lunes, 29 de septiembre de 2014

Que lo sepan ellos y no lo olvidemos nosotros. El inverosímil verano del 36 en Cataluña

Reseña del libro de Miquel Izard publicado en Germinal. Revista de Estudios Libertarios
Que lo sepan ellos y no lo olvidemos nosotros. El inverosímil verano del 36 en Cataluña (Virus, Barcelona 2012) 387 páginas.

A pesar de la mala suerte historiográfica que ha tenido el anarquismo a la hora de ser abordado, hay zonas de España que han sido objeto de una gran cantidad de trabajos acerca del desarrollo del mismo y del proceso revolucionario que se gestó entre 1936-1939. Cataluña, Levante y Aragón son zonas que, debido a la importancia del movimiento anarquista, han proliferado mayor número de estudios.
Si camináramos por una librería y viéramos este título que aquí reseñamos podríamos pensar que es uno más en la larga lista que trata la Guerra Civil y la Revolución en Cataluña. Pero sin embargo el libro de Miquel Izard tiene algo que lo hace distinto al resto.
Lo primero que habría que destacar es el propio autor. Si por algo se ha distinguido Miquel Izard a lo largo de su trayectoria profesional es por ser un reputado americanista. Un cuidadoso investigador de la esclavitud y la rebelión contra el colonialismo en América. Puede ser una de las personas que más haya investigado a las sociedades de los cimarrones, la relación entre los esclavos y los negreros, etc. Algo a lo que dedicó la gran parte de su vida académica. Pero también ha sido un investigador de los orígenes del industrialismo y de la respuesta revolucionaria que los trabajadores dieron al capitalismo.
Pero como el propio Miquel Izard ha expresado, una vez que sus tareas académicas no fueron tan exigentes ha podido dedicar tiempo a investigar algo que le apasionó desde siempre. Lo que sucedió en Cataluña en el verano de 1936. Lo que los trabajadores consiguieron al frenar la sublevación militar de julio de ese año. Y el producto de esa investigación es la obra Que lo sepan ellos y no lo olvidemos nosotros.
La obra que nos presenta Miquel Izard esta muy bien estructurada. Lo primero porque explica perfectamente los antecedentes del proceso revolucionario de 1936. Sería imposible entender lo que sucedió en el verano de aquel año si no se tiene en cuenta la importancia del movimiento obrero organizado, mayoritariamente anarquista. Ese movimiento obrero que había conseguido fraguar toda una cultura política y social se presentó en ese verano de 1936 como una de las fuerzas no solo con capacidad para derrotar la sublevación contra la República y el avance revolucionario sino también para construir un modelo de sociedad distinto. Es la razón que explica que una vez sofocada la sublevación en Barcelona (como en otros puntos de España) la clase obrera tuviese una capacidad organizativa de reconstrucción, de defensa y de nuevo orden social.
Otro mérito de esta obra es que Izard rompe con la visión general de la historia del obrerismo, de presentar un movimiento obrero bueno, representado por socialistas y también en gran medida por comunistas, frente a un movimiento obrero malo representado por el movimiento libertario. Maniqueísmo que leyendo las páginas de la obra de Izard cae por su propio peso al comprobar que los trabajadores libertarios eran cualquier cosa menos desorganizados.
El introducir la palabra “olvido” en el título no es para nada baladí. Porque para Izard el olvido sobre lo sucedido en aquel verano de 1936 en Cataluña ha sido completamente intencionado. Fue provocado por la represión franquista. Una represión de corte inquisitorial. Una dictadura forjada en el terror que impuso un manto de olvido sobre el anarquismo. Pero ese olvido también fue provocado por una historiografía distorsionada que como la liberal o la marxista tendieron a olvidar igualmente la capacidad organizativa de los trabajadores.
Hay dos cuestiones que destacaría de este libro:
-La primera son los ejemplos que pone Izard para ejemplificar la capacidad constructiva de la clase obrera. No son grandes estructuras como nos ofrecen otras obras. Son pequeños ejemplos, minúsculos martillazos sobre lo que sucedió en distintos lugares. Esto hace que al dejar a un lado los grandes debates del obrerismo en aquel momento, nos haga tener una idea más cercana de cómo se desarrollaron realmente los acontecimientos.
-La segunda es el tratamiento que da a la represión en la retaguardia republicana. Con un estilo sencillo, Izard rompe los lugares comunes que ponen al movimiento libertario como el vector fundamental de la represión. Es común culpar al anarquismo de los hechos delictivos y de la represión. Pero Izard nos acerca a casos y contrarresta toda una historiografía que ha surgido en este sentido.
La parte que menos me ha gustado, y que menos justicia le hace a la obra, es el prólogo que se ha incluido (por lo tanto nada que ver con el autor). En él se intenta mostrar una revolución catalana separada de la revolución española. Una visión que está encontrando acomodo en muchos sectores y que está sirviendo para desfigurar igualmente el proceso revolucionario del verano de 1936. Porque ese proceso no fue exclusivo de Cataluña. En Levante y en Aragón también se desarrolló. Pero en diversas zonas de las Castillas, en Andalucía, etc., también. Porque el sujeto revolucionario no lo marcó la nacionalidad sino la condición de clase. Fue una revolución impulsada por la clase obrera. Si negamos esta cuestión estaremos estableciendo un debate que no existió en la época. Estaremos desgajando un movimiento como el anarquista que si se caracterizó por algo fue por su componente internacionalista. Y porque era un movimiento articulado a escala nacional. Lo que sucedió en Cataluña ese verano no se diferenció mucho de las colectividades que se desarrollaron en Cuenca o en Madrid.
Una obra la de Izard que con un estilo sencillo nos muestra la dimensión que significó la revolución de 1936. Que rompe con muchos tabúes y lugares comunes. Una obra que tiene al movimiento libertario como actor principal y que le ha sucedido otra que narra los últimos quince días de guerra en Cataluña con el título Entre la ira, la inquietud y el pánico (Plataforma Historia, Barcelona 2012), también altamente recomendable.