viernes, 20 de enero de 2017

GRACIAS, MARCOS ANA

Hoy Marcos Ana (Fernando Macarro Castillo) habría cumplido 97 años. Recupero el artículo que publiqué en la edición digital de Diagonal con motivo de su fallecimiento el pasado 24 de noviembre

Querido Marcos:
            Estas son las palabras que nadie querría escribir. Pero te nos has ido. Te has ido, pero has dejado muchas cosas, Marcos. Has dejado tu vida como ejemplo. Tu dignidad como bandera. Tu resistencia como forma de afrontar los problemas.
            La primera que escuche tu nombre es cuando era chaval en las calles de Alcalá de Henares. Esa Alcalá que nos vio crecer a los dos en distintas épocas. Tú llegaste con tu familia en la década de 1930. Tiempos difíciles. Tiempos de cambio. Tiempos de esperanza. De ti se comentaba en la ciudad, o mejor dicho, algunos sectores de la ciudad, muchas cosas. Cosas de la guerra. Cuando me fui haciendo mayor y cogí esa apetencia por la historia, hice mi tesis doctoral sobre el movimiento obrero de Alcalá de Henares. Y en ese trabajo aparecías tú. Fernando Macarro Castillo. Y como todo historiador tiene que hacer es no dar nada por sentado. De haber sido así, tú habrías sido culpable por decreto. Sin embargo la fuerza de la historia y los documentos me dijeron lo contrario. Lo que apareció en los mismos es que Fernando Macarro Castillo, hijo de Marcos Macarro y Ana Castillo, fue uno de los organizadores de las Juventudes Socialistas Unificadas en la ciudad (ese mitin de Federico Melchor que lo cambió todo). Fuiste secretario de organización en la misma cuando Agustín Anuarbe era su secretario general. Lo que me decían las fuentes es que fuiste uno de los organizadores del Batallón Libertad, cuando apenas tenías 15 años de vida. Porque aquello del golpe de Estado para ti, un hijo de un jornalero, no era plato de buen gusto. Allí me apareció que aunque fuiste a combatir, eras menor de edad y te sacaron de las zonas de conflicto. Allí vi como Fernando Macarro realizó una importante labor en el interior del movimiento obrero de la ciudad durante la Guerra Civil. Allí también sucedió uno de los momentos más difíciles de tu vida, cuando el 8 de enero de 1937 los bombardeos nazis que sufrió la ciudad acabaron con la vida de tu padre, Marcos Macarro Ramos, con apenas 55 años de edad.
            Sin embargo, cuando acabó la guerra y te convertiste en un proscrito para los vencedores, dijeron otras cosas de ti. Te acusaron de cuatro crímenes. Cuatro crímenes que en mi investigación se quedaron sin fundamento. Dicen que mataste al sacerdote Marcial Plaza y a su padre José Plaza. Una acusación que cae incluso en las propias fuentes franquistas, pues la Causa General, esa que montó el franquismo después de la guerra, cita otros nombres pero no el tuyo. Dijeron también que asesinaste al cartero Amadeo Martín Acuña. ¿Pero como vas a asesinar a Amedeo, amigo Marcos, si ese 3 de septiembre de 1936 estabas en la Cruz Roja con heridas? También dijeron, Marcos, que mataste al labrador Augusto Rosado Fernández. Los que te acusaban no cayeron en la cuenta que ese 30 de julio de 1936 tú estabas con el Batallón Libertad en otro lugar. Estas cosas de las que te acusaron, de las que decían y aun siguen diciendo, yo no me las creí. No me las creí y demostré que fueron falsas, Marcos.
            Sin embargo, aquella justicia al revés del franquismo no se molestaba en comprobar las cosas. Fuiste detenido, torturado, juzgado y condenado a la pena de muerte. La Pepa, esa gachí, que como cantaste una vez en una entrevista en tu casa, tenía predilección por los rojillos en Madrid. Muy cerca estuvo de segar tu vida. Pero el régimen consideró que cuando se produjeron los hechos eras menor de edad y tu pena fue conmutada por la inmediatamente inferior: 30 años. Ibas a estar 30 años en la cárcel, Marcos. No estuviste tanto, fueron 23. Otros compañeros tuyos de Alcalá no lo contaron. No lo contó tu amigo Agustín Anuarbe. Tampoco el maestro Ángel García, ese que también habías conocido. Ni Epifanio Chavarría. Ni Basilio Yebra. Ni muchos otros más. Fueron fusilados. Su delito solo fue, en realidad, ser socialistas, anarquistas, comunistas, republicanos.
            Sin embargo aprovechaste la cárcel para muchas cosas Marcos. En ese ambiente hostil, lúgubre, de represión, de tristeza, hiciste tu universidad. Allí aprendiste, estudiante, leíste, combatiste, te hiciste poeta. Pero también te apenaba tu madre, Ana. Por eso, tomaste tu sobrenombre de Marcos Ana: Marcos por tu padre; Ana por tu madre. En la cárcel coincidiste con amigos. Amigos que con el tiempo tuvimos en común. Porque otro que me habló de ti fue Fernando Nacarino Moreno. También alcalaíno. Y también comunista, como tú. Él entró en la cárcel más tarde. En 1947, tras la explosión del polvorín. Y con muchos de los que fueron acusados injustamente por ese hecho coincidiste en Burgos. Tú ya llevabas en prisión 8 años. Nacarino me dijo que hablase contigo sobre muchas cosas. Y no me defraudaste. Él también nos dejó. En el 2007.
            Tus años de cárcel siguieron. Allí me contaste que conociste la verdadera solidaridad. Entre tus camaradas. Entre los presos. Escribiste, hiciste teatro, leíste mucho. Pero también te enfrentaste a tus verdugos. Conociste a gente que en el periodo de la República habían sido de primer orden y sin embargo, el régimen franquista los condenó al ostracismo. ¿Te acuerdas de Eduardo de Guzmán, de Manuel Navarro Ballesteros, de tu amigo Antonio Buero Vallejo, del literato Hoyos y Vinent que murió enfermo en Porlier, etc.?
            Tuvieron que pasar 23 años, querido amigo, para que volvieses a tener libertad. Libertad relativa, porque estabas en España. Y en aquel momento, 17 de noviembre de 1961, España seguía siendo una cárcel. Por eso era mejor salir del país. Y fuera nunca te olvidaste de España. Seguiste trabajando a favor de los presos del franquismo. Seguiste fiel a tu ideario comunista en el PCE. Impulsaste el CISE (Centro de Información y Solidaridad con España). Defendiste a Grimau, a Granado y Delgado, a Puig Antich y a tantos otros. Te hiciste gran amigo de Neruda, de Alberti, de María Teresa León, etc. Todos poetas como tú. También conociste el amor con Vida Sender, con la que tuviste a tu hijo Marcos.
            Pero si algo tiene un luchador es que nunca ceja en empeño. Y murió Franco. Y tú volviste para seguir luchando junto a tus camaradas.
            ¿Sabes una cosa, Marcos? Quizá no es el momento de contar tu vida. Para eso escribiste Decidme como es un árbol y muchas otras obras. Para eso también te grabó el amigo Javi Larrauri en un video llamado “Marcos frente a Marcos”. Para eso me consta que hay un grupo de gente muy capaz trabajando en un proyecto muy bonito sobre tu vida. A mi me gusta recordarte como todas esas veces que nos vimos en actos o cuando te entrevisté un par de veces en tu casa. Cuando presentaste conmigo en la fiesta del Partido Comunista de Madrid mi libro sobre la explosión del polvorín de Alcalá de Henares, donde tanto amigos comunes lo sufrieron.
            Marcos, hoy los comunistas lloran tu perdido. Los comunistas, tus camaradas. Pero otros, que no somos comunistas, pero creemos en la libertad, en la justicia, que somos de otras escuelas, también. Porque tú fuiste un ejemplo. Porque tu abrías las puertas de tu casa y no preguntabas por las ideas. Porque siempre tenías algo que decir y sabias escuchar. Porque no eras un ortodoxo, sino que veías la verdad en los que luchaban, como tú lo hiciste toda la vida, por la justicia, la dignidad y la libertad. Porque no dudabas en ponerte en cabeza de manifestaciones por las causas justas. Nunca te callaste en 96 años de existencia. Criticaste las cosas negativas. Luchaste por la memoria.
            Algunos seguirán diciendo cosas de ti. Cosas falsas. Gente que no se preocupa en leer o investigar, sino que prefiere dar cosas por sentado. Mejor no hacerles casos. Se te ha reconocido muchas cosas. Has demostrado que la dignidad está por encima de cualquier cosa. Pero quedan algunas por reconocerte que todavía no se han logrado. Hay que lograr que Alcalá reconozca tu trayectoria. Y vamos a trabajar en ello. Hay que lograr que esos juicios del franquismo, realizados bajo aberraciones jurídicas, sean declarados ilegales para que gente como tu sea realmente inocente. Los historiadores, o algunos de ellos, hemos intentado poner un granito de arena para desmentir muchas cosas. Espero que hayamos estado a la altura de las circunstancias. Otros todavía tienen que mover muchas palancas.
            Ya no vamos a poder disfrutar de tu presencia, Marcos. Y eso me apena profundamente. Ya no vamos a poder ir a tu casa entrevistarte, como lo hemos hecho muchas veces. Porque hoy se ha ido uno de los nuestros. De los comunistas. De los socialistas. De los anarquistas. De los republicanos. De los antifascistas. De los que se dejaron la piel por una sociedad distinta. La ventaja es que Marcos lo pudo llegar a contar y siguió en la lucha. Los que no pudieron, gente como Marcos nos habló de ellos. Pero nos queda tu legado y nos queda tu obra. Nos queda tu dignidad y nos queda tu pasión por la libertad. Nos queda, en definitiva, lo que ha sido Marcos Ana.
            Que la tierra te sea leve, compañero, camarada. Hasta siempre. Gracias, Marcos.

jueves, 19 de enero de 2017

LA HISTORIA EN UN TABLERO

Artículo publicado en la edición digital del periódico Diagonal

En ocasiones, contar algún acontecimiento histórico puede ser sencillo. Sencillo y complejo, porque lo uno no quita lo otro. Y ejemplificar la historia, hacerla accesible, contar algo a partir de un objeto, puede ser una buena forma de hacer entenderla. Eso es lo que intenta y consigue Juan Mayorga en su obra Reikiavik, que estos días se representa en una reposición en la sala Francisco Nieva del Teatro Valle-Inclán del Centro Dramático Nacional.
            La estructura de la obra es simple. Dos personajes (Bailén y Waterloo) y un muchacho (no tiene nombre). Bailén y Waterloo representan al muchacho la partida de Reikiavik, cuando en 1972 los ajedrecistas Bobby Fischer y Boris Spaski se jugaron el campeonato mundial de ajedrez. A partir de ahí, la lectura que podemos sacar de la obra es infinita. Un gran mérito de Juan Mayorga. Y como las lecturas son infinitas, remarco las que me han llamado la atención.
            En primer lugar, Mayorga ha recurrido a una partida de ajedrez para plasmarnos la Guerra Fría. Ese conflicto entre EEUU y la URSS que se extendió desde el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945 hasta la caída de la Unión Soviética en 1991. Y recurrir a un tablero de ajedrez no es baladí. El tablero de ajedrez es simétrico, como simétrico era el conflicto. La URSS dominó el panorama ajedrecístico durante 24 años. Spaski fue uno de sus representantes. EEUU se alzó con el título en ese campeonato en la persona de Bobby Fischer.
            Pero si para Fischer (Waterloo) y Spaski (Bailén) el ajedrez lo era todo, para las dos superpotencias tan solo era un escenario donde poder plasmar su rivalidad. EEUU y la URSS no hablaban de ajedrez. El tablero de ajedrez de las superpotencias era el mundo. Fischer y Spaski dos peones solamente. Y la fecha no era lo de menos: 1972. Aun se dirimen combates de la Guerra de Vietnam, conflicto donde EEUU y la URSS tuvieron una implicación. Es un año antes de que Salvador Allende fuese derrocado por un golpe de Estado que acabó con su vida y con las esperanzas del pueblo chileno de establecer un modelo social distinto. Y viene a colación porque en la obra, los actores interpretan a varios personajes. Y uno de ellos es Henry Kissinger, uno de los impulsores de la política de contención contra su enemigo soviético y uno de los intervinientes a favor del golpe de Pinochet en el Chile de 1973. Tiene reflejo en la obra.
            También podemos ver la obra en clave del olvido. El olvido que cubre a algunos personajes cuando dejan de ser importantes para nuestros intereses. Les pasó a Fischer y Spaski en sus respectivos países. De héroes a villanos. Pero también es el reflejo de Waterloo y Bailén. Personajes anónimos, que como dice el director de la obra “quieren vivir la vida de otros”.
            Una obra que puedes sacar la lectura de que incluso cuando ganas, puedes perder. Fischer y Spaski era unos fuera de serie. Unos auténticos genios en su materia. Ambos habían ganado en algún momento. Pero posteriormente perdieron. Perdieron su batalla individual. Se dieron cuenta que eran unos peones en un tablero demasiado complejo. Incluso la complejidad del ajedrez era demasiado simple en un contexto donde lo que menos importaba es como moviesen ellos las piezas en su tablero. La partida era otra. Y por ello, también, los nombres de los protagonistas no son casuales. Bailén y Waterloo. Derrotas determinantes de alguien que había nacido para ganar: Napoleón Bonaparte.
            Pero también la obra refleja la vida y la esperanza. Fischer y Spaski tenía esperanza en el ajedrez. Su vida era el ajedrez. Bailén y Waterloo tienen la esperanza de representar esa vida para que otros la conozcan. Y no es trabajo menor, porque en muchas ocasiones nosotros y nosotras imitamos otras vidas. Pero también la obra tiene una clave en la muerte. Porque de aquella partida de ajedrez de 1972 que duró semanas (del 11 de julio al 31 de agosto y que gano Fischer por 12 ½ a 8 ½) solo vive hoy Spaski.
            La propia vida de los protagonistas reales de la obra daría para un artículo. Fischer falleció y fue enterrado en Reikiavik. El tormento fue el leiv motiv de la vida de Fischer. Infancia difícil. El era judío pero rechazaba sus propios orígenes. La partida que jugó contra Spaski fue la última que hizo oficialmente. Tuvo problemas con EEUU cuando fue a jugar a Yugoslavia otra partida con Spaski en 1992. EEUU había bloqueado las relaciones con Yugoslavia y le fue retirado el pasaporte. Acabó sus días en Islandia, concediéndole la nacionalidad islandesa. Murió el 17 de enero de 2008. Spaski tuvo distinta trayectoria pero también muy trágica. Fue uno de los mejores ajedrecistas del momento. Ganó el campeonato mundial. Pero su derrota con Fischer le hizo bajar el nivel y ya no fue lo mismo de cara a las autoridades soviéticas. Tanto fue así que en 1984 cayó en desgracia y tuvo que salir de la URSS, nacionalizándose francés. Aun así, él siguió en la élite del ajedrez y llegó a jugar con el que sería un futuro campeón como Anatoli Karpov. Actualmente sigue viviendo en San Petersburgo.
            Quizá en la obra de Mayorga los aspectos biográficos son los que menos interesen. Lo que importa es lo psicológico. Porque entre los dos grandes personajes, entre Fischer y Spaski, entre Bailén y Waterloo, está el muchacho. Y ese muchacho somos nosotros, los espectadores. Los ciudadanos. Además, el muchacho se mimetiza con uno de los personajes, que esta desahuciado vitalmente, con la clara intención de sustituirle en esa plasmación de otras vidas. Sin quererlo, el muchacho puede ser el personaje más importante de la obra.
            En definitiva, estamos ante una obra de teatro de calado. Muy recomendable. Lo poliédrico de sus lecturas hace de la obra algo magistral. A eso ayuda la enorme dirección de Juan Mayorga, que se nota que se documenta para las obras, como de los actores Daniel Albadalejo, Elena Rayos y César Sarucho.

            Si pueden no pierdan la oportunidad de ver Reikiavik, una partida de ajedrez con historia donde todos podremos vernos reflejados.

viernes, 16 de diciembre de 2016

¿Y SI LA HISTORIA HUBIESE CAMBIADO?

Artículo publicado en la edición digital del periódico Diagonal

Siempre se habla de las razones que llevaron a las potencias aliadas a no intervenir en España durante la Segunda Guerra Mundial. Era claro que Franco se había alzado con la victoria en 1939 frente a la República por la ayuda que el fascismo italiano y el nazismo alemán le prestó. También era evidente la concomitancia entre el franquismo y las fuerzas del Eje, que plasmó en la colaboración que Franco y su régimen les dio facilidades para repostar a las fuerzas navales alemanas e incluso el cuidado de heridos. Sin olvidar, ni mucho menos, la ayuda militar a través de la División Azul. Aunque España oficialmente nunca participó en la Segunda Guerra Mundial (Neutral/No Beligerante), la ayuda fue evidente.
            Y es que la anomalía de España era también vista por el resto de fuerzas aliadas. Aun así España fue un asunto espinoso. Nadie quiso abordarlo. La República española y las fuerzas antifascistas españolas fueron abandonadas a su suerte. Y eso, a pesar, de que esos mismos antifascistas se implicaron desde el primer momento en la lucha contra el nazismo y el fascismo en los combates de la Segunda Guerra Mundial.
            Sin embargo, la historia si pudo cambiar. Y de ese acontecimiento es lo que habla el documental Espías en la arena. Un documental dirigido brillantemente por Marta Hierro y Pablo Azorín Williams. Gracias al tesón de su trabajo y documentación han logrado rescatar una historia de esas que son extraordinarias. Un documental que narra como la OSS (Office of Strategic Services), antecedente de la actual CIA, se implicó en una operación de espionaje para poder tomar posiciones en el interior de España. En caso de que España permitiese a Alemania la posibilidad de tomar el Estrecho de Gibraltar o Franco entrase en guerra con el Eje, norteamericanos y británicos bombardearían posiciones estratégicas españolas para desalojar a Franco del poder. Al frente de la OSS estaba el conservador William Joseph Donovan, que consideró de forma coherente que esa misión solo la podría desempeñar convencidos antifascistas. Y fue a reclutarlos al norte de África, donde antifascistas españoles se hacinaban en los campos de concentración. Allí localizaron a militantes o gente en la órbita del PCE que fueron preparados para esta misión que tenía como objetivo cambiar el curso de la Historia. Se puso en marcha la operación “Blackbone”, y dentro de la misma la Operación “Banana”. A partir de ese momento, esos antifascistas españoles pasaban a formar parte de la OSS de los EEUU.
            Sin embargo, lo que empezó muy bien acabó muy mal. Por diversos motivos, la operación fue un fracaso. Algunos cuestiones internas del grupo y del PCE. Otras las motivaciones y preferencias de EEUU, que fue variando con el paso de los meses en la Segunda Guerra Mundial.
            El resultado final fue la detención de más de 200 integrantes del Partido Comunista de España. Entre ellos los espías al servicio de EEUU. Un infiltrado en la organización comunista causó estragos en sus estructuras clandestinas. Los consejos de guerra, auténtica parafernalia del franquismo con sentencias de antemano, se cobró su contribución de sangre. Aunque los integrantes de la Operación “Banana” esperaban que los EEUU interviniesen en su favor (en definitiva eran agentes suyos), tal extremo no se produjo. Hubo consejos de guerra en Melilla, Málaga y Alcalá de Henares. El 16 de enero de 1945 eran fusilados en las tapias del cementerio de Alcalá de Henares algunos de los integrantes de la Operación Banana, entre ellos Manuel Lozar. Su cuerpo permanece en la fosa de la ciudad complutense.
            Fue un duro golpe a la dirección comunista de Jesús Monzón. En esta operación participaron personajes como Ricardo Sicre, Víctor Moreno Cristóbal, Jaime Pérez Tapia, Feliciano Páez, etc.
            Pudo cambiar el curso de la historia, pues su misión era allanar el camino que posibilitara la intervención aliada en España. Cuestión que no sucedió finalmente. Aun así, llama la atención la cantidad de posibilidades a través del espionaje que hubiesen sido motivo de intervención militar aliada contra la España franquista. Hace muchos años, en el trascurso de una investigación histórica sobre la explosión fortuita de un polvorín en Alcalá de Henares en 1947, hice una enumeración de los distintos polvorines que habían explotado en España desde 1939. Me salieron varios: Peñaranda de Bracamonte, Pinar de Antequera, Cádiz, etc. Pero uno me llamo la atención por encima de otros: Ferrol. Allí hizo explosión un depósito de armas en 1943. Todo parecía fortuito. Pero tuve una interesante conversación con el historiador Enrique Barrera Beitia, que había investigado el asunto. Las autoridades franquistas ocultaron de forma deliberada que esa explosión había sido producto de la guerrilla anarquista de la zona en combinación con los servicios secretos británicos por las paradas de los alemanes en la zona para repostar. De haberlo reconocido el gobierno franquista era “causas belli”. Los servicios secretos británicos estaban en contacto con los guerrilleros anarquistas gallegos.
            Una historia la de Espías en la arena que era necesario contar. Pero, como se habló en el coloquio posterior a su presentación, España es diferente. Los que en otros países serían héroes que habrían dado su vida por una causa justa durante la Segunda Guerra Mundial, aquí son olvidados y condenados al ostracismo. Lo que en otros lugares sería motivo de homenajes, dignificaciones e incluso de una serie de televisión, aquí es guardado en un legajo y olvidado. Este acontecimientos solo tiene cabida en los historiadores que han trabajado la época. Recomiendo el libro de Fernando Hernández Sánchez Los años de plomo. La reconstrucción del PCE en el primer franquismo (1939-1953) (Crítica, 2015). También que lean el libro de Feliciano Páez-Camino, hijo de Feliciano Páez protagonista de esta historia, titulada En el sabor del tiempo (Huerga & Fierro, 2012), donde da algunas pinceladas de este asunto. O el texto Muerte después de Reyes de Manuel de la Escalera (Akal, 2015) donde se habla del fusilamiento de alguno de los protagonistas de esta historia. Hay muchos más. Solo es un anticipo.

            Menos mal que Pablo Azorín y Marta Hierro lo han rescatado.  Menos mal que los familiares de los protagonistas lo han recordado. Menos mal que existe cada vez más gente que quiere conocer nuestro pasado. Gracias a trabajos como Espías en la arena es mucho más fácil conocer ese pasado. No se la pierdan.

viernes, 9 de diciembre de 2016

BANALIZAR LA HISTORIA DEL FRANQUISMO

Artículo publicado en la edición digital del periódico Diagonal

Imaginemos por un momento que en Alemania a alguien se le ocurre hacer una serie en la que Martin Bormann, uno de los nazis más destacados y que se suicidó en su huida de Berlín, se enamora de alguna aristócrata alemana y esa bonita historia de amor es el hilo argumental de la serie. Una serie donde no se abordaría los crímenes contra la humanidad que cometió. En realidad sería mucho imaginar en Alemania. Pero en España esas cosas suceden.
            Quede claro que para nada me opongo a que se realicen series donde aparezcan personajes históricos, ya sean polémicos o no. Para eso están los llamados biopic. Pero lo de la serie de Telecinco Lo que escondían sus ojos se ha alcanzado el grado más alto de banalización de uno de los periodos más siniestros y crueles de la historia de España. Y han puesto como protagonista a alguien que representó en aquel momento la cara filo nazi del régimen franquista que había alcanzado el poder definitivo en 1939 tras un golpe de Estado contra la República en 1936.
            La serie, basada en la novela de Nieves Herrero con el mismo nombre, narra la historia de amor de Ramón Serrrano Súñer con María Sonsoles de Icaza y León, marquesa de Llanzol. Ese es el eje central. Lo demás es subsidiario. O no tanto, porque el trasfondo histórico muestra beneplácito y desconocimiento/ocultamiento de la historia.
            Porque ese apuesto galán que representa el actor Rubén Cortada, fue uno de los ejes de la política del franquismo. Ramón Serrano Súñer había sido uno de los políticos derechistas más destacados del periodo republicano. Diputado de derechas, al empezar la Guerra Civil fue detenido y encarcelado en la prisión en Madrid por su apoyo al golpe de Estado. En 1937 logró evadirse vestido de mujer y alcanzar la zona sublevada donde desde el primer momento adquirió un papel protagonista. Muy cercano a las posiciones fascistas, Serrano Súñer promovió la unificación entre Falange (a la que se había adherido, pues durante la República fue integrante de la CEDA) y los Tradicionalistas con el objetivo de conseguir el partido único. Muy unido a Franco (eran cuñados, de ahí su nombre de El Cuñadísimo), Serrano Súñer tuvo una enorme influencia política sobre los gobiernos franquistas. Ocupó los cargos de Ministro de la Gobernación durante la Guerra y de Ministros de Asuntos Exteriores una vez finalizado el conflicto. Igualmente, Serrano Súñer fue el ideólogo del Fuero del Trabajo, una de las Leyes Fundamentales, basándose en la Carta di Lavoro de los fascistas italianos, a los que tanto admiraba.
            Al comenzar la Segunda Guerra Mundial, y ya como Ministro de Asuntos Exteriores, Serrano Súñer fue un firme partidario de apoyar al Eje nazi-fascista.  Por su iniciativa se toman contactos y apoyo directo de la España franquista con la Alemania nazi y la Italia de Mussolini. En septiembre de 1940 viajó a Alemania y le acompañó los falangistas más partidarios de los nazis: Demetrio Carceller, Miguel Primo de Rivera, Dionisio Ridruejo, Miguel Tovar, etc. Tras la reunión de Hendaya con Hitler o en Bordiguera con Mussolini, las pretensiones de Serrano Súñer no quedaron del todo confirmadas. Pero su germanofilia y simpatía por los nazis les llevó a promover la creación de la División Azul.
            Ese hombre enamorado de la marquesa de Llanzol en la serie, fue el mismo que en los consejos de ministros de aquel primer franquismo, de aquellos años de plomo, daba visto bueno a las penas de muerte que se producía por decenas todos los días en España. Ese mismo Serrano Súñer consideró “apátridas” a miles de españoles recluidos en los campos de concentración nazis.
            Sin embargo, todas estas cuestiones no las aborda la serie. No hace falta. Lo importante es presentar a un Serrano Súñer enamorado, que se acerca amablemente a los monárquicos, que conversa con el embajador inglés para decirle que España es neutral en la Segunda Guerra Mundial, que no ve bien que Franco de una de cal y otra de arena en el conflicto mundial, etc.
            Un buen lavado de cara para una de las figuras con más poder en la dictadura franquista. La demonización de la República también está presente. El embajador inglés considera que la República amaba a la URSS y Franco a Hitler. Lo segundo es más acertado, pues Franco colaboró con aquel que le había ayudado a ganar la Guerra. Lo primero es completamente falso y forma parte de las falacias que se alimentaron durante cuarenta años de dictadura.
            Y claro, algunos van a estropear esa bonita historia de amor. Una vez que Serrano Súñer ha consumado su amor con la marquesa de Llanzol, unos terroristas ponen un cartucho de dinamita en un carro que explota al paso del coche del ministro franquista. Que malos los rojos. No sabemos si son anarquistas o comunistas. Que más da. Serrano estaba de acuerdo en fusilarlos tuvieran las ideas que tuvieran. Para que nos vamos a parar en detalles insignificantes. O para que vamos a reparar si las prisiones españolas rebosaban de presos políticos, muchos de ellos fusilados. En ese Madrid que narra el romance (devastado por las bombas de los amigos nazis de los franquistas durante la Guerra Civil), en el periodo que Serrano Súñer fue ministro (1939-1942) se fusiló en el Cementerio de la Almudena 2452 personas. Solo allí. En el resto de la provincia mucho más. Y en el resto de España es incalculable aun. Todas ellas aprobada en Consejo de Ministro y ratificadas luego con el visto bueno de Franco.
            El lavado de cara que se ha hecho a Serrano Súñer es increíble a través de esta serie. Cosa que no sorprende viendo como se trata la memoria histórica en este país.
            Aun así hay una cosa curiosa en esta historia de Serrano Súñer con la marquesa de Llanzol. Y es que el Cuñadísimo llegó a tener una hija con ella. No reconocida por él, claro está. Esa hija fue Carmen Díez de Rivera, que estuvo a punto de casarse con Ramón Serrano Súñer Polo, hijo legitimo de Serrano Súñer. Evidentemente ese matrimonio no se produjo porque eran hermanos, lo que llevó a Carmen a hacerse monja e irse a las misiones. Luego entró en política. Primero de la mano de Suárez en la UCD y el CDS donde llegó a ser eurodiputada. Luego mantuvo su escaño cuando en 1989 se pasó al PSOE. Esas historias para no dormir.

            Como conclusión una cosa. Mientras miles de militantes antifascistas y demócratas se pudren en fosas comunes, mientras los juicios sumarísimos del franquismo siguen vigentes, la televisión (en este caso privada) invierte dinero en remozar la imagen de uno de los ministros que llevó a España a uno de los periodos más siniestros de su historia.

martes, 15 de noviembre de 2016

Renunciar a todo menos a la victoria. Los anarquistas en el gobierno de la República

Artículo publicado en la edición digital de Diagonal

El 4 de noviembre de 1936 se producía un hecho trascendental en la historia. Ese día, en un Madrid sitiado por las tropas que se habían sublevado contra la República el 18 de julio de 1936, se produjo una remodelación ministerial en el gobierno de Largo Caballero. Y por primera en la historia accedieron a dicho gobierno ministros anarquistas. Juan García Oliver como Ministro de Justicia, Federica Montseny como Ministra de Sanidad y Asuntos Sociales, Juan Peiró como Ministro de Industria y Juan López como Ministro de Comercio. Los eternos enemigos del Estado y del gobierno, el movimiento obrero que había protagonizado las luchas contra todo tipo de autoridad accedían a tomar cargos de responsabilidad en el gobierno republicano ante la crítica situación que se vivía en aquellos momentos de la Guerra Civil.
            Pudiera parecer que fue una contradicción sin paliativos. Y contradicción fue. Pero los órganos de responsabilidad del movimiento libertario, sus voceros de prensa y la gran mayoría de su numerosa militancia lo consideraron necesario. Hubo quienes se opusieron a ello. Voces que vinieron, sobre todo, de los sectores juveniles del anarquismo y de plumas libertarias desde el extranjero, que no compartían los criterios de sus compañeros españoles.
            Sin embargo, que los anarquistas participasen en organismos de poder no era nuevo. No al nivel de ministerios pero si en otros modelos de organización. Durante la Comuna de París de 1871, los anarquistas que estaban en pleno proceso de expansión por Francia, participaron de numerosos organismos revolucionarios en aquel proceso que fue objeto de debate posterior entre marxistas y anarquistas. En España, durante el movimiento cantonal de 1873, numerosos internacionalistas antiautoritarios, seguidores del ideal de Bakunin, participaron de los organismos surgidos por este movimiento. Se podría pensar que ambos casos fueron experimentos muy tempranos, cuando el anarquismo apenas había tenido recorrido. Sin embargo, durante la Revolución rusa nos volvemos a encontrar a anarquistas en organismo obreros de control de la producción y consumo como fueron los soviets. Unos soviets que también tuvieron capacidad de poder político y de decisiones más allá de la producción. Soviets como el de Bialystok eran de mayoría anarquista. Incluso el triunfo bolchevique en octubre de 1917, llevó a algunos anarquistas a una colaboración con el nuevo gobierno. Algunos de esos anarquistas acabaron integrándose en las estructuras soviéticas. Otros, a pesar de su participación en determinados organismo revolucionarios, criticaron el camino que los bolcheviques había tomado lo que les llevó a un enfrentamiento directo con las autoridades soviéticas que acabaron con los anarquistas en los presidios o en el exilio.
            No era pues ajena la historia del anarquismo a la colaboración con organismo de dirección política. Lejos de la imagen que se ha querido ofrecer del anarquismo como un ente monolítico, como una ideología cerrada sobre sí misma y ajena al entorno que le rodeaba, los anarquistas españoles buscaron la colaboración con otras fuerzas políticas dependiendo de las circunstancias. Durante la dictadura de Primo de Rivera la política de alianzas de los anarquistas y los republicanos fue una de las claves del derrocamiento definitivo de la dictadura y de la monarquía de Alfonso XIII. Los anarquistas no fueron ajenos a la proclamación de la República el 14 de abril de 1931, a la que recibieron con reservas pero reclamándose como uno de sus protagonistas en el momento revolucionario que vivía España. Solo las políticas laborales y sociales del primer bienio republicano, que los anarquistas consideraron escasas, llevó al enfrentamiento. Sin embargo, cuando la derecha ganó las elecciones en noviembre de 1933, y el movimiento obrero detectó un peligro de ascenso del fascismo, tal como sucedía en Europa, se volvieron a poner encima de la mesa la política de alianzas con otras fuerzas. Fue el ejemplo de Asturias en 1934 o de los acercamientos a socialistas y comunistas en otros puntos del país.
            La lectura que sacaron los anarquistas de aquellos primeros años republicanos, fue la incapacidad por parte del movimiento libertario de derrotar al capitalismo con sus propias fuerzas. Por ello durante 1936 y ratificado en el Congreso de Zaragoza de mayo de ese año, los libertarios optaron por proponer una alianza revolucionaria que uniera el destino de la CNT y de la UGT. Todos estos debates y movimientos que pretendían llegar a un pacto revolucionario entre las dos sindicales, fueron cortados por el golpe de Estado contra la República el 18 de julio de 1936.
            El golpe de Estado precipitó los acontecimientos. Y lejos de la idea que pudiese llevar de un anarquismo que se podía imponer en sus zonas de influencia a las otras corrientes del antifascismo, los libertarios decidieron participar en organismos junto a otras fuerzas revolucionarias y republicanas. El Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña es un ejemplo de ello, donde participaron representantes de la CNT, el PSUC o la Esquerra Republicana.
            El paso definitivo vino tras el verano de 1936. Por una parte el Movimiento Libertario comenzó a pensar en la posibilidad de creación de un Consejo Nacional de Defensa que sustituyese al gobierno de la República y que estuviese conformado por las fuerzas revolucionarias, dándole más peso a las organizaciones sindicales. Una idea que no cuajó en el resto del antifascismo español. Sin embargo, en ese mismo mes de septiembre, con la Generalitat de Cataluña reconstruida, la CNT pasó a tener tres consejeros en sus órganos de gobierno: Juan Pablo Fábregas como Consejero de Economía, Juan José Domenech como Consejero de Abastos y Antonio García Birlán como Consejero de Sanidad y Asistencia Social.
            Fue un momento clave en la historia del anarquismo. Para aquellas fechas, Francisco Largo Caballero, presidente del consejo de ministros y uno de los líderes más representativos de la UGT, veía con buenos ojos la llegada de la CNT al gobierno central, lo que reforzaría la idea de un gobierno sindical. La política de colaboración de los anarquistas estaba en pleno proceso. Ya había integrantes de la CNT y de la FAI que eran concejales en los distintos municipios. Se habían integrado de lleno en las estructuras del Frente Popular. A nivel militar, comenzaban a dar los primeros pasos para su integración en el Ejército. Todo esto no sin debate. Porque el anarquismo había defendido el antiestatismo y colaboraba con el Estado republicano en guerra. El anarquismo era antimilitarista y colaboraba con el Ejército Popular de la República. Si algún movimiento cedió más en sus pretensiones en aquellos momentos en su lucha contra el fascismo, ese fue el movimiento anarquista.
            El 4 de noviembre de 1936 se culminaba esa escalada de colaboración con la llegada de los ministros de la CNT y la FAI al gobierno. Un momento difícil, pues la capital de la República corría peligro de caer en manos de los sublevados. De hecho, una de las primeras medidas del nuevo gobierno fue trasladarse a Valencia y dejar Madrid en manos de una Junta de Defensa de Madrid encabezada por el general José Miaja y con representación de todas las fuerzas del antifascismo español en la capital.
            Y los anarquistas en el gobierno no tomaron medidas sencillas. Muy por el contrario fueron cuestiones complejas y profundas. Juan García Oliver, camarero nacido en Reus, se mostró como un Ministro de Justicia solvente. Bajo su mandato, fueron clausuradas las prisiones que estaban en manos de partidos y sindicatos para regularizar una justicia revolucionaria y garantista en tiempos de guerra. El asesoramiento de personajes como Eduardo Ortega y Gasset o Eduardo Barriobero fue evidente. En caso de condena a muerte por los instaurados tribunales revolucionarios, sería en última estancia el Consejo de Ministros quien aplicaría la pena o no. García Oliver actuó con contundencia contra la represión extraoficial. Nombró Director General de Prisiones a Melchor Rodríguez García, y las sacas de las prisiones madrileñas que estaban provocando las matanzas en Paracuellos del Jarama fueron frenadas. García Oliver regularizó los campos de trabajo donde los presos tenían derechos laborales y jornadas diarias de ocho. García Oliver o Melchor Rodríguez, conocían bien las cárceles por dentro y de ahí su sensibilidad ante la situación de los presos. La represión de los primeros momentos prácticamente desapareció de la retaguardia republicana.
            Federica Montseny actuó con contundencia en el Ministerio de Sanidad. La política de las mujeres libertarias por los liberatorios de prostitución o la extensión de la profilaxis fue un hecho. Personajes como Amparo Poch Gascón asesoraron a la nueva ministra en esta línea. Montseny planteó una ley de aborto, que solo se aplicó en Cataluña, que creó un debate intenso en el interior del consejo de ministros. Hasta la fecha ha sido la ley más avanzada en esta línea de la historia de España. Montseny se apoyó en profesionales de la medicina como la ya citada Poch Gascón o los médicos José Mestres Puig, Juan Morata cantón o Félix Martí Ibáñez. Se incentivó la sanidad pública para todos los ciudadanos y se invirtió en investigación para el avance de la medicina en un momento difícil. No era sino poner en práctica esas corrientes del neomalthusianismo que los anarquistas habían defendido desde inicios del siglo XX. Proliferaron Institutos de Higiene y Alimentación así como la sanidad en el frente de batalla. A nivel social, la preocupación por la infancia y el niño fueron ejes de la política de Montseny.
            Aunque menos brillantes, los ministerios de industria y comercio también tuvieron intentos de avance. Juan Peiró logró aprobar normas para el desarrollo de la industrial civil. Intentó regularizar el control obrero en las fábricas. Un control obrero donde el trabajador tendría todo el poder sobre la producción. Unas medidas que no fueron bien vistas por los otros socios de gobierno. Juan López, desde la cartera de comercio, cuidó las iniciativas revolucionarias de exportación de productos como el CLUEA (Consejo Levantino Unificado de la Exportación Agrícola). Incentivar la producción comercial de las colectividades agrarias fue uno de los objetivos de su Ministerio.
            Sin embargo esta labor apenas duró unos meses. La crisis de mayo de 1937, que llevó a la dimisión del gobierno de Largo Caballero, dejó también fuera de la dirección política a los anarquistas. El primer gobierno de Juan Negrín no contó con la participación de la UGT ni de la CNT. Aunque una remodelación ministerial en 1938 llevó a la entrada, nuevamente, de la CNT en el gobierno de la República, cuando Segundo Blanco toma posesión del Ministerio de Instrucción Pública.
            El final de la Guerra Civil llevó al anarquismo español a un profundo debate sobre lo sucedido en aquellos años. Algunos no se arrepintieron de su colaboración y reivindicaron su obra al frente de las instituciones. Otros lo consideraron un error. Algunos pensaban que esa colaboración con el resto de fuerzas se tenía que mantener hasta que Franco fuese eliminado de la escena política, que la Guerra no acabaría hasta entonces. Otros consideraron que la colaboración acabó con el final de la Guerra.

            Independientemente de los análisis, la participación gubernamental de los libertarios fue un hecho histórico que había tenido tenues precedentes pero que la Guerra Civil los superó. Y dentro de todas las contradicciones que se pueden establecer de esta colaboración anarquista, lo cierto fue que las medidas que esos ministros anarquistas implantaron o intentaron implementar fueron medidas tan avanzadas que aun hoy, muchas de ellas, no están conseguidas. Hace 80 años el anarquismo hizo, una vez más, Historia con mayúscula.

TEXTOS DE LOS ANARQUISTAS Y EL PODER

            Para completar este acontecimiento histórico, hay algunas obras clave que merece la pena leer. Por una parte dos clásicos escritos por dos militantes libertarios. Por una parte Juan Gómez Casas publicó en 1977 Los anarquistas en el gobierno (Editorial Bruguera). Unos años antes, César Martínez Lorenzo publicaba en 1972 Los anarquistas españoles y el poder (Ruedo Ibérico). No podemos olvidar las propias memorias. Juan García Oliver hace un repaso a su gestión en El eco de los pasos y Federica Montseny hace lo propio en Mis primeros cuarenta años. Biografías de Federica Montseny como la de Irene Lozano Federica Montseny. Una anarquista en el poder (Espasa, Madrid, 2004) o Susana Tavera con su Federica Montseny. La indomable (Temas de Hoy, Madrid, 2005), marcan un avance en la investigación histórica sobre el papel de Federica Montseny en el ministerio. Por último destaquemos dos libros más recientes. El de Dolors Marín Ministros anarquistas. La CNT en el gobierno de la II República (Ed. Debolsillo, Barcelona, 2005) y el excepcional trabajo de Juan Pablo Calero Delso El gobierno de la anarquía (Síntesis, Madrid, 2011)

viernes, 11 de noviembre de 2016

CUANDO MADRID FUE LA CAPITAL DEL ANTIFASCISMO MUNDIAL 80 aniversario de la defensa de Madrid

Artículo aparecido en la edición digital del periódico Diagonal

El 7 de noviembre de 1936 toda la ciudad de Madrid amanecía con un lema: “¡No pasarán!”. Las tropas sublevadas contra la República desde julio de ese mismo año se habían marcado un objetivo: la toma Madrid. La pérdida de la capital de la República sería un golpe moral para las aspiraciones republicanas. Franco quería tomar la capital lo antes posible. No lo consiguió en el golpe de Estado, pues los planes de Fanjul fueron derrotados por el pueblo madrileño que tomó el Cuartel de la Montaña. No los consiguió con sus embestidas por la zona norte, donde las unidades milicianas lograron frenar a las tropas sublevadas.
            Pero desde septiembre-octubre la situación de Madrid era cada vez más crítica. La toma de Badajoz por parte de las fuerzas de Yagüe y la toma de Toledo, cercaban a la capital de España. Igualmente, Madrid sufría intensos bombardeos contra su población civil. Cuatro columnas militares asediaban la ciudad. El general Mola decía que una quinta estaba actuando ya en el interior de la ciudad (de ahí el nombre del quintacolumnismo).
            Largo Caballero, presidente del gobierno, realizaba un cambio ministerial. El gobierno se veía reforzado con la entrada de cuatro anarquistas. El “gobierno de la victoria” lo llamaron. Sin embargo, una de sus primeras decisiones fue abandonar la capital de la República y trasladarse a Valencia. “¡Viva Madrid sin gobierno!” gritaban los anarquistas madrileños con las tropas asediando la ciudad.
            Para la defensa de la ciudad, el gobierno de la República dejó instrucciones a los militares José Miaja y Vicente Rojo. Había que constituir una Junta Delegada de la Defensa de Madrid que dirigiera los designios de la capital. A pesar de que la orden era que los sobres dejados con las instrucciones del gobierno no se abriesen hasta horas después de la marcha del gobierno, la orden no fue cumplida. Ante la sorpresa, Miaja vio que iban a estar solos en las duras horas que le esperaba a Madrid. Nadie confiaba en su resistencia. Nadie daba un duro por la capital de la República. Parecía que Miaja y Rojo solo iban a gestionar la retirada y la derrota.
            Pero la idea que albergaba el pueblo madrileño y sus organizaciones populares era muy otra. Madrid iba a ser una trinchera. Iban a defender Madrid para que no cayese en manos de los sublevados. Iban a hacer todo lo posible para que el general Mola no se tomase su café con leche a las cinco de la tarde en la Puerta del Sol como había amenazado. Iban a intentar hacer posible lo imposible.
            En primer lugar se constituyó esa Junta de Defensa de Madrid.  Y todas las organizaciones antifascistas se adhirieron a ella. El PSOE, el PCE, la UGT, la CNT, Izquierda Republicana, Unión Republicana y el Partido Sindicalista la conformaron. Estaría presidida por José Miaja Menant, militar profesional de probada lealtad republicana. Al frente de las tropas que defenderían Madrid estaría Vicente Rojo Lluch, uno de los militares más brillantes de la Guerra Civil. Su capacidad para organizar esa defensa y de posteriores, le valió el ascenso a general en 1937. Su libro Así fue la defensa de Madrid muestra a la perfección su participación en la defensa de la capital de España.
            Junto ellos actuaron otros militares, algunos procedentes de milicias, como Enrique Lister, Adolfo Prada, José María Galán, Carlos Romero, Luis Barceló, Antonio Escobar o Cipriano Mera. A ellos se uniría más tarde la columna Durruti, procedente de Aragón. Pero en la defensa de Madrid hicieron aparición las primeras unidades de la Brigadas Internacionales, el cuerpo de voluntarios extranjeros que habían venido a socorrer a la República. Los nombres de Emilio Kleber, Paul Lukacs o Hans Beimler comenzaron a hacerse famosos en Madrid. Las memorias de la época recuerdan como aquello militantes extranjeros llegaban a Madrid y desfilaban con la única idea de combatir al fascismo como la lucha de sus propios países.
            Estas fuerzas se dispusieron en todos en los lugares estratégicos de la ciudad para frenar el avance sublevado. Junto a ellos el pueblo de Madrid que colaboró en esa resistencia. Hombres, mujeres e incluso niños cavaban trincheras y pertrechaban la defensa. La trinchera de la República era Madrid. Madrid era la trinchera donde se jugaba la suerte del antifascismo mundial.
            Frente a ellos los militares sublevados. Mola, Franco, Ben Mizzian, Moscardó, Varela, Cabanillas, Castejón, etc. Unas fuerzas que eran muy superiores y estaban apoyadas por los fascistas italianos y los nazis alemanes. Parecía que Madrid no podría resistir mucho.
            Pero a veces la casualidad también juega en la Historia. Y la casualidad quiso que los planes de la toma de la ciudad cayeran en manos de esa Junta de Madrid al ser interceptado un militar sublevado que las llevaba encima. Eso permitió a establecer un plan de defensa. Lo que iba a ser un paseo militar de los sublevados se estaba convirtiendo en una tenaz resistencia. Franco no iba a tomar la capital. Los enfrentamientos hicieron que el anarquista Buenaventura Durruti se desplazase con sus unidades milicianas del frente de Aragón a Madrid. Probablemente Aragón era más estratégico, pero para Durruti si caía Madrid la guerra estaba perdida. La Columna Durruti se unió a las Brigadas Mixtas del Ejército Popular de la República en formación, a las unidades milicianas de Madrid encabezadas por los sindicatos obreros y las Brigadas Internacionales. En esa lucha Durruti perdió la vida en los combates en la Ciudad Universitaria, siendo su muerte aun hoy un misterio.
            En medio de toda la lucha, se produjeron acontecimientos en el interior de Madrid que mancharon la imagen de la República. Esa Quinta Columna de la que hablaba Mola actuaba en la capital. Fue una de las razones por la que se produjeron, sin competencia gubernamental, las sacas de las prisiones madrileñas que acabaron en los fusilamientos de Paracuellos del Jarama. Una cuestión aplacada por el gobierno de la República, en la figura de su Ministro de Justicia Juan García Oliver, y de la designación del anarquista Melchor Rodríguez García, que frenó las sacas de las prisiones y puso fin a la represión en la retaguardia republicana. La República era garantista y se hizo valer su legislación aun en tiempos de guerra.
            La defensa de Madrid se hizo barrio a barrio, calle a calle, casa a casa. La única idea que tenía el pueblo madrileño era no ceder. La Defensa de Madrid fue el foco de todos los medios nacionales y extranjeros. Corresponsales de guerra extranjeros plasmaron en sus crónicas aquellos días: Geoffrey Cox, Louis Fischer, William Forrest, Mijail Koltsov, Ilsa Kulcsar, Martha Gellhorn, Jay Allen, Herbert Matthews, etc. La Defensa de Madrid fue también narrada por los cronistas de guerra de los distintos periódicos. Aquí los comunistas y los anarquistas destacaron por encima del resto. Por parte de los comunistas habría que destacar a Jesús Izcaray, Clemente Cimorra, Mariano Perla o Eduardo de Ontañón. Por los anarquistas a José María Zambruno “Nobruzán”. Pero por encima de todos emerge la figura de Mauro Bajatierra Morán. Anarquista y cronista de guerra del periódico CNT, sus crónicas son una combinación de dramatismo y humor, que al leerlas se siente la cercanía del autor con el entorno de guerra. Bajatierra y “sus muchachos”, se hicieron populares durante todo el conflicto. Todas estas crónicas nos muestran a un pueblo heroico, confluyendo la historia como tal con hechos magnificados para elevar la moral del combatiente. La propaganda como vehículo de importancia en la guerra.
            En definitiva Madrid resistió. No cejó en su empeño Franco en tomarla, y volvería a carga por maniobras alrededor de la capital que también fueron fallidas, como la Batalla de Guadalajara como primera derrota del fascismo internacional. O someter a la ciudad a duros bombardeos que provocaron centenares de víctimas. Madrid resistió toda la guerra y solo al final, exhausta, no pudo resistir más. El final de la guerra en Madrid es todo un acontecimiento que merece un artículo independiente.

            Las jornadas de noviembre en Madrid y la resistencia de la ciudad para la causa republicana fueron factibles por un combinado de diversas actuaciones. Pero en lo que coinciden todos los protagonistas de aquellos acontecimientos es en la actitud mostrada por el pueblo de Madrid frente a los ataques de los sublevados. El pueblo madrileño logró que los sublevados no pasasen a la capital. Y ese Madrid fue el reflejo para el antifascismo mundial que veía que su suerte era la suerte del mundo.

lunes, 24 de octubre de 2016

¡VIVA LA ESCUELA MODERNA!

Artículo publicado en la edición digital del periódico Diagonal

El 13 de octubre de 1909 era fusilado en los fosos del castillo de Montjuich el pedagogo libertario Francisco Ferrer Guardia. Había sido acusado, juzgado y condenado por haber sido instigador de los sucesos ocurridos en Barcelona entre el 26 de julio y el 2 de agosto de ese mismo, en lo que se conoció como la Semana Trágica de Barcelona. No era la primera vez que Ferrer se enfrentaba a un tribunal acusado de algo que no había cometido. La diferencia con las anteriores ocasiones fue que en octubre de 1909 el objetivo se cumplió: fusilar a Ferrer.
            ¿Pero quién era ese Ferrer Guardia que tanto odiaban algunos sectores de la sociedad española? ¿Qué había hecho Ferrer para que su destino fuese los fosos del temido castillo de Montjuich?

Un pedagogo al servicio del pueblo

            Francisco Ferrer Guardia había nacido en el pueblo de Alella el 14 de enero de 1859. Miembro de una familia de campesinos acomodados y católicos, Ferrer no tuvo toda la formación que hubiese querido. Además, imbuido de ideas de unos de sus maestros, poco a poco fue adquiriendo una conciencia republicana y anticlerical.
            Se traslado siendo adolescente a Barcelona donde comenzó a trabajar. Allí Ferrer fue acercándose al pensamiento republicano de Manuel Ruiz Zorrilla, partidario de una estrategia insurreccional que tumbase el trono a Alfonso XII y sus sucesores. Fueron las razones por las que Ferrer Guardia apoyó en 1884 el levantamiento republicano de Santa Coloma del Farnés, así como la intentona del general Villacampa.
            Aunque muy próximo a Ruiz Zorrilla, Ferrer fue interesándose cada vez más por las corrientes de renovación pedagógica de la época y por el librepensamiento, lo que le hizo entrar en contacto con el anarquismo. El movimiento libertario era un hervidero de renovación en el ámbito educativo. Muchos de sus integrantes se preocuparon desde muy pronto por la educación e instrucción de los hijos de la clase obrera. En distintos centros de cultura libertaria, se fueron inaugurando escuelas y clases de alfabetización con la idea de contraponer la educación y cultura burguesa una educación basada en los principios básicos del anarquismo. No sin polémica ni debates internos, los anarquistas fueron inaugurando iniciativas, llegando incluso a fundar escuelas laicas o estar en la órbita de iniciativas laicistas donde también participaban republicanos avanzados. Ferrer se vio envuelto en ese proceso.
            Debido a sus problemas de pareja, en los que su primera casi acaba con la vida de Ferrer, termina con la separación de ambos y la marcha de él a Europa. En Francia, Ferrer  conoce de primera mano las corrientes pedagógicas de renovación, los jardines de infancia, etc. Pero sobre todo le influencia el método pedagógico de Paul Robin ha desarrollado en el Orfelinato de Cempuis o las corrientes pedagógicas que Charles Malato o Jean Grave defienden en sus obras. Estas iniciativas comienzan a hacer pensar a Ferrer en fundar una escuela en cuanto vuelva a España.
            Gracias a una herencia recibida, Ferrer regresa a España y en agosto de 1901 fundó la Escuela Moderna en Barcelona, con domicilio en la calle Bailén de la ciudad. Un proyecto basado en la pedagogía racional y libertaria que no dejó indiferente a nadie.

La pedagogía de la Escuela Moderna

            A través de la Escuela Moderna, Ferrer intentó desarrollar un modelo de pedagogía basado en la coeducación de sexos, la enseñanza al aire libre, el profesor como instructor pero nunca como portador de la verdad absoluta, tener a la ciencia como eje básico de la enseñanza y sacar la religión de todo el ámbito educativo. La tarea de los integrantes de la Escuela Moderna fue mostrar a través de los principios racionales las desigualdades sociales e instruir a los niños y niñas en valores de libertad, igualdad y fraternidad. Una educación que defendía al movimiento obrero y de la que el movimiento obrero se valía de ella.
            La Escuela Moderna tuvo instalaciones adaptadas a su método pedagógico y fundó una editorial en la que publicó los textos más avanzados de la época. Alrededor del proyecto de Ferrer se unieron otros libertarios, librepensadores y republicanos de época. Anselmo Lorenzo, uno de los fundadores de la Primera Internacional en España y firme partidario de la educación racionalista, fue uno de sus más firmes defensores. Pero también otras personalidades de la época como Odón de Buen, uno de los mejores naturalistas del momento, o el apoyo de personalidades como Santiago Ramón y Cajal, Luis Bulfi, Andrés Martínez Vargas, etc. La Escuela Moderna era la plasmación de una trayectoria de pedagogía impulsada por el anarquismo español que partía desde los orígenes de la Primera Internacional y que tuvo otros representantes de interés como José Sánchez Rosa.
            Era de suponer que esta iniciativa, tan alejada de los cánones pedagógicos de una Iglesia católica que controlaba la educación en todos sus niveles, no iba a ser bien recibido. Desde el primer momento, la Escuela Moderna de Ferrer como muchos otros proyectos pedagógicos de la época basados en el laicismo, sufrieron duros ataques por parte de la Iglesia. En numerosas ocasiones la Escuela Moderna se vio clausurada por orden gubernativa. Pero siempre acababa reiniciando sus clases.
            El punto de no retorno para el proyecto se produjo en mayo de 1906. El último día de ese mes, el anarquista Mateo Morral lanzó un ramo de flores con una bomba camuflada contra el cortejo nupcial de Alfonso XIII en la calle Mayor de Madrid. La bomba causó 23 víctimas, y pocos días después aparecía muerto Mateo Morral. La versión oficial decía que se había suicidado pero recientes investigaciones aseguran que fue asesinado.
            Sea como fuere, Mateo Morral había trabajado como bibliotecario en la Escuela Moderna de Ferrer. Hecho que resultó determinante para la detención de Ferrer y la clausura de la Escuela Moderna. Por dicho atentado también fue detenido el periodista José Nakens, fundador de El Motín y que se le acusó de dar cobijo a Morral. Aunque el juicio contra Ferrer, Nakens y otros acabó con su absolución, la Escuela Moderna no volvió a abrir sus puertas a los alumnos. Solo la editorial continuó con el proyecto.

El golpe de gracia. La Semana Trágica de julio de 1909

            Ferrer, una vez liberado, siguió con su tarea pedagógica y trabajando en al frente de su editorial, con la idea de que la Escuela Moderna debía abrir sus puertas.
            Era un momento tenso en la historia de España. El gobierno de Antonio Maura mantenía un pulso en las colonias marroquíes. Las noticias del desastre en el Barranco del Lobo el 27 de julio de 1909 donde perdieron la vida decenas de soldados españoles y cientos de heridos, hicieron tomar al gobierno la decisión de movilizar a los reservistas. Una decisión que fue respondida por el movimiento obrero en Barcelona, representado por anarquistas y socialistas afiliados a Solidaridad Obrera y el PSOE, con la convocatoria de una huelga general contra la movilización.
            En las tablas reivindicativas de los obreros se encontraban sus peticiones laborales y sociales. En ningún momento el Comité de Huelga, representado por el sindicalista Miguel V. Miranda de Solidaridad Obrera, por Francisco Miranda en representación de los grupos anarquistas y por el socialista Antonio Fabra Ribas, se abordó el tema religioso. Sin embargo, masas de gente se lanzó contra edificios religiosos de la ciudad, en lo que algunos autores han visto la influencia de Alejandro Lerroux y su Partido Radical, que no eran convocantes de la huelga.
            Durante una semana, hubo enfrentamientos en Barcelona entre las fuerzas del orden público y los huelguistas, que se vieron aumentados cuando los soldados iban embarcando en el puerto de Barcelona hacia Marruecos. Al final las autoridades controlaron la situación y comenzó una política represiva contra los huelguistas que acabó en consejos de guerra con fusilamientos. Los fusilados fueron: José Miguel Baró, un republicano fusilado el 17 de agosto; Antonio Malet Pujol, lerrouxista fusilado el 13 de septiembre; Clemente García, un joven discapacitado psíquico acusado de bailar con la momia de una monja en la calle; Eugenio del Hoyo, un ex guardia civil acusado de promover los altercados.  
            Pero faltaba el premio gordo. Las autoridades comenzaron a acusar a Ferrer como instigador de los sucesos. Se condenaba su pedagogía, desde las páginas de los periódicos católicos, como perversa. Se acusaba a Ferrer de envenenar a la infancia y la juventud en el anticlericalismo violento. Las acusaciones de instigación no fueron probadas porque difícilmente Ferrer fue instigador de nada. Además, en los días del suceso el no estaba en Barcelona y no participó en ninguna movilización.
            A pesar de todo, el juicio político contra Ferrer se consumó. Una oleada de protestas en España y en todo el mundo se alzó en la defensa de Ferrer y en la acusación de una neo inquisición en España. Personalidad de primer orden internacional como Anatole France, William Archer, Piort Kropotkin, George Bernard Shaw, Arthur Conan Doyle, H.G. Wells, etc, pidieron por la inocencia de Ferrer.
            Pero la suerte del pedagogo estaba echada. El 13 de octubre de 1909 era fusilado en Montjuich, donde años antes lo habían sido otros libertarios y donde años después también lo serían otros.
            Con Ferrer fusilado la indignación creció. Antonio Maura se vio obligado a dimitir y Alfonso XIII fue expulsado de la Academia de las Ciencias de París. Sin embargo, sectores eclesiásticos y conservadores celebraron la muerte de Ferrer.
            Pero en el interior del movimiento obrero, las ideas pedagógicas de Ferrer fueron el inicio del desarrollo de toda una pedagogía que pusieron en práctica los anarquistas y que, incluso, se basó parte de la legislación educativa de la Segunda República.
            Hoy la tumba de Ferrer se puede visitar en el cementerio de Montjuich, junto a las de Ascaso y Durruti, y en Bruselas se honra con una estatua al librepensamiento.