miércoles, 16 de diciembre de 2015

CUANDO LOS MILITARES SE SUBLEVARON POR LA LIBERTAD

Artículo publicado en la edición digital del periódico Diagonal, escrito por los historiadores María Losada Urigüén y Julián Vadillo Muñoz, en el aniversario de la sublevación de Jaca de diciembre de 1930.

En 1956, la colección Temas Españoles, en su entrega 64, ofrecía un folleto sobre los sucesos de Jaca de diciembre de 1930. Temas Españoles fue una colección impulsada por el franquismo entre 1952 y 1978 donde se ofreció la imágen del régimen en numerosas cuestiones relacionadas con la historia, la cultura y el folklore en España. Este cuadernillo lo escribió el comisario de policía Eduardo Comín Colomer, una de las pocas personas que durante el franquismo escribió sobre el movimiento obrero, evidentemente con la visión propia del franquismo. Teniendo como tenía los archivos incautados a las organizaciones obreras a su alcance no le fue difícil acceder a ellos y dar rienda suelta a su imaginación.
En dicho folleto, el comisario Comín Colomer, habla de la sublevación de Jaca de diciembre de 1930, como una suerte de conspiración francmasónica y comunista, en un momento de caos político que antecedió a otro momento de más caos, la Segunda República española. Esta fue la visión que durante mucho tiempo se mantuvo en el imaginario de una sociedad que el franquismo absorbió. Hoy quizá, más que estas visiones estrambóticas, lo que queda de Jaca es un manto de olvido. Cuando estamos en un momento de aniversario del hecho, merece la pena rescatar el acontecimiento.

La oposición a la dictadura de Primo de Rivera

Cuando en septiembre de 1923, el general Miguel Primo de Rivera Orbaneja dio un golpe de Estado con el beneplácito del rey Alfonso XIII e instauró la dictadura, el futuro de aquellos que en los años precedentes habían intentado dar un giro a la política española estaba marcado. Aun así fueron distintas las actitudes. Mientras republicanos, anarquistas y los escasos comunistas que existían fueron perseguidos y sus centros clausurados, los socialistas se integraron en algunas estrucutras de la dictadura, como los Comités Paritarios (según los ugetistas siempre que estos fueran elegidos democráticamente) y Francisco Largo Caballero llegó a auparse a una consejería de Estado.
Las organizaciones perseguidas fueron protagonistas de numerosos intentos de derrocamiento de la dictadura y de la monarquía. Los sucesos de Vera de Bidasoa de 1924, la “Sanjuanada” en 1926 y numerosas conspiraciones que se fraguaban en el exilio pusieron como protagonistas a republicanos y anarquistas que estaban a la cabeza de dichas conspiraciones. Personajes como Marcelino Domingo, Miguel de Unamuno, Santiago Ramón y Cajal, Manuel Buenacasa, Mauro Bajatierra, Eduardo Barriobero, etc., pasaron a ser protagonistas del periodo. Personalidades que luego jugaron un papel primordial en la Segunda República. A la altura de 1928, los socialistas comienzan a abandonar sus posiciones colaboracionistas y se unen a la oposición antimonárquica. Esto dio lugar a que el 17 de agosto de 1930 naciese el Pacto de San Sebastián, inicio del proceso de la Segunda República. Participaron todas las fuerzas menos los anarquistas, aunque estos siguieron el proceso muy de cerca y participaron de acciones del mismo como veremos. Cuando Primo de Rivera dimitió y se estableció la llamada “Dictablanda” de Berenguer, la suerte la monarquía estaba echada. Solo faltaba saber el precio que iba a costar su proclamación.

La sublevación de Jaca

La unión de las fuerzas antimonárquicas posibilitan el empuje de sectores que durante mucho tiempo buscaban un cambio de régimen. Los militares españoles habían sido un colectivo que habían aunado en su seno desde sectores ultraconservadores hasta sectores progresistas. A pesar que desde 1907 y la Ley de Jurisdicciones había puesto a los militares en la política española como protagonistas, siendo el rey el cabeza de ellos, siguieron existiendo en el ejército sectores de miltiares republicanos, retomando una tradición iniciada en el siglo XIX, que no dudaban en la conspiración para alcanzar sus objetivos. Alguno de esos militares fueron francamente avanzados, como el caso de Fermín Galán, por sus enormes conocimientos de la política española y su ideología política a caballo entre el republicanismo y el anarquismo.
Esta efervescencia revolucionaria llevó a un grupo de militares en Jaca a sublevarse contra la monarquía. Una sublevación en consonancia con el comité revolucionario surgido a raiz del Pacto de San Sebastián. Entre esos militares estaban el propio Fermín Galán, Ángel García Hernández, Salvador Sediles y Miguel Gallo. Galán llevaba tiempo preparando el movimiento en contacto con sindicalistas y anarquistas aragoneses, entre ellos el escultor Ramón Acín (fusilado por los franquistas en 1936). El objetivo era una sublevación militar con el respaldo del movimiento obrero declarando huelga general para colapsar el régimen monárquico.
Pero los planes no salieron bien. El gobierno y la Dirección General de Seguridad, encabeza por Emilio Mola, estaban al tanto de los movimientos revolucionarios. El levantamiento antimonárquico se fue aplazando y al final Galán y su grupo decidió sublevarse el 12 de diciembre de 1930. Casares Quiroga, integrante del Comité Revolucionario, se desplazó hasta Jaca para persuadir a Galán que era pronto para el levantamiento, pero como dijo él mismo “llegó a horas intempestivas” y se quedó dormido, produciendose la sublevación que tuvo un desenlace fatal. La idea era una sublevación general el 15 de diciembre, pues en Madrid había un entendimiento entre militares como Ramón Franco, el Comité Revolucionario y el movimiento anarquista. Galán decidió anticiparse unos días.
Una vez que se produce el movimiento tomó todos los centros neurálgicos de Jaca, proclamó la República, se nombró alcalde a Pío Díaz Pradas y se izó la bandera tricolor confeccionada por el sastre Lucas Biscós. El objetivo posterior era ir hacía Huesca, pero las tropas de Galán fueron lentas a la hora de movilizarse y eso dio tiempo al gobierno de Berenguer de reaccionar. Las columnas gubernamentales salieron al encuentro de las tropas de Fermín Galán desde Zaragoza y Huesca. Hubo enfretamientos con la Guardia Civil y el día 13 de diciembre, en el santuario de Cillas, se produce el encuentro entre las tropas de Galán y las gubernamentales. Hay enfrentamiento y Galán mandó el alto el fuego a sus tropas. Estas obedecieron pero las tropas gubernamentales siguieron descargando fusilería. Los sublevados comienzan a huir. Galán se negó. El golpe había fracasado. En el pueblo de Biscarrués, Fermin Galán y el resto de militares, se entregaron.

Consejo de Guerra

El domingo 14 de diciembre de 1930 se celebró el consejo de guerra presidido por el general Arturo Lezcano. Duró tan solo 40 minutos. Fermín Galán y Ángel García Hernández fueron condenados a muerte y ejecutados ese mismo días (a pesar de ser domingo) en el polvorín de Fornillos (Huesca). El resto de militares, como Salvador Sediles, fueron también condenados a muerte, pero con la proclamación de la República fueron indultados.
Desde ese momento las figuras de Galán y García Hernández pasaron al imaginario colectivo del republicanismo y de los antimonárquicos. Cuando el 14 de abril de 1931 se izó de forma oficial la bandera tricolor, ya eran conocidos como “los mártires de las República”.
Quedan para la historia la idea y la acción de esos dos militares que intentaron cambiar el curso de los acontecimientos con una idea de libertad.

Fermín Galán, protagonista

Fermín Galán Rodríguez nació en San Fernando, Cádiz, en 1899. Creció en un ambiente castrense. Con once años ingresó en el Colegio de Huérfanos de Guerra de Guadalajara. Se licenció en la Academia de Infantería de Toledo en 1918 y pronto fue destinado a Marruecos. Allí vivió la guerra en primera persona y fue formándose una opinión contraria a la dictadura de Primo de Rivera. Fruto de este desencuentro fue “La barbarie organizada”, libro de protesta que escribió en 1925.
Su disconformidad con la dictadura se materializó en su intervención en la insurrección de la Noche de San Juan, en 1926. Fue detenido por su implicación e internado en la cárcel de Montjuic. Allí estableció contacto con militantes de extremas izquierdas y anarquistas. Aprovechó su encierro para documentarse ideológicamente y, animado por sus amigos libertarios, escribió “Nueva Creación”, la síntesis de su pensamiento.
Galán basculaba entre el anarquismo y las extremas izquierdas republicanas. Reivindicaba una república federal y social que tenía sus bases en el sindicato y el municipio. En su opinión, ésta debía servir de transición hacia una nueva sociedad cuyos principios serían la educación racional, la igualdad legal para ambos sexos y la búsqueda del equilibrio entre el respeto a la libertad individual y el bienestar general.
En diciembre de 1930 lideró el Levantamiento de Jaca y trató de proclamar la República en aquella plaza. Su fracaso terminó con su fusilamiento y el de su compañero Ángel García Hernández. Tras este hecho surgió el mito de los “Protohéroes de la República”. Durante el Advenimiento de la II República, el recurso a su imagen fue recurrente en el ámbito popular, pero no se consolidó como un verdadero referente en el imaginario del nuevo régimen. En el escenario político sus únicos herederos eran las extremas izquierdas libertarias. Éstas monopolizaron su memoria durante el primer bienio y la utilizaron para criticar la obra parlamentaria de un gobierno republicano-socialista que apostaba por una “revolución legal” por encima de la idea de una república social y sindical, por la que se había levantado Galán.
A partir de 1934 los nuevos gobiernos republicanos empezaron a deshacer la obra reformadora de los años anteriores. Las izquierdas republicanas y los socialistas -ahora en la oposición- se contagiaron de la frustración de las extremas izquierdas y comenzaron a radicalizar sus posturas, como evidencia el movimiento de octubre de 1934. Paulatinamente, la imagen de los mártires volvió a un primer plano. Perdidas las urnas, se volvía la mirada a la legitimidad del recurso a la actuación revolucionaria violenta, de la que Galán era el paradigma. Esto evidenciaría una falta generalizada de costumbres democráticas en la España de los años 30, pero también la existencia de una idea común en la izquierda en torno a la esperanza republicana. Un símbolo de su unidad en la creencia de que la república era más que un régimen político, un compromiso de transformación de la sociedad. Y esta esperanza comenzaba a reavivarse.

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