miércoles, 20 de enero de 2016

Atrapado en Belchite

Siempre me ha parecido un error considerar al cómic como un género menor para trasmitir la historia. Nos quejamos continuamente que la gente no tiene interés por la historia y que hay una dejadez total respecto a la materia. Pero en ocasiones esa dejadez es compresinble viendo los libros y artículos que se hacen. Obras que tienen un circuito muy acotado (el académico) y que están escritos por y para investigadores. Los que nos dedicamos a la investigación o nos gusta hacer investigación agradecemos estas publicaciones. Pero tenemos la cuenta pendiente de poder conectar con el gran público. Algo que los publicistas de derechas si que han conseguido a la perfección. No hay más que dar una vuelta por las grandes librerías de este país y comprobamos cuales son los libros que están expuestos.
Sin embargo una buena forma de acercarnos a la historia de forma amable y sencilla son los cómic. El pasado diciembre regalé a mi sobrino el cómic de Rubén Uceda El corazón del sueño, que narra la historia de los anarquistas en los primeros momentos de la Guerra Civil y la Revolución de 1936.
Pero también he recibido un regalo. El cómic de Sento Atrapado en Belchite, segunda entrega de la historia del médico Pablo Uriel. En esta ocasión como este médico, de ideología contraria al bando que le tocó combatir, pide ir al frente y acaba en el pueblo de Belchite durante el asedio de las tropas republicanas. Una buena manera de acercarse a la historia de este pueblo, de esta batalla y de todo lo que le rodea. Y se hace de una forma sencilla y amena. Un buen ejemplo para poder tomar contacto con algo como la Guerra Civil y a partir de ahí ir creciendo en conocimientos.
Atrapado en Belchite muestra la crueldad de la guerra. La cerrazón de aquellos que dieron un golpe de Estado. Pero también las amistades que surgen en un contexto complicado como una guerra y la pérdida de amigos. Pablo Uriel, a pesar de haber sido militante de la FUE, se muestra como un profesional. Así lo dejó constatado en su obra autobiográfica. Y así lo refleja a la perfección Sento.

 Una vez más se muestra al cómic como un vehículo válido para trasmitir la historia. Recomendable esta obra de Sento, la segunda en la saga de Pablo Uriel. Esperamos la tercera, como ya avisa en este volumen. 

jueves, 14 de enero de 2016

El crimen fue en Casas Viejas

Artículo publicado en la edición digital del periódico Diagonal

He parafraseado chapuceramente a Antonio Machado en su poema a Federico García Lorca (el crimen fue en Granada). En realidad no iba a escribir sobre el 83 aniversario de los sucesos de Casas Viejas. Sin embargo un debate que seguí estos días en un grupo de historia contemporánea de Facebook me hizo cambiar de opinión. Allí hubo un acalorado debate entre posiciones del revisionismo histórico (por no decir neofranquistas, ya que darles la definición de revisionismo en ocasiones les viene grande) e investigadores que saben contrastar las fuentes con las que trabajan. Para justificar el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 algunos hacían alusión a una serie de golpes de Estado republicanos y “marxistas” que se habían producido en España entre 1930 y 1936. Entre ellos ubicaban la sublevación de Jaca de 1930, la proclamación de la República en abril de 1931, los movimientos catalanistas, las insurrecciones anarquistas de 1932 y 1933, la huelga general de octubre de 1934 y la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936. Es decir, golpe de Estado era todo lo que había tenido significación transformadora en la historia de la España de los años 30.
Y de todos los que se hablaban eran las insurrecciones anarquistas de enero de 1932, enero de 1933 y diciembre de 1933 las que más me llamaron la atención. Definir esos movimientos como golpes de Estado no deja de ser algo cómico. Si tomamos un golpe de Estado como la intervención a la fuerza para controlar las estructuras estatales, los anarquistas jamás darían un golpe de Estado por la sencilla razón de que quieren destruir el Estado. Partiendo de ese punto ya entramos en lo malintencionado de la afirmación. Pero hablar de los sucedido en España entre 1932 y 1933 promovido por los anarquistas como un plan para la toma de poder en coalición con otras fuerzas y que para salvar a España de esa situación se produjo “el Alzamiento Nacional” (literal) pues entonces ya estamos hablando de otras cosas.
Esto me llevó a pensar que los que allí escribían poco sabían del anarquismo y su historia en la Segunda República. Solo un prejuicio, una imagen preconcebida del anarquismo podría llevar a una conclusión tal. Por ello me he animado a escribir algunas letras sobre los que sucedió en Casas Viejas en enero de 1933 y así comprobar que allí no hubo ningún golpe de Estado.

El paulatino divorcio de la República hacía la revolución social

Si bien el anarquismo había visto con buenos ojos la proclamación de la República en abril de 1931, de cuya proclamación se reclamó parte por su insistente participación en la oposición a la dictadura de Primo de Rivera en colaboración con otras fuerzas políticas, el movimiento libertario había reclamado cuestiones que la República no concedió. Junto a ello parte de la legislación social y laboral republicana había contado con la oposición de la CNT y de la FAI, lo que hizo que con el paso de los meses la separación entre republicanos y libertarios fuese más evidente. Sucesos como la huelga de la Telefónica en Madrid en mayo de 1931 o los sucesos del mismo momento en el Parque de María Luisa de Sevilla marcaban el inicio de esa ruptura.
A ello se une que medidas tan reclamadas por la clase obrera española como la Reforma Agraria se producía de forma lenta. Para las masas campesinas República era sinónimo de Reforma Agraria desde la segunda mitad del siglo XIX. Por ello esperaban una rápida aplicación de dicha medida. La lentitud del proceso unido a la falta de recursos, tierras y el hambre que pasaban los jornaleros españoles hizo que se produjeran levantamientos y motines. Aquí habría que destacar los sucesos de Arnedo o Castilblanco.
Los anarquistas en aquellos momentos querían dar un paso más. La conflictividad laboral iba en aumento y los recien impulsados Grupos de Defensa Confederal querían plantar batalla al capitalismo. El levantamiento de la cuenca minera de Alto Llobregat en enero de 1932, proclamando el comunismo libertario en Figols, y la subsiguiente huelga general impulsada por la CNT, se saldó con un fracaso y una fuerte represión contra el movimiento libertario.
A lo largo de todo 1932 se dabatió en el seno de los organismos libertarios la conveniencia o no de ir a una huelga general. Sectores como el ferroviario estaban decididos a ello, pero se consideraba que un nuevo fracaso hueguístico podría ser fatal para el propio anarcosindicalismo. Aun así algunos nucleos confederales si estaban en la linea de iniciar una huelga general con el comienzo del año 1933. Desde el 1 de enero se fueron produciendo movimientos en distintos lugares: Barcelona, Madrid, Zaragoza, Murcia, Oviedo, Valencia, etc. En el municipio de Pedralba (Valencia) el choque entre la fuerza pública y los trabajadores se saldo con un guardia civil y un guardia de asalto muerto y diez trabajadores asesinados. Pero sin duda alguna los sucesos más trágicos y que mayores consecuencias trajo a la propio República se produjo en un pequeño pueblo de la provincia de Cádiz: Casas Viejas.

Un castigo ejemplar”

El día 10 de enero de 1933 y tras una serie de malos infortunios (nadie avisó a los campesinos de Casas Viejas que la huelga había fracasado por problemas de comunicación), un grupo de militantes libertarios de la pequeña población tomó el cuartel de la Guardia Civil por asalto, quedando dos guardias civiles heridos (fallecieron después). Proclamaron el comunismo libertario, izaron la bandera rojinegra e incautaron los productos de primera necesidad dando a los tenderos un vale que les sería canjeado una vez triunfase la revolución.
Sin embargo tanto la Guardia Civil de la provincia como la Guadia de Asalto se desplazaron rápidamente a Casas Viejas. Los campesinos, temerosos de la represión, huyeron. Pero no se pudo evitar la respuesta desprorcionada de las fuerzas de orden público. Hasta allí se desplazó el capitan de la Guardia de Asalto Manuel Rojas Feijespán. Se detuvieron a varios campesinos y se cercó la choza de Francisco Cruz Gutiérrez, alias “Seisdedos”, un viejo militante anarquista de 72 años de edad que no había tenido participación en los sucesos. Dentro de la choza había varios familiares de Seisdedos. Se intento tomar la choza por asalto pero los habitantes se atricheraron y con escopetas disparaban a los guardias de asalto produciéndose un muerto y un herido. El capitán Rojas mandó disparar con ametralladora sobre la choza y lanzar bolas de algodón empapadas en gasolina e incendiadas sobre el techo de la misma. Seis personas quedaron completamente calcinadas solo sobreviviendo María Silva Cruz, nieta de Seisdedos, que logró huir. Inmediatamente después fueron conducidos al lugar los detenidos y asesinados a sangre fría por las fuerzas del capitán Rojas, que previamente habían asesinado también a otro anciano, Antonio Barberán Castellán, de 74 años que nada tuvo que ver con el asalto al cuartel de la Guardia Civil.
El resultado final de la masacre fue 23 personas asesinadas por las fuerzas del orden público (diecinueve hombres, dos mujeres y un niño) y tres guardias asesinados por los revolucionarios. Rojas Feijespán lo justificó en el juicio como acción para defender a España de la anarquía.

Las consecuencias a la República

Los sucesos de Casas Viejas causaron una gran conmoción en el país. El gobierno republicano-socialista de Manuel Azaña estaba en una encrucijada. Las explicaciones de Azaña ante el congreso no fueron convincentes y se desplazó una comisión parlamentaria a Casas Viejas para emitir un informe de los sucesos. Con ella fueron dos periodistas que plasmaron lo que allí sucedió en artículos y libros: Ramón J. Sender y Eduardo de Guzmán.
La implicación de Rojas Feijespán era evidente en la desproporción del suceso. Lo que no quedaba claro era si fue una decisión personal suya o la orden vino de más arriba. El capitán Rojas acusó a Arturo Menéndez de darle la orden de “sin piedad contra todos los que dispararan contra las tropas”. Pero tanto el capitán Rojas como el también capitán Bartolomé Barba hablaban de una orden directa de Manuel Azaña (“ni heridos, ni prisioneros. Tiros a la barriga”). Si bien es algo que siempre se mantuvo en una nebolusa, recientes investigaciones de Tano Ramos (El caso Casas Viejas: Crónica de una insidia, 1933-1936) sitúan que aunque desde el gobierno había ordenes de mantener el orden público solo el capitán Rojas actuó de dicha manera.
Sea como fuere, el gobierno salió erosionado. Los socialistas se plantearon desde entonces su salida del gobierno, produciéndose tal circunstancia en septiembre de 1933. La imagen de Azaña y de los republicanos quedó dañada por la brutalidad de la represión contra los campesinos.
Lo que también es cierto fue que todos los directores de la represión en Casas Viejas se sublevaron posteriormente contra la República en julio de 1936. El capitán Rojas, que fue condenado por estos sucesos, salió de prisión y se unió a los sublevados, participando activamente en la represión en Granada. Bartolomé Barba, que ya había tenido cargos durante la dictadura de Primo de Rivera, fue uno de los organizadores de la UME (Unión Militar Española), dirigió la represión en Zaragoza y fue gobernador civil con Franco. El general Cabanellas, director general de la Guardia Civil durante los sucesos de Casas Viejas, fue otro de los sublevados contra la República (a pesar de la vitola de progresista que se le daba), presidió la Junta de Defensa Nacional hasta que tomó el mando definitivo Franco.

 El crimen de Casas Viejas significó un antes y un después. Para el anarquismo porque a partir de ese momento muchos de sus sectores se replantearon la estrategia insurreccional como eje central. Para la República porque la gestión del suceso le costó el gobierno a la izquierda ya que en noviembre de ese 1933 la derecha ganó las elecciones. Porque se mostró la brutalidad con la que las fuerzas de orden público reprimieron una revuelta de campesinos y por ende del movimiento obrero (quedaban más episodios para comprobarlo). Hoy, el lugar que ocupaba la choza de Seisdedos es un lugar de la memoria. Un lugar para recordar lo que sucedió cuando unos jornaleros se levantaron contra el hambre y por unos ideales. Para los malintencionados solo decirles que nada tiene que ver con un golpe de Estado, que sí se produjo en julio de 1936 encabezado por una serie de militares que llevaron a España al desastre.

lunes, 21 de diciembre de 2015

EL REY O LA DESACELERACIÓN DE LA HISTORIA

Artículo publicado en la edición digital del periódico Diagonal

Hay muchas formas de abordar de la Historia de España. Esa es la riqueza de la ciencia histórica. Lo podemos hacer a través de sesudos trabajos de investigación, de buceos en archivos, bibliotecas y hemerotecas. Lo podemos hacer, igualmente, en libros más livianos, más divulgativos. También se puede poner al alcance del gran público a través de una buena novela histórica que conjugue los hechos reales con la libre creación del escritor. Y también se puede hacer a través del teatro.
Esta última opción es la elegida por Alberto San Juan en el Teatro del Barrio para hacer un repaso a la vida de Juan Carlos I. Y lo hace él mismo, por el texto que ha creado, junto a dos grandes actores: Guillermo Toledo y Luis Bermejo.
La obra comienza con el rey Juan Carlos I (Luis Bermejo), sentado en su trono real, con cara espasmódica mientras comienzan a aflorar los recuerdos de su historia. A partir de ahí, con tecnicas como el flash back, la biografía lineal y la aparición de diversos personajes para contar la historia de España, se construye la que ha sido la historia del Rey. Una historia que tiene hechos contrastado y otros hipotéticos. Que conjuga la historia política política con la personal, la económica con la de alianzas, etc. Y todo a través de la figura de Juan Carlos I, el elegido por Franco para sucederle.
Esta obra de Alberto San Juan trata temas que nadie se atreve a trabajar. Incluso desde el propio mundo académico. Que Franco dio un golpe de Estado en julio de 1936 y tras una Guerra Civil y años de plomo de dictadura impuso a fuego y sangre su mandato personal a los españoles es algo que ya no hay que poner en duda. Pero el mantenimiento de la dictadura franquista no solo hay que reducirlo a la manu militari del dictador. Los juegos de despacho, las alianzas políticas, los movimientos de pieza para mantenerse en el poder son fundamentales para entender esa larga dictadura. Porque el problema de cualquier dictadura es como hacerla pervivir, como conseguir la sucesión. Y Franco lo tenía claro. Había que emparentar la dictadura con la casa Borbón. Y por ello elegió a Juan Carlos. El exilio de Juan de Borbón en Estoril sirvió para que éste tejiese y moviese sus redes con la finalidad de poder llegar al trono de España. Juan de Borbón tomó contacto con la oposición antifranquista pero también con Franco. Y era evidente que el dictador no se fio nunca de áquel que le dio un apoyo explicito durante la Guerra Civil. Pero eligió a su hijo. En 1948, Juan Carlos se traladó a España y fue educado por orden de Franco. No era oficial pero ya tenía en mente su sucesor. Los intentos de Juan de Borbón por retornar al trono, la batalla perdida de Javier de Borbón y Carlos Hugo de Borbón-Parma (los carlistas) o las bravuconadas de Carlos VIII, eran inútiles pues el destino ya estaba marcado.
La obra de Alberto San Juan narra con indudable buen criterio histórico pero gran carga de humor y dramatismo esta elección. Así como la formación en la España franquista de Juan Carlos, el incidente que acabó con la vida de su propio hermano Alfonso y como poco a poco Juan Carlos se fue haciendo con un hueco en esa España gris de la represión para alcanzar el trono.
Alrededor de estos personajes principales (Juan Carlos, Franco y Juan de Borbón), van surgiendo con el tiempo otros que juegan un papel fundamental en el desarrollo de la política española. Luis Carrero Blanco, Henry Kissinger, Garrigues Walker, etc. Juan Carlos fue elegido sucesor de forma oficial en 1969, aunque desde la Ley de Sucesión de 1947 era vox populi.
La obra no deja hilo suelto. La hipótesis del asesinato de Carrero Blanco como consecuencia de las malas relaciones con Estados Unidos queda plasmada. Tampoco olvida la obra, como no podía ser de otra manera, a la España derrotada de la Guerra Civil. Aquí juega papel fundamental la figura de Chicho Sánchez Ferlosio, representado por Guillermo Toledo. Muestra también la obra como fue una dictadura que nació asesinando y murió asesinando. Desde como Franco presume ante Juan de Borbón que ha ganado la guerra y ha fusilado a miles hasta la recreación de la muerte de Salvador Puig Antich (que luego planeará durante algunos momentos de la obra) y el recuerdo a los últimos fusilados del franquismo el 27 de septiembre de 1975.
Pero la obra no para con la muerte de Franco. Siguiendo la propia frase del dictador que “todo esta atado y bien atado”, se aborda la Transición. Y se plantea esa Transición como ese pacto de élites del franquismo con una oposición antifranquista, para mantener las bases fundamentales del sistema. Dos figuras son centrales en este periodo en la obra. Adolfo Suárez y Felipe González. El primero como el mejor baluarte para mantener los privilegios de la dictadura, para que asegurarse a través de la Ley de Reforma Política (1976), la Ley de Amnistía (1977) o la Constitución (1978) que no va a haber juicios contra la dictadura. De hecho, la figura del Rey, el designado por Franco, se tiene que mantener. La figura de Felipe González viene a finiquitar el proceso. Gana el PSOE en 1982, la figura del Rey se comienza a desgajar de la imagen de la dictadura. Se inaugura la cultura del pelotazo.En sucesivos dialogos los personajes de la muestran que para mantener toda esa estructura hay que dar prevendas. Ahí queda explícito los supuestos negocios del rey, los acuerdos con países donde la democracia brilla por su ausencia. Y abordan también el polémico 23-F, el golpe de Estado, donde se vuelven a poner encima de la mesas hipótesis plausibles pero que de momento, debido a la imposibilidad de acceder a la documentación, no se puede demostrar.
El final de la obra es la muerte del Rey y su traslado a El Escorial. Será el último rey que se entierre allí.
 Estamos ante una gran obra de teatro. Por muchos aspectos. Porque pone el dedo en la llaga de muchos asuntos espinosos de la historia de España de los últimos 70 años que no se ha querido abordar. Porque ofrece una visión crítica de la historia de la Transición y no la dulce imagen que se ha intentado trasmitir. Y porque se pone en tela de juicio a lo que se considera cuasi sagrado por muchos sectores: la institución monárquica. Junto a esto le unimos una magnífica puesta en escena y tres grandes actores. Solo queda felicitar a Alberto San Juan, Guillermo Toledo, Luis Bermejo y a todo el equipo del Teatro del Barrio. Cuando dicen que el llamado régimen del 78 esta en proceso de descomposición, es fundamental poder ver obras como esta. Nos ayuda a entender muchas cosas que no solo tiene que estar en conocimiento de los historiadores sino de la gente en general.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

CUANDO LOS MILITARES SE SUBLEVARON POR LA LIBERTAD

Artículo publicado en la edición digital del periódico Diagonal, escrito por los historiadores María Losada Urigüén y Julián Vadillo Muñoz, en el aniversario de la sublevación de Jaca de diciembre de 1930.

En 1956, la colección Temas Españoles, en su entrega 64, ofrecía un folleto sobre los sucesos de Jaca de diciembre de 1930. Temas Españoles fue una colección impulsada por el franquismo entre 1952 y 1978 donde se ofreció la imágen del régimen en numerosas cuestiones relacionadas con la historia, la cultura y el folklore en España. Este cuadernillo lo escribió el comisario de policía Eduardo Comín Colomer, una de las pocas personas que durante el franquismo escribió sobre el movimiento obrero, evidentemente con la visión propia del franquismo. Teniendo como tenía los archivos incautados a las organizaciones obreras a su alcance no le fue difícil acceder a ellos y dar rienda suelta a su imaginación.
En dicho folleto, el comisario Comín Colomer, habla de la sublevación de Jaca de diciembre de 1930, como una suerte de conspiración francmasónica y comunista, en un momento de caos político que antecedió a otro momento de más caos, la Segunda República española. Esta fue la visión que durante mucho tiempo se mantuvo en el imaginario de una sociedad que el franquismo absorbió. Hoy quizá, más que estas visiones estrambóticas, lo que queda de Jaca es un manto de olvido. Cuando estamos en un momento de aniversario del hecho, merece la pena rescatar el acontecimiento.

La oposición a la dictadura de Primo de Rivera

Cuando en septiembre de 1923, el general Miguel Primo de Rivera Orbaneja dio un golpe de Estado con el beneplácito del rey Alfonso XIII e instauró la dictadura, el futuro de aquellos que en los años precedentes habían intentado dar un giro a la política española estaba marcado. Aun así fueron distintas las actitudes. Mientras republicanos, anarquistas y los escasos comunistas que existían fueron perseguidos y sus centros clausurados, los socialistas se integraron en algunas estrucutras de la dictadura, como los Comités Paritarios (según los ugetistas siempre que estos fueran elegidos democráticamente) y Francisco Largo Caballero llegó a auparse a una consejería de Estado.
Las organizaciones perseguidas fueron protagonistas de numerosos intentos de derrocamiento de la dictadura y de la monarquía. Los sucesos de Vera de Bidasoa de 1924, la “Sanjuanada” en 1926 y numerosas conspiraciones que se fraguaban en el exilio pusieron como protagonistas a republicanos y anarquistas que estaban a la cabeza de dichas conspiraciones. Personajes como Marcelino Domingo, Miguel de Unamuno, Santiago Ramón y Cajal, Manuel Buenacasa, Mauro Bajatierra, Eduardo Barriobero, etc., pasaron a ser protagonistas del periodo. Personalidades que luego jugaron un papel primordial en la Segunda República. A la altura de 1928, los socialistas comienzan a abandonar sus posiciones colaboracionistas y se unen a la oposición antimonárquica. Esto dio lugar a que el 17 de agosto de 1930 naciese el Pacto de San Sebastián, inicio del proceso de la Segunda República. Participaron todas las fuerzas menos los anarquistas, aunque estos siguieron el proceso muy de cerca y participaron de acciones del mismo como veremos. Cuando Primo de Rivera dimitió y se estableció la llamada “Dictablanda” de Berenguer, la suerte la monarquía estaba echada. Solo faltaba saber el precio que iba a costar su proclamación.

La sublevación de Jaca

La unión de las fuerzas antimonárquicas posibilitan el empuje de sectores que durante mucho tiempo buscaban un cambio de régimen. Los militares españoles habían sido un colectivo que habían aunado en su seno desde sectores ultraconservadores hasta sectores progresistas. A pesar que desde 1907 y la Ley de Jurisdicciones había puesto a los militares en la política española como protagonistas, siendo el rey el cabeza de ellos, siguieron existiendo en el ejército sectores de miltiares republicanos, retomando una tradición iniciada en el siglo XIX, que no dudaban en la conspiración para alcanzar sus objetivos. Alguno de esos militares fueron francamente avanzados, como el caso de Fermín Galán, por sus enormes conocimientos de la política española y su ideología política a caballo entre el republicanismo y el anarquismo.
Esta efervescencia revolucionaria llevó a un grupo de militares en Jaca a sublevarse contra la monarquía. Una sublevación en consonancia con el comité revolucionario surgido a raiz del Pacto de San Sebastián. Entre esos militares estaban el propio Fermín Galán, Ángel García Hernández, Salvador Sediles y Miguel Gallo. Galán llevaba tiempo preparando el movimiento en contacto con sindicalistas y anarquistas aragoneses, entre ellos el escultor Ramón Acín (fusilado por los franquistas en 1936). El objetivo era una sublevación militar con el respaldo del movimiento obrero declarando huelga general para colapsar el régimen monárquico.
Pero los planes no salieron bien. El gobierno y la Dirección General de Seguridad, encabeza por Emilio Mola, estaban al tanto de los movimientos revolucionarios. El levantamiento antimonárquico se fue aplazando y al final Galán y su grupo decidió sublevarse el 12 de diciembre de 1930. Casares Quiroga, integrante del Comité Revolucionario, se desplazó hasta Jaca para persuadir a Galán que era pronto para el levantamiento, pero como dijo él mismo “llegó a horas intempestivas” y se quedó dormido, produciendose la sublevación que tuvo un desenlace fatal. La idea era una sublevación general el 15 de diciembre, pues en Madrid había un entendimiento entre militares como Ramón Franco, el Comité Revolucionario y el movimiento anarquista. Galán decidió anticiparse unos días.
Una vez que se produce el movimiento tomó todos los centros neurálgicos de Jaca, proclamó la República, se nombró alcalde a Pío Díaz Pradas y se izó la bandera tricolor confeccionada por el sastre Lucas Biscós. El objetivo posterior era ir hacía Huesca, pero las tropas de Galán fueron lentas a la hora de movilizarse y eso dio tiempo al gobierno de Berenguer de reaccionar. Las columnas gubernamentales salieron al encuentro de las tropas de Fermín Galán desde Zaragoza y Huesca. Hubo enfretamientos con la Guardia Civil y el día 13 de diciembre, en el santuario de Cillas, se produce el encuentro entre las tropas de Galán y las gubernamentales. Hay enfrentamiento y Galán mandó el alto el fuego a sus tropas. Estas obedecieron pero las tropas gubernamentales siguieron descargando fusilería. Los sublevados comienzan a huir. Galán se negó. El golpe había fracasado. En el pueblo de Biscarrués, Fermin Galán y el resto de militares, se entregaron.

Consejo de Guerra

El domingo 14 de diciembre de 1930 se celebró el consejo de guerra presidido por el general Arturo Lezcano. Duró tan solo 40 minutos. Fermín Galán y Ángel García Hernández fueron condenados a muerte y ejecutados ese mismo días (a pesar de ser domingo) en el polvorín de Fornillos (Huesca). El resto de militares, como Salvador Sediles, fueron también condenados a muerte, pero con la proclamación de la República fueron indultados.
Desde ese momento las figuras de Galán y García Hernández pasaron al imaginario colectivo del republicanismo y de los antimonárquicos. Cuando el 14 de abril de 1931 se izó de forma oficial la bandera tricolor, ya eran conocidos como “los mártires de las República”.
Quedan para la historia la idea y la acción de esos dos militares que intentaron cambiar el curso de los acontecimientos con una idea de libertad.

Fermín Galán, protagonista

Fermín Galán Rodríguez nació en San Fernando, Cádiz, en 1899. Creció en un ambiente castrense. Con once años ingresó en el Colegio de Huérfanos de Guerra de Guadalajara. Se licenció en la Academia de Infantería de Toledo en 1918 y pronto fue destinado a Marruecos. Allí vivió la guerra en primera persona y fue formándose una opinión contraria a la dictadura de Primo de Rivera. Fruto de este desencuentro fue “La barbarie organizada”, libro de protesta que escribió en 1925.
Su disconformidad con la dictadura se materializó en su intervención en la insurrección de la Noche de San Juan, en 1926. Fue detenido por su implicación e internado en la cárcel de Montjuic. Allí estableció contacto con militantes de extremas izquierdas y anarquistas. Aprovechó su encierro para documentarse ideológicamente y, animado por sus amigos libertarios, escribió “Nueva Creación”, la síntesis de su pensamiento.
Galán basculaba entre el anarquismo y las extremas izquierdas republicanas. Reivindicaba una república federal y social que tenía sus bases en el sindicato y el municipio. En su opinión, ésta debía servir de transición hacia una nueva sociedad cuyos principios serían la educación racional, la igualdad legal para ambos sexos y la búsqueda del equilibrio entre el respeto a la libertad individual y el bienestar general.
En diciembre de 1930 lideró el Levantamiento de Jaca y trató de proclamar la República en aquella plaza. Su fracaso terminó con su fusilamiento y el de su compañero Ángel García Hernández. Tras este hecho surgió el mito de los “Protohéroes de la República”. Durante el Advenimiento de la II República, el recurso a su imagen fue recurrente en el ámbito popular, pero no se consolidó como un verdadero referente en el imaginario del nuevo régimen. En el escenario político sus únicos herederos eran las extremas izquierdas libertarias. Éstas monopolizaron su memoria durante el primer bienio y la utilizaron para criticar la obra parlamentaria de un gobierno republicano-socialista que apostaba por una “revolución legal” por encima de la idea de una república social y sindical, por la que se había levantado Galán.
A partir de 1934 los nuevos gobiernos republicanos empezaron a deshacer la obra reformadora de los años anteriores. Las izquierdas republicanas y los socialistas -ahora en la oposición- se contagiaron de la frustración de las extremas izquierdas y comenzaron a radicalizar sus posturas, como evidencia el movimiento de octubre de 1934. Paulatinamente, la imagen de los mártires volvió a un primer plano. Perdidas las urnas, se volvía la mirada a la legitimidad del recurso a la actuación revolucionaria violenta, de la que Galán era el paradigma. Esto evidenciaría una falta generalizada de costumbres democráticas en la España de los años 30, pero también la existencia de una idea común en la izquierda en torno a la esperanza republicana. Un símbolo de su unidad en la creencia de que la república era más que un régimen político, un compromiso de transformación de la sociedad. Y esta esperanza comenzaba a reavivarse.

lunes, 14 de diciembre de 2015

DE CONSTITUCIONES Y TRANSICIONES

Artículo publicado en la edición digital del periódico Diagonal

Estos días se ha celebrado el 37 aniversario de la Constitución de 1978. Salvo excepciones, todo ha sido parabienes para el texto aprobado el 6 de diciembre de 1978. A tenor de un par de artículos publicados el pasado 6 de diciembre en el diario El País me ha hecho reflexionar sobre este texto constitucional y la naturaleza de la Transición española. Pedro Sánchez, candidato del PSOE a la presidencia del gobierno, y Pablo Iglesias, candidato de Podemos, esgrimían sus argumentaciones sobre el texto.
            El candidato del PSOE hacía una defensa de la Constitución haciendo un llamamiento a actualizarla en el siglo XXI y que tuviese el mismo respaldo mayoritario que tuvo el texto actual hace ya casi cuatro décadas. Un texto, el de Sánchez, que responde a la perfección al papel que ayer y hoy le tocó y le toca al Partido Socialista.
            El texto de Iglesias es más interesante. Lo es porque aborda la historia y pone antecedentes dignos para un hipotético futuro constitucional o proceso constituyente. Y aunque el artículo de Iglesias si habla de un pacto entre las élites franquistas y una parte de la oposición democrática, lo cierto es que no deja de reconocer importancia a la constitución de 1978 y coloca a movimientos como el 15-M en el resultado de la traición que se ha producido a ese pacto constitucional. Por eso hace un llamamiento a un nuevo gran acuerdo.
            Sin embargo, ambos textos adolecen de una perspectiva histórica, de un análisis profundo de la razón de la Constitución de 1978. En el caso de Sánchez porque no deja de ser la posición del establishment. En el caso de Iglesias porque quizá no quiera dar una vuelta de tuerca más a su análisis, que empieza bien pero acaba mal.
            Para la analizar el proceso que se inicia con la muerte del dictador (del que este año se ha cumplido 40 años) habría que mirar más atrás en el tiempo. Esa legitimidad democrática de la que se jacta el candidato socialista forma parte de la ilegitimidad franquista. A estas alturas, cabe hacerse una pregunta: ¿Quién marcó los tiempos de la Transición? ¿Quién puso sobre la mesa la hoja de ruta que desembocó en el proceso de 1978? La respuesta es muy simple: los franquistas. Y no lo voy interpretar, sino que me voy a valer de una obra publicada en 1973 por Rafael Calvo Serer titulada La dictadura de los franquistas 1. El “affaire” del Madrid y el futuro político. Una obra poco conocida, publicada en París, cuando Calvo Serer ha caído en desgracia por el tema del diario Madrid y su enfrentamiento con Fraga Iribarne. Calvo Serer podría ser una de esas figuras representativas de ese franquismo, amoldado desde el inicio a sus estructuras, convertido en figura señera de la intelectualidad franquista, y en que la etapa final del régimen comienza a buscar una salida al mismo.
            No es intención aquí hablar de Calvo Serer. Para acercarnos un poco a su figura y su vinculación al franquismo recomiendo la obra de Gregorio Moran El maestro en en erial donde ubica a toda esa intelectualidad franquista. Lo importante a rescatar aquí de Calvo Serer es una parte del final de libro arriba citado. Calvo Serer en ocho puntos plantea cual puede ser la salida de la dictadura franquista. Estos ocho puntos son los siguientes:
  1. Nombramiento de presidente del gobierno: Para Calvo Serer esa Transición la tendría que encabezar un militar.
  2. Ley de prensa: Ofrecer un pluralismo social y político del país sin caer en manifestaciones revolucionarias y estableciendo límites en materia de prensa y sanciones administrativas.
  3. Independencia de los tribunales
  4. Estatuto de las organizaciones políticas: Reivindica la actuación de Charles De Gaulle en 1958 cuando reformó la constitución que condujo a la V República y que a pesar de los problemas salió reforzado.
  5. Libertad de las Cortes: Mira hacía un sistema que prime a la mayoría y castigue a la minoría parlamentaria sobre la base de un partido socialdemócrata y otro conservador.
  6. Amnistía para los vencedores y los vencidos
  7. Sindicación profesional única y asociación libre obrera
  8. Sometimiento a referéndum de la modificación constitucional


            Sorprende como lo que marcaba Calvo Serer en 1973 se iba a cumplir casi a la perfección entre 1976-1978. Ciertamente no hubo un presidente militar pero si un vicepresidente. El sistema mayoritario electoral se impuso entre un partido socialdemocrata (PSOE) y otro conservador/liberal (UCD, luego AP, luego PP). Esa amnistía a vencedores y vencidos se plasmó en la Ley de Amnistía del 15 de octubre de 1977 que no significó sino un punto y final para exonerar a la dictadura de sus crímenes. El modelo de sindicación no dejó de ser un calco del franquista, adaptado por los Pactos de la Moncloa, donde la diferencia partía de la diversidad sindical pero siempre dentro de los límites marcados por el nuevo sistema. Y efectivamente esa constitución se sometió a un referéndum un 6 de diciembre de 1978 saliendo el “sí”. Un “sí” conseguido tras una campaña que poca alternativa daba con un argumento falaz: o esta Constitución o vuelta a la dictadura.
            Calvo Serer fue un franquista que propuso estos tempos, que otros franquistas como Suárez, José María Areilza, Manuel Fraga Iribarne, etc., pusieron en marcha. Ellos marcaron los ritmos de la Transición. Franco designó al jefe de Estado. A partir de ahí comenzó a gravitar el proceso de Transición que Calvo Serer ya prevía en 1973. La verdadera base de la Transición fueron unos franquistas adaptándose a las circunstancias para no perder su posición y salvar su vinculación a un régimen que cometió crímenes contra la humanidad, y una izquierda, representada por el PSOE y el PCE en su mayoría, que cedió. Unos porque se convertían en una alternativa y para ello eliminaron cualquier conato de oposición en el exilio (Congreso de Suresnes, 1974). Otros porque se creían ser una alternativa y tanto cedieron que quedaron completamente descolgados de unas estructuras que no les fueron benevolentes. Algunos culpan exclusivamente al carrillismo, pero en realidad fue el camino de toda una organización. Aquellas posiciones que no cedieron y no se plegaron lo pagaron caro. Los republicanos quedaron fuera del mapa político (no les dejaron presentarse en las primeras elecciones de 1977. Cuando se presentaron en 1979 el sistema y la Constitución ya estaban en marcha). Los anarquistas sufrieron por una estructura sindical emanada del Pacto de la Moncloa que le fue hostil, por una criminalización de su modelo sindical y por unos problemas internos que acabaron condenándolo al ostracismo. La extrema izquierda se difuminó. Esa Transición les salió a pedir de boca a los franquistas. Tanto es así, que cuatro décadas después de la muerte del dictador la impunidad del franquismo sigue vigente y con argumentos legales, como la ya citada Ley de Amnistía. Y todo esto no quiere decir que los que lucharon en aquella época, que buscaron un mundo mejor, no consiguiesen torcer un poco la historia para que no fuese como algunos la marcaban. Todo lo contrario. Hay que reconocer el empuje y lucha de toda una generación.
            Pero tanto al artículo de Iglesias y, sobre todo, al de Sánchez, les hace falta mucha pedagogía histórica. Pablo Iglesias habla de proceso constituyente pero sin descifrar si ese proceso significa una nueva constitución o reformar la que tenemos. Pedro Sánchez si habla de reforma. Pero es difícil reformar algo que no ha funcionado durante 37 años. En ese tiempo, los artículos fundamentales de la constitución han sido sistemáticamente violados: derecho al trabajo, derecho a la vivienda, etc. Aunque una cosa si tiene el PSOE y es que sabe lo que es reformar una constitución. Lo hizo en su artículo 135 y tardó, junto con el PP, una tarde en hacerlo.
            Estos días se celebra el 37 aniversario de la Constitución de 1978. Pero casi nadie a recordado que un 9 de diciembre, pero de 1931, las cortes republicanas aprobaban la Constitución de 1931. No voy a entrar en una comparación de constituciones (tema muy interesante) y tampoco en mostrar que significó la experiencia republicana con sus acierto y sus errores y problemas estructurales, que los tuvo (frente a los que la demonizan y a los que la consideran la arcadia feliz). Lo que si podemos hacer tras leer su texto es concluir que aquella vieja constitución republicana si significó una ruptura con el pasado monárquico. La del 6 de diciembre de 1978 no. Básicamente porque la primera lo cambió casi todo. Y la segunda partió con el sucesor de Franco como Jefe de Estado y porque fueron las élites de una dictadura que tumbaron la democracia los que dieron paso a una nueva democracia. Difícil y extraña ruptura.

lunes, 30 de noviembre de 2015

UN GRAN NEGOCIO LLAMADO FRANQUISMO

Último de los artículos publicados en el dossier del periódico Diagonal sobre el 40 aniversario de la muerte de Franco

El 21 de agosto de 1942 Franco dijo lo siguiente en un discurso en Lugo: “Nuestra Cruzada es la única lucha en la uqe lo ricos que fueron a la guerra salieron más ricos.”. Cierto es cuando comprobamos como grandes familias de este país (los Gómez-Acebo, Aguirre Gonzalo, Banús, Fierro, Oriol y Urquijo, etc.) medraron a la sombra del dictador. Pero no solo se benefició a esas familias. El propio Franco hizo su fortuna a partir del golpe de Estado contra la República. Como ha mostrado el historiador Ángel Viñas, Franco comenzó la Guerra con el sueldo congelado y la acabó con 32 millones de pesetas de la época (el equivalente actual a 388 millones de euros). Para Viñas esta fuente de riqueza podría venir por la donación de café que Gentulio Vargas (dictador brasileño) dio a Franco y éste se enriqueció personalmente en su venta.
Y es que el entramado de corrupteles y enriquecimientos del franquismo parte desde su origen. El golpe de Estado de julio de 1936 no habría sido posible sin la ayuda financiera que el baquero Juan March brindó a Franco. La compra de armamento, los negocios con nazis y fascistas, tuvieron a March como un protagonista. A cambio consiguió de Franco el monopolio bancario y financiero. La fortuna de Juan March creció durante el franquismo, con la fundación de empresas que medraron a la sombra del régimen y que aun existen. Los March siguen presentes en consejos de administración de empresas importante de España (ACS, Acerinox, Prosegur, etc.). March fundó en 1951 FECSA (Fuerzas Eléctricas de Cataluña), que se hizo con el monopolio de la producción eléctrica catalana. Sobrevivió al franquismo y fue una de las impulsoras de la central nuclear de Ascó hasta su absorción por parte de Endesa. Una empresa que reportó enormes beneficios a los March.
Junto a estos incrementos de riqueza hay que analizar como se realizaron algunas obras públicas del franquismo. Las imágenes de Franco inaugurando pantanos, pueblos reconstruidos, canales de riego o el faraónico Valle de los Caídos, tiene detras una triste historia. De una parte de concesiones de empresas adictas al régimen. De otra la utilización de mano de obra esclava de presos políticos.
Investigado por historiadores como José Luis Gutiérrez Molina, el Canal del Guadalquivir utilizó mano de obra esclava. Hasta 2000 presos políticos trabajaron en estas obras bajo el auspicio del llamado Patronato de Redención de Penas por el Trabajo, utilizado para aminorar las condenas. Mano de obra expuesta a un peligro vital, sin ningún tipo de garantía y que reportó al Estado enormes beneficios. Alrededor del Canal se instalaron autenticos campos de concentración, nada envidiable a la Alemania nazi. La Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones también se benefició de esa mano de obra esclava.
Pero el monumento por excelencia que encarnó la utilización de presos políticos y que no solo benefició al Estado sino a empresas privadas, fue la construcción del Valle de los Caídos. Franco eligió el emplazamiento de Cuelgamuros para realizar una faraónica construcción donde hacer su propia tumba. La concesión de la construcción del Valle de los Caídos recayó sobre las siguientes empresas: San Román, filial de Agromán, Estudios y Construcciones Molán y Banús. Posteriormente se uniría Huarte y Cía.
Todas estas empresas utilizaron mano de obra esclava. Presos republicanos. El periodista Rafael Torres cifra en 20000 los presos republicanos que participaron en la construcción del Valle de los Caídos. Para el también periodista Fernando Olmeda en el Valle trabajaron 141 batallones de presos. Isaías Lafuente dio un paso más y cuantificó los beneficios del franquismo por la utilización de esa mano de obra: 130.000 millones de pesetas (unos 780 millones de euros). Esa mano de obra esclava fue la base del beneficio económico de las empresas. Si un trabajador les costaba 10,50, el preso político solo recibía 50 céntimos, tal como ha explicado en más de una ocasión Nicolás Sánchez-Albornoz, que estuvo preso en el Valle de los Caídos en 1947 y que huyó de España.
Los grandes empresarios de esta construcción fundaron incluso entidades bancarias posteriores como el Banco Guipuzcoano de José María Aguirre Gonzalo, uno de los fundadores de Agromán. También José Banús que se benefició de distintas concesiones del régimen en construcciones como Puerto Banús. Allí todavía sus descendientes explotan el beneficio del turismo de alto standing (entre ellos la familia real saudí)
Muchas de estas empresas siguen existiendo hoy en día. Los beneficios que consiguieron en su momento beneficiándose de mano de obra esclava sigue cotizando en el IBEX-35. Durante el franquismo se inaugura las puertas giratorias. Ministros de Franco, que por las concesiones que hacían a determinas empresas, acababan sentados en los Consejo de Administración de esas mismas empresas. Algunos de esos ministros y altos cargos franquistas consiguieron también importantes puesto en la banca española.
En 1993, el periodista Jesús Hermida entrevistaba a la plana mayor del PP. Un PP pujante que apuntaba a la Moncloa. En ese programa televisivo se sacó la conclusión que dicho partido era una derecha moderna, sin vínculos con el franquismo. Allí se sentó José María Aznar, Mariano Rajoy, Rodrigo Rato, Javier Arenas, etc. Pero a pesar de ese intento de desvinculación del franquismo, lo cierto es que muchos de esos políticos habían crecido al calor del régimen y sus familias se beneficiaron las concesiones del mismo. Ramón Rato, padre de Rodrigo Rato, había fundado con Millán Astray y Dionisio Ridriejo, Radio Nacional de España, así como propietario del Banco del Norte y el Banco Murciano. Y el propio Aznar era nieto de Manuel Aznar, uno de los periodistas de cabecera del régimen franquista y que también formó parte del Banco Urquijo.
A todo esto habría que sumar los beneficios que la propia familia del dictador tuvo y tiene. Propiedad adquiridas durante la dictadura que hoy siguen reportando beneficio, ya sea por su explotación o su venta, a los descendientes del dictador.
  El franquismo no solo fue una maquinaria represiva sino también una gran empresa y un negocio que la actualidad sigue reportando beneficios.

lunes, 23 de noviembre de 2015

EL FRANQUISMO EN LOS LIBROS

Artículo publicado en el periódico Diagonal con alguna de las obras que han trabajado el franquismo

La figura de Franco y la dictadura franquista ha sido uno de los periodos de la historia que más se ha trabajado en los libros. Investigaciones históricas, artículos, ensayos, novelas, obras de teatro, etc., han tenido al franquismo como protagonista. Ya fuese su época o personajes protagonistas de la misma, ya fuese sobre integrantes del aparato franquista o de oposición al mismo.
Los temas trabajados van desde la biografía hasta las instituciones, desde la vida cotidiana hasta las organizaciones políticas, desde la oposición hasta la represión, etc. Una amalgama de obras para la que haría falta muchas páginas y un buen estado de la cuestión.
También el tratamiento del franquismo en historia ha significado un campo de batalla para las llamadas corrientes revisionistas. El revisionismo viene a determinar que la dictadura franquista significó un avance, aminora las cifras de represión y concede a Franco el logro de haber modernizado el país y haber evitado su entrada en la Segunda Guerra Mundial. Los supuestos de ese sector revisionista parten de la idea de que una hipotética victoria de la República en la Guerra Civil habría conducido a España a modelos políticos similares a las democracias populares en Europa del Este. Sin embargo, como dice el historiador Paul Preston, lo que hacen los llamados revisionistas no es sino un ejercicio de recuperación de las historias sobre el régimen franquista desarrolladas durante el franquismo. Incluso esos autores deforman a otros como el británico Burnett Bolloten, cuya obra La Guerra Civil española: Revolución y contrarrevolución, tiene aspectos interesantes y muy documentados pero en otras ocasiones tiene un exceso de anticomunismo que le hace sacar conclusiones ucrónicas.
Quizá un primer aspecto interesante sobre el franquismo sería ver como se ha tratado la figura del dictador. De entre las obras que se destacarían en este aspecto destaca por encima de todas Franco: Caudillo de España del historiador británico Paul Preston. Posiblemente la más completa biografía, actualizada no hace muchas fechas, donde se hace un repaso a toda la vida de Franco en diversos aspectos y destacando, sobre todo, el político-militar. Pero no es la única. Juan Pablo Fusi y su Franco: autoritarismo y poder personal aporta aspectos ideológicos del dictador. O la de Enrique Moradiellos Francisco Franco: crónica de un Caudillo olvidado. Sobre los aspectos psicológicos del dictador habría que destacar la obra de Enrique González Duro Franco. Una biografía psicológica. Obras como las recientes de Ángel Viñas con el título La otra cara del Caudillo. Mitos y realidades en la biografía de Franco, viene a romper algunos lugares comunes de la vida del dictador. Para la polémica quedan obras como las de Stanley Payne (Franco. El perfil de la historia o Franco. Una biografía personal y política junto a Jesús Palacios), el historiador norteamericano que con el paso del tiempo ha ido variando su posición historiográfica y se le ha situado como una de las personalidades visibles del revisionismo. Fuera de este circuito habría que situar obra de franquistas declarados como Luis Suarez Fernández (Francisco Franco y su tiempo), la del autraliano Brian Crozier (Franco. Una biografía) o historietógrafos como Pío Moa.
Otras obras sobre el periodo nos han acercado al origen de la fortuna de la familia Franco. Aquí es parada imprescindible los libros de Mariano Sánchez Soler. Empezando por Los Franco SA, donde repasa el origen y la trama de corruptela de la familia, siguiendo con Villaverde, fortuna y caída de la casa Franco o Ricos por la patria donde repasa las empresas que medraron y se enriquecieron al calor y el apoyo del franquismo y que mantuvieron esa posición una vez muerto el dictador en el proceso de Transición democrática. Interesante también su Los banqueros de Franco.
Siguiendo esta estela pero hablando también de la utilización de mano de obra esclava se encuentran la obras de algunos periodistas como Fernando Olmeda y su El Valle de los Caídos: una memoria de España, la de Rafael Torres Los esclavos de Franco o de la Isaias Lafuente Escalvos por la patria. En todas se analiza como el franquismo utilizó mano de obra esclava para sus obras públicas y diversas empresas que medraron con el franquismo se beneficiaron de tal situación. Aquí cabría también el trabajo de José Luis Gutierrez Molina sobre el canal de presos en el río Guadalquivir, inserto en la obra colectiva coordinada por Jaume Sobraqués, Carme Molinero y Margarida Sala Una inmesa prisión. Los campos de concentración y las prisiones durante la Guerra Civil y el franquismo.
Las raíces ideológicas del franquismo han sido analizadas por diversos historiadores. Julio Aróstegui lo hizo de forma brillante en un libro coordinado por el mismo con el título Franco: la represión como sistema donde si bien el franquismo tiene conceptos propios del fascismo no se le puede incluir como tal en esa categoría a tener aspectos que le distinguen. Una cuestión continuada por la obra de Ismael Saz Fascismo y franquismo. Stanley Payne también abordó en alguna obra estas cuestiones (El fascismo). También en estos aspectos se pueden destacar algunos trabajo de Ferrán Gallego.
Es la represión la parte del franquuismo la que más páginas ha tenido. Muchas provincias han escrito libros sobre la represión ejercida en su zona. Y hay historiares que han desarrollados trabajos de mucho valor e interés: Francisco Moreno Gómez, Francisco Espinosa Maestra, Mirta Núñez Díaz-Balart, Manuel Álvaro, Juan José del Águila, etc. Como compendio general habría que destacar la obra de Julián Casanova Morir, matar, sobrevivir: la violencia en la dictadura franquista o el de Ángeles Egido, centrado en la mujeres, El perdón de Franco. La represión de las mujeres en el Madrid de posguerra. Destacaríamos también el reciente libro de Miquel Izard Genocidas, cruzados y castradores. Terror y humillación en nuestro pasado. Para la polémica quedaría obras como la de Julius Ruiz La justicia de Franco.
  Los temas sobre el franquismo son inabarcables. Económicos, sociales, culturales, el papel de la Iglesia, de las organizaciones de oposición, de las instituciones, de las familias del franquismo, etc. Tan inabarcables que podemos decir que aun hoy conocemos muy poco de un periodo óscuro en la historia de España.