viernes, 31 de octubre de 2014

ENTREVISTA A TOMÁS IBAÑEZ, AUTOR DE “ANARQUISMO ES MOVIMIENTO”

Entrevista a Tomás Ibáñez, publicada en la edición digital del periódico Diagonal, autor del libro Anarquismo es movimiento

- ¿Que pretendes aportar con la obra al pensamiento anarquista?

Mi propósito no ha sido el de enriquecer el pensamiento anarquista con aportaciones y formulaciones innovadoras.
No lo ha sido porque estoy convencido que es a partir de las prácticas de lucha contra los actuales dispositivos de dominación como se puede generar ese tipo de propuestas, y, hoy estoy demasiado alejado de la cotidianidad de las luchas para poder contribuir a la construcción colectiva de nuevas aportaciones.
Mi única pretensión pasa por ofrecer una visión de la situación actual del anarquismo que ayude a reflexionar tanto sobre el porqué de esa situación, como sobre las propias características del anarquismo.
Ahora bien, el libro no tiene una finalidad puramente expositiva y reflexiva, sino que busca producir efectos prácticos impulsando determinas formas de entender el anarquismo y de fortalecer su incidencia social. Si, como lo pretendo, el anarquismo se encuentra en la imposibilidad de no ser cambiante, es obvio que no hay que obstaculizar su renovación, y si es cierto que se fragua en las luchas contra la dominación entonces también es obvio que hay que impulsar su presencia en los diversos escenarios de esas luchas, aunque desborden los contornos del movimiento anarquista instituido.
En este sentido, mi libro quiere ser una herramienta que sirva para acrecentar la apertura y la combatividad del anarquismo contemporáneo.

- Neoanarquismo y postanarquismo son dos términos que desarrollas en el libro. Palabras y principios que se enmarcan en la cultura de la postmodernidad. Aunque hay debates al respecto sobre la propia postmodernidad ¿qué aporta ésta al anarquismo?

El término posmodernidad se ha ganado a pulso, todo hay que decirlo, tan pésima fama que necesitaríamos bastante tiempo para explorar sus diversos significados, algunos de los cuales, también hay que decirlo, son muy interesantes. Pero en aras a la brevedad te diría que, con relación al anarquismo, la posmodernidad aporta, simultáneamente, elementos positivos y negativos, tanto si la consideramos en su vertiente discursiva, o ideológica, como si la entendemos en tanto que una nueva época que se está perfilando. Época y discurso están, por supuesto, íntimamente relacionados, por no decir que son dos aspectos de una misma realidad.
El discurso posmoderno le aporta valiosos elementos para cuestionar un conjunto de creencias acríticamente heredadas de la Ilustración, pero, al mismo tiempo, le sitúa en la difícil tesitura de tener que diagnosticar y contrarrestar las implicaciones liberticidas de esa nueva ideología.
Considerándola ahora no como discurso sino como una nueva época y un nuevo modelo de sociedad que se encuentra en gestación, me parece que, por una parte, dificulta los planteamientos anarquistas porque diseña instrumentalizaciones de la libertad que dificultan su ejercicio, pero, por otra parte, abre al anarquismo nuevos escenarios de lucha donde intervenir y donde forjar nuevas armas para contrarrestar sus dispositivos de poder. Es más, el anarquismo puede utilizar para sus luchas algunas de los instrumentos propios de esa nueva época.
En tanto que la postmodernidad es la nueva cara que va tomando la dominación, el anarquismo no puede sino enfrentarse a ella, pero en tanto que la postmodernidad desmantela las bases legitimadoras de la anterior cara de la dominación, el anarquismo no puede renunciar a apropiarse los resultados de ese trabajo de demolición.


- ¿Hay diferencias entre el anarquismo clásico, protagonista de importantes luchas por la emancipación social, y el anarquismo actual? ¿Qué le debe el segundo al primero?

Por supuesto, hay diferencias y semejanzas, aunque sin duda son muchas más las semejanzas que las diferencias.
Ahora bien, el anarquismo solo tiene relevancia si está firmemente anclado en las condiciones sociales propias de cada momento histórico, de cada presente, por así decirlo, y si está profundamente involucrado en la conflictividad social vigente. No cabe duda que el contexto social actual ya no es el mismo que el contexto donde hundía sus raíces el anarquismo clásico, y también es obvio que la conflictividad social ha cambiado en algunos de sus aspectos. Por lo tanto mal andaría el anarquismo actual si fuese idéntico al anarquismo clásico, por la sencilla razón que no conseguiría entroncar con la realidad social del momento presente.
Como ejemplo de las diferencias que median entre ambas expresiones anarquistas basta con pensar en las características que revestía la Revolución en el antiguo imaginario anarquista y a las que presenta en el imaginario actual. La Revolución ya no es un evento situado en un futuro más o menos lejano, que nos espera al final del camino recorrido por las luchas, sino que está firmemente anclada en el presente y se vive como una dimensión que es constitutiva de la propia acción subversiva.
Como es lógico, si los dispositivos de dominación van cambiando, también cambian las formas de lucha, y como son estas las que definen el anarquismo en cada momento, es obvio que mantener la actualidad del anarquismo implica necesariamente su constante renovación.
Eso no implica discontinuidad entre las prácticas anarquistas de ayer y las de hoy. El anarquismo actual se nutre, sin fetichismos, del legado de experiencias de lucha y de construcción de realidades alternativas acumulado por el anarquismo de antaño.

- Resurgimiento y renovación son dos palabras muy utilizadas en tu libro. Sin embargo, en principio, son dos cosas distintas. ¿A cuál de las dos palabras se ajustaría más el anarquismo actualmente?

Tienes razón, son dos cosas distintas, sin embargo lo que argumento en el libro es que, tratándose de anarquismo, esa distinción se difumina y esas dos cosas están íntimamente entrelazadas. No hay que olvidar que, como dicen los clásicos del anarquismo, este se caracteriza por unir indisolublemente “la idea” y “la acción”, la teoría y la práctica, la idea nace en un contexto de acción y revierte sobre la acción. Esto significa que, como todas las prácticas están incardinadas en un contexto socio- histórico, estas van cambiando con los inevitables cambios de ese contexto y eso hace que la idea también se renueve.
Si el anarquismo resurge eso implica que se incrementa su presencia en las prácticas antagonistas y que, consecuentemente con lo que acabo de decir, esa mayor presencia conlleva un mayor efecto transformador del anarquismo.
Obviamente los tempos del resurgimiento y de la renovación no son milimétricamente sincrónicos, eso hace que, a mi entender, hoy en día la renovación esté a la zaga del resurgimiento.

- ¿Qué hay de anarquismo en los nuevos movimientos sociales?

Sin duda alguna, encontramos en esos movimientos un modo de funcionamiento que evoca muy directamente los principios organizativos del anarquismo. Me refiero a la horizontalidad, al asamblearismo, al estricto control de la delegación cuando esta no se puede evitar, etc.
Ahora bien, todo esto se sitúa sobre un plano puramente formal, y parece más difícil discernir una relación con el anarquismo en el plano de los contenidos. Ciertamente, el anarquismo no se reduce a un modo de funcionamiento de los colectivos, y podemos imaginar hoy unos movimientos totalmente reformistas, simplemente ciudadanistas, o incluso reaccionarios, que adopten formas de organización horizontales, y modos de funcionamiento próximos a los que caracterizan al anarquismo.
Sin embargo, en algunos de los nuevos movimientos sociales también existen ciertas semejanzas con el anarquismo que van más allá de los aspectos puramente formales, y que atañen a los contenidos. Solo mencionaré unos pocos como, por ejemplo, el recurso a la acción directa, el compromiso con políticas prefigurativas, es decir, con formas de intervención política cuyos procedimientos y planteamientos conlleven los fines que pretenden alcanzar, hipersensibilidad frente a las manifestaciones del poder, suspicacia y rechazo hacia todas las formas de dirigismo y de autoritarismo, denuncia de las discriminaciones y de las desigualdades, etc. etc.

- A lo largo de libro, en muchas ocasiones, haces referencia a Mayo del 68. Allí también se empezó a hablar de “nueva izquierda” y de un resurgir del anarquismo. Sin embargo hubo cosas que no cuajaron. ¿Crees que en el momento actual, que parece de cambio, el anarquismo tiene mucho que decir?

Por supuesto. Hoy el anarquismo tiene mucho que decir porqué el continuo desarrollo y la creciente sofisticación de los dispositivos de poder que proliferan por todos los ámbitos del tejido social y se insinúan en los intersticios más diminutos de la vida cotidiana, no solo sitúan la lucha contra el poder en un primer plano sino que legitiman el discurso anarquista que siempre le concedió una importancia privilegiada.
También tiene mucho que decir porque la voluntad de imprimir mayor efectividad a los movimientos sociales de base y asamblearios que van surgiendo más o menos espontáneamente por doquier, encarrila esos movimientos hacia unos derroteros que amenazan con desvirtuar su potencial subversivo. Hay están Podemos o Guanyem como posibles ejemplos. Frente a esas derivas, la experiencia histórica acumulada por las luchas anarquistas articula un discurso, que no se debería desoír, contra las tentaciones parlamentaristas y contra la participación en los engranajes del poder político. La toma del poder es el espejismo que desvirtúa y esteriliza las políticas radicales.

- La palabra anarquismo muchas veces ha sido mal utilizada. Por ejemplo. En EEUU existe el término “libertariano” o el “Libertarian Party”, que hablan de una desaparición del Estado o un Estado mínimo pero en términos económicos son ultraliberales. Son lo que se denominan “anarco-capitalistas”, que no deja de ser una contradicción in terminis. ¿Cómo afecta esto al anarquismo que siempre ha tenido una base transformadora hacia el socialismo?

Esto afecta, seguramente, a determinados sectores del capitalismo que pugnan por desarrollar planteamientos económicos y políticos ultra liberales, pero no afecta en lo más mínimo al anarquismo.
No lo afecta por la sencilla razón que se trata de orientaciones inconmensurables, pertenecientes a universos políticos totalmente ajenos el uno al otro y sin ningún punto de contacto. Por supuesto, nadie puede impedir que las palabras sean secuestradas para servir a propósitos estrambóticos, pero sí se puede denunciar el carácter estrambótico de esas apropiaciones indebidas y mostrar su inanidad.
Eso es bastante fácil cuando se trata del acoplamiento del término “anarco” a una serie de otros términos, que son a veces antitéticos, tal y como anarco-capitalismo, anarco-fascismo, u otros del mismo tipo, sin embargo la presencia de referencias a conceptos que son nucleares para el anarquismo, tales como anti-estatismo, o exigencia de libertad, parece complicar las cosas, pero eso no es así porque si los significantes son idénticos los significados nada tiene en común.
Así, por ejemplo, el concepto anarquista de la libertad vincula de forma inseparable la libertad y la igualdad (libertad entre iguales) lo cual hace de la libertad un concepto incompatible con cualquier forma de capitalismo.


- En España el movimiento libertario fue uno de los más dinámicos de la historia. Sus organismos y militantes no solo articularon movimientos sindicales y políticos sino que crearon una forma de vida distinta. La llamada “cultura libertaria”. En este momento de agitación social. ¿Ves posibilidades de crecimiento de un movimiento libertario similar al de los años 30? ¿En qué puntos consideras que se encuentra el anarcosindicalismo en la actualidad?

En un contexto político y social notablemente distinto resulta difícil imaginar cómo sería un movimiento libertario similar al de los años 30, ahora bien, estoy convencido que el movimiento libertario puede acercarse a las cuotas de influencia que conoció en aquellos años (salvo que la evolución de la sociedad hacia sistemas de dominación cada vez más sofisticados e invasivos, consiga eliminarlo del todo).
Ahora bien, es obvio que su fuerza ya no se concentrara en una clase trabajadora cuyas características distan mucho de las que la definían en los años treinta. En su forma clásica el anarcosindicalismo tiene en el contexto social actual un techo relativamente bajo que, sin ser despreciable, no le augura el lugar hegemónico que ocupo en los años treinta. Por mucho que pueda crecer al calor de la “crisis”, mi sentimiento es que no progresara mucho más arriba del punto en el que se sitúa en el momento actual.
 Esto no significa que no sea útil contribuir a su desarrollo, pero atempera las expectativas de éxito que se puedan albergar. Ahora bien, el anarcosindicalismo está pugnando actualmente por renovar sus planteamientos en la línea de expandirse fuera del mundo del trabajo estrictamente definido, y de lograr una “hibridación” con los movimientos sociales. Si consigue progresar en esa vía puede alcanzar nuevas cuotas de desarrollo y deparar desagradables sorpresas a las instituciones que mantienen el orden establecido.

martes, 28 de octubre de 2014

CARABANCHEL. HISTORIA DE UNA CÁRCEL

Artículo publicado en la edición digital de Diagonal

Numerosos son los lugares de la memoria no reconocidos en España. Puntos reconditos del país donde se produjeron ejecuciones, asesinatos y desapariciones forzadas. Lugares que muchos conocen pero otros no. Y sitios que no están marcados de ninguna manera.
            Esto es un ejemplo, entre otros muchos, de las politicas de la memoria que se llevan en España. Si por algo se ha distinguido este país ha sido por la violación sistemática de legislación internacional en materia de desapariciones forzadas durante la Guerra Civil y la dictadura. Algo que la ONU ha detectado y ha llamado la atención al propio país. Cualquier iniciativa que se ha tenido para poder juzgar los crímenes del franquismo ha sido frenada en seco por la adminitración y la judicatura española. La razón es simple. Denunciar y sacar a la luz los crimenes de la dictadura es socavar los pilares del propio sistema actual. La Ley de Amnistia de 1977 dejaba todo “atado y bien atado” como había anticipado el dictador.
            Esto ha llevado a que todas las iniciativas que se han ejecutado en España para el restablecimiento de las victimas del franquismo hayan partido de organizaciones memorialistas, de algunas organizaciones política y sindicales sensibilizadas por el tema y de la sociedad civil. Mientras otros países se ensalza la lucha de los antifascistas en España se oculta. Y por el contrario lugares emblemáticos de la propia dictadura como el Valle de los Caídos sigue contando con todo el apoyo de la administración del Estado. Por no hablar de una Ley de Memoria Histórica aprobada por el gobierno de Zapatero, que fue rebajada en mucho respecto a su texto original y que sistematicamente se incumple. A lo largo y ancho de la geografía española encontramos ciudades y pueblos con calles y figuras que ensalzan a los golpistas que en 1936 provocaron el estallido de la Guerra Civil.
            Muchos de los lugares de la memoria han sido incluso destruidos. Fosas comunes arrasadas sin ni siquiera haber extraido los cuerpos de los miles de antifascistas que allí estaban, todos juzgados por unas leyes como las franquistas que no estaban conforme al derecho. No hay que olvidar que los reos en el franquismo no tenían presunción de inocencia. Eran culpables de antemano. ¿Su delito? Ser anarquista, republicano, comunista, socialista, etc.
            Uno de esos lugares de la memoria destruidos fue la cárcel de Carabanchel, demolida el 23 de octubre de 2008 por el deseo de olvido y por la especulación inmobiliaria.
            Cuando las maquinas retroescavadores penetraron en el recinto carcelario ponían fin a la existencia de un edificio que había sido testigo de los mayores horrores. Al finalizar la guerra civil funcionanban en Madrid diversas prisiones, muchas de las cuales habían quedado en estado deplorable por los bombardeos que había sufrido la capital de España. La más importante de las carceles era la Modelo de Madrid. Pero también vivian hacinados los presos en prisiones como San Antón, Porlier, etc. Ventas estaba destinada a mujeres. Las detenciones masivas contra los militantes antifascistas llenaron las prisiones durante esos años. Y también se llenaron la fosas en el cementerio de Madrid donde cada noche eran ejecutados un importante número de mujeres y hombres.
            Las autoridades franquistas contemplaron la posibilidad de creación de una nueva carcel. Por eso se hicieron con una serie de terrenos situados en el barrio de Carabanchel Alto. Unos 200.000 metros cuadrados que albergaría una prisión con capacidad para unos 2000 presos. Los arquitectos fueron Vicente Agustí Elguero, José María de la Vega Samper y Luis de la Peña Hickman. La construcción de la carcel comenzó el 20 de abril de 1940 y fue ejecutado por mano de obra esclava. Presos políticos que eran enviados a la construcción de la que sería su propia “casa” si lograban sobrevivir.
            El 22 de junio de 1944 la cárcel era inaugurada por el ministro franquista Eduardo Aunós, especialista en derecho que escribió algunos libros sobre los presos y la redención de penas por trabajo.
            Desde entonces la cárcel de Carabanchel se convirtió en un centro por donde la mayoría de la oposición antifascista pasó, muchos de ellos ejecutados allí mismo. Allí estuvieron presos Comités Nacionales de la CNT, Comités Peninsulares de la FAI, Ejecutivas del PSOE y la UGT, Comités Centrales del PCE, etc. Como ejemplo los anarquistas Joaquín Delgado y Francisco Granados que fueron agarratados en agosto de 1963, o los integrantes del FRAP José Humberto Baena, José Luis Sánchez Bravo y Ramón García Sanz, fusilados en el Hoyo de Manzanares el 27 de septiembre de 1975. También José María Jarabo que fue agarrotado el 4 de julio de 1959. Por esta prisión pasaron militantes como Simón Sánchez Montero, Marcos Ana, Stuart Christie, Marcelino Camacho, etc.
            La muerte de Franco no significó una reforma y una depuración en el personal funcionario. Todo lo contrario. Los mismo franquista que estaban durante la dictadura continuaron durante la democracia. Y aunque muchos presos políticos fueron liberados comenzó el malestar de otros presos. Los presos sociales, muchos de ellos vinculados a organizaciones de carácter político, constituyeron la Coordinadora de Presos en Lucha (COPEL), que fue protagonista de numerosas protestas por el trato recibido en la prisión y pedían mejoras en sus condiciones. Plantes, cortes, ingestión de objetos de metal, motines, etc. Su objetivo era visibilizar que las mismas leyes franquistas que torturaron a los presos políticos se les aplicaba a ellos.
            En la carcel de Carabanchel fue asesinado en 1978 el anarquista Agustín Rueda como consecuencia de la paliza propinada por los funcionarios de prisiones tras un supuesto intento de fuga.
            Concebida como carcel de hombres llegó en sus últimos momentos a albergar también la presencia de mujeres, que en los primeros momentos eran encarceladas en Ventas, como se ha dicho, y también en la prisión de Yeserías. La cárcel fue también protagonista de canciones de personajes como Rosendo o rodaje de películas como El Pico.
            En 1998 el gobierno del PP procedió al cierre de la cárcel de Carabanchel. Comenzó entonces un duro debate sobre cual debería de ser el destino del terreno. Para algunos allí se tendría que establecer un centro de la memoria, un lugar de recuerdo de lo que significó la dictadura. Para otros el lugar tenía que tener un destino distinto: pisos. En el 2002, siendo Ministro del Interior Mariano Rajoy se aprobó que fuera que se estableciese allí la comisaría del distrito de Latina, la Brigada de Extranjería y el Centro de Internamiento de Extranjeros. Los vecinos pedía mejor un hospital y servicios sociales, así como el centro de interpretación de la memoria histórica.
            El 16 de julio de 2008 el Ministerio del Interior, ya con el gobierno del PSOE, y el Ayuntamiento de Madrid firmaban un acuerdo donde en el terreno de la cárcel se contruirían 650 viviendas, un hospital, zonas verdes y oficinas del Estado. El 30% de los pisos serían de protección oficial y del resto el 90% se lo quedaría el Estado y un 10% el Ayuntamiento de Madrid. Los vecinos de Latina, Carabanchel y Aluche se opusieron ya que querían otros destinos sociales para el barrio y no especulación de vivienda. Igualmente pedían que la prisión no desapareciese y se instase un Centro para la Paz y la Memoria Histórica. Pero las protestas fueron vanas y el 23 de octubre de 2008 se comenzó la demolición del edificio.
            La especulación inmobiliaria y el olvido intencionado hicieron desaparecer físicamente el edificio. Aun así aun las asociaciones memorialistas reclaman un espacio en el lugar para recordar lo que significó el horror del franquismo.

martes, 14 de octubre de 2014

Mueren los hombres. Quedan las ideas. Félix Padín Gallo, in memoriam

Artículo publicado en la edición digital del periódico Diagonal con motivo de la muerte del histórico anarquista Félix Padín Gallo 

Puede parecer un lugar común el título de este texto. Pero se convierte en una realidad. Cuando el pasado 7 de octubre me dieron la noticia de la muerte de Félix Padín Gallo fue lo primero que pensé. Y lo hice así porque conocía a Félix. Le vi en varias ocasiones. Sabía de su carácter, de su forma de pensar. Como buen anarquista que era su posición era racionalista. Las acciones se tiene que hacer durante la vida. Una vez que moriremos esas acciones y las ideas perduran en el tiempo.
Pero perder a una persona como Félix Padín siempre es triste. Con sus 98 años de edad tenía la mente lúcida y hasta no hace mucho también agilidad. Pero los años no pasan en balde. Y como colofón a una vida de lucha por unos ideales participó como testigo en la querella argentina dentro de la denuncia que la CNT ha realizado con el propósito de encausar a los criminales del franquismo. Y la única manera de hacerlo es que un testigo directo, que sufrió en primera persona la represión franquista, cuente lo que le sucedió. Miles y miles de represaliados por el franquismo no han podido hacerlo. Y lo que demuestra tras tantos años de lucha y sufrimiento es que Félix Padín no tenía miedo al fascismo.
Félix Padín Gallo había nacido el 9 de julio de 1916 en Bilbao. Tenía pues 98 años recien cumplidos. Una longevidad que sorprende teniendo en cuenta el sufrimiento infligido durante la represión franquista. En un entorno pobre y humilde, Félix conoció desde muy temprano la miseria. Comenzó trabajando en una tienda de ultramarinos para después adoptar el que fue el oficio de toda su vida: la construcción. Y siguiendo la estela de sus hermanos, se afilio a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Allí entre las luchas sindicales y por la dignificación de la vida de la clase obrera, Padín fue forjando una cultura libertaria y un firme pensamiento anarquista.
Por aquella fechas el movimeinto libertario era mayoritario en muchos puntos de España. Y en muchos lugares el Sindicato Único de la Construcción se convertía en uno de los más importante, con figuras como la de Cipriano Mera. Félix Padín fue vocal del Sindicato Único de la Construcción en Bilbao y participó también activamente en el seno de la Juventudes Libertarias. Llegó a alcanzar cargos de responsabilidad de el Comite Regional Norte de la CNT.
Durante la huelga general de octubre de 1934, Félix Padín tuvo una importante participación y fue detenido y encarcelado por ello.
Como miles y miles de trabajadores, cuando el 18 de julio de 1936 una parte del Ejército se sublevó contra la República con el apoyo de la mayoria de la Iglesia y de los sectores más conservadores de la sociedad, Félix Padín se lanzó a la calle para frenar la llegada del fascismo al poder. Igualmente con su pensamiento favoreció el avance de las ideas revolucionarias que comenzaban a germinar en la retaguardia republicana con el objetivo de construir un mundo distinto.
Vencer al fascismo era prioritario para Félix Padín. Y por ello se alistó en los batallones “Isaac Puente” (uno de los más destacados anarquistas vascos que contribuyó con sus ideas al concepto del comunismo libertario y que fue asesinado por los fascistas en Burgos en septiembre de 1936) y “Durruti”.
Pero el 16 de junio de 1937 iba a comenzar el calvario de Félix Padín. Ese día cae preso de los sublevados y enter 1937 y 1939 pasa por las cárceles de Arrigorriaga, Galdakao y Vitoria. Posteriormenet fue internado en el campo de concentración de Miranda de Ebro y pasó posteriormente a formar parte de los batallanes de trabajadores que actuaron como mano de obra esclava para el franquismo (como bien muestra en su libro inédito La gran trata de esclavos otro libertario fallecido no hace mucho tiempo, César Broto Villegas). Pasó como mano de obra esclava por Guadalajara, Elizondo y Peñaranda de Bracamonte. Aunque fue puesto en libertad en 1939 fue nuevamente detenido e internado en el campo de concentración de Mirada.
Como Félix no podía consentir que el fascismo siguiese gobernando, se lanzó a la reconstrucción clandestina de la CNT. Y merced al esfuerzo reorganizativo participó en la huelga de Bilbao de 1947. Fue detenido por ello y nuevamente encarcelado. Un año clave 1947 pues fue el inicio del “trienio del terror” franquista, donde la mayoría de la oposición antifranquista fue encarcelada y muchos de ellos ejecutados.
Una vez que Padín salio de la cárcel se estableció en Miranda del Ebro y empezó a trabajar allí. A pesar de ello siguió actuando en la clandestinidad.
A la muerte del dictador pasó a ser uno de los reorganizadores de la CNT, participando en diversos actos y encuentros anarquistas españoles e internacionales. Participó en los congresos de Bilbao (1990), Granada (1995) y las Conferencias de 1993 y 2000.
En el año 2002 Padín fue homenajeado en Miranda del Ebro y en junio de 2006 recibio un homenaje en Bilbao por parte de la CNT a los combatientes en las milicias confederales vascas. También se hizo popular verle en documentales como Rejas de la memoria y Desafectos. Esclavos de Franco en el Pirineo.
El pasado mes de agosto, cuando las fuerzas de Félix ya flaqueaban, fue entrevistado por la misma jueza María Servini en los juzgados de Miranda de Ebro, donde quedó constancia en su declaración que no podía continuar la impunidad de los crímenes del franquismo.
Su desaparición el pasado 7 de octubre deja una importante pérdida de uno de los últimos testigos de la organización libertaria durante la República, la Guerra y la revolución y la represión franquista. Una más que se une a las desapariciones de libertarios que sufrieron la represión y la clandestinidad en los últimos años como Abel Paz, Gregorio Gallego, Vicente Vilanova, Antonio Martín y un largo etcétera.
El día 18 de octubre la CNT realizaré un homenaje a título póstumo a Félix Padín.

Que la tierra le sea leve

miércoles, 8 de octubre de 2014

80 aniversario de la Revolución de octubre de 1934

La huelga general que se desarrolló en España en el mes de octubre de 1934 marcó un antes y un después en la historia de la República. Ya nada volvió a ser igual desde su fracaso. Y su represión marcó la antesala de lo que unos meses después iba a suceder con el golpe de Estado de julio de 1936.

Unos antecedentes

La vida de la Segunda República española no fue sencilla. Desde su proclamación en abril de 1931 se vio inmersa en un doble problema. Por una parte la derecha política, a excepción de algunos grupos minoritarios, nunca vieron en la República un régimen acorde con su pensamiento. Por eso monárquicos y grupos derechistas se lanzaron desde el primer día a una oposición frontal a la misma, llagando incluso a promover un golpe de Estado en agosto de 1932 encabezado por el general Sanjurjo.
Por otra parte España tenía numerosos problemas estructurales heredados de décadas de atraso: educación, seguros sociales, sanidad, reforma agraria, etc. El gobierno del primer bienio (1931-1933) acometió esos problemas de forma desigual. Mientras en educación hubo importantes avances, a nivel laboral y agrario, sobre todo éste último, el avance fue más relativo. Esto llevó a que el movimietno obrero, que había participado de forma firme en la llegada de la República, exigiese resultados. La lentitud hace que socialistas y anarquistas promoviesen movimientos de protesta contra la escasez y las malas condiciones laborales. Arnedo, Castilblanco, Figols, Casas Viejas, etc., fueron ejemplo de ello, llegando incluso a promover una transformación social que superase la República. Fue la razón de ser del movimiento revolucionario fracasado de enero de 1933 y que llevó a la represión en el pueblo gaditano de Casas Viejas. El movimiento obrero era consciente que la llegada de la República se había producido por el decidido apoyo que la clase obrera le había dado
La crisis en el gobierno republicano-socialista, hizo que los socialistas salieran del mismo. Y en las elecciones de diciembre de 1933 se produjo el triunfo de las candidaturas conservadores de Alejandro Lerroux (Partido Radical) y de Gil Robles (CEDA)

Un contexto europeo hostil

Si bien desde 1931 en España se profundizó en la democracia, con la llegada de la derecha al poder se temía una vuelta atrás en algunos derechos conquistados.
Los ejemplos que se sucedían en Europa no eran positivos. Desde 1922 en Italia dominaba el fascismo que estaba llevando a cabo una dura represión contra sus opositores. En la década de 1930 no solo había afianzado su poder dictatorial sino que comenzaba una agresiva política exterior. Igual cuestión que sucedía en Alemania. En 1933 Hitler alcanzó la Cancillería, eliminó físicamente a sus oponentes y estableció un regimen totalitario y racista. Junto a ello una idea expansionista de “espacio vital”. Muchos otros países (Austria, Rumania y otros países del balcánicos y del Este) se giraron hacía posiciones autoritarias y fascistas.
Los dirigentes derechistas españoles no ocultaron su admiración por estos movimientos. Y no solo personajes como Primo de Rivera o Ledesma Ramos. El propio Gil Robles se vio fascinado por estos regímenes. El líder de la CEDA era conocido como el “Jefe”, en clara referencia a “Duce” o “Führer”. También el líder del monárquico Renovación Española, José Calvo Sotelo, fue acercándose paulatinamente a las posturas más extremistas.
La victoria de la derecha y su fascinación por el autoritarismo hizo poner en alerta al movimiento obrero.

Y llegó 1934

La llegada de la derecha al poder significó algunos retrocesos para la clase obrera. Los organismos de mediación laboral (Jurados Mixtos) comenzaron a funcionar mal. Cuestión que advirtieron los anarcosindicalistas en el primer bienio. Se comenceron a suceder distintas huelgas en algunos sectores (construcción, hostelería, etc.) al no cumplirse la legislación laboral.
Por su parte se fue produciendo una fascistización paulatina de algunos sectores de la derecha. La JAP (Juventudes de Acción Popular) comenzaron a organizar partidas con la intención de agredir a integrantes de la izquierda. Línea que también siguieron los nacientes falangistas y jonsista de José Antonio Primo de Rivera y Ramiro Ledesma Ramos. Esto llevó a la organización de grupos como las MAOC con la intención de defenderse ante los ataques derechistas. A pesar de ello los enfretamientos se produjeron. Numerosas reyertas y heridos, con el asesinato del estudiante falangista Matias Montero en febrero de 1934. Montero había protagonizado alguno de esos episodios de violencia y asalto a sedes.
Un acto de los japistas en El Escorial en abril de 1934 hizo movilizarse a las organizaciones obreras con el propósito de intentar prohibirlo. Pero hubo falta de coordinación entre las organizaciones de izquierdas, que ya están haciendo un llamamiento a una posibile unidad de acción.
Los enfrentamientos entre falangistas y socialistas fueron en aumento, con asaltos de integrantes del SEU a sedes de la FUE. Hasta que el 29 de agosto fue asesinado el socialista Joaquín de Grado que llevó a una condena unánime de toda la izquierda. Las huelgas que se suceden en Madrid durante el mes de septiembre tiene en las juventudes derechistas los mejores aliados de la patronal en esquirolaje y rompehuelgas.

La CEDA en el gobierno

Aunque la CEDA había sido el partido más votado en las elecciones de diciembre de 1933 el presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, no le encomendó la tarea de formar gobierno a Gil Robles. Se la dio a Lerroux. Sin embargo la crisis de gobierno que se desató el 4 de octubre de 1934, hizo que entrasen tres ministros de la CEDA al gobierno: Rafael Aizpún Santafé, José Oriol Anguera de Sojo y Manuel Giménez Fernández.
El clima que se vivía en Europa y la declaraciones y actos de algunos integrantes de la derecha hizo que el movimiento obrero tomara la determinación de ir a la huelga general.
En Madrid la huelga es convocada por el movimiento socialista. La CNT apoya la convocatoria pero no el contenido político que los socialistas le quieren dar. Por ello la CNT, la FAI y las Juventudes Libertarias constituyen un Comité Revolucionario. El PCE también se adhiere, aunque parte del movimiento comunista critica que los socialistas han convocado sin tener en cuenta la Alianza Obrera. Aunque como bien a demostrado Sandra Souto la Alianza Obrera no había fraguado en Madrid como se esperaba.
En palabras de la misma Sandra Souto esta huelga en Madrid fue la “huelga general más general de la historia de Madrid”. Todo parecía indicado para que el movimiento triunfase. Sin embargo las autoridades actuaron con rapidez. Destituyeron al Ayuntamiento del republicano Pedro Rico, clausuraron los centros obreros y detuvieron a los dirigentes políticos y sindicales. Incluso el Ateneo de Madrid fue clausurado. Grupos de jóvenes de extrema derecha actuaron de rompehuelgas. Y lo mismo que sucedió en Madrid sucedió en otros puntos de la provincia de Madrid y de España.
La falta de una coordinación general y un entendimiento entre las fuerzas obreras condujo al fracaso de la movilización. Sin embargo dos puntos tuvieron especial trascendencia: Cataluña y Asturias

El Octubre catalán

Desde la proclamación de la República los grupos más conservadores se opusieron a la idea de concretar un modelo autonómico o federal en España. La aprobación del Estatuto de Cataluña en 1932 no fue bien digerido por los sectores de la derecha política.
Cuando se produjo la victoria electoral de la derecha en 1933, la Generalitat temió que se produjera retrocesos en las medidas alcanzadas. Sin embargo el gabinete de Lerroux, a pesar de no ser muy amigos de la idea autonomista, no hicieron ninguna actuación contra el gobierno de Companys.
La llegada de la CEDA al gobierno cambio la situación pues era público que José María Gil Robles era un fuerte opositor al gobierno de la Generalitat. Con el inicio de la huelga general en el resto de Estado, Companys procedió a la proclamación del Estado catalán dentro de la República Federal Española entre el día 6 y 7 de octubre. El gobierno reaccionó suspendiendo al gobierno de la Generalitat, el Estatuto y en el encarcelamiento de Companys y del gobierno autonomista. Igualmente fue detenido el ex presidente del gobierno Manuel Azaña, que casualmente se encontraba en Barcelona en el entierro del ex ministro Jaume Carner.
El fracaso del movimiento en Cataluña se produjo porque no contó con el apoyo del movimiento obrero. La CNT, muy poderosa en Cataluña, no fue participe de la iniciativa del Companys. Desde la formación de la Generalitat los anarcosindicalistas entendían que la actitud de la misma hacía ellos fue hostil. Y no se sintió indentificada con un movimiento que tenía más de componente nacional que de clase. Por eso los libertarios se mantuvieron al margen.

Y en Asturias estalla la revolución

Fue en Asturias donde la alianza obrera alcanzó más extensión y donde la huelga general caminó por la vía revolucionaria. Mientras en el resto de España las fuerzas obreras no tuvieron una actitud de convergencia, en Asturias anarquistas, socialistas y comunistas tendieron a la unión. La CNT y la UGT se unieron. Los comunistas lo hicieron posteriormente, ya el 5 de octubre, sumándose también representantes del BOC, la IC y las dintintas juventudes. Fue la composición más unida de la Alianza Obrera. Sus funciones fueron básicas fueron:
1. Órgano de unidad de acción
2. Centro de propaganda unitaria y de unión entre las organizaciones obreras
3. Órgano de preparación e instrucción militar
4. Órgano de poder político y económico.
Todo dinamizado con el grito UHP (¡Uníos, Hermanos Proletarios!)
En la madrugada del 4 al 5 de octubre la Alianza Obrera convocó la huelga general y se preparó para la defensa ante las fuerzas del gobierno. Comienzan a proliferar comités revolucionarios por toda la región y junto a la defensa frente a guardias civiles y de asalto, comienza la organización política y económica. El avance de los revolucionarios llevó a situaciones como la posibilidad de la proclamación de la República socialista en Oviedo o el comunismo libertario en La Felguera y parte de Gijón. Lógico teniendo en cuenta que Oviedo fue siempre un bastión de los socialistas al igual que Gijón lo fue de los anarquistas. La actuación del SOMA-UGT y de la CNT fue destacada durante toda la revolución. Además la CNT asturianas, con personajes destacados como Eleuterio Quintilla o Ramón Álvarez fueron partidarios decididos de la unión obrera.
La reoganización de la vida en esos pocos días nos la trasmite el que fue director de Solidaridad Obrera Manuel Villar “Ignotus” en su libro El anarquismo en la insurección de Asturias:
En la barriada de El Llano se procedió a regularizar la vida de acuerdo con los postulados de la CNT: socialización de la riqueza, abolición de la autoridad y el capitalismo. Fue una breve experiencia llena de interés, ya que los revolucionarios no dominaron la ciudad. [...] Se siguió un procedimiento parecido al de Langreo. Para la organización del consumo se creó un Comité de Abastos, con delegados por calles, establecidos en las tiendas de comestibles, que controlaban el número de vecinos de cada calle y procedían a la distribución de los alimentos. Este control por calle permitía establecer con facilidad la cantidad de pan y de otros productos que se necesitaban. El Comité de Abastos llevaba el control general de las existencias disponibles, particularmente de la harina.” (Pág. 150)

Ante la dimensión del movimiento asturiano, las fuerzas gubernamentales utilizan aviación, marina y movilizan a los regulares de Marruecos. Algo que no había sucedido nunca. Porque el Ejército había intervenido en ocasiones para reprimir movimientos sindicales. Pero nunca se había producido desplazamiento de tropas de regulares, conocidas por su ferocidad, a los lugares de conflicto social. Cuestión que se repetirá en unos meses cuando se produjo el golpe de Estado contra la República en julio de 1936.
En los días que duraron los enfrentamientos las víctimas se contaron por centenares, sobre todo entre los revolucionarios. La superioridad militar de las fuerzas gubernamentales era evidente. Incluso importantes militantes como el socialista Bonifacio Martín o el libertario José María Martínez fueron asesinados en el trascurso de los combates. Otros asesinatos fueron elevados a la categoría mitos como el de la joven Aída de la Fuente.
Tras duros días de enfrentamiento todas las plazas de los revolucionarios fueron tomadas por la fuerza gubernamental. A la cabeza de las mismas estuvieron el general López Ochoa y Francisco Franco. La brutalidad de las fuerzas regulares contra los revolucionarios fueron denunciadas públicamente (vejaciones, violaciones, etc.). Esto provocó también una reacción por parte de los revolucionarios y se dieron algunos casos de violencia contra la Iglesia católica (se contabiliza unos 35 religiosos asesinados). Fueron los únicos casos de violencia anticlerical con muerte que se dieron durante el periodo republicano. Y solo se dieron cuando llegaron las noticias de las vejaciones que las fuerzas regulares estaban llevando a cabo contra la población asturiana. Algo similar a lo que había sucedido durante la Comuna de París de 1871.
Llegado el día 17 de octubre las fuerzas revolucionarias estaban completamente derrotadas. López Ochoa mandó el 18 de octubre unas condiciones de rendición a las fuerzas revolucionarias. Entrega de armas, rendición de diversos comités, respeto a la vida de los prisioneros en manos de los revolucionarios, etc. Por su parte el socialista Berlamino Tomás pidió que las fuerzas regulares y del tercio se retirasen de Asturias y no entrasen la zonas de la cuenca minera, para evitar casos de brutalidades como es que se había dado en Oviedo. López Ochoa accedió.
Se contabiliza unos 2000 muertos, de los cuales unos 1700 eran revolucionarios. Aunque otras fuentes hablan de hasta 4000 muertos entre las fuerzas revolucionarias. Unas 30000 personas fueron sometidas a juicios y muchas de ellas encarceladas. Una represión que extendió también sobre las cuencas mineras de Palencia y León. La liberación de los presos sería una de las promesas electorales del Frente Popular. Entre las condenas estuvo la pena de muerte contra el socialista Ramón González Peña.

Para la derecha política, que poco confiaban en la República, los sucesos de Asturias marcaron que solo en el Ejército podía salvar la situación. Aunque la idea de golpe contra la república estaba en la mente de muchos desde la propia proclamación, la revolución en Asturias en 1934 y la victoria del Frente Popular en febrero de 1936 aceleró la situación.
Para la izquierda la idea de uniíon circulo desde entonces por su mente. Si bien había algunos sectores de la izquierda que veían que era el momento de superar la propia estructura republicana. En esta linea se encontraria la izquierda socialista de Largo Caballero y el movimeinto libertario, si bien en julio de 1936, manteniendo sus postulados, se lanzaron a la calle contra el golpe a la República y la afianzaron con su participación durante la Guerra Civil.
Sobre si lo de Asturias fue un golpe de Estado o no, hay mucha literatura al respecto. Octubre de 1934 fue una huelga general que fracasó. Huelga general convocada por el movimiento obrero al considerar un peligro la entrada de la CEDA en el gobierno. Una huelga general que no se puede disociar del contexto europeo. En Asturias la huelga general caminó por senderos revolucionarios. Para ver la trascendencia internacional uno de los lemas de Asturias fue “Más vale Viena que Berlín”, intentado plasmar que había que combatir como lo habían hecho los trabajadores austriacos contra Dollfuss que perecer en silencio como había sucedido con los trabajadores alemanes por Hitler. Los mineros y trabajadores asturianos creían en una república. Pero no querían un viraje autoritario como se estaba produciendo en Europa. Ahí se entiende la revolución asturiana. Nada que ver con el golpe de Estado que en julio de 1936 un grupo de militares dio de forma premeditada contra la República. Este tipo de comparaciones no tienen fuste historiográfico, tan solo un trasfondo político de intento de reparto de responsabilidades imposibles.



lunes, 29 de septiembre de 2014

Que lo sepan ellos y no lo olvidemos nosotros. El inverosímil verano del 36 en Cataluña

Reseña del libro de Miquel Izard publicado en Germinal. Revista de Estudios Libertarios
Que lo sepan ellos y no lo olvidemos nosotros. El inverosímil verano del 36 en Cataluña (Virus, Barcelona 2012) 387 páginas.

A pesar de la mala suerte historiográfica que ha tenido el anarquismo a la hora de ser abordado, hay zonas de España que han sido objeto de una gran cantidad de trabajos acerca del desarrollo del mismo y del proceso revolucionario que se gestó entre 1936-1939. Cataluña, Levante y Aragón son zonas que, debido a la importancia del movimiento anarquista, han proliferado mayor número de estudios.
Si camináramos por una librería y viéramos este título que aquí reseñamos podríamos pensar que es uno más en la larga lista que trata la Guerra Civil y la Revolución en Cataluña. Pero sin embargo el libro de Miquel Izard tiene algo que lo hace distinto al resto.
Lo primero que habría que destacar es el propio autor. Si por algo se ha distinguido Miquel Izard a lo largo de su trayectoria profesional es por ser un reputado americanista. Un cuidadoso investigador de la esclavitud y la rebelión contra el colonialismo en América. Puede ser una de las personas que más haya investigado a las sociedades de los cimarrones, la relación entre los esclavos y los negreros, etc. Algo a lo que dedicó la gran parte de su vida académica. Pero también ha sido un investigador de los orígenes del industrialismo y de la respuesta revolucionaria que los trabajadores dieron al capitalismo.
Pero como el propio Miquel Izard ha expresado, una vez que sus tareas académicas no fueron tan exigentes ha podido dedicar tiempo a investigar algo que le apasionó desde siempre. Lo que sucedió en Cataluña en el verano de 1936. Lo que los trabajadores consiguieron al frenar la sublevación militar de julio de ese año. Y el producto de esa investigación es la obra Que lo sepan ellos y no lo olvidemos nosotros.
La obra que nos presenta Miquel Izard esta muy bien estructurada. Lo primero porque explica perfectamente los antecedentes del proceso revolucionario de 1936. Sería imposible entender lo que sucedió en el verano de aquel año si no se tiene en cuenta la importancia del movimiento obrero organizado, mayoritariamente anarquista. Ese movimiento obrero que había conseguido fraguar toda una cultura política y social se presentó en ese verano de 1936 como una de las fuerzas no solo con capacidad para derrotar la sublevación contra la República y el avance revolucionario sino también para construir un modelo de sociedad distinto. Es la razón que explica que una vez sofocada la sublevación en Barcelona (como en otros puntos de España) la clase obrera tuviese una capacidad organizativa de reconstrucción, de defensa y de nuevo orden social.
Otro mérito de esta obra es que Izard rompe con la visión general de la historia del obrerismo, de presentar un movimiento obrero bueno, representado por socialistas y también en gran medida por comunistas, frente a un movimiento obrero malo representado por el movimiento libertario. Maniqueísmo que leyendo las páginas de la obra de Izard cae por su propio peso al comprobar que los trabajadores libertarios eran cualquier cosa menos desorganizados.
El introducir la palabra “olvido” en el título no es para nada baladí. Porque para Izard el olvido sobre lo sucedido en aquel verano de 1936 en Cataluña ha sido completamente intencionado. Fue provocado por la represión franquista. Una represión de corte inquisitorial. Una dictadura forjada en el terror que impuso un manto de olvido sobre el anarquismo. Pero ese olvido también fue provocado por una historiografía distorsionada que como la liberal o la marxista tendieron a olvidar igualmente la capacidad organizativa de los trabajadores.
Hay dos cuestiones que destacaría de este libro:
-La primera son los ejemplos que pone Izard para ejemplificar la capacidad constructiva de la clase obrera. No son grandes estructuras como nos ofrecen otras obras. Son pequeños ejemplos, minúsculos martillazos sobre lo que sucedió en distintos lugares. Esto hace que al dejar a un lado los grandes debates del obrerismo en aquel momento, nos haga tener una idea más cercana de cómo se desarrollaron realmente los acontecimientos.
-La segunda es el tratamiento que da a la represión en la retaguardia republicana. Con un estilo sencillo, Izard rompe los lugares comunes que ponen al movimiento libertario como el vector fundamental de la represión. Es común culpar al anarquismo de los hechos delictivos y de la represión. Pero Izard nos acerca a casos y contrarresta toda una historiografía que ha surgido en este sentido.
La parte que menos me ha gustado, y que menos justicia le hace a la obra, es el prólogo que se ha incluido (por lo tanto nada que ver con el autor). En él se intenta mostrar una revolución catalana separada de la revolución española. Una visión que está encontrando acomodo en muchos sectores y que está sirviendo para desfigurar igualmente el proceso revolucionario del verano de 1936. Porque ese proceso no fue exclusivo de Cataluña. En Levante y en Aragón también se desarrolló. Pero en diversas zonas de las Castillas, en Andalucía, etc., también. Porque el sujeto revolucionario no lo marcó la nacionalidad sino la condición de clase. Fue una revolución impulsada por la clase obrera. Si negamos esta cuestión estaremos estableciendo un debate que no existió en la época. Estaremos desgajando un movimiento como el anarquista que si se caracterizó por algo fue por su componente internacionalista. Y porque era un movimiento articulado a escala nacional. Lo que sucedió en Cataluña ese verano no se diferenció mucho de las colectividades que se desarrollaron en Cuenca o en Madrid.
Una obra la de Izard que con un estilo sencillo nos muestra la dimensión que significó la revolución de 1936. Que rompe con muchos tabúes y lugares comunes. Una obra que tiene al movimiento libertario como actor principal y que le ha sucedido otra que narra los últimos quince días de guerra en Cataluña con el título Entre la ira, la inquietud y el pánico (Plataforma Historia, Barcelona 2012), también altamente recomendable.

lunes, 15 de septiembre de 2014

LOS ANARQUISTAS ANTE LA GRAN GUERRA

Artículo publicado en el último número del periódico CNT. Seguimos con la Primera Guerra Mundial

Los disparos de Gavrilo Princip que acabaron con la vida del archiduque Francisco Fernando el 28 de junio de 1914 iban a variar muchas cosas. No solo iba a ser el pistoletazo de salida para una de las guerras más crueles de la historia (algo que las crisis balcánicas y del norte de África ya apuntaba), donde se conjugó los modelos de guerra tradicional hasta entonces (el cuerpo a cuerpo) con una guerra de posiciones y desgaste con material bélico sofisticado, el inicio de la guerra aérea y de la guerra química. La Primera Guerra Mundial también significó un profundo debate en el seno del movimiento obrero internacional y, como no, en el anarquismo. Una encrucijada en la que se vio el movimiento obrero del que iba a salir con otra fisionomía.
El socialismo internacional, salvo excepciones, se posicionaron con sus respectivos países durante el conflicto. La socialdemocracia alemana que tenía una importante fuerza en el movimiento obrero, no dudó en votar a favor de los créditos de guerra. Le siguió los pasos el socialismo del Imperio Austro-Húngaro. Muchos más críticos fueron los socialistas italianos y franceses. Los italianos en un principio condenan la guerra, pero pronto un grupo se desgaja apoyando la intervención italiana en el conflicto. Entre ellos se encontraba un personaje, Benito Mussolini, que fundó un periódico, Il popolo d'Italia y hace concebir el embrionario fascismo. Los franceses por su parte tuvieron en la figura de Jean Jaurès el mejor opositor a la guerra. Pero el asesinato de éste por el ultranacionalista Raoul Villain el 31 de julio de 1914 enterraba el posicionamiento de este sector del socialismo francés. La constitución de un gabinete de concentración nacional en Francia contó con el apoyo de los socialistas que tomaron varios ministerios. En el caso español, ante la neutralidad del país, el socialismo aunque crítico la guerra mostró inclinación por los aliados, a los que consideraba defensores de la democracia frente al autoritarismo de los imperios centrales. Quizá fue el socialismo ruso quien sacó mejor partido, ya que su táctica de oposición a la guerra les llevó al triunfo de la Revolución en 1917 y a la toma del poder por parte del Partido Bolchevique.

¿Y el anarquismo?

El movimiento anarquista había sido muy claro en sus posturas desde sus orígenes ante la guerra. Consideraba como una herramienta más de Estados y capitalistas, los anarquistas se opusieron a cualquier tipo de conflicto que enfrentara a pueblos y trabajadores. La guerra era la social, entre explotadores y explotados. Unos posicionamientos que quedaron reforzados tras la Congreso de Ámsterdam de 1907 y donde se vislumbraba ya el horizonte que se teñía sobre Europa.
Sin embargo la Primera Guerra Mundial si generó un pequeño debate en las filas libertarias, pues alguno de los pensadores más destacados del anarquismo mantuvieron posiciones distintas a las defendidas hasta el momento. Si para la inmensa mayoría del movimiento libertario internacional la guerra seguía siendo una herramienta al servicio del poder, para personajes como Kropotkin, Malato o Cornelissen, la situación era distinta. Sobre todo fue Kropotkin quien inició una fuerte campaña en favor de las potencias aliadas. En una carta dirigida a James Guillaume en septiembre de 1914 Kropotkin hace una disertación sobre la brutalidad de los imperios centrales y la necesidad de apoyar a los aliados como única salida para conquistar el socialismo. Kropotkin incluso llegó a escribir en La Bataille Syndicaliste que la oportunidad para el socialismo era inmejorable, incluso haciendo alusión que si Marx quería que triunfase el “socialismo alemán” ellos tendría que luchar por la necesidad de triunfo del “socialismo francés”. 

No dejó de causar consternación en el entorno anarquista que una personalidad de la influencia de Kropotkin se posicionase así. Pero lejos de generar un debate extenso en el movimiento libertario las voces anarquistas fueron contrarias a la guerra. Además personalidades de la talla de Errico Malantesta o Emma Goldman tuvieron brillantes intervenciones contra el conflicto bélico. En marzo de 1915 se emite un comunicado firmado por personajes como Alexander Berkman, Errico Malatesta, Ferdinand Domela Nieuwenhuis, Emma Goldman, Alexander Shapiro o Pedro Vallina, donde se condena la guerra, el capitalismo y el Estado. Los enemigos no son los pueblos sino aquellos que ordenaba a los trabajadores matarse entre ellos por objetivos que les eran ajenos. Así lo expresa en un momento del comunicado: “La propaganda y la acción anarquista deben dirigirse con preferencia a debilitar y desintegrar los diversos Estados, a cultivar el espíritu de rebeldía y a desarrollar el descontento en los pueblos y los ejércitos. A los soldados de todos los países que combaten por la justicia y por la libertad, debemos explicarles cómo su heroísmo y su valor no servirán más que para perpetuar el odio, la tiranía y la miseria. A los obreros de las ciudades, debemos recordarles que el fusil que hoy empuñan sirvió otras veces para fusilarlos en ocasiones de huelga y de legítima revuelta, y que una vez la guerra concluya se volverá contra ellos para obligarlos a sufrir la explotación. A los campesinos, mostrarles que después de la guerra se verán forzados a encorvarse otra vez bajo el yugo para labrar las tierras de sus señores y alimentar a los ricos. A todos los parias, que no deben soltar sus fusiles sin haber ajustado cuentas con sus opresores y tomado posesión de los campos y las fábricas. A las madres, compañeras e hijas, víctimas de la miseria en exceso y de las privaciones, decirles quiénes son los verdaderos responsables de sus dolores y del asesinato de sus padres, hijos y maridos.”
Por su parte, en febrero de 1916 el reducido grupo de anarquistas “aliadófilos” firman un manifiesto donde responsabilizan de todo al Imperio Alemán. Es el conocido como “Manifiesto de los 16”, que tuvo una influencia escasa y que tuvo una respuesta de Errico Malatesta en Freedom, acusándolos de “anarquistas pro-gobierno”.

El anarquismo español ante la guerra

España permaneció neutral durante la Gran Guerra si bien las industrias de guerra generaron un enorme beneficio a la clase capitalista del país que se lucró con la venta de armamento de forma oficial a los aliados y de forma soterrada a los imperios centrales. Este beneficio económico no repercutió en una mejora para la clase obrera cuyas condiciones fueron cada vez peor y se generó todo un ciclo de fractura social y movilización.
Cuando estallo la Guerra Mundial la CNT volvía a la legalidad tras tres años proscrita. Y curiosamente volvía con más militantes que cuando fue ilegalizada por el gobierno. Y aunque el sindicalismo revolucionario francés estuvo en su mayoría por la paz, fue la CNT la única organización del movimiento obrero que se opuso en bloque al conflicto bélico.
Aunque en España también hubo algún debate entre anarquistas pacifista y anarquistas “aliadófilos”, lo cierto es que los primero tenían aplastante mayoría. Tan solo la voz solitaria de Ricardo Mella apoyó las tesis de Kropotkin que en España no tuvieron la más mínima influencia.
Incluso fue en España donde se organizó y desarrolló un Congreso Internacional por la Paz en la ciudad de Ferrol los días 29 y 30 de abril de 1915. La organización del Congreso la asumió el Ateneo Sindicalista de Ferrol destacando la figura de José López Bouza,. El congreso estaba asumido e impulsado por la CNT y contó con el apoyo de las figuras más importantes del momento: Eusebio Carbó, Ángel Pestaña, Antonio Loredo, Mauro Bajatierra, etc. Al mismo estaban convocados diversos organismos y personalidades internacionales. La prensa anarquista española y portuguesa se hicieron eco del evento desde meses antes.
Pero el gobierno español prohíbe la celebración del mismo, al que considera una reunión de “peligrosos anarquistas”. Aun con todo se celebraron dos sesiones, donde participaron delegados españoles, portugueses y franceses. Al congreso se adhieren organizaciones y personalidades anarquistas de Gran Bretaña, Francia, Italia, Argentina, Brasil, etc. La policía procede a la detención y expulsión del país de los delegados extranjeros. La paz fue el tema principal así como la necesidad de organización de una Internacional anarquista y de la reorganización de la CNT. Se tomó el acuerdo de que si España decidiese entrar en Guerra se convocaría una huelga general.
Poco más dio de sí dicho congreso, si bien las consecuencias del mismo marcó el devenir del movimiento libertario. Apenas un año después la CNT y la UGT llegan a un acuerdo por las condiciones de la clase obrera y deciden ir a la huelga. Huelga que se convierte en revolucionaria en agosto de 1917 y que tiene los ecos de la Revolución rusa de fondo.
La fractura social que generó el final de la guerra y las carestías generadas a la clase obrera fue el inicio de un ciclo huelguístico que tiene en la huelga de la Canadiense de 1919 y la conquista de las ocho horas de trabajo el punto álgido.
La guerra finalizó en 1918 y durante años se debatieron los tratados de paz. El mapa del movimiento obrero internacional había variado. El socialismo se había roto y había surgido un nuevo actor, el comunismo. El anarquismo, a pesar de alguna excepción, se había mantenido firme respecto a la guerra. Fue el triunfo de la Revolución rusa lo que generó mayor debate en el seno del anarquismo. Pero es otra historia.


jueves, 4 de septiembre de 2014

EL COLOFÓN INESPERADO DE UNA GRAN TRAYECTORIA Julio Aróstegui Sánchez. Largo Caballero. El tesón y la quimera (Debate, Barcelona, 2013)

Hace tiempo que escribí esta reseña para la revista Germinal. Revista de Estudios Libertarios sobre la la última obra de Julio Aróstegui Sánchez Largo Caballero. El tesón y la quimera. Un homenaje para este gran historiador. Como Germinal es una revista especializada en cuestiones del movimiento libertario se ha destacado la parte de la obra que trata precisamente el movimiento libertario

Tengo que reconocer la desazón que me provoca escribir estas líneas. Y las razones son estrictamente personales. Conocía a Julio Aróstegui en trato personal desde hacía bastantes años. Tanto que en un momento dado se me ocurrió pedirle que dirigiera mi tesis doctoral sobre el movimiento obrero en Alcalá de Henares. Todavía recuerdo aquella petición. Y con esa amabilidad que le caracterizaba me citó para otro día (estábamos entonces en congreso) para charlar del asunto.  Cuando le expuse el trabajo no dudó en dirigirlo. Le presenté documentos en bruto e ideas aproximadas sobre lo que quería. Aróstegui me hizo trabajar duro y perfilar lo que fue el trabajo de tesis. Desgraciadamente ese empeño que puso en la misma no lo pudo ver materializado. Tres días antes de la lectura Aróstegui fallecía de forma casi repentina. Y con su fallecimiento la historiografía dejó un hueco que va a ser difícil (por no decir imposible) poder rellenar.
Cuando me pongo a escribir esta reseña de su último libro, recuerdo las largas conversaciones que mantenía con él. De Aróstegui se puede destacar varias cosas. A nivel profesional estamos ante uno de los mejores conocedores del carlismo, su tema inicial de investigación. De hecho su tesis doctoral es sobre el carlismo en Álava (1870-1876). Pero después se acercó a la España de la década de 1930, al estudio pormenorizado de la Segunda República española, de la Guerra Civil, del desenvolvimiento del movimiento obrero en ese contexto y de la represión franquista. Libros como La Junta de Defensa de Madrid: noviembre 1936-abril 1937 escrito junto a Jesús Martínez, Por qué el 18 de julio...  y después, La república de los trabajadores: la Segunda República y el mundo del trabajo, Guerra Civil: mito y memoria, Franco: la represión como sistema etc. Algunos en solitario, otros en conjunto, algunas como coordinador, etc. Incluso hizo incursiones en la figura de Juan de Borbón y también sobre la Transición en España. También fue autor de manuales de historia para poder preparar las asignaturas. 
Pero no solo destacó Aróstegui en la recuperación de la historia con obras monotemáticas sobre sus temas de investigación. Julio fue también un teórico de la historia y el método de la misma. Aquí hay que destacar su magnífica obra La investigación histórica: teoría y método. Incluso en los últimos tiempos, y junto a su equipo de investigación, se hicieron estudios sobre cuestiones de genocidio, prácticas genocidas e imposición por el terror. Seminarios interesantísimos impulsados desde la Cátedra de Memoria Histórica del siglo XX que el mismo dirigía. Toda una vida dedicada a la historia y a la historiografía. Muchos son los nombres de grandes historiadores que han trabajado los mismos temas (Paul Preston, Gabriel Cardona, Ángel Viñas, Anthony Beevor, etc.), pero el de Julio Aróstegui destaca con diferencia. Él ha sido el mejor representante de una corriente historiográfica iniciada por Manuel Tuñón de Lara que se fue perfeccionando con el paso de los años.
Pero junto a esta faceta profesional de gran relieve había una parte de Julio menos conocida. La faceta humana. Bien podría haber sido un típico profesor que marca distancia con el que tiene enfrente. Pero Aróstegui era ante todo un maestro. Maestro porque tenía muy claro que los conocimientos son para extenderlos. Y cuando hablabas con él lo hacía de igual a igual. La razón es simple. Quien conoce bien la profesión de profesor, de enseñante, sabe que lo mismo puedes enseñar que puedes aprender. Quien no tiene claro eso no va a ser nunca buen profesor. Y Julio enseñaba y aprendía. Con el “Don” que nos ponía a cada uno delante del nombre para no hacer de menos a nadie. Julio era un gran profesional cuando le escuchabas en sus cursos. Pero era también una gran persona cuando te tomabas un café o un refresco con él y hablabas de forma mas distendida.
Todas estas razones son las que llevaron a hacerle dos homenajes en vida. Uno patrocinado por AMESDE. Un documental con testimonios de los más cercanos amigos y colaboradores de Julio. Y un libro excepcional con el título El valor de la historia. Homenaje al profesor Julio Aróstegui tras el homenaje tributado en 2009. Porque el legado de Aróstegui es muy amplio. Como dijimos Sergio Gálvez Biesca y yo mismo en el obituario que hicimos para el periódico El Mundo, Aróstegui ha sido maestro de dos generaciones de historiadores. Y eso no todos lo pueden decir.
Y es que el repentino final de Julio Aróstegui vino precedido unos días antes de la salida a la  luz de su última obra: Largo Caballero. El tesón y la quimera. Una figura la del líder de la UGT y del PSOE que no era nueva en el trabajo del profesor Aróstegui. En 1990 había publicado la obra Francisco Largo Caballero: la última etapa de un líder obrero (Fundación Francisco Largo Caballero, Madrid, 1990). Y con la reedición de las obras completas de Largo Caballero que Aurelio Martín Nájera estaba llevando a cabo, Aróstegui también tuvo un papel destacando presentando algunos de los volúmenes. 
Era una figura en la que llevaba trabajando desde hacía mucho tiempo. Y se convierte con ello en el mejor conocedor de su figura, superando a todos estudios anteriores sobre la misma (escasos, por otra parte). 
Francisco Largo Caballero fue la generación intermedia de militantes obreros entre los iniciadores de la andadura de la Internacional en España (Anselmo Lorenzo, Pablo Iglesias, Tomás González Morago, Francisco Mora, etc.) y la generación que se fraguó durante la Segunda República. Nacido en el madrileño barrio de Chamberí fue un obrero concienciado de su clase desde muy temprano, adquiriendo el trabajo de estuquista (muy especializado para la época y tras pasar por otros empleos) y afiliándose a la Unión General de Trabajadores en 1890 y a la Agrupación Socialista Madrileña en 1894. Era Largo Caballero un obrero alejado de la formación intelectual, aunque quedó constancia de su lectura a Marx y los marxistas. Seguidor de Jules Guesde, Aróstegui lo pone como el mejor continuador de la tradición pablista en el seno del socialismo. Es decir, tener una visión societaria y obrerista de la organización. Y aquí Aróstegui rompe con la tradicional visión que se ha tenido al respecto de poner a Julián Besteiro como el mejor continuador de Pablo Iglesias. No es Besteiro sino Caballero ese mejor continuador. Aróstegui define a Caballero a la perfección como “Societario, sindicalista y reformista”, poniendo al sindicalismo como un molde esencial para fijar la conciencia obrera.
Largo Caballero tuvo en sus manos casi todos los cargos de las organizaciones socialistas y muchas responsabilidades de representatividad. Su participación en el Instituto de Reformas Sociales, su concejalía en Madrid en 1905, sus cargos en el PSOE y la UGT, su acta de diputado en 1918, su cargo de Consejero de Estado durante la dictadura de Primo de Rivera, Ministro de Trabajo durante el primer bienio republicano (con todas las leyes que puso en práctica), presidente del gobierno durante la Guerra Civil, etc. Todo esta relatado a la perfección por Aróstegui en un minucioso trabajo de investigación sobre su figura.
Pero si algo interesa es la relación que Largo Caballero tuvo con el movimiento libertario, al ser uno de los máximos dirigentes de la otra pata del movimiento obrero español que rivalizó con el anarquismo. Largo Caballero buscó desde 1916 la unidad del proletariado español. La búsqueda de unificación fue uno de los grandes temas. Pero es una unificación complicada. Se llegó a los pactos de 1916 y de 1917. Largo Caballero habló e intercambió correspondencia con la CNT y con los representantes del anarcosindicalismo (Salvador Seguí, Salvador Quemades, Ángel Pestaña, Manuel Buenacasa, etc.). Todo en medio de una crisis política y económica que azotaba al país, que ponía la unidad sindical como parte fundamental de la transformación. Fue el momento en el que el propio Largo Caballero fue nombrado Secretario General de la UGT. Cargo que ostentó durante 20 años. Una búsqueda de unidad de la que tampoco fue ajena la propia CNT, que ya en su Primer Congreso ordinario en 1911 aprobó un dictamen en esa línea y que en 1936 tras el Congreso de Zaragoza volvió a reiterar y perfeccionar.
La crisis de 1918 y la ofensiva patronal contra el movimiento obrero (sobre todo contra el anarcosindicalismo) hizo que Largo Caballera denunciara en la OIT esa persecución delante de los líderes del sindicalismo socialdemócrata.
Las distintas visiones sobre la utilización de la huelga general siempre fueron fundamentales para cualquier pacto UGT-CNT. A pesar de ello en 1920 se llegó a un pacto de mínimos entre ambas organizaciones que duró poco. Solo tras el fracaso de este pacto y el problema generado por los terceristas en el seno del movimiento socialista se puede hablar abiertamente de la corriente caballerista en el socialismo.
Para profundizar en estos aspectos y ver la visión que Caballero tuvo de todos estos procesos, junto al libro de Aróstegui, se puede también consultar la propia obra de Largo Caballero Presente y futuro de la Unión General de Trabajadores escrito en 1925.
Cuando ya durante la Segunda República Largo Caballero alcanzó el Ministerio del Trabajo, la polémica con la CNT estuvo servida. No por lo que se podía entender como una política de beneficio de la UGT sobre la CNT, al ser el Secretario General de la primera el propio ministro, sino por las propias políticas que desde el Ministerio hizo Largo Caballero. Caballero pretendió desarrollar todo un programa político que llevase el mundo el trabajo al corazón mismo del Estado. El desarrollo de leyes garantistas que no fueron del agrado de todo el mundo. El empresariado porque las consideró un peligro y una antesala de la pérdida de sus derechos. Y para los anarcosindicalistas medidas insuficientes que no abordaban los problemas reales de la clase obrera.
Sin embargo, a pesar de todo ello, Largo Caballero nunca fue un entusiasta de la República burguesa. Como marxista y seguidor de Pablo Iglesias, la democracia burguesa daba de sí hasta cierto punto y una vez amortizada había que buscar la transformación. Es la razón por la que Largo Caballero se alejó en aquellos momentos de los republicanos burgueses y optó por una vía más revolucionaria para perfeccionar la República. Y eso teniendo siempre como meta la unificación del proletariado, de las fuerzas obreras. Y Aróstegui demuestra perfectamente como el socialismo se vio embarcado en un proceso del que no estaba preparado y del que por su trayectoria no estaba capacitado. Había surgido el mito del “Lenin español” que Aróstegui coloca por primera vez en un mitin en Azuaya (Badajoz) en 1933 y que después fue fomentado de forma interesada por sectores ajenos al propio caballerismo. Para Aróstegui la pretensión de Largo Caballero de conseguir una República socialista en octubre de 1934 era una de las quimeras del dirigente socialista.
Aun así la unidad del proletariado estuvo siempre en el primer punto de su agenda. Tras el fracaso de Octubre, el besteirismo salió derrotado del seno del socialismo. Y la disputa se centró entre prietistas y caballeristas. Fue un momento en el que los caballeristas tuvieron acercamientos a los comunistas en lo político y siempre mirando a los cenetistas en lo sindical. La alianza electoral que se propuso desde la izquierda para poder concurrir a las elecciones de febrero de 1936 fue aceptada por Largo Caballero pero siempre con el componente de la petición de amnistía, nunca con la idea de volver a formar parte de un gobierno con los republicanos. Estos debates rompieron al socialismo, que en vísperas del golpe de Estado estaba seriamente erosionado.
En la campaña electoral Largo Caballero dio un apoyo a la coalición pero bajo un programa de mínimos y dando instrucciones de gobernabilidad a los republicanos, nunca con la participación obrera en el mismo. Aquí nos encontramos con una de las grandes aportaciones de Aróstegui a la figura de Caballero. Con documentos y datos en la mano desmitifica la idea de un Caballero “guerracivilista” que tanto ha fomentado la historiografía derechista y parte de la liberal. También en la no elección de Prieto como presidente del gobierno en el momento que eligieron a Casares Quiroga y por el cual siempre se responsabilizó a Caballero.
Hasta el estallido de la Guerra Civil los grandes temas de debate en la Ejecutiva socialista fueron la unificación del proletariado (PCE, JSU y CNT) y la Revolución social como composición finalista.
El inicio de la Guerra Civil cambió la posición de Largo Caballero que comenzó a buscar la formación de un Frente Popular antifascista. Desde muy temprano hubo sectores del antifascismo que acusaron a la UGT y a la CNT de pretender un golpe de fuerza para hacerse con el control de la situación. Sin embargo Aróstegui demuestra completamente que esto no fue así.
Con la formación del gobierno de Largo Caballero en septiembre de 1936, por primera vez en la historia accedieron al mismo los comunistas. Y Largo Caballero vio fundamental la participación de la CNT. El anarcosindicalismo ya participaba en el gobierno de la Generalitat de Cataluña. Al principio fueron partidarios de entrar en el gobierno de Caballero. Luego dieron respuesta negativa y propusieron la creación de un Consejo Nacional de Defensa formado por organizaciones antifascistas. Finalmente el 5 de noviembre de 1936 la CNT entró a formar parte del gobierno con cuatro ministros. La unidad antifascista estaba conseguida, pero su base fue realmente débil. Caballero nunca tuvo un gobierno fácil. Los comunistas insistían en su permanencia al frente de la Presidencia pero dejando la dirección de guerra en el Ministerio. Un extremo que no contemplaba Caballero, pero que se afianzó con las pérdidas de Toledo y Málaga a pesar de las victorias en Jarama y Guadalajara.
Pero esta unidad antifascista vino también acompañada de un intento de Largo Caballero de frenar las experiencias colectivistas de la retaguardia, defendidas sobre todo por los anarquistas. Este extremo le enfrentó en parte al movimiento libertario mientras los comunistas decían que no actuaba con la suficiente contundencia. A pesar de ello, con la crisis de gobierno la CNT fue la más defensora de la continuación de Caballero al frente del mismo.
La crisis de mayo de 1937 fue entendida por Largo Caballero como un problema de orden público en Cataluña. Algo que demostraba la poca visión que Caballero tuvo sobre el problema. Además se unió en un momento donde había un claro divorcio de Caballero con los comunistas y con los diplomáticos soviéticos. Algo que completaba la propia división del socialismo donde las figuras de Prieto y de Juan Negrín (Ministro de Hacienda en el gobierno caballerista) fueron opositores al propio presidente. Aun así Caballero fue firme cuando se le planteó la ilegalización del POUM. Ninguna organización obrera iba a ser ilegalizada mientras él fuera presidente. Todos estos acontecimientos fueron malformados con el paso del tiempo, tal como también demuestra Aróstegui.
La caída de Caballero del gobierno fue el principio del fin del caballerismo. Siguió buscando la unidad sindical llegando a acuerdos con la CNT. El caballerismo controlaba la Agrupación Socialista Madrileña (ASM) y muchas sociedades de la UGT.  El pacto con la CNT era fundamental para seguir manteniendo el control de la economía de retaguardia como baluarte de las propias disputas entre antifascistas. Pero sin embargo este acuerdo llegó en el peor de los momentos pues la UGT estaba seriamente erosionada. A partir del otoño de 1937 la UGT tuvo dos ejecutivas, una dirigida por Caballero y otra disidente dirigida por González Peña y Rodríguez Vega. A pesar de todos los intentos orgánicos de deshacerse de los disidentes, el caballerismo quedó derrotado. Solo la ASM tuvo un papel importante hasta el final de la Guerra y participó en el movimiento de Casado de marzo de 1939. Pero Caballero ya no tuvo un papel fundamental hasta el final del conflicto.
El exilio fue la parte más trágica para Largo Caballero. Su partida a París, sus intentos infructuosos de llegar a México y las múltiples idas y venidas lo caracterizaron. A punto estuvo de ser extraditado a España en una petición conjunta de las autoridades franquistas junto a Federica Montseny. La suerte de ambos era clara: sus ejecuciones como había sucedido con Luis Companys o Juan Peiró. Finalmente la orden de extradición no se aprobó. Pero la parte más dura fue su captura por los nazis y su internamiento en el campo de concentración de Sacheshaussen en 1943 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Un hecho que terminó por deteriorar la ya de por sí débil salud de Caballero.
En los últimos momentos de su vida Caballero debatió y opinó sobre la unidad de las fuerzas antifascistas en el exilio, donde dio un giro respecto a su posición respecto a los comunistas y consideró necesaria su participación. No vio con buenos ojos la constitución del gobierno de la República en el exilio, considerándolo más una rémora, y defendió la posibilidad de un plebiscito en España para expulsar a Franco y a los falangistas del poder. Incluso llegó a hablar de manera informal con algún monárquico sobre el tema. En un momento donde las tendencias del socialismo desaparecieron y el único problema fue el negrinismo, Caballero se acercó a Prieto, coincidiendo en muchos aspectos.
Una intensa actividad junto a su más fiel seguidor, Rodolfo Llopis, y el distanciamiento de otros, como Luis Araquistain. Cuestiones a debate que no dejaron de tener polémicas posteriores a su muerte ante posibles manipulaciones de terceros poniendo en boca de Caballero cuestiones que ya no había tratado. 
Su vida se extinguió el 23 de marzo de 1946 en París, tras unas complicaciones renales que le llevó incluso a perder una pierna días antes. Su entierro fue una gran manifestación de duelo de todo el obrerismo. Representantes de todas las organizaciones del exilio y del obrerismo francés hicieron acto de presencia. Su  muerte fue un punto de inflexión en el movimiento obrero socialista.

Nos encontramos ante una de las biografías más acabadas de un personaje político de la edad de oro del movimiento obrero español. Una prosopografía, la historia del personaje en su época. Y Largo Caballero es uno de esos personajes. Su relación con el movimiento libertario es secundaria en el libro, pero importante en la búsqueda de unidad del movimiento obrero. Julio Aróstegui ha puesto el mejor colofón, inesperado, a su gran trayectoria como historiador y formador de historiadores. Una obra maestra y de amplio calado. Julio, gracias por haber existido.

Julián Vadillo Muñoz