viernes, 27 de diciembre de 2013

LA BREVEDAD PARA EXPLICAR LA REPRESIÓN

¿Se puede explicar el significado del golpe de Estado de julio de 1936, la represión que generaron los golpistas contra quienes no pensaban como ellos y las consecuencias políticas del mismo en apenas 20 minutos? Tarea difícil. Para los historiadores es imposible. No podemos explicar en poco tiempo un proceso tan largo y con tantas consecuencias. Si alguien se decide a escribir una novela tampoco lo conseguiría. Quizá a través de un artículo de prensa, pero siempre te va a hacer falta más. Es imposible mostrar tantas cosas en apenas 4000 caracteres.
Llevar este reto al teatro (segundo post de teatro seguido que escribo en esta bitácora) es lo que ha hecho Ramón Paso con Resistencia 36. Y podemos decir que el reto lo ha sacado con nota.
Vi anunciada esta obra en la página de la Federación Estatal de Foros por la Memoria. Y el lugar de representación no podía ser mejor. La sala de teatro Montacargas (Calle Antillón, 19, cerca del metro de Puerta del Ángel), una de las salas con mayor historia en Madrid en el teatro alternativo. Teniendo en cuenta que la temática era de mi interés y que estaba muy cerca de mi casa, fui a ver la obra. Y como siempre que voy a ver obras que tratar el tema de la memoria histórica, la Guerra Civil o el franquismo, voy con toda la cautela. Como historiador he visto como se ha frivolizado en muchas ocasiones con este proceso histórico. Como en otras tantas se han intentado establecer simetrías imposibles entre represiones para repartir responsabilidades. O como directamente hay obras que mantienen en pie toda la historietografía del franquismo. Algo que en otros países podía estar penado por apología a la violencia y que sin embargo en el España goza de impunidad. Consecuencias estas de cosas que la propia obra toca.
Sin embargo Resistencia 36 no entra en los clichés anteriores. Es una obra sencilla, que comienza con uno de los discursos que Gonzalo Queipo de Llano lanzaba desde Radio Sevilla. Y las protagonistas de la historia son mujeres. Mujeres comprometidas. Mujeres que han sido detenidas y son sometidas a vejaciones porque no han logrado detener a sus maridos o novios, también comprometidos con la lucha antifascista.
Pero de los cuatro personajes que salen cada uno tiene un rol que muestra como se vivió la tragedia de la derrota. Desde la mujer torturada para que su marido se entregue, hasta la mujer violada para provocar el mismo efecto. O aquella que nada había hecho pero que considera que colaborando puede llegar a salvar su vida. O el del único personaje masculino, Juan, cuyo miedo le paraliza y prefiere morir en la propia celda a ser sometido a las torturas.
Sin embargo, lejos de valorar el rol de cada personaje (eso se lo dejo a los que son entendidos de teatro) hay algunas cuestiones que esta breve obra trata y son fundamentales.
Aparece en off una figura que fue realmente terrible en la represión. Gonzalo Queipo de Llano. Un personaje al que hoy todavía se le rinde culto. Uno de sus fajines lo lucía la Virgen de la Macarena que salía en procesión en Semana Santa. Un personaje que sufrió una regresión violenta desde su participación en 1930 en las intentonas republicanas hasta convertirse a partir de julio de 1936 en uno de los personajes más sanguinarios de la Guerra Civil. Frases como las siguientes retratan a este personaje:

“Nuestros valientes Legionarios y Regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombre de verdad. Y, a la vez, a sus mujeres. Esto es totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen.
Mañana vamos a tomar Peñaflor. Vayan las mujeres de los “rojos” preparando sus mantones de luto.
Estamos decididos a aplicar la ley con firmeza inexorable: ¡Morón, Utrera, Puente Genil, Castro del Río, id preparando sepulturas! Yo os autorizo a matar como a un perro a cualquiera que se atreva a ejercer coacción ante vosotros; que si lo hiciereis así, quedaréis exentos de toda responsabilidad”.

Queipo de Llano fue uno de los vencedores de la Guerra Civil. La represión que se ejerció en Andalucía lleva su nombre. Solo un dato. Según las investigaciones del historiador Francisco Moreno, el 10% de la provincia de Córdoba fue ejecutada por la represión. Sin contar encarcelaciones, exilios y otras formas de represión. Queipo de Llano es el protagonista sin rostro de la obra.
Otra cuestión que toca la obra y es interesante es la colaboración de la Iglesia tanto en el golpe de Estado como en la represión. Por testimonios de las protagonistas en todas las torturas y vejaciones a la que son sometidas se encontraba la presencia de un cura. No es nuevo el papel que la Iglesia en la represión fue activo.
Igualmente el papel que la Alemania nazi jugó durante la Guerra Civil. Los nazis se desplazaron a España e instruyeron a los represores. Les dieron consejos como tenía que ser la represión. Los nazis colaboraron con los golpistas. Les ofrecieron ayuda militar y asesoramiento técnico. Una pasión que ya antes de la Guerra se había notado por las visitas que José María Gil Robles, dirigente de la CEDA, o José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange, habían efectuado a la Alemania hitleriana o la Italia fascista.
Igualmente el tema del miedo como fundamental para entender la actitud de muchos represaliados. El objetivo de los represores era reducir la condición humana del torturado. Poner en contra a unos y otros para poder ejercer con mayor fuerza la violencia. La figura de aquellos que veían que colaborando con los golpistas podrían salir de donde estaban también está presente en la obra.
Las protagonistas son mujeres. No es baladí. La represión sobre la mujer en el franquismo fue terrible. No solo cercenaron los derechos conquistas en años anteriores. Condenaron a la mujer al ostracismo. “Franco es el peor y odia a las mujeres” es la frase de una de las protagonistas.
Y junto a las torturas y la represión, las distintas formas de torturas que se podía ejercer, la obra tiene una conclusión clara. Franco ganó la Guerra. Franco impuso en España un régimen de terror. Sobre las cunetas de los ejecutados se fueron haciendo construcciones. Y debajo de todas ellas existen miles y miles de españoles que lucharon por un mundo distinto. ¿Qué tipo de democracia se construye sobre miles de cadáveres?


Resistencia 36 es una obra corta. Puede que tenga una temporalidad indefinida (aunque marcha el año 1936) por una serie de comentarios de los personajes (Badajoz, huida a Francia, etc.) pero consigue en 20 minutos transmitirnos muchas cosas. Un buen ejemplo de pedagogía en pocos minutos.
Julián Vadillo Muñoz

viernes, 20 de diciembre de 2013

Anton Chejov a medio camino

Artículo sobre el escritor ruso publicado en la edición digital del periódico Diagonal

La literatura rusa es, por justicia, una de las que más ha contribuido a la literatura universal. Grandes nombres jalonan a un extenso país como Rusia: Gogol, Dostoievsky, Pushkin, Gorki, Lermontov, Griboyedov, Pisarev, Dobrolubov, Belinsky, Turgenev, Tolstoi, etc. Novela, poesía, teatro, todas las materias fueron trabajadas por los rusos. Muchos de estos autores tuvieron un fuerte compromiso político. Pushkin participó de la revolución decembrista de 1825. Turgenev o Pisarev tuvieron compromisos políticos próximos al nihilismo (como corriente político-cultural) o a un vago socialismo. Tolstoi estuvo a caballo entre un cristianismo social y el anarquismo. Gorki y su obra La madre (entre otras) no dejan lugar a dudas.
            Pero en muchas ocasiones la contribución de estos autores para con la Revolución no se ceñía exclusivamente al campo político. Llevar componentes revolucionarios a la literatura fue también un elemento fundamental.
            Un autor conocido en estas lides es Anton Chejov (1860-1904). Si por algo destacó la obra de Chejov fue con los innumerables relatos cortos y cuentos que escribió. Fue su especialidad y por lo que le coloca en un lugar preeminente de la literatura universal. Pero Chejov no solo escribió relatos cortos y cuentos. Su contribución también es palpable en un pequeño grupo de novelas, algún ensayo y obras de teatro.
            El tiempo que le tocó vivir a Chejov fue convulso. Es un periodo donde se asentó la base de la posterior transformación revolucionaria que vivió Rusia en el la década de 1900 y 1910. Si bien Chejov tiene un gran volumen de obras vamos a centrarnos aquí un poco en su producción teatral.
            La obra dramatúrgica de Chejov se concentra entre 1881 y 1890, con alguna obra esporádica a final de la última década del siglo XIX e inicios del siglo XX. La corriente literaria en la que podríamos encuadrar a Chejov es el naturalismo. Un movimiento naturalista que tan bien represento en novela el francés Emile Zola. Si por algo se caracterizó el naturalismo fue la plasmación minuciosa de la sociedad, por trasmitir los problemas diarios de la misma a través de los personajes de la obra. Algo que Chejov cumple a la perfección en obras como La gaviota o Tío Vania. Descripción que en muchas ocasiones puede resultar lenta para el espectador pero que es absolutamente necesario para encuadrar la obra.
            Los personajes de las obras de Chejov están perfectamente definidos. Trasmiten los problemas del momento histórico que vivió Chejov. Tanto a nivel social como a nivel artístico. En ejemplo de La gaviota es paradigmático. Personajes que quieren hacerse un hueco en el mundo del teatro con las nuevas vanguardias que ya apuntaban frente a aquellos que se resistían a esas nuevas concepciones del arte dramático. No deja de ser un debate entre la juventud y la vejez. Un mundo caduco que se resiste a irse frente a la desesperación de las nuevas generaciones que no logran hacerse un hueco en el panorama. Y en ese tira y afloja el dramatismo y el final tráfico es inevitable.
            De Chejov hay que destacar una cosa fundamental. Vive a medio camino entre la desaparición de las concepciones clásicas del teatro frente al surgimiento de las nuevas vanguardias. Engancha con la generación clásica de los autores rusos y conoce a las figuras revolucionarias de los años venideros. De entre esas amistades hay una que destaca sobremanera para el futuro del teatro. La de Kostantín Sergueievich Alekséyev más conocido como Kostantín Stanislavski. El intento de plasmar la naturalidad de los actores es cosecha del propio Staniskavski en las obras de Chejov.
            Y es que Stanislavski comienza a desarrollar un concepto, “el método Stanislavski”, que revolucionaría las artes escénicas. La naturalidad del actor, la virtud de escuchar, que el actor se encuentre consigo mismo, ser creativo, etc. Todos unos conceptos que Chejov no verá desarrollado en su plenitud por su temprana muerte en 1904 de tuberculosis, pero que tuvo en otros autores como Meyerhold o Boleslawski a algunos de sus mejores representantes.
            Este modelo de teatro que creó Chejov y que desarrolló en método Stanislavski es que se encuentra la Revolución rusa. Los cometidos revolucionarios políticos de ésta sirvieron para impulsar el vanguardismo revolucionario en el arte. Una época dorada de Rusia que tuvo su mejor referente en un autor como Chejov. 

Julián Vadillo

Foto: A la izquierda Anton Chejov. A la derecha Máximo Gorki

viernes, 13 de diciembre de 2013

Lista de leyes represivas en la historia reciente de España

Pequeño acercamiento a algunas de las leyes represivas que han existido en España a tenor de la Ley de Convivencia Ciudadana (o Ley Mordaza). Son solo alguna de esas leyes. Hubo muchas más que darían para varios artículos. Esta pequeña lista fue publicada en el último número de periódico Diagonal

Ley de Vagos y Maleantes

Aprobada en pleno periodo republicano, el 4 de agosto de 1933. Fue una ley para reprimir al movimiento obrero como complemento a la Ley de Términos Municipales (solo podían trabajar obreros de un municipio). Esta ley de Términos Municipales fue muy polémica dentro del movimiento obrero. Apoyada por parte de la UGT y criticada por la CNT, consistía en que todos aquellos que buscasen trabajo fuera de su localidad y no encontrase se le aplicaba esta ley como vago o maleante.

Ley de Responsabilidades Políticas 

Aprobada el 9 de febrero de 1939 (aun no había finalizado la guerra). Impone la retroactividad para el delito político desde la Revolución de Asturias de 1934. Una auténtica aberración jurídica. Pertenecer a cualquier partido, sindicato u organización de la izquierda era delito condenado con cárcel e incluso la pena de muerte.

Ley contra el Bandidaje y el Terrorismo 

Aprobada el 15 de abril de 1947, venía a complementar a la Ley de Seguridad del Estado de 1941. Cualquier alusión o crítica al régimen franquista era considerado “exaltación a la rebelión” y con penas que podían alcanzar hasta los 14 años de cárcel por decir tan solo “Viva la República” o defender a algún sindicato de clase en público. Tuvo algunas revisiones al igual que el Código Penal del franquismo aprobado en 1944.

Tribunal de Orden Público 

Venía a sustituir al Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo. Cualquier delito que no fuese atentado contra las fuerzas del Estado o cargos del gobierno estaría bajo la jurisdicción del TOP. De lo contrario seguía siendo jurisdicción militar. Solo fue aprobado tras la ejecución del dirigente comunista Julián Grimau.

Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social

Aprobada el 5 de agosto de 1970. Su función fue la misma que la Ley de Vagos y Maleantes, que no fue derogada por el franquismo. Incluía la homosexualidad como delito para ser reprimido. Aun duró un tiempo tras la muerte de Franco.

Ley de Seguridad Ciudadana

Aprobada el 21 de febrero de 1992. Conocida también como Ley Corcuera o Ley de la patada en la puerta. Inicia la represión con carácter “preventivo”. El mejor precendente a la ley que se acaba de aprobar.

lunes, 9 de diciembre de 2013

A las proletarias, a mis compañeras

Reseña del libro Abriendo brecha. Los inicios de las mujeres por su emancipación. El ejemplo de Soledad Gustavo, publicado en el periódico Diagonal. Reseña escrita por Manuel Tabernas

Cumple este libro una tarea muy importante que es la de romper la sistemática invisibilización de las mujeres y su contribución a la Historia y a su propia emancipación.
Abriendo brecha es un libro equilibrado y muy bien estructurado. En el primer capítulo nos habla de la lucha de mujeres concretas pero también del despertar de una conciencia colectiva. Y de un ansía y capacidad de organización que desemboca en la eclosión de organizaciones de mujeres a principios del siglo XX y su participación activa y masiva tanto en debates como en huelgas y motines.
En el segundo capítulo se dan unas cuantas explicaciones claras y sucintas de las ideas y practicas del anarquismo y del papel de las mujeres en su construcción. Las organizaciones anarquistas tuvieron muy en cuenta desde el principio la reivindicaciones de las mujeres, en parte por la influencia temprana que tuvieron las ideas de Bakunin en la península.
En el tercero se habla de la figura de Teresa Mañé (Soledad Gustavo que era como firmaba sus obras) y su aportación al anarquismo como traductora de textos, fundadora de la Revista Blanca, partícipe en debates y autora de obras fundamentales del anarquismo español, es importantísima. Aunque la historia la haya postergado frente a otros personajes de su familia (es la madre de Federica Montseny).
Este libro viene pues a reparar una inmensa injusticia histórica. Bien es cierto que Soledad Gustavo no se planteó la lucha por la emancipación de la mujer como separada de la lucha humanista que era el anarquismo, pero era fácil pensar entonces que la revolución acabaría con todas las injusticias. Quizá ahora pensaría que la revolución tiene que ser feminista o no sera.
Un nutrido y fabuloso apéndice con sus obras muestra que sus luminosas palabras y brillantes reflexiones son necesarias y a día de hoy mueven y conmueven por su absoluta vigencia. Señal de que los problemas son los mismos y que pese al paso del tiempo lo siguen siendo. La oscuridad, el atavismo, y las instituciones que las promueven siguen bien vigentes. Iglesia, estado, burguesía y retrógrados de toda laya se esfuerzan porque vivamos aún en la España atávica; la de los 40 años de paz; esa España donde la caspa deja de ser una enfermedad del cuero cabelludo y se convierte en una forma de vida. Aquel corralón desierto donde extinguieron las pocas luces que había y donde no han puesto todavía farolas nuevas. Quizá para que las mujeres no puedan andar tranquilamente por las calles.

martes, 3 de diciembre de 2013

JUVENTUD, DIVINO TESORO

Reseña del libro de Sandra Souto Kustrín. Paso a la juventud. Movilización democrática, estalinismo y revolución en la República Española (PUV-Universitat de València, Valencia, 2013)

El estudio de las organizaciones políticas y sindicales en los años 30 ha dado para muchas páginas de libros. Pero hay aspectos que han sido poco tratados en la historia del movimiento obrero y de la izquierda española. Una de ellas es la importancia de la juventud y de sus organizaciones en aquellos duros años.
Ese hueco ha venido a rellenarlo la profesora Sandra Souto Kustrín. Hace ya algunos años nos sorprendió con un magnífico libro titulado Y ¿Madrid? ¿Qué hace Madrid? Movimiento revolucionario y acción colectiva (1933-1936) donde daba un interesante vuelco a la participación del movimiento obrero durante la huelga general de octubre de 1934 en la capital de la República.
Con el libro Paso a la juventud, Sandra Souto se adentra en la historia de las juventudes de los partidos y las ideologías obreras en España desde finales de la década de 1920 y durante toda la de 1930. La mayor parte de sus páginas se dedican a las Juventudes Socialistas y a las Juventudes Comunistas así como a la fusión a la que llegaron ambas organizaciones en 1936 dando lugar a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). Igualmente son tratadas de forma amplia la organización de los jóvenes anarquistas, la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias. En menor proporción la obra se adentra en la historia de la Juventud Comunista Ibérica, que eran las juventudes del POUM. Menor espacio se le dedica a las Juventudes de Izquierda Republicana o a las Juventudes de Unión Republicana. Básicamente porque sus actividades fueron menores que las anteriores. Lugar especial ocupa la Unión Federal de Estudiantes Hispanos o Federación Universitaria Escolar.
El origen y la utilidad de las organizaciones juveniles nunca quedó claro o no se delimitaron bien los espacios. ¿Eran organismo dependientes de un partido o eran independientes respecto a los mismos? Para el caso de las Juventudes Socialistas el despegue de sus actividades organizativas no se produce hasta prácticamente la proclamación de la República, a pesar de que fue fundada en 1903 por el socialista vasco Tomás Meabe. Quizá el caso más paradigmático de organización juvenil ligada a un partido sea los comunistas. El nacimiento de la Unión de Juventudes Comunistas de España (UJCE) responde a la necesidad de la organización de la juventud y encuadrarla posteriormente en el partido. Para el caso de los anarquistas, el origen de la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias es más difuso. Mientras en algunos lugares surgen como organismos juveniles dentro de los sindicatos como aprendices, en el caso catalán fueron prácticamente las juventudes de la Federación Anarquista Ibérica.
El libro nos lleva en volandas por las actividades de estos grupos. Los debates que generan dentro de la juventud española y como fueron unos avanzados respecto a las organizaciones de sus mayores. La problemática en la que se encontró la juventud en aquellas trascendentales años fue abordada por estas organizaciones. La unificación conseguida entre socialistas y comunistas antes de la guerra significó un paso que no fue bien recibido por todos. Desde los anarquistas que se movilizan para no perder comba en todo el debate hasta las propias organizaciones de mayores que no tuvieron la misma lectura del suceso. Incluso dentro de las propias Juventudes Socialistas hubo voces criticas ante lo que consideraban una intromisión del comunismo.
Sandra Souto ha realizado un buen trabajo. Un libro muy investigado y muy contrastado. Rescantando una parte de la historia del movimiento obrero y de izquierdas poco trabajada. Ha superado con nota los trabajos ya realizados al respecto como el de Ricard Viñas (La formación de las Juventudes Socialistas Unificadas) o el modesto trabajo presentado por Aurelio Martín Nájera, Antonio González Quintana o Gutmaro Gómez Bravo (Juventudes Socialistas. Cien años protagonistas del cambio, 1906-2006) al cumplirse el centenario del primer congreso nacional de la Federación Nacional de Juventudes Socialistas.
Quiza se hecha de menos una mayor profundización la historia de las Juventudes Libertarias, completamente desconocida hoy. En este aspecto la obra no deja de caer en algunos lugares comunes (como el tema de la represión durante la guerra) que no ensombrecen para nada el resultado final de la obra.
Es evidente que hay organizaciones que no podían tener el mismo trato que la de socialistas, comunistas y anarquistas. En el caso de las JCI del POUM hay que ser conscientes que fue una organización que tuvo implantación sobre todo en Barcelona y un poco en Madrid. Fuera de esos ámbitos era completamente desconocida. Y en el caso de las juventudes de Izquierda Republicana o de Unión Republicana, sus actividades fueron modestas por no decir inexistentes en algunos casos. Acierta la autora al no centrarse en las organizaciones juveniles de los partidos nacionalistas en Euskadi o Cataluña por ser, quizá, aspecto que merecerían un trato independiente.
Un gran acierto del libro es trabajar la internacionalización de la Guerra Civil desde las organizaciones de la juventud. Sandra Souto concede importante espacio tanto a la Internacional Juvenil Socialista como la Internacional Juvenil Comunista. Los propios propósitos de unificación de estas entidades supranacionales.
Otro aspecto importante a destacar es el papel que tanto el PSOE como el PCE jugaron a la hora de analizar las actividades de sus juventudes ya unificadas durante la Guerra. Cual fue el papel del caballerismo (primero partidario de la unificación y luego crítico con ella y opositor a la misma). Que rol jugó el estalinismo y el PCE en la organización de la juventud. También las disputas que determinados sectores de la Juventudes Libertarias tuvieron con la CNT. Eso indicaba, en parte, una mayor autonomía de las organizaciones juveniles durante la Guerra Civil.
Gracias a este libro podemos destacar las importantes figuras del movimiento juvenil como Lorenzo Iñigo, Trifón Medrano, Segundo Serrano Poncela, Serafín Aliaga, Carlos Álvarez, Wilebaldo Solano, etc. También los pasos hacía una imposible unificación de toda la juventud en la Alianza Juvenil Antifascista.
Debates, personajes, peleas, intentos de unificación de todas las fuerzas, disgregación, críticas, etc. Toda una pléyade de circunstancias que tuvo su punto final en la derrota de 1939 y con toda una generación juvenil que fue o liquidada físicamente por el franquismo, o condenada a largos años de cárcel o empujados al exilio. Una generación pérdida que no pudo disfrutar la sociedad española.

Julián Vadillo Muñoz

lunes, 25 de noviembre de 2013

Una pequeña reflexión sobre la huelga en la historia de España

Cuando la pasada semana Mariano Rajoy anunció que se establecería una nueva ley de servicios mínimos, el periódico Diagonal redactó un artículo sobre esta propuesta y me encargó hacer un pequeño recorrido por ese derecho de huelga en España.
Aquí reproduzco esa pequeña reflexión sobre la huelga en España

En la actualidad el derecho de huelga en España está amparado por tres vías. La constitución en su artículo 28, el Estatuto de los Trabajadores en su artículo 4 y un Real Decreto firmado en marzo de 1977 (cuando aun no existían libertades democráticas formales en España). A pesar de ello el derecho de huelga se ha visto disminuido en España con el paso de los años. No solo por venir de leyes preconstitucionales (como en el caso del Real Decreto) sino por la voluntad tanto de administraciones como de la patronal de ir recortando estos derechos. La eliminación de la terminología “política” de la huelga (con aquiescencia de los sindicatos mayoritarios) es también una herencia del franquismo. También los ajustados plazos para poder convocar una huelga así como los establecimientos de los llamados servicios mínimos (que en otros lugares de Europa son inexistentes) complican el poder desarrollar este derecho.
Tras la huelga de metro de 2010 en Madrid y la de basureros, recientemente, también en la capital del Estado español, han provocado una reacción de patronal y de la derecha política con el objetivo de cercenar aun más el derecho a la huelga.
Aun así la historia de la huelga en España y la conquista de su derecho no fue fácil para nada. El movimiento obrero recurrió a las huelgas para poder conquistar mayores cotas de igualdad. Con un derecho muy estrecho y sucesivas reformas, las autoridades políticas en España siempre consideraron la huelga un problema de orden público. La llamada “cuestión social” nunca fue considerada un problema estructural del sistema político y económico, sino que era tratado como simple algarada. Es por ello que la inmensa mayoría de los conflictos huelguísticos en España terminaba con enfrentamientos directos entre fuerzas de seguridad y ejército y la clase obrera. La patronal no solo reprimía por la fuerza, sino que tendía al pago del rompehuelgas (esquirol) para poder no solo sortear la huelga sino abaratar los costes de trabajo.
A pesar de ello los grandes ciclos huelguísticos en España (1901, 1902, 1908, 1909, 1911, 1913, 1916, 1917, 1918, 1919, etc.) consiguieron avances y mejoras. Todas bajo las llamadas “huelgas científicas”. Por ejemplo la jornada de 8 horas de trabajo tras la huelga de la Canadiense en 1919, impulsada por la CNT. Aun así hay que hacer constar que la utilización de la huelga por parte de socialistas y anarquistas fue distintas. Mientras los socialistas lo utilizaron siempre como último recurso para los libertarios la huelga era una herramienta fundamental con la que presionar para la negociación.
Solo la Segunda República, y con Francisco Largo Caballero en el Ministerio del Trabajo, realizó una serie de leyes que regulaba la utilización de la huelga. Muy del gusto del ministro socialista y líder máximo de la UGT, la huelga se utilizaría como recurso cuando los Jurados Mixtos en su intento de conciliación del conflicto fracasasen. A pesar que se intentó utilizar así, la realidad de la España republicana donde la clase patronal inició una autentica ofensiva contra la clase obrera, la utilización de la huelga general se llevó a cabo bajo los parámetros de la acción directa. A la altura de 1934 incluso la UGT lo empezó a hacer de tal modo lo que dio primacía en el movimiento obrero al anarcosindicalismo.
La Guerra Civil puso el foco de la importancia en el movimiento en otro ámbitos. La derrota militar y política de la República y las organizaciones obreras, hizo que el franquismo condenase a estas. La huelga fue un delito perseguido y juzgado por consejo de guerra militar hasta la creación del TOP (Tribunal de Orden Público). Pero hacer huelga fue un delito en España durante el franquismo.
En esa situación se firmaron y desarrollaron los decretos y la legislación firmada relatada al principio. Las actuales declaraciones e intenciones de recortar el derecho de huelga así como las normativas de convivencia ciudadana que quieren imponer solo viene a confirmar las distintas reformas que el Estatuto de los Trabajadores ha tenido, la ruptura total de los convenios colectivos a nivel nacional y el volver a poner la protesta ciudadana y obrera como un problema de orden público y no como un problema estructural del sistema.
 Nada nuevo bajo el sol.

viernes, 22 de noviembre de 2013

OCHENTA AÑOS DEL VOTO FEMENINO EN ESPAÑA

Reproduzco el artículo publicado en la edición digital de Diagonal por los 80 años del voto femenino en España

El 19 de noviembre de 1933, tras un difícil debate parlamentario, las mujeres pudieron ejercer por primera vez el derecho al voto. La proclamación de la República había dado la posibilidad de elegir a las mujeres al Congreso. Con la aprobación del sufragio universal total en España las mujeres podían también elegir y no sólo ser elegidas.

La reivindicación del voto femenino a nivel internacional ha tenido una profunda tradición dentro de los movimientos sociales y también generó grandes debates, no todos en la misma dirección. Aunque el primer lugar del mundo donde se aprueba el voto femenino es el Estado norteamericano de Nueva Jersey, se trató de un error de forma, ya que la ley del voto hablaba de “personas” y no de hombres y mujeres. En 1807 corrigieron la ley y las mujeres volvieron a quedarse sin posibilidad de participar a través del voto. Aun así, las posibilidades que abría la Revolución francesa para las mujeres pusieron en los años sucesivos su participación en el centro de muchos debates. Las ideas que transmitieron figuras como Olimpia de Gouges, Mary Wollstoncraft o Harried Taylor fueron la base fundamental para las reivindicaciones posteriores.
Del mismo modo, en Estado Unidos las mujeres se vinculan a movimientos abolicionistas para poder reivindicar sus propios derechos. Con el final de la Guerra de Secesión de 1865 y la abolición por parte de Lincoln de la esclavitud de los negros (que no de la conquista de sus derechos civiles), las mujeres van adoptando sus propias estructuras. Precedentes como la Declaración de Seneca Falls dan inicio a la lucha por el derecho al voto. La figura de Emilienne Pankhurst es fundamental para entender este periodo.
Todos estos movimientos y trasmisión de ideas fueron dando los primeros resultados. En 1838 se aprueba el voto femenino en la Islas Pitcairn. Australia del Sur lo aprueba en 1861. En EE UU, el primer Estado que aprueba el voto es el de Wyoming, pero sin conceder tal derecho a los hombres y mujeres negros. En 1893, Nueva Zelanda se hace con el sufragio universal igual para hombres y mujeres. El primer país europeo en aprobarlo es Finlandia y no llegará hasta 1907.

Una raíz reivindicativa en España

Lejos de la imagen estereotipada que de España se ha tenido al respecto, la lucha de las mujeres fue muy importante en la segunda mitad del siglo XIX y durante el primer tercio del siglo XX. Junto a figuras míticas como Agustina de Aragón o a mujeres pioneras en la lucha como Mariana Pineda, la lucha por la inclusión de las mujeres en la participación política forma parte del desarrollo del movimiento obrero. El primer congreso de la Federación Regional Española, siguiendo la estela bakuninista, reivindicaba la igualdad de derechos laborales para hombres y mujeres.
Aunque el debate del voto se comenzó a desarrollar en algunos círculos republicanos y socialistas, toman relevancia dentro del movimiento obrero de carácter libertario, que sitúa cuestiones como la mejora de las condiciones laborales y de vida o protestas por la carestía de productos de primera necesidad en el centro de las reivindicaciones. Es el momento de emergencia de figuras como las de Teresa Claramunt o Teresa Mañé. Cuestiones como la liberación de la esclavitud social, la explotación o el amor libre comienzan a proliferar en los medios obreros, así como la reivindicación de la educación para las mujeres y el control de la natalidad. Los trabajos asistencialistas de Concepción Arenal o las reivindicaciones académicas de mujeres como Emilia Pardo Bazán fueron fundamentales en aquellos momentos.
Para ver de forma evidente el debate del voto femenino habría que esperar a la década de 1910-1920 en España. A través de algunas asociaciones y de integrantes de movimientos republicanos y obreros se comienza a reivindicar dicho derecho. En el caso del socialismo, proveniente de la influencia que personalidades internacionales como Clara Zetkin o August Bebel, va tomando forma a través de figuras como María Cambrils, Margarita Nelken, Julia Álvarez Resano o María Lejárraga. En el campo republicano comienzan a tomar importancia los nombres de Clara Campoamor o Victoria Kent. Obras como “El feminismo socialista” de María Cambrils marcan ya la tendencia que se desarrollará durante la Segunda República.

El voto en la República

La proclamación de la República en 1931 llevó al Congreso, por primera vez elegidas democráticamente, a tres mujeres. Victoria Kent por el Partido Republicano Radical-Socialista, Clara Campoamor por el Partido Radical y Margarita Nelken por el Partido Socialista. Una vez compuesta la cámara comenzó el debate sobre el voto feminino, donde sólo participaron Campoamor y Kent, ya que Margarita Nelken estaba tramitando su nacionalidad y no pudo tomar posesión del escaño hasta después del mismo. Si bien Campoamor defendió el voto femenino con vehemencia, por encima de las directrices de su propio partido (Lerroux y los suyos eran contrarios a conceder el derecho al voto a las mujeres), Victoria Kent era reacia a él por considerar que las mujeres votarían a candidaturas conservadoras, dada la influencia que la Iglesia tenía sobre ellas. A pesar de todos los debates, o de las palabras de Indalecio Prieto considerando que el voto femenino era una puñalada trapera a la República, la mayoría del Congreso lo aprobó. Las mujeres fueron adquiriendo cargos de responsabilidad y Victoria Kent fue aupada a la Dirección General de Prisiones.
El movimiento anarquista, donde había amplia participación femenina (Federica Montseny, Libertad Ródenas, Lucía Sánchez Saornil, Mercedes Comaposada, Soledad Estorach, Suceso Portales, etc.) se mantuvo al margen del debate sobre el voto femenino por no considerarlo fundamental para la lucha de la emancipación de las mujeres.
El 19 de noviembre de 1933 las mujeres ejercían por primera vez en España el derecho al voto. Los resultados electorales fueron beneficiosos para la derecha, que se aupó con la victoria, algo que podía dar la razón a los temores de Victoria Kent. Sin embargo, el análisis posterior del voto femenino en aquellas elecciones lo desmentirá. En esas elecciones salen elegidas seis mujeres como diputadas. Tres por la izquierda: Margarita Nelken, Matilde de la Torre y María Lejárraga. Y tres por la derecha: Francisca Bohigas, María Urraca Pastor y Pilar Careaga. La primera diputada comunista fue Dolores Ibarruri, elegida por Asturias en febrero de 1936. Y la primera mujer ministra fue Federica Montseny, ya durante la Guerra Civil, en el gobierno de Francisco Largo Caballero, ocupando la cartera de Sanidad y Asuntos Sociales. La participación de las mujeres en el mundo social y político fue frenada por el franquismo, con una visión de las mujeres impuesta desde la Iglesia católica o el falangismo femenino de Pilar Primo de Rivera.