lunes, 6 de marzo de 2017

EN DEFENSA DE MAX AUB

Recuerdo que en el año 2004 comencé mis cursos de doctorado en la Universidad de Alcalá de Henares. Entre los cursos que solicité se encontraba uno que se titulada “Los exilios de las España de 1939. Literatura, teatro, cine y testimonio”, dirigido por el profesor José María Naharro-Calderón. Y fue en ese curso cuando conocí de forma más pormenorizada la vida y obra de Max Aub. Hasta ese momento había leído su novela La calle de Valverde y algunos trozos de su obra Campo de almendros. Sin embargo, el profesor Naharro-Calderón profundizó en el universo concentracionario de Max Aub y eso me animó a realizar un trabajo sobre su libro Campo francés. Desde entonces mi admiración por la persona y la obra de Max Aub no paró de crecer. Un literato que eligió la nacionalidad española (“Una persona es de donde hace el Bachillerato” dijo en cierta ocasión. Y Aub lo hizo en Valencia), que desarrolló su carrera profesional en nuestro país, que se afilió al movimiento obrero a través del PSOE y la UGT y que tras la Guerra Civil sufrió los campos de concentración y vivió en el exilio mexicano. Antes la vida de Max Aub la conocí por una serie protagonizada por Juan Echanove que emitió TVE en 2002 con el título “Max Aub, un escritor en su laberinto”, parafraseando “El laberinto mágico” que aglutina las diversas obras de Aub sobre los campos de concentración en España y Francia tras la Guerra Civil española y que tanto le marcaron.
            Por eso, ayer leía con estupor que los nuevos gestores de la Naves de Matadero pretenden eliminar el nombre de Max Aub de una de las naves para pasar a denominarse Nave 10. La misma suerte va a correr la que lleva el nombre de otro dramaturgo como Fernando Arrabal, que pasará a denominarse Nave 11. Las razones que argumentan el equipo directivo de las Naves de Matadero es que tanto Aub como Arrabal no representa el teatro que a partir de ahora se va a desarrollar en dicho lugar. Que esos autores son parte de un modelo más clásico del teatro.
            No deja de sorprenderme ni de indignarme esta decisión por varias razones. La primera porque el nombre de una sala se pone por los méritos del personaje (sobrados en el caso de Max Aub y Fernando Arrabal) y no por si el mismo concuerda con su forma de entender el teatro al que se desarrolla en el espacio. No veo al Centro Dramático Nacional cambiando el nombre de Valle-Inclán o María Guerrero a sus teatros solo porque en esos espacios no se desarrolla un teatro como lo entendían esos autores. La segunda razón es porque tanto Aub como Arrabal revolucionaron el mundo del teatro en sus momentos históricos. Ya no solo por sus obras sino por su puesta en escena. Por eso pasan a la historia de la literatura y de la dramaturgía. Por eso tiene el nombre sus salas. Y en tercer lugar, porque tener esos nombres, mantener y explicar quienes fueron, forman parte de las políticas públicas de la memoria que se vienen pidiendo para la ciudad de Madrid desde hace años. Porque Aub forma parte de la historia más reciente de este país que tuvo que abandonar España por su oposición frontal a la dictadura de Franco. No solo es una cumbre de la literatura sino un represaliado político. También lo fue Arrabal en otros momentos históricos y bajo la bota del mismo dictador. Volvería a ser un error garrafal, uno más, en materia de memoria por parte del Ayuntamiento de Madrid y de su equipo de gobierno encabezado por la alcaldesa Manuela Carmena.
            A veces cuesta pensar de donde salen este tipo de decisiones. Pero las políticas de memoria del Ayuntamiento madrileño están empezando a llegar al delirio. En una absurda política de compensación se da una de cal y otra de arena. Los méritos para ser parte de un callejero o del nombre de una sala, se tiene en la historia de ese personaje. De quién estamos hablando. La memoria histórica es una cuestión de derechos humanos no es una mera cuestión de consenso. Por mucho que le pese al Ayutamiento madrileño no es lo mismo Max Aub que el general Yagüe. Y aunque sé a la perfección que el Comisionado de Memoria depende directamente de la alcaldía y la dirección de Matadero depende de un concurso público de Cultura, no se puede desgajar el desastre general de la gestión de la memoria de todo el equipo de gobierno. Porque aunque haya salido a concurso público el Ayuntamiento tiene que tener el aherrojo de frenar este tipo de iniciativas. Porque es absolutamente demencial que el pasado sábado 4 de marzo se le pusiera el nombre de Arturo Barea a una plaza de Lavapiés (la de las Escuelas Pías, donde estudió el autor de La forja de un rebelde) y ese mismo día nos sorprenda la noticia de que quieren quitar el nombre de Max Aub y Fernando Arrabal a las Naves de Matadero.
            Como amante del teatro, estoy de acuerdo en todas las técnicas experimental modernas (y posmodernas, si nos ponemos) que se quiere llevar a los escenarios. De eso se nutrió históricamente el teatro. Pero lo que no puedo estar de acuerdo es que en nombre de esa “posmodernidad” quieran barrer la memoria de aquellos que no solo crearon un teatro mejor sino que lucharon por un mundo mejor y fueron represaliados por ello. Hay que ser ecuánime y saber poner freno a las barbaridades. Ya se cometió una auténtica barbaridad contra la Cátedra de Memoria Histórica, contra ese grupo de profesionales que intentaron desarrollar un plan de memoria en Madrid y que fueron atacados de forma inicua por diversos frentes con acusaciones falsas. Estamos a tiempo de frenar una nueva barbaridad que puede hacer desaparecer a Max Aub y a Fernando Arrabal de las Naves de Matadero. Porque aunque no respondan al mismo criterio el resultado que se daría sería el mismo que si la derecha más rancia de la capital de España arremete contra la izquierda cultural exiliada: la desaparición de sus nombres.
            Todavía se está a tiempo de corregir el error, porque a este paso el equipo de gobierno de Ahora Madrid va a conseguir laminar los apoyos que les sostiene y habría hecho un nuevo feo (uno más) a la memoria de los represaliados del franquismo y a las asociaciones de la memoria y de víctimas que piden solo un poco de consideración.
            Experimentemos, avancemos pero cuidemos la memoria. No hagamos desaparecer a Max Aub del nombre de una sala, a su legado, por argumentos tan peregrinos. Quizá, la parte más consciente del equipo de gobierno del Ayuntamiento debería tomar cartas en el asunto.
            Desde luego, con mi modesta opinión, y como historiador de esos que investiga lo que significó la España que el franquismo se encargó de perseguir, solo puedo oponerme a que Max Aub y Fernando Arrabal (cuya obra conozco menos) desaparezcan de las Naves de Matadero.

Julián Vadillo
Historiador







 ¿Quién era Max Aub?

            Max Aub Mohrenwitz nació el 2 de junio de 1903 en París. Sus abuelos paternos eran Max Aub y Magdalena Marx, de cuya unión nació Federico Guillermo Aub Marx. Este casó con Susana Mohrenwitz. De esta unión nació el citado Max y su hermana Magdalena Aub.
            Su padre era de Baviera y era representante comercial, a pesar de que venía de una familia dedicada por entero al derecho y las leyes. Hablaba bien el español y trabajó para la Casa Alaska en Sevilla. Al quebrar se instala como vendedor de bisutería fina para caballeros. La gran cantidad de viajes que realizaba hace que Max tenga más relación con su madre.
            La madre de Max Aub era de origen sajón, aunque había nacido en Francia. Pertenecía a la alta burguesía. Max Aub se crió con ella, su hermana y la criada. El amor de madre a hijo fue intenso y también viceversa.
            Se crió siempre en un ambiente cultural elevado. Practicó el bilingüismo y, a pesar de sus orígenes judíos, su enseñanza fue agnóstica.  Su contacto con la lectura fue continuo. Mostraba pasión por los libros. Aprendió a leer con Los miserables y tenía fascinación por Víctor Hugo, Baudelaire, Rimbaud, etc.
Se educó en el colegio College Rollen, muy exquisito y esmerado. Vinculado con Karl Marx por su abuela paterna, siempre tuvo en él esa constante de sus orígenes sociales y familiares.
Max Aub, aunque francés, se consideraba apátrida. Y con su llegada a España llegaba el español apátrida. Instalado en Valencia se convirtió en un escritor valenciano y un español universal.
Con el estallido de la I Guerra Mundial, Max tuvo que salir de Francia con toda su familia. Como su padre estaba de viaje por España unos amigos le aconsejan que no volviera a Francia. Y en agosto de 1914 toda la familia se reunió en Barcelona. Con once años llega a Valencia y queda completamente enamorado de la ciudad del Turia. Su familia pasa por varios domicilios de la capital valenciana. En 1915 escribe su primer poema en español. Y al siguiente año su padre pide la nacionalidad española.
España estaba entonces en plena efervescencia política. En 1917 la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) y la UGT (unión General de Trabajadores) llegan a unas alianzas para declarar huelga revolucionaria. En Valencia, en la plaza de Emilio Castelar, hay un enfrentamiento entre ciudadanos y Guardia Civil. Desde entonces Max Aub sabe que su lugar esta con los humildes y los oprimidos.
En 1918 cursa estudios en la Alianza Francesa y en la Escuela Moderna, que era la única laica de Valencia. Su educación desde pequeño fue pues liberal y laica. De esta época le impacta algunos de sus profesores, sobre todo Ángel Lacalle, profesor de Literatura Española.
Comienza a tomar amistad con la familia Gaos, con Manolo Zapater, Fernando Dicenta, Juan Gil-Albert, Juan Chabas, Pedro de Valencia, etc. Toma pasión por la comida, la música y los libros, frecuentado librerías de viejo.
En 1920 acaba el bachillerato. Entonces su padre quería que siguiera la tradición familiar y estudiara Derecho. Pero prefirió seguir los pasos de su padre y se hizo representante por Levante, Aragón, Cataluña y Almería. Merced a estos viajes toma contacto con el mundo cultural y de la vanguardia.
Conoce en 1921 a Jules Romains, que le da una carta de presentación que utilizará con posteridad. Por esta época Max esta suscrito a la Nouvelle Revue Française, y también a otras revistas italianas y belgas.
Repartiendo sus mercancías por Cataluña conoce en las tertulias a personalidades como López Picó, Salvat Papasseit, Esclasens y Gasch. Se adentra en el teatro experimental con obras como El desconfiado prodigioso o Espejo de avaricias.
Llegado en 1923 es testigo en Zaragoza de la militarada que provoca la sublevación de Miguel Primo de Rivera, con la declaración del Estado de Guerra.
Le toca la lotería en diciembre de 1923, y esto le permite viajar a Madrid junto a su amigo José Medina Echevarria. Allí presenta a Enrique Díez-Canedo la carta de presentación que en 1921 le había facilitado Jules Romains. Díez-Canedo le introduce en el Ateneo de Madrid, y allí le presenta a Luis Fernández Ardavín, quien lee sus versos.
En un viaje a París en 1924 conoce a Joan Miró y a escritores como Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, Jorge Guillen, José Bergamín, Francisco Ayala, Gerardo Diego, Juan Gil-Albert, Alejandro Casona, Vicente Gaos, Emilio Prados, Juan Chabas, etc. Con todos tendrá relación, sobre todo tras la Guerra Civil.
Publica versos en España. También le influye mucho el filósofo José Gaos, que le recomienda la lectura de Heine, de filósofos del siglo XIX, y le introduce por el placer de Baroja, Unamuno, Quevedo, Cervantes o Mariano José de Larra.
Con la mayoría de edad se nacionaliza español para poder cumplir el servicio militar. Pero la miopía le exime de entrar en el ejército.
En 1925 publicó Los poemas cotidiano, con prólogo de Enrique Díez-Canedo. En la Revista de Occidente publica extractos de Geografía. Un año después publica Caja, cuento vanguardista en la línea de Geografía.
El 3 de noviembre de 1926 contrae matrimonio con Perpetua Barjau Martín, que sería su compañera hasta la muerte. Un año después, el 8 de abril de 1927, nace su primera hija Maria Luisa.
Su estancia en Madrid le hace conocer a personajes como Manuel Azaña, Julio Álvarez del Vayo, Luis Araquistaín, Juan Negrín, Gregorio Marañón o Ramón Maria del Valle-Inclán. Todos ellos se reunían en el café Regina.
Su obra teatral Narciso es pública en 1928. Es una pieza difícil, con acento vanguardista, y que se anticipa a un teatro que hará aparición treinta años más tarde.
En ese año 1928 conoció al escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez, que había vuelto a España se su destierro. Poco después Blasco falleció. Por ello, cuando Aub vuelve a España en viaje, muchos años después de su exilio, visita la tumba de sus padres en Valencia y también la del escritor Vicente Blasco Ibáñez.
Desde 1927 Max Aub comenzó a tener contacto con el PSOE (Partido Socialista Obrero Español) y se adhiere a él en 1928. Años después, en 1954, hablaba así de su compromiso político: “Mi socialismo nació de un sentimiento de solidaridad, de un deseo de que los que no tienen vivan mejor. No es esto una idea sino un anhelo tan viejo como la sociedad”. Max Aub nunca abandonará el PSOE.
El 14 de abril de 1931 se proclama la II República. Max Aub apoya al nuevo régimen. El 18 de septiembre nace su segunda hija, Elena. Publica en 1933 Fábula verde. Escribe para el periódico La luz y realiza un viaje a la URSS a los festivales de teatro junto a su amigo José Medina Echevarría.
Entre 1934 y 1936 dirige El Búho, grupo de teatro universitario al estilo de La Barraca de Federico García Lorca. También publica Luis Álvarez Petreña y Yo vivo. Escribe para las Misiones Pedagógicas Jácara del Avaro. Hace constantes viajes a Barcelona y Madrid. Aquí conoce a personajes como Reglar, Ernest Hemingway o Andre Malraux.
Para la campaña del Frente Popular escribe en 1936 El agua no es del cielo y estrena en el Teatro Principal Las dos hermanas, donde incita al pacto entre la UGT y la CNT.
Ya durante la Guerra, dirige en Valencia el periódico Verdad y es el socio número 3 de la Alianza de Escritores Antifascistas para la Defensa de la Cultura. En julio de ese 1936 nace su hija Carmen.
Desde diciembre de 1936 hasta julio de 1937 es Agregado Cultural de la Embajada Española en Paris junto al embajador Luis Araquistain. Fue subcomisario de la Exposición Universal de París. Encarga a Pablo Picasso un cuadro, razón por la cual nacerá el Guernica. Organiza el II Congreso de Intelectuales Antifascistas celebrado en Valencia, Madrid y Alcalá de Henares.
Adaptó en 1938 La madre de Máximo Gorki y en 1939 dirige con Andre Malraux la película Sierra de Teruel[1].
Con la derrota de la República, Max tiene que salir de España. Pero lejos de encontrarse en un exilio tranquilo, Max Aub sufre la represión de las cárceles y los campos de concentración. Permanece durante un año en París donde escribe Campo cerrado, y reivindica Sierra de Teruel como la mejor obra cinematográfica a favor de la República. Su defensa de la República española le vale tener enemistades. Por ello Aub es acusado de comunista en una Francia invadida, sufriendo prisiones y encarcelamiento.
En abril de 1940 entra en el campo de Roland Garrós (que también recreará en Campo francés como veremos). Pide ayuda a Jules Romains  y este le pasa la petición a Henri Mimbré. De Roland Garrós pasa al campo de Vernet d´Ariège, donde ocupa el lugar que tuvo el húngaro Arthur Koestler. En 1941 consigue la libertad y va como agregado de prensa del Gobierno de México a Marsella. Trabaja para la Resistencia francesa y en la confección de visados para exiliados españoles. Vuelve a ser denunciado, pasando por la cárcel de Niza y Marsella, para volver al campo de Vernet donde estará cuatro meses. De allí pasará a las prisiones del Norte de África. El amor que siente por España le hace atesorar en esos duros días la idea de editar un libro de los clásicos españoles. También en el traslado a Argelia, cuando está en el Mediterráneo, ve frente a frente a España, de la que tuvo siempre la idea del retorno. El trayecto le inspira a escribir San Juan.
Entre 1941 y 1942, durante nueve meses, está en el campo de concentración de Djelfa en Argelia. Cuando sale tiene una autorización para poder embarcar en Casablanca hacia México. Pero es detenido en Oxuda ante una nueva sospecha de comunismo. Esta detención le hace perder el barco de Casablanca, a pesar del visado que le había facilitado John Dos Passos. Se refugia en una maternidad y es ayudado a escapar por Edmundo González Roa, cónsul de México. Embarca por fin el 23 de julio de 1942 hacia EEUU junto a Alfredo Mendizábal. El 1 de octubre de 1942 llega a Veracruz. En el trayecto escribió las obras teatrales El puerto y La vida conyugal.
El 30 de octubre de 1942 es aceptado en México como Asilado Político en calidad de inmigrante. México será su segunda patria y no la abandonará si no es para volver a España. Podemos considerar que su vida fue una carrera de obstáculos y objetivo el retorno.
En México se vincula personalmente al mundo del periodismo, la docencia y sobre todo al cine. A pesar de ello no se sintió muy convencido y sus amigos le hicieron entender que era para su supervivencia. Su tarea de escribir continúa y el 6 de julio de 1943 publica San Juan: la expresión tristemente exacta de nuestros días. También estrena en el Teatro Virginia Fábregas La vida conyugal. Es el primer español que estrena en territorio mexicano. Por ello el 20 de septiembre de 1943 se le realiza un homenaje, con la asistencia de varios intelectuales mexicanos y españoles (Alfonso Reyes, José Gaos, León Felipe, Francisco Giner de los Ríos, Mariano Ruiz Funes, etc…).
Se afilia en 1943 al Sindicato de Trabajadores de la Industria Cinematográfica, Similares y Conexas de la Republica Mexicana. Por ello se puede seguir su actividad como autor, coautor, director y traductor de más de 50 guiones cinematográficos. Fue también profesor de técnicas cinematográficas y en 1944 es elegido secretario de la Comisión Nacional de Cinematografía. Ese año termina y publica Campo cerrado.
En 1946 Max Aub, gracias a la ayuda de la Secretaria de Gobernación, puede reunirse otra vez con su familia. Ese año publica El rapto de Europa. En 1947 reivindica su calidad de inmigrado y un año después, el Certamen de Fiestas de Primavera le entrega una medalla por su poema Canto de Primavera. Publica Los muertos y el 6 de enero de 1949 se le concede la categoría de inmigrado, solicitando poco después la nacionalidad mexicana para toda su familia.
Trabaja para la cinematográfica y la editorial de Castro Leal y hace ediciones junto a Francisco Giner de los Ríos y Díez-Canedo. En este momento comienza a salir su revista Sala de Espera.
Publica Campo abierto y entra como socio del Ateneo Español en México. Muere su padre en Valencia, pero se le deniega la entrada en España para poder asistir al entierro. En 1952 pasa a formar parte del PSOE-Unión  Socialista Española-Organización en el Destierro de Afiliados del PSOE.
Es el organizador de las ferias del libro hasta 1959. Cuando en 1955 publica Ciertos cuentos se reivindica como escritor español y ciudadano mexicano. Tiene relaciones con gente como Octavio Paz, Castro Leal o Jaime Torres Bordet. Pero sus guías espirituales en el exilio fueron León Felipe[2] y Alfonso Reyes. Lo que pretendía era acallar las acusaciones de nacionalismo que muchos escritores mexicanos le dirigían.
Entre 1956 y 1966 Max Aub realiza varios viajes a Europa. El primero, de 1956, lo hace por Inglaterra y Ginebra. En Puerto Rico representan varias obras suyas. Max Aub, por su parte, homenajea a Mozart a los 200 años de su nacimiento y a Heine a los 100 años de su muerte.
En 1957 publica Una nueva poesía española, que crea una polémica  entre la intelectualidad española por las ausencias de Gerardo Diego y Vicente Aleixandre.
En 1958 vuelve a Francia, después de que la maquinaria burocrática francesa se lo prohibiera, arrastrando aun las sospechas de comunista que había tenido en 1941. En el sur de Francia consiguió ver a su madre.
En 1959 viaja por Roma, Grecia, Londres y París, donde se encuentra con el historiador Manuel Tuñón de Lara, Estaban Salazar Chapela, Darío Puccini o Rafael Alberti.
En 1960 prepara sus libros Campo francés, Campo de almendros, El hombre del bacón e Historia de la mala muerte. Ese año proyecta por primera vez Sierra de Teruel en el cine de las Américas. Contacta con Carlos Barral y tiene intercambio de literatura entre México y España. Participa como jurado en el Premio Internacional de Editores. Defiende al escritor Luis Goytisolo ante su detención e impulsa el Movimiento 59, que tiene como objetivo editar aspectos de la guerra de España publicados por autores extranjeros. Asiste en Roma a la investidura de Honoris Causa de Dámaso Alonso.
En 1961 visita en Inglaterra a la familia de Arturo Barea y se le vuelve a negar un visado para entrar en España. Ese año toma posesión como director de los Servicios Coordinados de la Radio, Televisión y Grabaciones de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México). Tiene como corresponsales a Tuñón de Lara en París, José Luis Caro en Londres y Esteban Salazar Chapela en Madrid.
En 1962 intenta editar Biblioteca de la Pléyade: sección de autores de leyenda española. Pero el proyecto no sale adelante. En abril de 1962 muere su amigo Emilio Prados y en septiembre su madre, a cuyo funeral no puede asistir. En 1963 vuelve a viajar por Europa y participa como jurado en el III Premio Nacional del Editores realizado en Corfú. Da conferencias en París, Roma, Alemania y Checoslovaquia. Firma el Manifiesto de los 1000 en la polémica de Fraga con Vicente Aleixandre, Pedro Laín Entralgo y José Bergamín. En noviembre se le concede el Premio Nacional del Teatro por la obra La cárcel.
En 1964 viaja a Salzburgo a la IV edición del Premio Internacional de Literatura. También asiste como jurado al Festival de Cannes. En 1965 viaja a Valescure (Costa Azul) a la V edición del Premio Internacional de Editores y nuevamente al Festival de Cannes. Realiza algunas conferencias por Alemania.
La VI edición del Premio Internacional de Editores se celebra en México y en el jurado estaba Octavio Paz, Camilo José Cela, Jaime Gil de Biedma y el propio Max Aub.
Tiene dos viajes a destacar. El primero el que hizo a Israel en el curso académico de 1966-1967, donde hace una similitud en la persecución del pueblo judío y el pueblo español. Se siente más cerca de España, al ver cerca de la población sefardí. Max Aub habla de la cultura iberoamericana, estableciendo un hilo de contacto hispanoamericano-israelí. Aquí nace su Imposible Sinaí.
El otro viaje es entre diciembre de 1967 y febrero de 1968 a Cuba. Acude al Congreso de Intelectuales de La Habana. Se adhiere a la lucha de los intelectuales y de la cultura contra el bloqueo que tiene Cuba desde 1962. De aquí sale su libro Enero en Cuba. Nuevamente en Cuba se vuelve a sentir cerca de España.
Finalmente el 2 de octubre de 1968 se le dio el permiso para entrar en España.
En 1969 va a Francia, Roma y por fin España, treinta años después de que pasara la frontera. Visita Barcelona, Valencia y Madrid. Recupera parte de su biblioteca personal que estaba en la Universidad de Valencia. De aquí nace su diario La gallina ciega.
A partir de 1960 la salud de Max Aub declina. Aun con todo escribe para la revista Ínsula y acaba de escribir La gallina ciega. Quiso que se publicara en España pero al final se hizo en México. Él mismo dice que es una obra que no va a gustar, pues ni el mismo la entiende. En 1971 continúa trabajando con su obra Buñuel. Viaja a EEUU para participar en una conferencia, mientras su mujer se desplaza a España pues fallece la suegra de Aub.
En enero de 1972 da una conferencia en Nueva York y el 24 de ese mes recibe el homenaje del gobierno francés y es nombrado Comendador de la Orden de las Artes y las Letras. Viaja por última vez a Europa, donde es jurado en el Festival de Cannes. En mayo viaja por última vez a España, y en Valencia recibe un homenaje. Amparo Soler, hija de los dueños de la imprenta donde Aub aprendió la tipografía, lee el manifiesto. Vuelve a México en julio y el día 22 fallece por un infarto de miocardio. Su última voluntad es ser enterrado en el panteón español, con una lápida sencilla, donde solo conste su nombre, primer apellido y fecha de nacimiento y muerte. Con esto imitaba a otro valenciano, Vicente Blasco Ibáñez.



[1] Esta basada en la novela de propio Malraux Espoir (La Esperanza).
[2] Así definía Max Aub a León Felipe: Un poco más joven que Juan Ramón, Díez-Canedo, Enrique de Mesa; un poco más viejo que Guillén, Salinas o Gerardo Diego; León Felipe es –el solo – una generación aparte.
El día de mañana, cuando se estudie l a extraordinaria influencia de América en la poesía española del siglo XX, en la generación del 98, en los antes citados, Juan Larrea, en Federico García Lorca, en Cernuda, en Altolaguirre –cuentas de nunca acabar – el poeta esencial, en este aspecto, será León Felipe. Nadie como él esta a la base de un verdadero mundo español, si lo hay.
Extraído de la Revista Ateneo XI, pag. 33.  

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