.

El inicio de la Guerra. La toma de posiciones

            No cabe ninguna duda que el golpe del 18 de julio supuso para el gobierno de Casares Quiroga un desbordamiento que lo anuló completamente. Su cese, la llegada primero de Martínez Barrio y posteriormente de José Giral, no fue suficiente para frenar el desborde que supuso el golpe contra el gobierno republicano. Las fuerzas obreras llevaban avisando de un golpe de Estado meses atrás y los anarquistas hicieron llamamientos a organizarse contra el fascismo. Barcelona, Valencia, Madrid, etc., fueron protagonistas de cómo los trabajadores afiliados a los organizaciones obreras frenaron un golpe de Estado que en otros lugares triunfó, partiendo el territorio español e iniciándose una guerra civil. Pero aparejada a esa guerra civil se fue desarrollando un proceso revolucionario que llevó a los trabajadores y a las organizaciones sindicales a tomar el control de la economía. En diversos lugares fueron surgiendo comités que sustituyeron la autoridad del gobierno. Comités de carácter económico que puso en marcha la producción y gestionó, por intermediación directa de los trabajadores, las fábricas y el campo. Frente a un Ejército que había sido licenciado, los organismos obreros constituyeron milicias que, en cooperación con militares que se habían mantenido leales a la República, se lanzaron al combate contra el ejército sublevado. El golpe de Estado, desatado según sus promotores para evitar una inexistente “revolución” en España, sirvió, precisamente, para iniciar un movimiento revolucionario en el que muchos trabajadores confiaban desde hacía mucho tiempo.
            Sin embargo, la situación de las fuerzas era distinta según la zona. Aquí cae uno de los mitos de la Guerra Civil y de la revolución que estalló. Juan García Oliver en El eco de los pasos habla de un “a por el todo”, que la CNT perfectamente podía haber realizado en Cataluña, zona donde era hegemónica. Los poderes de la República habían quedado a merced de los anarquistas. Sin embargo, el movimiento libertario valoró tres cosas en aquellos momentos.
  1. En primer lugar, la CNT no era una organización vanguardista, como lo era los partidos políticos de carácter marxista. Su objetivo no era la toma del poder sino la destrucción del mismo. Ir “a por el todo” habría roto el posicionamiento antiautoritario de la CNT desde su nacimiento.
  2. Los anarquistas valoraron que en aquel momento lo importante era no solo mantener las conquistas revolucionarias de los trabajadores, sino vencer a unos militares y unos apoyos civiles de la sublevación que querían instaurar un régimen diametralmente opuesto al que los anarquistas planteaban. Por eso promovieron la creación del Comité de Milicias Antifascistas con el apoyo de todas las fuerzas.
  3. Los libertarios eran conscientes que en Cataluña, en amplias zonas de Aragón, en la zona valenciana y zonas de Andalucía eran hegemónicos. ¿Pero que sucederían en los lugares que no eran? ¿Qué pasaría si en Cataluña implantan por su fuerza el comunismo libertario y en Madrid o País Vasco no lo pueden conseguir? Aquí entran dos cuestiones. La UGT no llegó a debatir el acuerdo que la CNT le había propuesto en mayo de 1936 al igual que la correlación de fuerzas eran el punto débil del anarquismo en ese momento. Ante cualquier tipo de duda, el movimiento libertario decidió colaborar para vencer a los sublevados y consolidar un proceso revolucionario del que se sentían protagonistas.

La entrada en el gobierno

            Sin embargo los frentes se habían consolidado. La idea de aplastamiento rápido de las fuerzas sublevadas se había tornado en una guerra de posiciones. Y mientras a la España sublevada la apoyaba la Alemania nazi y la Italia fascista, la República se encontraba sola frente a un enemigo que cada vez era más superior. Entre septiembre y octubre fue cuando se comenzó a conformar el apoyo de México y la URSS a la República para volver a equilibrar las fuerzas. Pero Reino Unido y Francia se mantuvieron dentro de una “no intervención” que estaba condenado a la República.
            Y aunque la revolución continuaba en el campo y la ciudad fueron los propios organismos obreros lo que comenzaron a reorganizar y reestructurar el caos generado en los primeros días de la Guerra. Es en este momento cuando el movimiento libertario comienza a pergeñar la idea de intervenir en los asuntos políticos. Hasta ese momento la CNT y la FAI habían colaborado en diversos organismos pero no tenían representación en ninguna estancia del gobierno. Un Pleno Nacional aprobó la idea de proponer la creación de un Consejo Nacional de Defensa conformado, mayoritariamente, por las organizaciones sindicales, manteniendo a Manuel Azaña como presidente de la República. Ese Consejo asumiría las tareas de gobierno. La cuestión no fue aceptada por el entonces primer ministro Francisco Largo Caballero, que había sido aupado a la presidencia del gobierno en septiembre de 1936.
            El fracaso de la propuesta del Consejo, llevó a los anarquistas a replantearse su situación y asumieron las tareas de gobierno en todos sus puntos. Primeramente accedieron al gobierno de la Generalitat en Cataluña y posteriormente, en noviembre de 1936, acceden con cuatro ministerios al gobierno de Largo Caballero. Es un momento en que se comenzó a replantear muchas cuestiones. Muchas de las patrullas de control pasaron a engrosar las filas de los cuerpos de seguridad de la República. Las milicias obreras fueron paulatinamente militarizadas y pasaron a formar parte del Ejército Popular de la República. Solo una pequeña parte de esas milicias protestaron por tal circunstancias. Los viejos ayuntamiento fueron reconvertidos en Consejos Municipales. Y a ellos accedieron los libertarios desde el primer momento. Incluso promocionaron un gobierno autónomo en Aragón: el Consejo de Aragón.
            Se hace muy difícil mantener la posición de un movimiento manipulado por unas élites “traidoras” que le llevaron a la colaboración. Hasta en el pueblo más pequeño, el movimiento libertario tuvo participación en las instituciones republicanas.
            Pero no fue una colaboración sin más. Los anarquistas tenían claro que el objetivo era la derrota de los sublevados. Y también intentar mantener su posición dentro del movimiento obrero. Porque los libertarios veían como el Partido Comunista, uno de sus principales rivales en ese campo, comenzaba a avanzar. El PCE, una vez que se estabilizó la zona republicana, pudo comprobar como el republicanismo histórico había quedado mermado. Por ello el PCE intentó y consiguió ocupar ese espacio político. Se presentó en la opinión pública antifascista como el partido del orden frente a los “desmanes”. Y bien es cierto que existía en España una clase burguesa que temía el desarrollo revolucionario que libertarios y parte de los socialistas estaba defendiendo. Por ello el PCE ocupó ese espacio, rivalizando con la CNT al constituir estructuras como el GEPCI (Gremios y Entidades de Pequeños Comerciantes e Industriales) o haciéndose con el control de la UGT, como fue el caso de Cataluña.
            Pero al igual que se hizo con el entorno de ese espacio político, el PCE no renunció en ningún momento a intentar hacerse con el control del movimiento obrero. Por ello rivalizó también con la CNT, en un entorno que le era más ajeno y no donde no se movió con la misma soltura. Ese combate también se vio favorecido por la existencia de un socialismo dividido, entre aquellos que eran más favorables al desarrollo revolucionario (como los caballeristas) y los que no contemplaban esa posibilidad y se convirtieron en “aliados” de los comunistas (como los prietistas)
            A pesar de esa colaboración gubernamental, los libertarios no renunciaron a las conquistas revolucionarias. Y allí chocaron con los comunistas incluso dentro del gobierno. Mientras Juan Peiró, Ministro de Industria, intentó desarrollar medidas que favoreciesen el control obrero, las medidas adoptadas por el Ministerio de Hacienda de Juan Negrín aprobaban medidas que favorecían lo contrario. Mientras los sindicatos obreros impulsaban las colectividades agrarias y el Consejo de Aragón se hacía defensora de las mismas, el Ministerio de Agricultura en manos del comunista Vicente Uribe intentaba emitir medidas que favoreciese a los pequeños propietarios y cercenase el colectivismo tal como lo entendían los anarquistas.
            Fueron enfrentamientos no solo dialécticos y políticos sino también físicos, pues en algunos pueblos de la retaguardia republicana, los enfrentamientos de posturas llevaron a provocar muertes que si bien no fueron determinantes para la derrota de 1939 si que socavaron las aspiraciones del antifascismo. El punto de inflexión fueron los sucesos de mayo de 1937

Anarquistas, estalinistas, poumistas y “trotskistas” en mayo de 1937

            A pesar de que la mayoría del movimiento anarquista caminó de la mano de las decisiones adoptadas durante la Guerra, aunque ello significase una contradicción con algunos de sus principios, existieron algunos sectores y grupos que fueron muy críticos con las decisiones adoptadas y acusaron a la CNT de caer en un burocratismo que le iba a costar caro. En este sector se situaron parte de las Juventudes Libertarias y sectores de la CNT-FAI que constituyeron grupos como “Los Amigos de Durruti”. Fueron segmentos libertarios que estuvieron concentrados mayoritariamente en Cataluña.
            Los Amigos de Durruti habían nacido como grupo en marzo de 1937. Algunos de sus integrantes eran antiguos milicianos de la Columna Durruti que se habían opuesto a la militarización. Entre sus integrantes se encontraba la figura de Jaime Balius así como las Félix Martínez y Pablo Ruiz. Balius, formado en su origen el nacionalismo catalán, pasó posteriormente al BOC (Bloque Obrero y Campesino) para recalar finalmente en la CNT y en la FAI. El grupo Los Amigos de Durruti realizaron unas duras críticas ante lo que consideraban “el burocratismo de los comités de la CNT”. Desde su fundación, Los Amigos de Durruti se manifestaron tanto por sus mítines como en sus manifiestos y periódicos (como su portavoz El Amigo del Pueblo, emulando el título del periódico de los jacobinos durante la Revolución francesa) por mantener la línea revolucionaria iniciada el 19 de julio de 1936. Por ello condenaron el colaboracionismo iniciado por la CNT y la FAI. Pero aunque durante las jornadas de mayo de 1937 la actividad y protagonismo de Los Amigos de Durruti fue importante, lo cierto es que sus efectivos no pasaron de 5000, lo que le convierte en una minúscula porción de la poderosa CNT en Cataluña. Los Amigos de Durruti no fueron sino un pequeño grupo en aquella batalla, cuyas ideas no respondían a la sensibilidad mayoritaria del movimiento libertario. Además, su programa de acción le valió la desautorización por parte de los comités de la CNT y de la FAI, así como un alejamiento de las Juventudes Libertarias. La petición de una Junta Revolucionaria junto al POUM, que actuase a manera de organismo político, recordaba mucho más al plataformismo de Archinov tras la derrota anarquista en la Revolución rusa, que a la trayectoria que había mantenido el movimiento libertario hasta la Guerra Civil española.
            Durante las jornadas de mayo de 1937 la posición de Los amigos de Durruti se vio reforzada por el apoyo que recibió de numerosos integrantes del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista). Nacido en 1935 por la fusión de Izquierda Comunista de Andreu Nin y del BOC de Joaquín Maurín, el POUM se presentó a la opinión pública como el representante de un marxismo alejado de la órbita de Moscú y principal rival del PCE o el PSUC. Alcanzó un diputado a través de Joaquín Maurín en las elecciones de febrero de 1936 integrado en la coalición de partidos de izquierdas. Sin embargo su antiestalinismo militante le valió la rivalidad y enemistad con el Partido Comunista y con el recién creado Partido Socialista Unificado de Cataluña (creado por la fusión del Partido Proletario Catalán - escisión de Esquerra Republicana de Cataluña - , Unión Socialista de Cataluña, el PSOE y el PCE). Una enemistad que llevó a un enfrentamiento directo y que terminó con la liquidación política del POUM tras las jornadas de mayo de 1937.
            Aunque el POUM fue injustamente calificado de trotskista, no por ello deja de ser real la existencia de estos grupos en Barcelona, que no pasaban de cincuenta militantes. En el momento de los acontecimientos en Barcelona existían dos grupos trotskista que eran rivales entre si: La voz leninista y El soviet. El primero estaba reconocido por Trotsky y tenía como principales líderes a Manuel Fernández-Grandizo Martínez (más conocido como Grandizo Munis y autor del libro Jalones de derrota, promesas de victoria), el poeta surrealista Benjamín Peret y el polaco “Moulin”. El segundo, aun reclamando a Trotsky, no reconocía al secretariado pro IV Internacional. Estaba subvencionado por el Partido Comunista Internacional de los disidentes Raymond Molinier y Pierre Frank. El principal animador de este grupo fue Nicola di Bartolomeo, alias “Fosco”, asentado en Barcelona desde mayo de 1936 y que colaboró con el POUM aunque nunca se afilió. La incidencia de los grupos trotskistas fue nimia y, como se puede comprobar, la mayoría de ellos eran extranjeros.
            Sn embargo, en la mayoría de las ocasiones, las numerosas historias que se han escrito alrededor de los sucesos de mayo de 1937 toman a muchos de estos grupos como la generalidad en el interior de las luchas. Sin embargo la realidad es muy otra. Meter en un mismo conjunto de análisis los conflictos que tiene los comunistas con libertarios y poumistas es un error y una simplificación de los acontecimientos.

Los sucesos de mayo. Las conclusiones del mismo

            El conflicto que se desata en el interior de la retaguardia republicana en Barcelona tenía precedentes desde el inicio de 1937. Los sucesos de La Fatarella, la sustracción de tanques a la CNT encontrados en cuarteles del PSUC, asesinatos selectivos de psuquistas y anarquistas en los meses previos, disposiciones como la disolución de las patrullas de control en marzo de 1937 que generó conflictos internos entre organizaciones, etc.
            Todo un cúmulo de circunstancias retratadas en numerosas monografías al respecto. Cuando el 3 de mayo toman parte del edificio de la Telefónica, fue el detonante del estallido de un conflicto interno y de unas batallas en las calles de Barcelona que tuvo como resultado numerosos muertos y heridos, la laminación del POUM como partido en la zona republicana, la perdida de influencia de la CNT y de la FAI en algunos sectores y el inicio de una crisis de gobierno que acabó con la caída de Largo Caballero y el ascenso de Juan Negrín a la presidencia del gobierno republicano.
            No hay que olvidar que entre las víctimas mortales de los sucesos de mayo de Barcelona se encontraban personalidades de primer orden como Antonio Sesé, líder de la UGT catalana, o las de Camilo Berneri y Francesco Barbieri, anarquistas italianos asesinados por los estalinistas.
            Muchas son las conclusiones que se han sacado alrededor de estos sucesos, pero en muchas ocasiones la simplificación ha llevado a desfigurar las causas que los desencadenaron, así como las consecuencias.
            En primer lugar es imposible igualar el conflicto que los comunistas tenían con el POUM al que se genera con la CNT. Las acciones contra el POUM hay que enmarcarlas en las luchas que el comunismo internacional esta llevando en ese momento, entre la corriente mayoritaria que sigue las directrices del Komintern de Stalin frente a las facciones disidentes entre las que se encuentra, entre otras, las de Trotsky. A pesar de que el POUM no era un partido trotskista, el PCE arremetió contra ellos en esa línea con el objetivo de liquidarlo del campo republicano bajo diversas acusaciones. Los Hechos de Mayo de 1937 fueron el clímax de tal circunstancia, que sirvió para eliminar al POUM como agente político al ser ilegalizado y sus dirigentes juzgados y condenados por “traición”. El caso más escandaloso fue la detención, desaparición y asesinato de Andreu Nin.
            Sin embargo el envite que se entabló entre los libertarios y los comunistas no puede responder a ese criterio. En este caso las luchas por el control del movimiento obrero en la causa fundamental del choque entre el PCE y la CNT. Entre ambas organizaciones surge una rivalidad que les llevó al intento de minar las influencias una de otra. Los Hechos de Mayo de 1937 fueron utilizados por los comunistas como objetivo de restar fuerza política a la CNT en la retaguardia republicana. Hecho que consiguieron al desaparecer los ministros anarquistas del gobierno. Pero eso no significó que la lucha quedase ahí. La CNT buscó desde ese momento un acercamiento mayor a la UGT, en este caso del lado caballerista también damnificado por las jornadas de mayo, con el objetivo de contrarrestar la influencia comunista. Los comunistas, por su parte, apoyaron la disposición del gobierno de Negrín de disolución del Consejo de Aragón, de mayoría libertaria, para restar más influencia a los libertarios en zonas donde eran mayoritarios. Las tropas de Lister fueron las encargadas de disolver el Consejo de Aragón que acabó con el desmantelamiento de las colectividades anarquistas y la detención de mucho de sus integrantes (colectividades que, muchas de ellas, se volvieron a reestructurar poco después). Se puede decir que el último acto de esta rivalidad, no exenta de violencia, se alcanzó en marzo de 1939 con el golpe de Casado en Madrid.
            Mayo de 1937 fue un putch, un golpe de fuerza para delimitar espacios y encontrar parcelas de poder en la dividida retaguardia republicana. Algo que fue una constante durante todo el conflicto entre los principales actores políticos (sobre todo los más cohesionados, a la sazón libertarios y comunistas) pero que finalizó de la peor de las maneras posibles: la victoria de las fuerzas sublevadas en abril de 1939.

Julián Vadillo Muñoz
Historiador

BIBLIOGRAFÍA

Los sucesos de Mayo en Barcelona. Relación documental de las trágicas jornadas de la 1ª de Mayo de 1937, Ediciones Españolas “Ebro”, 1937

Mintz, Frank y Peciña, Miguel. Los Amigos de Durruti, los trotsquistas y los sucesos de mayo, Campo Abierto ediciones, Madrid, 1978

Munis, G. Jalones de derrota, promesas de victoria. Crítica y teoría de la revolución española (1930-1939), Editores extremeños Muñoz Moya, Badajoz, 2003

Hernández Sánchez, Fernando. Guerra o Revolución. El Partido Comunista de España en la guerra civil, Crítica, Barcelona, 2010

Gallego, Ferrán. Barcelona, mayo 1937, Debate, Barcelona, 2007

Amorós, Miquel. La revolución traicionada. La verdadera historia de Balius y Los Amigos de Durruti, Virus, Barcelona, 2003

Guillamón, Agustín. Barricadas en Barcelona, Espartaco Internacional, Barcelona, 2007

Sánchez Cervelló, Josep. ¿Por qué hemos sido derrotados? Las divergencias republicanas y otras cuestiones, Flor de Viento, Barcelona, 2006

Pozo, Josep Antoni. Del orden revolucionario al orden antifascista. La lucha política en la retaguardia catalana, Renacimiento, Sevilla, 2015

Ealham, Chris. La lucha por Barcelona. Clase, cultura y conflicto, 1898-1937, Alianza editorial, Madrid, 2005

martes, 13 de junio de 2017

ANARQUISMO Y REVOLUCIÓN EN RUSIA, 1917-1921

Hace unos días terminé de leer el libro de Carlos Taibo Anarquismo y revolución en Rusia, 1917-1921 publicado por la editorial Catarata.
            Tengo que reconocer que tenía mucho interés en leer el libro desde que me enteré que Taibo lo iba a publicar (incluso paré algunas lecturas que tenía entre manos para poder leer con calma el libro). Por varias razones. Lo primero porque en este aniversario de la Revolución de 1917 esperaba muchos trabajos sobre el acontecimiento, pero que abordase el anarquismo quizá no. A esto hay que añadir que yo mismo publicaba este año un libro sobre el anarquismo en la Revolución rusa con el título Por el pan, la tierra y la libertad. El anarquismo en la Revolución rusa, lo que me hacía temer que tuviésemos dos trabajos con los mismos contenidos, lo que supondría una oportunidad perdida.
            Sin embargo, tras leer con detenimiento cada página del libro de Taibo tenemos que felicitarnos que en el centenario de la revolución habrá dos libros sobre el anarquismo en la misma y abordados desde diferentes prismas. Mientras Taibo aborda en el libro cuestiones de carácter ideológico y debates políticos del momento, el mío se centra más en los acontecimientos históricos puros y el devenir organizativo del anarquismo ruso. Mientras Taibo centra su estudios en los años nodales de la Revolución (1917-1921) el mío parte de un tiempo largo, desde el siglo XIX hasta el exilio posterior a la represión de Kronstadt. Y aunque Taibo se sustenta en los acontecimientos históricos para su relato, son las ideas el eje central de su relato. A la inversa que en mi libro que desde el acontecimiento político se aborda los debates de ideas.
            El libro de Taibo tiene muchas virtudes. Partiendo de bibliografía en un amplio espectro idiomático, desentraña todos los debates que se dieron en un momento histórico único del siglo XX, y que puso sobre la mesa una cuestión central que casi ningún libro ha abordado: el modelo revolucionario que se estaba disputando en Rusia entre 1917 y 1921. Porque una de las cosas que tiene la historia es eso de que la escriben quien gana. Y al escribirla desde un solo prisma (o dos, por aquello de la oposición al prisma oficial) se pierde la riqueza de lo debates del acontecimiento histórico. El libro de Carlos Taibo sirve para rescatar que ese debate ideológico lo que mostraba era una tremenda complejidad en el movimiento político en su amplio contexto. Además, esos lugares comunes generados en la historia quedan hechos añicos en este libro.
            Por el libro de Carlos Taibo pasan todo un elenco de temas. Los populismo, los soviets, las comunas campesinas, los sindicatos, los consejos de fábrica, el papel ideológico de los bolcheviques, Majnó, Kronstadt, etc. Todo en 286 páginas (incluida bibliografía. Muy amplia y enriquecedora, por cierto). Una gran aportación del libro de Taibo es la aclaración al gran número de términos que maneja en el libro.
            Sin embargo, no quiero terminar estas breves palabras sin hacer alguna puntualización. Una es más de forma que de fondo. Quizá son muchas las páginas que se utiliza para presentar las ideas bolcheviques y sus actuaciones, contraponiendo no a la propaganda anarquista del momento sino a críticas más propias de la ciencia política. Y por otra parte una crítica un poco más de fondo. Carlos Taibo distingue entre lo anarquista (que asimila a un movimiento político organizado) con lo libertario (más proclive a unas ideas o comportamientos que sería común o transversal a muchos grupos políticos y no solo los anarquistas). Esta diferenciación es digna de un debate. Como de algunos elementos que introduce, que también servirían para poder debatir sobre los acontecimientos y las lecturas que se pueden dar al mismo.
            Pero estas breves cuestiones no oscurecen para nada una obra que, a mi entender, se convierte desde ya en un imprescindible para acercarnos a lo que fue el anarquismo en Rusia. Creo hacer justicia al considerar que con estos dos libros sobre la temática se actualiza y se pone encima de la mesa una arista de la revolución que no se había tenido en cuenta a pesar de su papel protagonista en el acontecimiento. Esto a la misma altura que cualquier otro movimiento que en aquel momento tuviese un papel principal y haya sido postergado por la historia.
Con ello podemos afrontar un debate historiográfico y de la ciencia política mucho más profundo y enriquecedor. Que son obras que sirven para romper lugares comunes. Creo que ambos libros partieron desde esas premisas. Y creo, igualmente, que han cumplido con el objetivo. 

jueves, 8 de junio de 2017

Entrevista de Cazarabet por la publicación del libro "Por el pan, la tierra y la libertad. El anarquismo en la Revolución rusa"

Dejo aquí la entrevista que realizaron desde Cazarabet por la publicación del libro Por el pan, la tierra y la libertad. El anarquismo en la Revolución rusa

¿Qué fue lo que te hizo acercarte al anarquismo y  a sus seguidores  en Rusia?

            La verdad es que ha sido una investigación de muchos años, aunque no haya sido mi línea principal de investigación, que es el movimiento obrero en España. Sin embargo, la Revolución rusa siempre fue un proceso que me interesó y he estado al día de todas las novedades editoriales que se han publicado al respecto. Igualmente, en el proceso de elaboración de mis investigaciones sobre el movimiento obrero español, di con documentación de los anarquistas rusos, lo que hizo que mi interés por el asunto creciese. En Francia localicé muchos datos de los anarquistas rusos exiliados en varios periodos. También, en 2009 cuando viajé a Rusia, pude hacerme con algunos libros y documentos del anarquismo ruso. Otro foco de investigación fueron los papeles que Avrich utilizó para sus libros Los anarquistas rusos y Kronstadt 1921, depositados en diversas bibliotecas y archivos norteamericanos.
            Además, la Revolución rusa siempre fue una cuenta pendiente para mí. En mis años universitarios desarrollé junto a otros compañeros un documental sobre la Revolución rusa como trabajo de clase, lo que nos llevó varias horas de investigación y montaje.
            Aunque es un libro atemporal, lo cierto es que quise aprovechar el centenario de la Revolución de 1917 para poder publicar este libro sobre el papel del anarquismo en la misma. Un libro basado en todos los años de recopilación documental y bibliográfica. Aunque, como indico en la introducción del libro, creo que la historia del anarquismo ruso aun está por escribir.

-Porque se tiene “la imagen” que la revolución, la fuerza de la izquierda en Rusia solo la han ostentado los comunistas, aunque para nada es así…

            Porque son lo que ganan. El problema que tiene cualquier acontecimiento histórico son los lugares comunes y las simplificaciones que se generan alrededor de él, lo que sirve, sobre todo, para deformar la realidad. Los comunistas (o bolcheviques) fueron un grupo más dentro de la Revolución. Y lo que pasó finalmente es que ganaron, mientras el resto de fuerzas fueron derrotadas. El problema que nos encontramos con el estudio de la Revolución rusa (como de cualquier otro), son las grandes lagunas que nos han legado las historias oficiales desde muy distintos puntos de vista. Muchos de los derrotados en la Revolución tuvieron coberturas en los países donde se exiliaron y pudieron también plasmar su concepto del proceso revolucionario. Los anarquistas no encontraron esas facilidades y su literatura no pasó de ser marginal. Y esto no quiero decir que no sea tan importante como otras. Pero la impronta que se generó en los círculos de la izquierda es la legada por una parte por Trotsky en su Historia de la Revolución rusa o la de los seguidores de Stalin que re-escribieron la historia de la propia Revolución.

-Bueno, con todo esto se puede afirmar, más que nunca viendo este ejemplo, que la historia la escriben y la dejan escrita los  que ganan las batallas, tanto directa como indirectamente….

            Absolutamente, como he marcado más arriba. El problema es saber distinguir que esa historia oficial no tiene que ser la historia real. O las muchas historias reales que rodean cualquier acontecimiento.

-Cuando empezó la Revolución de Octubre del 17, ¿en qué estado se encontraba el anarquismo en Rusia?

            En el octubre revolucionario de 1917 el anarquismo era una tendencia en pleno desarrollo. Tenía varios grupos dispersos por distintos centros poblaciones de importancia. Su mayor fuerza se centraba en Petrogrado, Moscú, Kronstadt, Ivanovo-Vonesenks y amplias zonas de Ucrania. Curiosamente, aunque desde los medios libertarios rusos se criticaba al bolchevismo, lo cierto es que existían muchas coincidencias programáticas a corto plazo entre bolcheviques, anarquistas y socialistas revolucionarios de izquierda. Su oposición al gobierno provisional de Kerensky, la oposición a la participación rusa en la Primera Guerra Mundial, el reparto de la tierra y el control obrero de la producción, el poder de los soviets, etc., eran puntos que hacía que para las masas obreras la diferencias entre anarquistas y bolcheviques no eran tantas. Sin embargo en realidad no era así, y aunque los anarquistas apoyaron la caída del gobierno provisional en octubre de 1917, muy pronto afloraron las diferencias en cada uno de los conceptos lo que llevó a una colisión entre dos formas de entender el proceso revolucionario. Pero frente a un Partido Bolchevique muy bien estructurado, el anarquismo se plantó en estos debates con una importante dispersión de fuerzas. Ahí radicó uno de los grandes problemas que tuvo el anarquismo en Rusia.

-Y el comunismo en Rusia barrió no tan solo con el modo de vida casi medieval---o medieval del todo—que imperaba en una sociedad concebida como una pirámide sino también con las otras opciones revolucionarias….¿qué nos puedes reflexionar?

            Ciertamente Rusia guardaba muchas cosas relacionadas con el Antiguo Régimen, cuestión que logra eliminar la Revolución. Ese mérito no es solo de los comunistas, sino de todas las fuerzas revolucionarias que participaron en un proceso revolucionario a largo plazo. De todas esas fuerzas, fueron los bolcheviques los que se hicieron con el poder, y en un contexto de Guerra Civil fue construyendo un régimen cada vez más autoritario que acabó engullendo a la propia Revolución. Para los bolcheviques la correlación de fuerzas revolucionarias solo pasaba por la laminación de sus rivales políticos. Y aunque hubo acuerdos circunstanciales, lo cierto fue que finalmente se hicieron con el control total del poder en detrimento del resto de fuerzas revolucionarias.

-De todas formas, después, el partido Comunista fue construyendo a su manera una sociedad también paralela a su concepción de partido un partido patriarcal y vertical, dominador y dominante hasta la asfixia…

            Evidentemente la revolución degeneró en una dictadura, que si nos atenemos incluso a los propios conceptos teóricos nada tenía que ver con la dictadura del proletariado. Era más bien un proletariado sometido a dictadura. Si bien los primeros años se desarrolla un interesante debate sobre principios revolucionarios, tras la derrota de Majnó y el aplastamiento de la revuelta de Kronstadt el debate solo se circunscribe al propio Partido Comunista, para finalmente acabar incluso laminado por el ascenso de Stalin al poder. Hubo un momento en que cualquier disidencia era un delito.

-¿Y por qué le ganó la partida el comunismo al anarquismo?

            Básicamente porque el bolchevismo se mantuvo compacto el anarquismo disperso. Es una de las razones a la que llegaron en conclusión los propios anarquistas rusos en el exilio. Si bien entre ellos ofrecían distintas soluciones. También porque el comunismo consiguió el poder del Estado y utilizó los medios que le ofreció para poder reprimir a los movimientos que se oponían a su concepción revolucionaria. Entre ellos el anarquismo. Los bolcheviques supieron leer muy bien el contexto histórico que les tocó vivir. El anarquismo también, pero no encontró una fórmula que le mantuviese unido. Además hay que tener en cuenta que la posibilidad de alternativa anarquista en la Revolución rusa se focaliza en el periodo de la Guerra Civil (1918-1921), un momento donde hay un importante dilema: dar un paso a lo que denominaron los anarquistas la “Tercera Revolución” o vencer a las fuerzas contrarrevolucionarias que con apoyo extrajeron combatían los principios de la revolución en el que los propios anarquistas estaban insertados. Y a pesar del debate de ideas, el anarquismo eligió la segunda opción para postergar la primera. Una cuestión que también aprovechó el bolchevismo para hacerse más fuerte. No hay que olvidar que en diciembre de 1917 los bolcheviques crean la Cheka, su policía política, que actuó desde muy pronto contra los anarquistas. Ya en abril de 1918 se producen cierre de periódicos y detenciones de militantes anarquistas acusados de bandidaje. Personajes como Volin, Maximov., Barmash, etc., se vieron en prisión. Algo que consternó a muchos delegados de los congresos de la III Internacional (Komintern) o de la Internacional Sindical Roja (Profintern), entre ellos Ángel Pestaña de la CNT o Fernando de los Ríos del PSOE. Al final, Lenin decide en 1921 poner en libertad a varios anarquistas con la única condición que abandonen el país. Así lo hace Volin, Maximov, Berkman, Goldman, etc.
            Aquí habría que remarcar también una cuestión más. No todos los anarquistas se exilian. Muchos se quedaron en el interior de la URSS y acabaron por unirse a las filas del Partido Comunista. Hubo un momento que el campo de la propaganda y la persuasión de ideas también fueron ganando por el bolchevismo.

-¿Cómo lo hicieron para acallar casi que hasta cualquier eco de revolución, protesta y reivindicación que no tuviese que ver con el comunismo…?

            El Estado soviético se dotó de mecanismos represivos, como la ya citada Cheka, encabezada por Félix Zerzhinsky (personaje que luego fue laminado por Stalin). La Cheka actuó contra lo que consideró “elementos contrarrevolucionarios”, y los anarquistas fueron entrando paulatinamente en esa categoría.
            Sin embargo, aunque la actividad organizativa anarquista era ya inexistente en la primavera de 1921 y las cárceles rebosaban de prisioneros libertarios, la literatura anarquista siguió circulando libremente por Rusia hasta final de la década de 1920 e incluso un pequeño núcleo de anarquistas pudo organizar un acto a favor de Sacco y Vanzetti en Moscú en 1927.
            Lo que no toleró el gobierno soviético fue la existencia de organizaciones anarquistas que pudieran poner en tela de juicio las actuaciones del gobierno.

-De todas formas los anarquistas sí que les dieron más de un quebradero de cabeza a los bolcheviques se infiltraron en su estructura…coméntanos…
            Infiltrados como tal no estuvieron. Lo cierto fue que hubo anarquistas que tras el triunfo revolucionario de 1917 participaron de algunas estructuras de poder. Apollon Karelin fue uno de ellos. Defendió el comunismo libertario dentro de estructuras soviéticas. Otros como Shatov o Zhelezniakov participaron en las filas del Ejército Rojo en los combates contra los blancos. Incluso Volin llegó a participar en el Departamento Soviético de Educación de Voronezh y Jarkov. El dilema vino cuando muchos de ellos abjuraron de sus principios anarquistas y acabaron uniéndose al Partido Comunista. Fue el caso e Danil Novomirsky o Efim Yarchuk, uno de los más emblemáticos anarquistas rusos que había participado en la revolución de 1905 en Bialystok.
            Todas estas cuestiones de participación en estructuras soviéticas como anarquistas se produjeron en el periodo que media entre 1918 y 1921. Posteriormente o se unían al Partido o estaban excluidos.

-¿Podríamos decir que fue Stalin quien apuntilló más que nada y más que nadie al anarquismo en Rusia?

            Sí, podría decirse sin ningún género de dudas. Los pocos focos y conatos de anarquismo que quedaban en Rusia tras la muerte de Lenin en 1924 (la editorial Golos Trudá o el Museo Kropotkin) acaban con la dictadura estalinista.

-Bakunin, Kropotkin fueron los dos hombres más destacados en las ideas y en la “expansión” de las mismas tanto en Rusia, su tierra, como fuera de  este país….¿cómo crees que les afectó a sus seguidores, de manera directa e indirecta, el llevar a cabo esas ideas tan distantes en el contenido, formas y maneras frente a los otros revolucionarios que eran los comunistas?( Bakunin, murió en Berna en 1876, mientras que Kropotkin murió en 1921)

            Bakunin y Kropotkin ayudaron a conformar las ideas anarquistas tanto en el interior como fuera de Rusia. Ellos fueron la referencia fundamental de los movimiento anarquistas en el último tercio del siglo XIX y la primera mitad del XX (habría que unir a ellos a Proudhon y a Malatesta). Aquí habría que destacar una curiosidad. En Moscú hay una columna en forma de obelisco frente a los muros de Kremlim, donde vienen los personajes que influyeron ideológicamente a Lenin. Entre ellos está Bakunin. Igualmente, Lenin admiraba y respetaba a la figura de Kropotkin, al que llegó a proponer un cargo en el gobierno y que nunca fue molestado. Se cartearon en varias ocasiones y en esa correspondencia se ve como Kropotkin está afeando a Lenin muchas disposiciones de su gobierno. Y el Museo Kropotkin funcionó durante años en la URSS. Con esto se quiere mostrar la importancia que tuvieron Bakunin y Kropotkin para la revolución en general. Pero fueron los anarquistas quienes defendieron sus principios en plena revolución. Y, evidentemente, su frustración fue máxima cuando salieron derrotados de una revolución en que habían visto posibilidad de triunfo.

-El hecho de que viniesen los dos de familias aristócratas:¿qué crees que les supuso?, al menos, de entrada, una formación buena que además pusieron al servicio de sus ideas, pero reflexiónanos un poco más…

            En principio la extracción social de Bakunin y Kropotkin no predisponía nada. Quizá eso que marcas. Que tuvieron un mejor acceso a la educación. Pero pasó con muchos revolucionarios del siglo XIX, que procedían de la aristocracia o de la burguesía acomodada y se unieron a la revolución. Bakunin y Kropotkin son ejemplo de ello. Pero también Engels o Cafiero. Muchos otros pertenecieron a los que denominaron la “aristocracia obrera”, que no dejaban de ser obreros en contacto con la cultura del libro y del periódico (los tipógrafos, por ejemplo). Lo único destacable del tema de su extracción social es que a Kropotkin siempre se le conoció como “el Príncipe anarquista”.

-Pero quizás por la correlación cronológica con las ideas comunistas es Kropotkin quien tiene como más incidencia con sus ideas por formular la teoría del anarco comunismo. Coméntanos…

            Sí, Kropotkin fue el iniciador de las corrientes comunistas en el anarquismo. Bakunin se denominó colectivista y Proudhon mutualista. Hay coincidencia de principios pero también diferencias. Para el comunismo de Kropotkin la máxima era su lema “de cada cual según sus posibilidad y a cada cual según sus necesidades”. Además, la amplia obra de Kropotkin está muy bien sistematizada y son principios muy claramente expuestos. Destacaría La moral anarquista, Campos, fábricas y talleres, El Apoyo Mutuo, La gran Revolución francesa, La ciencia y el anarquismo, etc. Además Kropotkin no solo era un activista anarquista. También fue uno de los geógrafos más importante de su tiempo, junto al también anarquista Élisée Reclus. Era una personalidad muy respetada por todos. En los viajes que los españoles hicieron a Rusia por los congresos de la Profintern y la Komintern, aprovecharon para ir a conocer a Kropotkin. Así lo hizo Ángel Pestaña y también Fernando de los Ríos.

-También están los idealistas nihilistas:¿qué nos puedes decir de estos y de su influencia en el inconformismo ruso…? ; ¿y qué decir de los dujoboris o “luchadores espirituales”?

            Es evidente que sin conocer el siglo XIX es imposible entender la revolución rusa en su amplio contexto. Los nihilistas fueron unos rupturistas. Personajes que cambiaron la forma de pensar y actuar en un país que estaba bajo aspectos del pasado. Las obras literarias de los nihilistas influyeron mucho en los movimientos de protesta. Pero tampoco podemos olvidar a los narodnikis, el nacimiento de movimientos como Narodnaïa Volia, o el origen de todo, que en el libro lo he marcado en la revolución decembrista de 1825.
            De los dujobory no he hablado, pero si de un personaje que estuvo muy cercano a ellos: León Tolstoi. Más que nada porque para el anarquismo fue Tolstoi en realidad quien más influencia. El movimiento tolstoiano si que tiene mayor trascendencia. Tolstoi llegó a fundar una escuela en Yasnaïa Poliana bajo principios antiautoritarios. Las ideas de Tolstoi son deudoras de las de Thoreau y luego influenciarán en personajes como Gandhi o Martin Luther King.

-Qué influencia tuvieron todos los de ideario anarquista en Rusia y en su primera revolución, la de 1905?, aunque continuaron siempre en cada embate en el que se recurría a la revolución.

            La Revolución de 1905 es la gran desconocida. Y, por lo tanto, la participación de los anarquistas en la misma también. En aquel momento es cuando los anarquistas comienzan a desarrollar un movimiento más evidente. Los focos de influencia fueron Ucrania, donde se comenzó a desarrollar las corrientes sindicales, San Petersburgo donde existió un grupo llamado Beznachalie que pivotó entre el anarquismo y el terrorismo más deudor de Nechaev y, sobre todo, Bialystok y Krinki. En estas dos ciudades el anarquismo venía desarrollando una importante actividad desde 1904 hasta tal punto que superaron en número a socialdemócratas, socialistas revolucionarios, al Bund judío y a los socialistas polacos. Bialystok se convirtió en el epicentro del anarquismo y el soviet de la ciudad siempre fue de mayoría de anarquista. Además, son los anarquistas de Bialystok los que comienzan a presentar el debate que será nodal para los años del exilio antes de la Revolución de 1917. Las estrategias a seguir por los anarquistas, donde consideran que el cuerpo a cuerpo con los representantes del Estado solo les llevará a la destrucción.
            Además, la Revolución de 1905 es importante también por un acontecimiento capital en la historia de la Revolución rusa: el nacimiento del soviet. En el libro se plantean las diversas hipótesis que hay al respecto. Desde el nacimiento en febrero de 1905 cuyo primer presidente es Nossar-Jrustalev (tal como nos narra Volin en La revolución desconocida), hasta las hipótesis que ponen el nacimiento del soviet en la Comisión Chidlovsky o en Ivanovo-Vonozensk, tal como dice Oskar Anweiler.
            Las lecturas que sacó el anarquismo en la revolución de 1905, marcaron los años siguientes y sus posiciones de cara a 1917.

-Y, muy brevemente, ¿cuál fue su evolución hasta llegar a las guerrillas, afines al anarquismo, Majnovistas? Porque sufrieron mucha represión en forma de combate, muerte, cárcel o exilio hasta el  año 1917…¿no?

            El exilio, como comentaba, fue el momento en el que los anarquistas debaten en las formas organizativas, pivotado su influencia entre el interior de Rusia, el exilio en Francia y en EEUU. Allí se fueron conformando que las corrientes sindicalistas y las comunistas anarquistas eran mayoritarias. Y así se presentaron en febrero de 1917 cuando el zarismo fue derrocado. Comenzaron a reorganizarse los núcleos de Moscú, Petrogrado, Kronstadt, etc. Aunque la represión había sido muy intensa contra el anarquismo, lo cierto fue que se reorganizaron con más fuerza que en 1905, aunque la dispersión fue lo que marcó la norma.
            Caso especial es Ucrania, con la figura de Néstor Majnó. Majnó, que había participado en la revolución de 1905 y había sido encarcelado y condenado a muerte por ello. Cuando fue liberado en febrero de 1917 regreso a su Gulai Polé natal y se puso al frente del soviet local. Pero debido a las hostilidades generadas por la Guerra Civil que se desató tras la revolución de octubre, hizo que Majnó conformase un ejército guerrillero de campesinos que combatió a las fuerzas pro-alemanas que habían invadido Ucrania, a los nacionalistas de Simón Petlura, a los blancos de Denikin y Wrangel y, en último termino, también a los bolcheviques. Porque lo de Majnó no fue solo un ejército. En su zona de influencia se desarrolló toda una sociedad basada en principios libertarios. Esa cuestión política fue lo que chocó frontalmente con el modelo de revolución bolchevique. Tal como Majnó nos legó en sus memorias, el anarquismo siempre tuvo enorme influencia en Ucrania. Además, aparejado al movimiento majnovista se creo la Confederación de Organizaciones Anarquistas “Nabat”, que fue, con diferencia, la estructura anarquista mejor asentada en toda la revolución.
            La derrotada de las fuerzas de Majnó fue un golpe del que los anarquistas no se recuperaron jamás.

-¿Cómo fueron o viajaron las ideas anarquistas durante “el imperio de los zares comunistas”?

            Como comenté más arriba, hasta bien entrada la década de 1920 la literatura anarquista se siguió imprimiendo en Rusia por el sello editorial Golos Trudá. A partir de ese momento, solo por medio de la clandestinidad se puedo introducir propaganda, que fue realmente escasa. Aun así, muchos de los anarquistas que se habían pasado a las filas comunistas, fueron purgados con el estalinismo. Un caso paradigmático fue el de Piort Archinov. Primero bolchevique y luego anarquista, Archinov fue una de las personas de confianza de Majnó. Tras la derrota majnovista, Archinov se exilio también primero a Alemania y luego a Francia donde intentó desarrollar una Plataforma de organización anarquista que chocó frontalmente con los intereses de otros anarquistas rusos y también de otras nacionalidades. En ese momento, Archinov decidió volver a la URSS. Abjuró de sus principios anarquistas y se incorporó a la PCUS. Fue purgado en 1937 acusado de “intentar restablecer el anarquismo en la URSS”          

-Y su pudiésemos hablar de cuál es la salud del anarquismo en Rusia y algunas de las ex repúblicas de la extinta es-URSS en la actualidad , ¿cómo la calificarías?

            Ningún protagonista anarquista de la revolución de 1917 (que yo conozca) vivió la desaparición de la URSS en 1991. Cuestión normal pues había pasado más de 70 años. Los movimientos anarquistas que se conformaron después solo tenían las referencias de las obras escritas en el exilio. Es la situación actual. Hay grupos anarquistas en varias ciudades pero no son muy numerosos.

lunes, 29 de mayo de 2017

Abogacía, República y movimiento obrero. Eduardo Barriobero Herrán

Hace pocas fechas, José Luis Carretero Miramar publicaba su nuevo libro Eduardo Barriobero. Las luchas de un jabalí (Queimada ediciones, 2017). Tuve el placer de poder prologar la obra de Carretero. Pongo en esta bitácora el prólogo para la presente edición. Gracias José Luis por tu confianza.

El 1 de abril de 1939 terminaba oficialmente la Guerra Civil española. Con ella se imponía el militarismo que el 18 de julio de 1936 violentó la legalidad republicana y buscaba sepultar las conquistas sociales alcanzadas en España en las décadas anteriores. Pero la victoria franquista fue mucho más allá que una victoria militar sobre un régimen y sistema de gobierno que repudiaba. La victoria franquista significó la sepultura para muchos proyectos políticos, para muchas alternativas sociales, para muchas visiones del entorno que, a partir de esa fecha, pasaron a ser proscritas, perseguidas, encarceladas, fusiladas o exiliadas. Es todavía complicado dar una imagen general del mapa de la represión franquista. No solo desde un punto de vista cuantitativo sino, mayormente, cualitativo.
            Y entre esas pérdidas, ese olvido intencionado y patrocinado por el Estado franquista, se encuentra la de miles de personajes que durante años fueron trascendentales para la Historia de España, y que con el paso del tiempo cayeron en el ostracismo. Hoy nadie recuerda a escritores como Diego San José, republicano y autor de innumerables obras literarias. Una de las plumas más prolíficas y dinámicas entre la década de 1910 y 1930, y que sin embargo, tras su paso por la cárcel, el franquismo le condenó al olvido. Tampoco suenan los nombres de Eduardo de Guzmán, periodista muy cercano al mundo libertario, autor de numerosas obras de carácter político, que durante el franquismo, tras sus años de prisión y donde pudo evitar la pena de muerte, vivió escribiendo novelas del oeste y policíacas con los seudónimos de Edward Goodman o Eddy Thorny. ¿Quién recuerda hoy a mujeres como Soledad Gustavo (Teresa Mañé)?. Madre de Federica Montseny, anarquista y una de las primeras introductoras en España de una literatura feminista (aunque no se declarase como tal) y de debates para la emancipación de los trabajadores y las mujeres. Y así podríamos hacer una larga e interminable lista: Antonio de Hoyos y Vinent, Mauro Bajatierra, Pedro Mata, Carmen de Burgos, Navarro Ballesteros, Pedro Vallina, Juan Monteseny, Manuel Zambruno, Hildegart Rodríguez Carballeira, Salvador Sediles, Benigno Bejarano, José Antonio Balbontín y así un largo etcétera. Políticos, literatos, sindicalistas.
            En esta categoría entraría la figura del abogado republicano Eduardo Barriobero Herrán. Una figura polifacética. Escritor, abogado de sindicalistas, diputado republicano federal, conferenciante, masón, etc. Una persona que nos puede parecer fascinante en el siglo XXI, pero que estaba perfectamente adaptada a la sociedad de su tiempo, del que fue un adelantado.
            A pesar de los años que han pasado desde el asesinato de Barriobero, si que ha habido intentos de poder rescatar su figura. Y a los trabajados desarrollados por el profesor Julián Bravo Vega o el de Agustín Millares Cantero, hay que unir esta obra de José Luis Carretero Miramar. En una mezcla entre documentos históricos y obra novelada, Carretero nos lleva en volandas por la vida de Barriobero. Nos lo acerca en su componente político y profesional. Pero también, en su componente humano. Y que la figura de Barriobero haya caído en la pluma de Carretero es una buena noticia. Porque José Luis nos tiene acostumbrados a buenos libros. Sencillos pero profundos. Con un estilo depurado, gracias a José Luis hemos aprendido mejor lo que es la autogestión y lo que es el Derecho. Porque hay varios aspectos que unen a Barriobero y Carretero. Los dos son abogados preocupados por los menos favorecidos. A los dos les gusta escribir. Los dos son sindicalistas. Por eso la conexión entre autor y personaje se deja sentir en cada una de las páginas de esta obra que tan acertadamente ha publicado Queimada ediciones. Cuando José Luis me propuso leer su libro y escribir el prólogo al mismo no lo dudé un instante. No solo porque José Luis sea amigo mío y yo sea lector de sus artículos y obras, sino porque me parecía que era de justicia recuperar a este personaje. Lo ha hecho de forma sobresaliente y para mi es un honor poder contribuir de forma modesta al mismo.
            Barriobero fue un buen abogado. Y desde el inicio de su carrera profesional consideró que su servicio tenía que estar con los que más lo necesitaban: los obreros. Por ello Barriobero no solo los defendió desde el punto de vista legal sino que se afilió a la CNT para participar también en el movimiento obrero. Y no era nada inusual comprobar como muchos dirigentes republicanos veían en la CNT la organización en la que colmaban sus expectativas sindicalistas. En ningún caso intentaron convertir a la CNT en algo que no era. Respetaban sus siglas, su estructura y su ideario. Pero su conciencia de clase les llevaba a afiliarse al sindicalismo revolucionario. Eso también generó una línea muy tenue entre determinados grupos republicanos de izquierda y el anarcosindicalismo. Una relación, con altibajos e incluso amor-odio, que duró hasta el final de la Guerra Civil. Esto no quiere decir que Barriobero fuese anarquista. Ni mucho menos. El fue siempre un convencido republicano federal, afiliado a la Confederación Nacional del Trabajo como su opción sindical. Aunque sí sentían mucha simpatía por el anarquismo. También los libertarios respetaron a esa izquierda republicana y a Barriobero. Esto explica las razones de vinculación de ambos grupos en conspiraciones contra la monarquía, de las simpatías que Fermín Galán mostraba hacia el anarquismo en su obra Nueva Creación, de los periódicos que como La Tierra unía en sus páginas a la izquierda republicana y al anarcosindicalismo para hacer análisis sociales de la época. Acercándonos a todos estos personajes y a sus movimientos nos damos cuenta que no se puede hacer una historia basada en bloques estancos ideológicos. Eso enriqueció el movimiento obrero y político de la España del primer tercio del siglo XX.
            Y lo enriqueció desde muchos puntos. Barriobero fue un entusiasta de la literatura y publicó innumerables obras literarias para “La novela de hoy”, “La novela semanal”, “Los contemporáneos”, etc. Obras como Ganémosle hoy…, María o la hija de otro jornalero, El airón de los Torrecumbre, El abogado (donde relata su historia con Carmen de Burgos), etc., fueron ejemplo de ellos. También fue un observador de su época y lo dejó plasmado en obras de carácter más político. Aquí encajaría Como está Europa. Noticia de un viaje a través de varias Repúblicas y una monarquía, donde hizo un repaso de Francia, Alemania, Austria, Checoslovaquia, Yugoslavia e Italia tras la Primera Guerra Mundial, en el año 1921.
            Barriobero tuvo grandes actuaciones judiciales a favor de los trabajadores. Y también fue protagonista de algunos de los procesos judiciales más importantes de la época. El fue el abogado de Tomás de la Llave, uno de los acusados de haber dado cobertura al atentado que Pedro Mateu, Luis Nicolau y Ramón Casanellas perpetraron contra el presidente del gobierno Eduardo Dato. Consiguió la absolución de Manuel de la Llave, recibiendo felicitaciones por su defensa de personajes como Rafael Salazar Alonso o Francisco Bergamín.
            Barriobero perteneció a la masonería. Como muchos de los sindicalistas y republicanos de su época. Perteneció a la Logia Cantoniana de Madrid y actuó con el nombre simbólico de Alcibíades, alcanzando el grado 33 en el año 1921. Fue la misma logia donde estuvo su amigo Mauro Bajatierra Morán, anarquista, panadero y periodista. Y como todo masón, con el triunfo de franquismo se le abrió expediente de investigación, a pesar de que ya había muerto.
            Barriobero perteneció a esa estirpe de republicanos que no solo confiaban en la acción parlamentaria para proclamar la República, sino que dependiendo de las circunstancias se podía alcanzar la misma por medio de la conspiración. La dictadura de Primo de Rivera fue uno de esos momentos en los que los republicanos federales intentaron llegar a acuerdos con otras fuerzas antimonárquicas (anarquistas, comunistas, etc.) para poder derrocar el régimen y traer la República.
            Una República que se proclamó el 14 de abril de 1931, que fue celebrada por todos, pero que muy pronto fue criticada por republicanos como Barriobero que veía sus medidas insuficientes. Creía Barriobero que la estructura y el modelo de República proclamada era digno de muchas mejoras. Y desde las páginas de sus voceros, como la Tierra, lanzaron duras críticas al gobierno republicano-socialista de Manuel Azaña. Aun así los republicanos-federales nunca fueron una fuerza política importante en el parlamento republicano. Incluso no llegaron a suscribir el pacto del Frente Popular que dio la victoria a las izquierdas en febrero de 1936. Igualmente, durante los años de la Segunda República, hubo más de un roce entre los federales y los libertarios en temas en los que discreparon.
            Sin embargo, con el inicio de la Guerra Civil, nos volvemos a encontrar a Barriobero en pleno rendimiento de actividad. Y fue el momento de auge y eclipse del líder republicano. Porque Barriobero puso sus conocimientos jurídicos al servicio de la República y la revolución. Fue uno de los pilares en los que el Ministro de Justicia, el anarquista Juan García Oliver, consultó para el establecimiento de los Tribunales Populares (junto a otro jurista como Eduardo Ortega y Gasset). En Barcelona, Barriobero se puso al frente de la Oficina Jurídica que desarrolló los Tribunales Revolucionarios, llegando a escribir un texto sobre la actuación de los mismos en los años 1936 y 1937. Sin embargo, el republicano federal cayó en desgracia por una acusación de evasión de capitales y de utilizar la Oficina Jurídica de forma poco ética. Fue detenido por ello en febrero de 1937, y aunque gracias a las gestiones de Jacinto Toryho pudo salir de prisión, se abrieron diligencias sobre el suceso.
            Sin embargo, a esa altura, Barriobero era una persona avejentada y enferma. Con las tropas franquistas a punto de entrar en la ciudad se le ofreció la posibilidad de salir al exilio. Opción que declinó. En febrero de 1939 Barriobero fue detenido por los franquistas. Su acta de acusación fue una mezcla de esa evasión de capitales y su militancia política en el republicanismo y en la CNT. Se acusó a Barriobero de fomentar las patrullas de control y la represión en la Barcelona republicana. La sentencia, como era habitual en el franquismo, estaba tomada de antemano: pena de muerte. Y así se cumplió el 14 de febrero de 1939 en el Campo de la Bota. Según Eduard Masjuan fue el primer fusilado en ese lugar, donde luego le acompañarían 1688 personas más. A partir de entonces solo olvido sobre la figura de Barriobero
           
            Afortunadamente hoy podemos disfrutar de una nueva obra que rescata su figura. Felicidades José Luis por esta nueva obra. Felicidades a Queimada por editarla. Ahora, disfruten de la misma.

lunes, 6 de marzo de 2017

EN DEFENSA DE MAX AUB

Recuerdo que en el año 2004 comencé mis cursos de doctorado en la Universidad de Alcalá de Henares. Entre los cursos que solicité se encontraba uno que se titulada “Los exilios de las España de 1939. Literatura, teatro, cine y testimonio”, dirigido por el profesor José María Naharro-Calderón. Y fue en ese curso cuando conocí de forma más pormenorizada la vida y obra de Max Aub. Hasta ese momento había leído su novela La calle de Valverde y algunos trozos de su obra Campo de almendros. Sin embargo, el profesor Naharro-Calderón profundizó en el universo concentracionario de Max Aub y eso me animó a realizar un trabajo sobre su libro Campo francés. Desde entonces mi admiración por la persona y la obra de Max Aub no paró de crecer. Un literato que eligió la nacionalidad española (“Una persona es de donde hace el Bachillerato” dijo en cierta ocasión. Y Aub lo hizo en Valencia), que desarrolló su carrera profesional en nuestro país, que se afilió al movimiento obrero a través del PSOE y la UGT y que tras la Guerra Civil sufrió los campos de concentración y vivió en el exilio mexicano. Antes la vida de Max Aub la conocí por una serie protagonizada por Juan Echanove que emitió TVE en 2002 con el título “Max Aub, un escritor en su laberinto”, parafraseando “El laberinto mágico” que aglutina las diversas obras de Aub sobre los campos de concentración en España y Francia tras la Guerra Civil española y que tanto le marcaron.
            Por eso, ayer leía con estupor que los nuevos gestores de la Naves de Matadero pretenden eliminar el nombre de Max Aub de una de las naves para pasar a denominarse Nave 10. La misma suerte va a correr la que lleva el nombre de otro dramaturgo como Fernando Arrabal, que pasará a denominarse Nave 11. Las razones que argumentan el equipo directivo de las Naves de Matadero es que tanto Aub como Arrabal no representa el teatro que a partir de ahora se va a desarrollar en dicho lugar. Que esos autores son parte de un modelo más clásico del teatro.
            No deja de sorprenderme ni de indignarme esta decisión por varias razones. La primera porque el nombre de una sala se pone por los méritos del personaje (sobrados en el caso de Max Aub y Fernando Arrabal) y no por si el mismo concuerda con su forma de entender el teatro al que se desarrolla en el espacio. No veo al Centro Dramático Nacional cambiando el nombre de Valle-Inclán o María Guerrero a sus teatros solo porque en esos espacios no se desarrolla un teatro como lo entendían esos autores. La segunda razón es porque tanto Aub como Arrabal revolucionaron el mundo del teatro en sus momentos históricos. Ya no solo por sus obras sino por su puesta en escena. Por eso pasan a la historia de la literatura y de la dramaturgía. Por eso tiene el nombre sus salas. Y en tercer lugar, porque tener esos nombres, mantener y explicar quienes fueron, forman parte de las políticas públicas de la memoria que se vienen pidiendo para la ciudad de Madrid desde hace años. Porque Aub forma parte de la historia más reciente de este país que tuvo que abandonar España por su oposición frontal a la dictadura de Franco. No solo es una cumbre de la literatura sino un represaliado político. También lo fue Arrabal en otros momentos históricos y bajo la bota del mismo dictador. Volvería a ser un error garrafal, uno más, en materia de memoria por parte del Ayuntamiento de Madrid y de su equipo de gobierno encabezado por la alcaldesa Manuela Carmena.
            A veces cuesta pensar de donde salen este tipo de decisiones. Pero las políticas de memoria del Ayuntamiento madrileño están empezando a llegar al delirio. En una absurda política de compensación se da una de cal y otra de arena. Los méritos para ser parte de un callejero o del nombre de una sala, se tiene en la historia de ese personaje. De quién estamos hablando. La memoria histórica es una cuestión de derechos humanos no es una mera cuestión de consenso. Por mucho que le pese al Ayutamiento madrileño no es lo mismo Max Aub que el general Yagüe. Y aunque sé a la perfección que el Comisionado de Memoria depende directamente de la alcaldía y la dirección de Matadero depende de un concurso público de Cultura, no se puede desgajar el desastre general de la gestión de la memoria de todo el equipo de gobierno. Porque aunque haya salido a concurso público el Ayuntamiento tiene que tener el aherrojo de frenar este tipo de iniciativas. Porque es absolutamente demencial que el pasado sábado 4 de marzo se le pusiera el nombre de Arturo Barea a una plaza de Lavapiés (la de las Escuelas Pías, donde estudió el autor de La forja de un rebelde) y ese mismo día nos sorprenda la noticia de que quieren quitar el nombre de Max Aub y Fernando Arrabal a las Naves de Matadero.
            Como amante del teatro, estoy de acuerdo en todas las técnicas experimental modernas (y posmodernas, si nos ponemos) que se quiere llevar a los escenarios. De eso se nutrió históricamente el teatro. Pero lo que no puedo estar de acuerdo es que en nombre de esa “posmodernidad” quieran barrer la memoria de aquellos que no solo crearon un teatro mejor sino que lucharon por un mundo mejor y fueron represaliados por ello. Hay que ser ecuánime y saber poner freno a las barbaridades. Ya se cometió una auténtica barbaridad contra la Cátedra de Memoria Histórica, contra ese grupo de profesionales que intentaron desarrollar un plan de memoria en Madrid y que fueron atacados de forma inicua por diversos frentes con acusaciones falsas. Estamos a tiempo de frenar una nueva barbaridad que puede hacer desaparecer a Max Aub y a Fernando Arrabal de las Naves de Matadero. Porque aunque no respondan al mismo criterio el resultado que se daría sería el mismo que si la derecha más rancia de la capital de España arremete contra la izquierda cultural exiliada: la desaparición de sus nombres.
            Todavía se está a tiempo de corregir el error, porque a este paso el equipo de gobierno de Ahora Madrid va a conseguir laminar los apoyos que les sostiene y habría hecho un nuevo feo (uno más) a la memoria de los represaliados del franquismo y a las asociaciones de la memoria y de víctimas que piden solo un poco de consideración.
            Experimentemos, avancemos pero cuidemos la memoria. No hagamos desaparecer a Max Aub del nombre de una sala, a su legado, por argumentos tan peregrinos. Quizá, la parte más consciente del equipo de gobierno del Ayuntamiento debería tomar cartas en el asunto.
            Desde luego, con mi modesta opinión, y como historiador de esos que investiga lo que significó la España que el franquismo se encargó de perseguir, solo puedo oponerme a que Max Aub y Fernando Arrabal (cuya obra conozco menos) desaparezcan de las Naves de Matadero.

Julián Vadillo
Historiador







 ¿Quién era Max Aub?

            Max Aub Mohrenwitz nació el 2 de junio de 1903 en París. Sus abuelos paternos eran Max Aub y Magdalena Marx, de cuya unión nació Federico Guillermo Aub Marx. Este casó con Susana Mohrenwitz. De esta unión nació el citado Max y su hermana Magdalena Aub.
            Su padre era de Baviera y era representante comercial, a pesar de que venía de una familia dedicada por entero al derecho y las leyes. Hablaba bien el español y trabajó para la Casa Alaska en Sevilla. Al quebrar se instala como vendedor de bisutería fina para caballeros. La gran cantidad de viajes que realizaba hace que Max tenga más relación con su madre.
            La madre de Max Aub era de origen sajón, aunque había nacido en Francia. Pertenecía a la alta burguesía. Max Aub se crió con ella, su hermana y la criada. El amor de madre a hijo fue intenso y también viceversa.
            Se crió siempre en un ambiente cultural elevado. Practicó el bilingüismo y, a pesar de sus orígenes judíos, su enseñanza fue agnóstica.  Su contacto con la lectura fue continuo. Mostraba pasión por los libros. Aprendió a leer con Los miserables y tenía fascinación por Víctor Hugo, Baudelaire, Rimbaud, etc.
Se educó en el colegio College Rollen, muy exquisito y esmerado. Vinculado con Karl Marx por su abuela paterna, siempre tuvo en él esa constante de sus orígenes sociales y familiares.
Max Aub, aunque francés, se consideraba apátrida. Y con su llegada a España llegaba el español apátrida. Instalado en Valencia se convirtió en un escritor valenciano y un español universal.
Con el estallido de la I Guerra Mundial, Max tuvo que salir de Francia con toda su familia. Como su padre estaba de viaje por España unos amigos le aconsejan que no volviera a Francia. Y en agosto de 1914 toda la familia se reunió en Barcelona. Con once años llega a Valencia y queda completamente enamorado de la ciudad del Turia. Su familia pasa por varios domicilios de la capital valenciana. En 1915 escribe su primer poema en español. Y al siguiente año su padre pide la nacionalidad española.
España estaba entonces en plena efervescencia política. En 1917 la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) y la UGT (unión General de Trabajadores) llegan a unas alianzas para declarar huelga revolucionaria. En Valencia, en la plaza de Emilio Castelar, hay un enfrentamiento entre ciudadanos y Guardia Civil. Desde entonces Max Aub sabe que su lugar esta con los humildes y los oprimidos.
En 1918 cursa estudios en la Alianza Francesa y en la Escuela Moderna, que era la única laica de Valencia. Su educación desde pequeño fue pues liberal y laica. De esta época le impacta algunos de sus profesores, sobre todo Ángel Lacalle, profesor de Literatura Española.
Comienza a tomar amistad con la familia Gaos, con Manolo Zapater, Fernando Dicenta, Juan Gil-Albert, Juan Chabas, Pedro de Valencia, etc. Toma pasión por la comida, la música y los libros, frecuentado librerías de viejo.
En 1920 acaba el bachillerato. Entonces su padre quería que siguiera la tradición familiar y estudiara Derecho. Pero prefirió seguir los pasos de su padre y se hizo representante por Levante, Aragón, Cataluña y Almería. Merced a estos viajes toma contacto con el mundo cultural y de la vanguardia.
Conoce en 1921 a Jules Romains, que le da una carta de presentación que utilizará con posteridad. Por esta época Max esta suscrito a la Nouvelle Revue Française, y también a otras revistas italianas y belgas.
Repartiendo sus mercancías por Cataluña conoce en las tertulias a personalidades como López Picó, Salvat Papasseit, Esclasens y Gasch. Se adentra en el teatro experimental con obras como El desconfiado prodigioso o Espejo de avaricias.
Llegado en 1923 es testigo en Zaragoza de la militarada que provoca la sublevación de Miguel Primo de Rivera, con la declaración del Estado de Guerra.
Le toca la lotería en diciembre de 1923, y esto le permite viajar a Madrid junto a su amigo José Medina Echevarria. Allí presenta a Enrique Díez-Canedo la carta de presentación que en 1921 le había facilitado Jules Romains. Díez-Canedo le introduce en el Ateneo de Madrid, y allí le presenta a Luis Fernández Ardavín, quien lee sus versos.
En un viaje a París en 1924 conoce a Joan Miró y a escritores como Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, Jorge Guillen, José Bergamín, Francisco Ayala, Gerardo Diego, Juan Gil-Albert, Alejandro Casona, Vicente Gaos, Emilio Prados, Juan Chabas, etc. Con todos tendrá relación, sobre todo tras la Guerra Civil.
Publica versos en España. También le influye mucho el filósofo José Gaos, que le recomienda la lectura de Heine, de filósofos del siglo XIX, y le introduce por el placer de Baroja, Unamuno, Quevedo, Cervantes o Mariano José de Larra.
Con la mayoría de edad se nacionaliza español para poder cumplir el servicio militar. Pero la miopía le exime de entrar en el ejército.
En 1925 publicó Los poemas cotidiano, con prólogo de Enrique Díez-Canedo. En la Revista de Occidente publica extractos de Geografía. Un año después publica Caja, cuento vanguardista en la línea de Geografía.
El 3 de noviembre de 1926 contrae matrimonio con Perpetua Barjau Martín, que sería su compañera hasta la muerte. Un año después, el 8 de abril de 1927, nace su primera hija Maria Luisa.
Su estancia en Madrid le hace conocer a personajes como Manuel Azaña, Julio Álvarez del Vayo, Luis Araquistaín, Juan Negrín, Gregorio Marañón o Ramón Maria del Valle-Inclán. Todos ellos se reunían en el café Regina.
Su obra teatral Narciso es pública en 1928. Es una pieza difícil, con acento vanguardista, y que se anticipa a un teatro que hará aparición treinta años más tarde.
En ese año 1928 conoció al escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez, que había vuelto a España se su destierro. Poco después Blasco falleció. Por ello, cuando Aub vuelve a España en viaje, muchos años después de su exilio, visita la tumba de sus padres en Valencia y también la del escritor Vicente Blasco Ibáñez.
Desde 1927 Max Aub comenzó a tener contacto con el PSOE (Partido Socialista Obrero Español) y se adhiere a él en 1928. Años después, en 1954, hablaba así de su compromiso político: “Mi socialismo nació de un sentimiento de solidaridad, de un deseo de que los que no tienen vivan mejor. No es esto una idea sino un anhelo tan viejo como la sociedad”. Max Aub nunca abandonará el PSOE.
El 14 de abril de 1931 se proclama la II República. Max Aub apoya al nuevo régimen. El 18 de septiembre nace su segunda hija, Elena. Publica en 1933 Fábula verde. Escribe para el periódico La luz y realiza un viaje a la URSS a los festivales de teatro junto a su amigo José Medina Echevarría.
Entre 1934 y 1936 dirige El Búho, grupo de teatro universitario al estilo de La Barraca de Federico García Lorca. También publica Luis Álvarez Petreña y Yo vivo. Escribe para las Misiones Pedagógicas Jácara del Avaro. Hace constantes viajes a Barcelona y Madrid. Aquí conoce a personajes como Reglar, Ernest Hemingway o Andre Malraux.
Para la campaña del Frente Popular escribe en 1936 El agua no es del cielo y estrena en el Teatro Principal Las dos hermanas, donde incita al pacto entre la UGT y la CNT.
Ya durante la Guerra, dirige en Valencia el periódico Verdad y es el socio número 3 de la Alianza de Escritores Antifascistas para la Defensa de la Cultura. En julio de ese 1936 nace su hija Carmen.
Desde diciembre de 1936 hasta julio de 1937 es Agregado Cultural de la Embajada Española en Paris junto al embajador Luis Araquistain. Fue subcomisario de la Exposición Universal de París. Encarga a Pablo Picasso un cuadro, razón por la cual nacerá el Guernica. Organiza el II Congreso de Intelectuales Antifascistas celebrado en Valencia, Madrid y Alcalá de Henares.
Adaptó en 1938 La madre de Máximo Gorki y en 1939 dirige con Andre Malraux la película Sierra de Teruel[1].
Con la derrota de la República, Max tiene que salir de España. Pero lejos de encontrarse en un exilio tranquilo, Max Aub sufre la represión de las cárceles y los campos de concentración. Permanece durante un año en París donde escribe Campo cerrado, y reivindica Sierra de Teruel como la mejor obra cinematográfica a favor de la República. Su defensa de la República española le vale tener enemistades. Por ello Aub es acusado de comunista en una Francia invadida, sufriendo prisiones y encarcelamiento.
En abril de 1940 entra en el campo de Roland Garrós (que también recreará en Campo francés como veremos). Pide ayuda a Jules Romains  y este le pasa la petición a Henri Mimbré. De Roland Garrós pasa al campo de Vernet d´Ariège, donde ocupa el lugar que tuvo el húngaro Arthur Koestler. En 1941 consigue la libertad y va como agregado de prensa del Gobierno de México a Marsella. Trabaja para la Resistencia francesa y en la confección de visados para exiliados españoles. Vuelve a ser denunciado, pasando por la cárcel de Niza y Marsella, para volver al campo de Vernet donde estará cuatro meses. De allí pasará a las prisiones del Norte de África. El amor que siente por España le hace atesorar en esos duros días la idea de editar un libro de los clásicos españoles. También en el traslado a Argelia, cuando está en el Mediterráneo, ve frente a frente a España, de la que tuvo siempre la idea del retorno. El trayecto le inspira a escribir San Juan.
Entre 1941 y 1942, durante nueve meses, está en el campo de concentración de Djelfa en Argelia. Cuando sale tiene una autorización para poder embarcar en Casablanca hacia México. Pero es detenido en Oxuda ante una nueva sospecha de comunismo. Esta detención le hace perder el barco de Casablanca, a pesar del visado que le había facilitado John Dos Passos. Se refugia en una maternidad y es ayudado a escapar por Edmundo González Roa, cónsul de México. Embarca por fin el 23 de julio de 1942 hacia EEUU junto a Alfredo Mendizábal. El 1 de octubre de 1942 llega a Veracruz. En el trayecto escribió las obras teatrales El puerto y La vida conyugal.
El 30 de octubre de 1942 es aceptado en México como Asilado Político en calidad de inmigrante. México será su segunda patria y no la abandonará si no es para volver a España. Podemos considerar que su vida fue una carrera de obstáculos y objetivo el retorno.
En México se vincula personalmente al mundo del periodismo, la docencia y sobre todo al cine. A pesar de ello no se sintió muy convencido y sus amigos le hicieron entender que era para su supervivencia. Su tarea de escribir continúa y el 6 de julio de 1943 publica San Juan: la expresión tristemente exacta de nuestros días. También estrena en el Teatro Virginia Fábregas La vida conyugal. Es el primer español que estrena en territorio mexicano. Por ello el 20 de septiembre de 1943 se le realiza un homenaje, con la asistencia de varios intelectuales mexicanos y españoles (Alfonso Reyes, José Gaos, León Felipe, Francisco Giner de los Ríos, Mariano Ruiz Funes, etc…).
Se afilia en 1943 al Sindicato de Trabajadores de la Industria Cinematográfica, Similares y Conexas de la Republica Mexicana. Por ello se puede seguir su actividad como autor, coautor, director y traductor de más de 50 guiones cinematográficos. Fue también profesor de técnicas cinematográficas y en 1944 es elegido secretario de la Comisión Nacional de Cinematografía. Ese año termina y publica Campo cerrado.
En 1946 Max Aub, gracias a la ayuda de la Secretaria de Gobernación, puede reunirse otra vez con su familia. Ese año publica El rapto de Europa. En 1947 reivindica su calidad de inmigrado y un año después, el Certamen de Fiestas de Primavera le entrega una medalla por su poema Canto de Primavera. Publica Los muertos y el 6 de enero de 1949 se le concede la categoría de inmigrado, solicitando poco después la nacionalidad mexicana para toda su familia.
Trabaja para la cinematográfica y la editorial de Castro Leal y hace ediciones junto a Francisco Giner de los Ríos y Díez-Canedo. En este momento comienza a salir su revista Sala de Espera.
Publica Campo abierto y entra como socio del Ateneo Español en México. Muere su padre en Valencia, pero se le deniega la entrada en España para poder asistir al entierro. En 1952 pasa a formar parte del PSOE-Unión  Socialista Española-Organización en el Destierro de Afiliados del PSOE.
Es el organizador de las ferias del libro hasta 1959. Cuando en 1955 publica Ciertos cuentos se reivindica como escritor español y ciudadano mexicano. Tiene relaciones con gente como Octavio Paz, Castro Leal o Jaime Torres Bordet. Pero sus guías espirituales en el exilio fueron León Felipe[2] y Alfonso Reyes. Lo que pretendía era acallar las acusaciones de nacionalismo que muchos escritores mexicanos le dirigían.
Entre 1956 y 1966 Max Aub realiza varios viajes a Europa. El primero, de 1956, lo hace por Inglaterra y Ginebra. En Puerto Rico representan varias obras suyas. Max Aub, por su parte, homenajea a Mozart a los 200 años de su nacimiento y a Heine a los 100 años de su muerte.
En 1957 publica Una nueva poesía española, que crea una polémica  entre la intelectualidad española por las ausencias de Gerardo Diego y Vicente Aleixandre.
En 1958 vuelve a Francia, después de que la maquinaria burocrática francesa se lo prohibiera, arrastrando aun las sospechas de comunista que había tenido en 1941. En el sur de Francia consiguió ver a su madre.
En 1959 viaja por Roma, Grecia, Londres y París, donde se encuentra con el historiador Manuel Tuñón de Lara, Estaban Salazar Chapela, Darío Puccini o Rafael Alberti.
En 1960 prepara sus libros Campo francés, Campo de almendros, El hombre del bacón e Historia de la mala muerte. Ese año proyecta por primera vez Sierra de Teruel en el cine de las Américas. Contacta con Carlos Barral y tiene intercambio de literatura entre México y España. Participa como jurado en el Premio Internacional de Editores. Defiende al escritor Luis Goytisolo ante su detención e impulsa el Movimiento 59, que tiene como objetivo editar aspectos de la guerra de España publicados por autores extranjeros. Asiste en Roma a la investidura de Honoris Causa de Dámaso Alonso.
En 1961 visita en Inglaterra a la familia de Arturo Barea y se le vuelve a negar un visado para entrar en España. Ese año toma posesión como director de los Servicios Coordinados de la Radio, Televisión y Grabaciones de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México). Tiene como corresponsales a Tuñón de Lara en París, José Luis Caro en Londres y Esteban Salazar Chapela en Madrid.
En 1962 intenta editar Biblioteca de la Pléyade: sección de autores de leyenda española. Pero el proyecto no sale adelante. En abril de 1962 muere su amigo Emilio Prados y en septiembre su madre, a cuyo funeral no puede asistir. En 1963 vuelve a viajar por Europa y participa como jurado en el III Premio Nacional del Editores realizado en Corfú. Da conferencias en París, Roma, Alemania y Checoslovaquia. Firma el Manifiesto de los 1000 en la polémica de Fraga con Vicente Aleixandre, Pedro Laín Entralgo y José Bergamín. En noviembre se le concede el Premio Nacional del Teatro por la obra La cárcel.
En 1964 viaja a Salzburgo a la IV edición del Premio Internacional de Literatura. También asiste como jurado al Festival de Cannes. En 1965 viaja a Valescure (Costa Azul) a la V edición del Premio Internacional de Editores y nuevamente al Festival de Cannes. Realiza algunas conferencias por Alemania.
La VI edición del Premio Internacional de Editores se celebra en México y en el jurado estaba Octavio Paz, Camilo José Cela, Jaime Gil de Biedma y el propio Max Aub.
Tiene dos viajes a destacar. El primero el que hizo a Israel en el curso académico de 1966-1967, donde hace una similitud en la persecución del pueblo judío y el pueblo español. Se siente más cerca de España, al ver cerca de la población sefardí. Max Aub habla de la cultura iberoamericana, estableciendo un hilo de contacto hispanoamericano-israelí. Aquí nace su Imposible Sinaí.
El otro viaje es entre diciembre de 1967 y febrero de 1968 a Cuba. Acude al Congreso de Intelectuales de La Habana. Se adhiere a la lucha de los intelectuales y de la cultura contra el bloqueo que tiene Cuba desde 1962. De aquí sale su libro Enero en Cuba. Nuevamente en Cuba se vuelve a sentir cerca de España.
Finalmente el 2 de octubre de 1968 se le dio el permiso para entrar en España.
En 1969 va a Francia, Roma y por fin España, treinta años después de que pasara la frontera. Visita Barcelona, Valencia y Madrid. Recupera parte de su biblioteca personal que estaba en la Universidad de Valencia. De aquí nace su diario La gallina ciega.
A partir de 1960 la salud de Max Aub declina. Aun con todo escribe para la revista Ínsula y acaba de escribir La gallina ciega. Quiso que se publicara en España pero al final se hizo en México. Él mismo dice que es una obra que no va a gustar, pues ni el mismo la entiende. En 1971 continúa trabajando con su obra Buñuel. Viaja a EEUU para participar en una conferencia, mientras su mujer se desplaza a España pues fallece la suegra de Aub.
En enero de 1972 da una conferencia en Nueva York y el 24 de ese mes recibe el homenaje del gobierno francés y es nombrado Comendador de la Orden de las Artes y las Letras. Viaja por última vez a Europa, donde es jurado en el Festival de Cannes. En mayo viaja por última vez a España, y en Valencia recibe un homenaje. Amparo Soler, hija de los dueños de la imprenta donde Aub aprendió la tipografía, lee el manifiesto. Vuelve a México en julio y el día 22 fallece por un infarto de miocardio. Su última voluntad es ser enterrado en el panteón español, con una lápida sencilla, donde solo conste su nombre, primer apellido y fecha de nacimiento y muerte. Con esto imitaba a otro valenciano, Vicente Blasco Ibáñez.



[1] Esta basada en la novela de propio Malraux Espoir (La Esperanza).
[2] Así definía Max Aub a León Felipe: Un poco más joven que Juan Ramón, Díez-Canedo, Enrique de Mesa; un poco más viejo que Guillén, Salinas o Gerardo Diego; León Felipe es –el solo – una generación aparte.
El día de mañana, cuando se estudie l a extraordinaria influencia de América en la poesía española del siglo XX, en la generación del 98, en los antes citados, Juan Larrea, en Federico García Lorca, en Cernuda, en Altolaguirre –cuentas de nunca acabar – el poeta esencial, en este aspecto, será León Felipe. Nadie como él esta a la base de un verdadero mundo español, si lo hay.
Extraído de la Revista Ateneo XI, pag. 33.