domingo, 14 de junio de 2020

Un Primero del Mayo del exilio libertario


Artículo publicado en El Obrero

Entre los muchos lugares donde la diáspora española en el largo exilio provocado por la dictadura franquista destaca África del Norte, el núcleo que unía el Marruecos francés, Argelia y Túnez. Fue uno de los lugares donde acabó gran número de militantes libertarios llegados desde 1939 de los puertos levantinos o deportados por la Francia de Vichy a los campos de concentración de la zona.
                Con la expulsión de las fuerzas fascistas y colaboracionistas del territorio, los españoles establecieron sus organismos en el exilio, entre ellos el poderoso Movimiento Libertario Español, unificando todas las ramas sus ramas sindicales y políticas en una sola entidad.
                Lo que parecía que iba a ser un exilio corto, que iba a acabar acompasado con la derrota de las fuerzas del Eje en la Segunda Guerra Mundial, acabó siendo un largo exilio que hizo que durante décadas una parte de España habitara lejos de su origen.
                Este manifiesto, el primero que se emite con motivo de la celebración del Primero de Mayo una vez que los nazis están siendo expulsados de territorio francés, denota varios aspectos. La necesidad de la lucha contra el fascismo, partiendo del ejemplo legado por el movimiento obrero y anarquista, pero también el deseo de combatir la dictadura franquista y el deseo de volver a España en un régimen de libertades.
                Un documento apenas conocido de un exilio, el de África del Norte, y concretamente en Argelia, menos trabajado y conocido que otros focos de exilio para los españoles en general y los anarquistas en particular. Ni en circunstancias extremas el obrerismo olvidó sus espacios de sociabilidad y sus fechas en el calendario para actualizar y revitalizar el periplo de lucha que nunca dejaron en los largos años de la dictadura franquista.
Julián Vadillo Muñoz

1886                                                                                                                                                        1944
1º de MAYO
¡Trabajadores!
                El Movimiento Libertario Español emigrado en África del Norte utiliza, una vez más, el aniversario del 1º de Mayo de 1886, para fijar la verdadera significación de esta fecha, por tantos desvirtuada; hasta la más negra reacción: Mussolini, Hitler, etc., quiso apropiarse su usufructo intentado prostituirla.
                Aquel 1º de Mayo de 1886, en el que se dieron cita los trabajadores americanos para iniciar la huelga general por la conquista de la jornada de 8 horas, contiene tantas enseñanzas que no podemos permitir desaparezca su recuerdo enterrado por el olvido, la indiferencia y la mistificación.
                “Lección del 1º de Mayo”, ha rotularse aquella página escrita por el Movimiento Obrero. En ella ha dejado grabado, con signos indelebles, lo que vale la unión y la decisión de los trabajadores puestas al servicio de sus ansias emancipadoras: enseñanza práctica que prueba la eficacia de la acción directa, en la favorable solución de los problemas sociales.
                La unidad en la acción del proletariado americano, en aquel 1º de Mayo de 1886, - unidad tan necesaria para la destrucción del régimen de opresión y explotación, como para la creación del orden y del bienestar, - es de valor eterno. Por eso recordamos la fecha gloriosa, deseosos de que brille perenne ante los trabajadores ansiosos de manumisión.
                El gesto conscientemente rebelde de 1886 es la protesta violenta contra la explotación inicua y la opresión tiránica. Gesto digno de imitar actualmente frente a los regímenes totalitarios que, destacadamente, encarnan en grado superlativo, aquella explotación y tiranía.
                El Movimiento Obrero mundial ha de afrontar en este 1º de Mayo de 1944, las consecuencias de la más extensa conflagración bélica que el Universo haya conocido. Colocado frente al nazi-fascismo, ha de combatirle con todos los medios a su alcance. Esta lucha titánica que sostenemos contra las potencias del Eje, enemigo nº1 de la Humanidad, no tiene la misma significación que la emprendida por nuestros antecesores de 1886, pero la llevamos a cabo con el mismo coraje, para impedir el espantoso retroceso que nos impondrían las doctrinas totalitarias si, como no es posible, llegaran a triunfar.
                Triste retablo el que, como muestra y anticipo de ese retroceso general, nos presenta la España mártir asolada por el franquismo, hijo y servidor del Eje. Por eso, en esta fecha de tan alta significación revolucionaria, destacamos como nuestra tarea apremiante, urgentísima, la de salvar a España de las garras negras de la reacción. Consentiremos los mayores sacrificios, realizaremos los más grandes esfuerzos para corresponder al heroísmo inmenso de nuestros hermanos que, en la Península, luchan denodadamente por la causa de la Libertad.
                Al ejemplo de aquellos Mártires de Chicago viene a unirse el sublime de nuestros contemporáneos: libertarios españoles que, en la prisión o en los campos de concentración de la Península, en las ciudades o en las Sierras de España, en los campos de batalla de Europa y Asia o en la Resistencia de los países ocupados por Hitler, mantienen alta la bandera de la Libertad, dando generosos, por su Causa, cuanto son y cuánto valen.
                Con este simple recordatorio fiamos el sentido real de una fecha que debe servirnos de poderoso estimulante. Basta lo escrito como expresión de la consecuencia revolucionaria de la Lección del 1º de Mayo hizo germinar en los corazones, grabado indeleble en nuestras mentes la enseñanza que encierra.
                Aquel Mayo memorable, pone de manifiesto la inconmensurable influencia del sacrificio generosamente consentido por el Ideal redentor. Su alcance es ilimitado, así como las consecuencias que de él se despenden. La ofrenda que de sus vidas y libertad hicieron Parsons, Spies, Engel, Fischer, Lingg, Schwab, Fielden, Neebe perdura en la memoria de los trabajadores; su recuerdo trasmitido, trasmitido de generación en generación, como antorcha inextinguible, va alentando la lucha por un Mundo mejor en el que sean una realidad la Libertad, la Fraternidad y la Igualdad.
ARGEL, 1º de Mayo de 1944
Por el Movimiento Libertario España emigrado
en África del Norte
El Secretariado General

martes, 2 de junio de 2020

NOVEDAD EDITORIAL. Historia del anarquismo en Rusia


“Historia del anarquismo en Rusia” es el decimocuarto título de la colección Lmentales (el tercero de la Serie Internacionalistas). Este trabajo de Julián Vadillo Muñoz quiere convertirse en una rigurosa introducción al apasionante anarquismo ruso. Las figuras del anarquismo ruso, el surgimiento de nuevas organizaciones libertarias y el cambio de estrategias, sus relaciones con otros movimientos de carácter revOlucionario, sus debates, se suceden en este texto pensado tanto para los lectores o lectoras que quieran aproximarse por primera vez a la historia del anarquismo, como para quienes ya tienen amplios conocimientos en la materia:

Muchos pueblos se han considerado excepcionales. Algunos, incluso, se han visto a sí mismos como los elegidos, pero hay que reconocer que no hay nada menos único que considerarse único. A pesar de esto, parece cierto que pocos territorios han sido testigos de una historia tan apasionante como Rusia: una historia de hambre y revuelta; una historia de ansias de libertad y, al mismo tiempo, de totalitarismo; una historia, en la que, como diría un célebre escritor, caben todas las historias.

Esa es la tierra de los zares, la que vio nacer a algunos de los grandes inspiradores de la Revolución y a una parte de las figuras más relevantes de las artes occidentales, siempre entre el lujo imperial de la aristocracia y el hambre de un campesinado casi esclavo. Rusia fue la gran esperanza de quienes soñaban con un mundo nuevo, pero se acabó convirtiendo en una decepción traumática para esas mismas personas. Su papel ha sido fundamental en la historia del mundo contemporáneo, del mismo modo que el anarquismo ha jugado un papel central en la historia de Rusia. Esa relación es el objeto central de este texto, que se adentra en el alma del siempre desconcertante pueblo ruso.

INDICE DEL LIBRO

PRESENTACIÓN
CAPÍTULO 1. La forja y el origen del anarquismo ruso
CAPÍTULO 2. En los albores de la transformación. La Revolución de 1905 y el nacimiento del soviet
CAPÍTULO 3. La revolución en camino. Represión y exilio (1906-1917)
CAPÍTULO 4. El anarquismo ante su oportunidad. La revolución de 1917
CAPÍTULO 5. La insurrección de Néstor Majnó
CAPITULO 6. El último reducto de la isla de Kotlin. La rebelión de Kronstadt
CAPÍTULO 7. La derrota y el exilio
BIBLIOGRAFÍA



domingo, 24 de mayo de 2020

COMO SALVADOR SEGUÍ GANÓ SU PRIMERA PESETA

Artículo publicado en "El Obrero"


Hace uno años, en una librería de viejo, di con una rareza poco conocida que no pude evitar la tentación de adquirir. El libro en cuestión se titulaba ¿Cómo y cuando ganó usted su primera peseta?, producto de la encuesta que el periodista Francisco Gómez Hidalgo realizó y la librería Renacimiento publicó en el año 1922. El libro, aunque anecdótico, es interesante por varias cuestiones. La primera por el autor, el periodista Francisco Gómez Hidalgo. Periodista muy afamado en la época, colaborador de periódicos muy importante del momento como El Liberal o El Heraldo de Madrid. Liberal y republicano, Gómez Hidalgo fue militante, ya en los años de la Segunda República, del proyecto de Diego Martínez Barrio, Unión Republicana, siendo diputado en 1936 por el Frente Popular. Debido a su militancia política tuvo que exiliarse tras el conflicto civil y murió en México en 1947. No solo queda ahí la importancia de Gómez Hidalgo, pues de su pluma salieron libros muy interesantes como biografías de toreros como Juan Belmonte o sus visiones sobre el conflicto de Marruecos. Entre las cuestiones poco conocidas de este periodista, ya de por sí poco conocido hoy día, esta la dirección y guion de una película de 1926 que se tituló La malcasada, un folletín de la época donde se une amoríos, toros y guerra de Marruecos, en una producción que viéndola no fue la mejor representante del momento. Sin embargo, en esa película, junto a los protagonistas de la obra aparecen personajes importantes y famosos del momento como el dictador Miguel Primo de Rivera, los escritores Wenceslao Fernández Flórez, Valle-Inclán o Azorín, el tenor Miguel Fleta, los políticos Luis Araquistáin o José Sánchez Guerra e, incluso, un joven Francisco Franco.
                La curiosidad del libro de Gómez Hidalgo publicado en 1922 radica en la amplia diversidad de personajes a los que le hizo la encuesta, lo que indica la popularidad e importancia del personaje en momento. En sus páginas nos relata como ganaron su primera peseta personajes como Carlos Arniches, Mariano Benlliure, Pedro Corominas, Jacinto Benavente, Alberto Insua, Concha Espina, Carmen de Burgos, Margarita Nelken, Santiago Ramón y Cajal, Julio Romero de Torres, José Millán Astray, etc. Hasta un total de 224 respuestas.
                El movimiento obrero también está representado en estas encuestas, y hay dos militantes de la CNT: Ángel Pestaña y Salvador Seguí. Ambos, en aquella fecha de 1921-1922 posiblemente los más importantes y relevantes del anarcosindicalismo. Reproducimos aquí la larga respuesta de como Salvador Seguí ganó sus primeras pesetas, y mostramos en grado de complicidad entre ambos personajes. Una historia anecdótica, pero que no deja de ser curiosa. En el momento de la respuesta Seguí estaba preso, tal como indica al final de su escrito. Pocos meses después de la publicación de este libro, Salvador Seguí fue asesinado por pistoleros pagados por la patronal catalana, poniendo fin a la vida de una de las figuras más emblemáticas del movimiento obrero español.


Estimado amigo Gómez Hidalgo:
                No puedo negarle lo que tan amablemente me pide. A otro, que no fuera usted, se lo hubiera negado, porque creo que estas cosas, en el fondo, no interesan a nadie y lo poco que tienen de interés es nocivo para la curiosidad del público, ya que determinan conformaciones morbosas en la opinión. Usted me entiende.
                Por otra parte, mis actos son harto corrientes y vulgares para que puedan despertar curiosidad alguna. Porque no interprete el amigo, a quien tanto le estoy obligado, como desaire mi negativa, voy a complacerle.
                La primera peseta, o las primeras pesetas, que gané – pues fueron más de una – fue de singular y caprichosa manera. Vera usted:
                No tenía mas de ocho años en la primavera de 1896. Era de vigilia del domingo de Ramos.
                ¡Domingo de Ramos! ¡Con cuanta ilusión lo esperaba siempre mi alma infantil, enamorada de la leyenda, de lo bello y lo majestuoso! ¡Con cuanta emoción lo recuerdo aun, cuando mi espíritu, reconcentrándose, aviva el recuerdo de aquellos tiempos, dulces y tranquilos, serenos y amables, de mi niñez! Es esta fiesta, sin disputa, una de las más bellas que celebra la Iglesia y la cristiandad toda. Fiesta de primavera y esperanza, fiesta de gentiles paganías y de fecundas promesas. Así la interpretaban los antiguos pueblos de Oriente, que hacían un culto de la Belleza y de la Vida. Siglos después, la Iglesia ofrendaba a esa fiesta en forma de glorificación y homenaje al legendario hijo de Galilea en su triunfal entrada en Jerusalem. Así fue creado el más bello mito de la leyenda cristiana por los padres de la Iglesia, y conservado, aunque transfigurado, uno de los ritos más hermosos del Paganismo. Que el buen gusto se lo paguen y se lo tengan en cuenta.
                Como queda dicho, estábamos en la vigilia de la referida fiesta del año citado; al paso de marcharse de casa mi padre a sus tareas, yo rogué a mi madre que me diera los céntimos precisos para ir a comprarme el ramo, la áurea y elegante palma que al día siguiente tenía que ofrecerse como tributo de admiración y de fe al divino hijo de Dios, por haber venido al mundo a redimir a los hombres. Mi madre se negó en principio a darme los céntimos que yo tan insistentemente le pedía, no solo porque tuviera el temor de que me los gastara en golosinas con los demás chicos de la calle, sino también porque les privara del placer de comprármelo ella, como hacia todos los años. Tanto insistí, tanto rogué, que mi madre, bondadosa como todas las madres – la mía lo era en grado superlativo –, me dio el dinero, ¡dos reales!, pero me los dio convencida de que me los gastaría en chucherías y no en aquello para que los reclamaba.
                Era el atardecer. Me fui, no sin antes me advirtiera mi madre de que a eso de las ocho estuviera en casa, pues, como de costumbre, tenía que llevar la cena a mi padre, que por aquel entonces aun los tahoneros trabajaban de noche. Yo, como es de suponer, di todas las seguridades a mi madre de que a la citada hora ya estaría de regreso en casa.
                Alcanzando mi primer propósito, me dirigí hacía el lugar hacía el lugar donde vendiase las ramas, que por aquellos tiempos hacíase en todo lo largo de la rambla de Cataluña. Una vez allí, me detuve frente a una de las muchas paradas que había en la feria. Se hacían transacciones entre compradores y vendedores, Me informaba, me informaba de los precios que era para mi los más interesante. ¡Desilusión! Las ramas que vendíanse más baratas costaban tres reales. Así y todo, intenté fortuna. Muy serio, muy formalito, pregunté al hombre que vendía que cuanto valía una palma que yo había escogido y que tenía en mis manos; respondióme él que una peseta. ¡Una peseta! No, no podía gastar yo tanto… Le ofrecí dos reales por ella, y el hombre, tomándome el ramo de las manos, díjome que los más baratos que tenía valían tres. En esta situación, ¿qué hacer? ¿Marcharme a casa sin conseguir mi objetivo, después de vencidas antas dificultades? ¡Oh, no! Mi orgullo de niño se oponía a ello. Además, ya no era el ramo en sí lo que más me preocupaba: era el sentimiento de mi impotencia, el fracaso de mi intento, las mismas chacotas que despertaría en la vecindad y que a mi me hubieran parecido como una humillación insoportable.
                No, no me fui; me quedé con la esperanza de reducir, de ablandar la terquedad del vendedor. ¡Triunfé! ¿Llegué yo a percibir el que aquel hombre cedería? ¿Llegó él, a su vez, a ver en mi un caso de tenacidad? ¿Por qué no me fui? ¡No sé! Hay cosas realmente inexplicables. ¡Ni aquel hombre ni yo éramos adivinos ni maestros de psicología! Lo cierto es que a la media hora que yo estaba allí aquel hombre me dio un ramo, yo le entregué los dos reales, y satisfecho y ufano me dirigí a mi casa rambla abajo.
                No hay llegado aun a la rambla de Canaletas, cuando una mujer, acompañada de un niño, preguntóme cuanto me había costado la palma. YO, sin vacilar, le contesté que tres reales. El niño demostró deseos de poseerla; entonces la mujer aquella me invitó a que se la vendiera, y por aquella cantidad se la cedí.
                Fuíme otra vez a la feria y al mismo lugar; el vendedor, al verme, me interrogó con una mirada. Le dije que el ramo que había adquirido antes era para un amigo mío. Después de algunas palabras más me dio otro, pagué, y en paz. Ya no me fui rambla abajo, me quedé en la feria, en la parte central del paseo. Pronto vendí mi segundo ramo por el mismo precio que el primero. Me presenté otra vez al vendedor. Entonces comprendió aquel hombre lo que yo hacía: revendía lo que a él le compraba. A partir de ese momento dispuse de cinco palmas cada vez. Cuando las había vendido las pagaba y me entregaba otras cinco. Concretando: aun no eran las once de la noche, cuando había vendido cerca de sesenta palmas y en mi bolsillo había doce pesetas con sesenta céntimos, todo ganancias. ¿Ganancias? ¿Eran realmente legítimas dichas ganancias? Siempre tuve mis dudas acerca de ello.
                La feria tocaba a su fin. Agotado, el género, retirábase ya los vendedores. Por otra parte, los compradores eran escasos, quedaban solo los rezagados. Me despedí de mi protector hasta el año siguiente.
                Inútil decir que no me acordé de cenar y menos aun de llevar la cena a mi padre. ¡Buena era la que me esperaba, buena! Ya había descendido por todas las ramblas e iba a internarme por la calle del Hospital, hacía mi casa, cuando me encontré, frente a frente, con mi madre. ¡Iba a la feria a ver si me encontraba! Estaba desesperada, indignada. Me reconvino y amonestó severamente. Quedé como petrificado; no me defendí, no chisté siquiera. ¡Sobrada razón tenía mi madre! Mas luego, acordándome de mi heroicidad, reaccioné. Saqué el dinero de mi bolsillo, se lo entregué todo a mi madre y le conté todos los episodios de mi hazaña. ¡Quedó asombrada, no me creyó! Preguntóme una y otra vez de donde había sacado tanto dinero; yo, sobrecogido de espanto, le repetía lo que había sucedido. Fue en vano, no daba crédito a mis palabras. Entonces le propuse que fuésemos a comprobar lo que decía. Aceptó. Hacia la feria nos dirigimos; a medida que nos acercábamos a ella, el rostro de mi madre iba serenándose y ¡bien lo notaba yo! Llegamos al lugar, presto estaba ya el vendedor de marcharse, cuando mi madre le interrogó. Aquel hombre le contó la verdad de lo ocurrido, añadiendo por su cuenta alabanzas a mi personita. Aquel buen sujeto se ofreció, cortés y amablemente, en todo a mi madre, rogándole que al año siguiente me dejara que fuera a ayudarle en la venta. Mi madre se excusó.
                Años después sostuve franca y leal amistad con aquel hombre. Se llamaba Salvador Mateu, era propietario y comerciante en Elche, persona tan activa como honrada y generosa. Ignoro si vive aun, pero siempre le recordaré con simpatía y gratitud.
                Convencida de lo que le había dicho y tranquilizada por lo sucedido, además de contenta por haberme encontrado, llegamos mi madre y yo a nuestra casa. Una vez en ella, preguntóme si había cenado: contéstele que no; encendió la hornilla para calentar mi cena. Ella también tomo un bocado. Mientras comíamos, le conté una vez más las incidencias de la jornada. Me lo perdonó todo, como saben perdonar las madres las travesuras de sus hijos: con sonrisas y besos. Me acosté.
                Al día siguiente, confundíase mi palma con la de los demás niños, en el atrio de la iglesia. Ramos de olivo, símbolo de la paz. Ramos de laurel, símbolo de la gloria. Graciosas y doradas palmas, fruto precioso de la palmera, reina del desierto y de los países del sol… Todo ello se ofrendaba al redentor del mundo, sin que el mundo se haya redimido aun…
                ¡Quien pudiera tener siempre las ilusiones y el corazón de niño!
                Siempre suyo,
Salvador Seguí
Cárcel de Barcelona, 1921

martes, 12 de mayo de 2020

La CNT en el Primero de Mayo de 1931

Artículo publicado en el periódico El Obrero


Tras los años de la dictadura de Primo de Rivera y la festiva llegada de la República en abril de 1931, la jornada del Primero de Mayo era fundamental para calibrar la fuerza de un movimiento obrero que había sido factor protagonista en la caída de la monarquía.
                La CNT, siguiendo el entusiasmo revolucionario que daba al momento histórico, celebró aquel Primero de Mayo reforzada y con una visión muy clara. La alegría por haber tumbado la monarquía tenía que continuar reforzando la organización obrera. Por ello, para los anarcosindicalistas aquella jornada no era una fiesta como lo había declarado el gobierno, sino un día de lucha para mostrar la desigualdad y la explotación del sistema económico capitalista. Muy en consonancia con el ideario del anarcosindicalismo, dejándolo plasmado en su editorial de Solidaridad Obrera y en vísperas de su trascendental congreso del Teatro del Conservatorio.
                Aquel Primero de Mayo acabó, en muchos lugares del país, con enfrentamiento entre los trabajadores y las fuerzas del orden público, lo que valió una contundente condena de la CNT en el mismo periódico dos días después.

UN NUEVO MAYO PARA LA CNT

El primero de mayo ha sido declarado fiesta oficial por el Gobierno de la República.
En el calendario republicano quedará consagrada la llamada fiesta del trabajo. Pero en el calendario de los trabajadores, de los desheredados de la riqueza socia, continuarán contándose hasta trescientos sesenticinco día de explotación capitalista, de robo legalizado, de vejámenes, de trabajos forzados, de miseria, de humillación y de oprobio. Y se contarán interminables los días sin pan y sin trabajo; las jornadas dolorosas del hambriento, de los obreros parados para los cuales todos los días fiestas y todas las fiestas de ayuno cruel y horripilante.
                Hoy será la fiesta del trabajo para los que nunca trabajaron; para los que sus manos no empuñaron jamás la productiva herramienta que sobre fecundantes surcos en la tierra, que taladra los montes y eleva monumentos al saber y a la laboriosidad; para lo que del trabajo ajeno vivieron; para los que transformaron el sudor de los trabajadores  en montones de oro y plata; para lo gandules, para los ociosos, para los ricos que hacen de la vida una eterna fiesta, el primero de mayo será el símbolo de sus placeres infinitos y sus hartazgos.
                Para los trabajadores que en el sistema capitalista en Monarquía o en República tiene que vender su esfuerzo muscular o intelectual como mercancía vil no puede haber fiesta del trabajo. Para el proletariado que vive sometido a la más abyecta condición de esclavo no puede haber mayo florido. Para los expoliados de la tortura que por razón de leyes inhumanas están vergonzosamente sujetos a las imposiciones de la oferta y la demanda no hay fiesta ni flores.
                Los que hemos de sufrir el trabajo como un castigo, como una vergüenza, como una condenación no podemos festejarlo ni en mayo ni en diciembre, ni en Monarquía ni en República.
                Festejar el trabajo cuando este representa una cadena para los obreros seria tan odioso y tan como besar el látigo que nos azota.
                Llevar en triunfo como símbolo de grandeza y prosperidad, lo que, hasta hoy, para los trabajadores, no es mas que el sello de miseria y de la servidumbre, sería tan indecente como santificar el vicio y la prostitución como símbolos de la virtud y honradez.
                Un homenaje a la esclavitud solo pueden rendirlo unos esclavos o los tiranos que se aprovechan de ella.
                El día primero de mayo no puede ser fiesta para los trabajadores. El primero de mayo, como todos los días, debe ser una jornada de lucha. Una jornada más de lucha que unida a todas, rompa las cadenas que oprimen a los hombres y que hacen del trabajo un estigma que reduce a la condición de seres inferiores a lo que de él no podemos sustraernos. Una jornada de lucha para dignificarlo; para elevarlo a la condición de creador de la felicidad universal; para manumitirlo de la tutela de los vampiros y rufianes de la sociedad; para librarle de esta prostitución capitalista y purificarlo con los castísimos besos de la libertad, igualdad y fraternidad humana.
                El proletariado internacional festejará el trabajo cuando libre de patrimonios particulares y privilegios irritantes sea la fuente de la riqueza y bienestar social.
                Los productores, entonces, celebraremos la fiesta del trabajo; y la celebraremos todos los días en el taller, en la fábrica y en el campo; porque cuando el trabajo sea libre, todos los días serán una fiesta y todas fiestas serán del trabajo.
                Ahora… ¡Celebrad vuestra fiesta del trabajo los que jamás trabajasteis! ¡Redid culto a la diosa laboriosidad que os ofrece su prostituido seno! ¡Holgad y festejar la abundancia que os proporciona el trabajo ajeno, mientras lo que lo ejecutan mueren de hambre! ¡También nosotros sabremos algún día librar el perfume de la gloria! Y lo haremos muy satisfechos porque será después de haber cumplido con nuestro deber.
                Mientras tanto no perdamos el tiempo. El proletariado español debe procurar que este mayo no sea simplemente un mayo más, sino un mayo nuevo.
                La CNT ha de empezar en este mayo su gigantesca obra. Ha de empezar a construir el edificio social que en los mayos futuros ha de cobijar a todos los trabajadores.
                En este mayo republicano, cuando los pechos rebosan entusiasmo y alegría, hemos de pensar en nuestro mayo social.
                La jornada será larga y penosa; pero ya que hemos conseguido ganar lo más difícil del camino, continuemos la marcha.
                La República del Trabajo no esta muy lejos, procuremos que la CNT pueda declarar cuanto antes la fiesta de la felicidad del proletariado.

lunes, 4 de mayo de 2020

LOS ANARQUISTAS DE CHICAGO

Artículo publicado en el diario El Obrero


Uno de los lugares comunes en la historia del movimiento obrero es no prestar la suficiente importancia al desarrollo del obrerismo en Estados Unidos, pues allí encontramos algunas de las claves fundamentales para entender el movimiento obrero internacional.
                Marx, al producirse la ruptura de la AIT en el Congreso de La Haya trasladó el Consejo General de la Internacional de Londres a Nueva York, donde ya existía una base del socialismo y en poco tiempo aparecieron organizaciones como Socialist Labour Party o los Caballeros del Trabajo. Importante fue la figura del profesor universitario y socialista Daniel De León que intentó acercar a las organizaciones socialistas al sindicalismo para poder reforzar el movimiento obrero.
                Sin embargo, el movimiento obrero estadounidense tenía un fuerte vínculo con el anarquismo, merced en parte a que la inmigración que llegaba a EE. UU. traía consigo sus propias prácticas obreras, muchas de ellas relacionas con el anarquismo.
                En ese crecimiento del movimiento obrero norteamericano es cuando se produjo los sucesos de Chicago de 1886.
                Aunque la ley Ingersoll aprobaba las 8 horas de trabajo, lo cierto es que era excesivamente laxa y no tenía un mecanismo de cumplimiento, por lo que las jornadas laborales en fábricas y talleres era superiores a lo establecido. A esto se unía una reivindicación histórica del movimiento obrero de reducción de la jornada laboral.
                En Chicago, el movimiento obrero contaba con fuerza y dinamismo lo que llevó a la convocatoria de una huelga general para pedir la reducción de la jornada y mejoras en las condiciones de vida los obreros. La huelga y manifestación quedó fijada para el primer día del mes de mayo.
                Una movilización que reunió a miles de obreros y que hizo ceder a muchas empresas ante su empuje. Sin embargo, aquella movilización iba a acabar en tragedia. Los trabajadores habían decidido realizar una manifestación en la Plaza de Haymarket el 4 de mayo para el cese de las actividades laborales y el cumplimiento de sus reivindicaciones. La fábrica McCormick seguía funcionado por los esquiroles y rompehuelgas, pagados por la patronal. La represión patronal había sido muy dura los días anteriores, y la protesta de Haymarket no iba a ser menos. Sin embargo, en medio de las cargas y mientras los huelguísticas lanzaban su mensaje hizo explosión una bomba. El caos se apoderó la situación.
                Rápidamente, las autoridades responsabilizaron a los anarquistas de haber cometido un atentado contra las fuerzas de orden público y las detenciones no tardaron en llegar. De manera indiscriminada la policía detuvo a dirigentes obreros acusados de haber sido los responsables del atentado, algunos acusados de haberlo perpetrado de forma material.
                Sin pruebas ninguna, se montó un macro juicio contra los anarquistas detenidos, que no gozaron de todos los derechos de defensa. Los ocho acusados fueron declarados culpables, de los cuales tres fueron condenados a distintas penas de prisión (Samuel Fielden y Michel Schawb a cadena perpetua y Oscar Neebe a quince años de trabajos forzados) y los cinco restantes fueron condenado a la pena de muerte: George Engel, Adolphe Fisher, Albert Parsons, August Spies y Louis Lingg.
                La pena de muerte fue ejecutada el 11 de noviembre de 1887 (Louis Lingg se había suicidado la noche anterior en su celda). El resto acudió al patíbulo entonando himnos revolucionarios y proclamando su inocencia.
                El impacto que supuso la ejecución para el movimiento obrero estadounidense e internacional fue capital. A claras luces, se había cometido una injusticia y la inocencia de los ejecutados y condenados fue reconocida. Detrás de los sucesos de Haymarket estuvieron agentes rompehuelgas de la agencia de detectives, de contraespionaje e infiltración Pinkernton, que tendría más actuaciones antiobreristas en los años sucesivos.
Junto a los ejecutados, las movilizaciones del primero de mayo dejaron también muchas víctimas obreras, lo que comenzó a conferir a la fecha un carácter simbólico a nivel internacional. No solo porque la Segunda Internacional fundada en París en 1889 aprobase el Primero de Mayo como día internacional de lucha de clase obrera por sus derechos, sino porque a partir de ese momento cada primero de mayo se iba a convertir en una jornada de lucha, con diferencia de estrategia entre socialistas y anarquistas. También para los anarquistas, el 11 de noviembre, fecha de la ejecución de los anarquistas de Chicago, se iba convertir en una fecha de reivindicación y conmemoración.
El movimiento obrero americano siguió siendo fuerte y poderoso. Tras la muerte del presidente McKinley en 1901 a manos del anarquista León Czolgozs, se aprovechó la circunstancia para endurecer las leyes con unas series de leyes antianarquistas, que prohibía la entrada de inmigrantes que llevasen esas ideas a territorio americano. Aun así, eso no impidió que en 1905 se fundase la IWW (Industries Workers of the World), un sindicato poderoso que basaba su estrategia en el sindicalismo revolucionario que tan buenos resultados estaba dando en Francia. Desde anarquistas como Emma Goldman o Alexander Berkman hasta socialistas como John Reed o Daniel De León se vincularon a la IWW, también conocido como “wooblies”. Un movimiento que no paró de crecer y que fue reprimido, primero al calor de las consecuencias de la Revolución rusa de 1917, que llevó al Secretario de Justicia de EE. UU. en 1919 Alexander Mitchell Palmer. En esa ola represiva contra el movimiento obrero americano hay que enmarcar la detención, juicio y posterior ejecución de los anarquistas italianos Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti en 1927.
A pesar de todo ello, la huella indeleble que dejó la movilización de 1886 y sus consecuencias, así como la lucha emprendida por estos anarquistas, haría que el Primero de Mayo se convirtiese en una jornada de lucha internacional por los derechos de los trabajadores que aun hoy perdura.

domingo, 19 de abril de 2020

Kropotkin y el apoyo mutuo

Artículo publicado en el periódico digital El Obrero

Las ideas socialistas del siglo XIX conllevaban en su cuerpo doctrinal la cooperación, el entendimiento y el apoyo entre semejantes, como factor diferenciador del modelo económico capitalista basado en un exceso de individualismo y de búsqueda de un beneficio propio.
                Algunos utopistas ya lo habían marcado en los periodos previos al desarrollo industrial, pero fue con el desarrollo del primer socialismo cuando estas teorías comenzaron a ser profundizadas. Charles Fourier, en su doctrina social del falansterio hablaba de la necesidad de un armonismo social, tomando como base el trabajo cooperativo y no competitivo, que repercutiese en un interés social y de conjunto, pero no un beneficio monetario individual. Este armonismo lo copiaba Fourier de su observación en algunas especies animales, como castores, abejas y hormigas, donde es la cooperación mutua lo que mueve a esas especies en numerosos momentos. Este modelo del falansterio fue llevado a la práctica en algunos lugares, donde un entorno hostil los hizo fracasar.
                El máximo representante de la corriente cooperativa fue el socialista británico Robert Owen, que estimó que, frente al modelo capitalista, la teoría cooperativa se tenía que basar en el mayor bienestar general de los productores.
                Tanto Fourier como Owen estimaban que estos modelos se tenían que realizar en grupos acotados de individuos para que pudieran funcionar, ejemplificando al resto de esa mejor organización y que la transformación social se produjese por mimetismo. Una opción que fue superada por el socialismo de la segunda mitad del siglo XIX.
                El desarrollo de un capitalismo mucho más sofisticado, que pasó de una producción reducida a una producción industrial precisaba de una respuesta distinta por aquellos que ponían en duda su modelo económico. Es el momento de las aportaciones de Karl Marx o Mijaíl Bakunin al movimiento socialista internacional, donde se pretendía la construcción de grandes organizaciones de trabajadores que promoviesen transformaciones revolucionarias a gran escala.
Piotr Kropotkin
                En ese contexto apareció la figura de Piotr Kropotkin. Este había nacido en Moscú en 1842, en una familia aristocrática muy cercana a la corte del Zar. Aunque inicio una carrera militar, Kropotkin se interesó desde muy pronto por la ciencia y comenzó sus estudios de matemáticas y geografía en la Universidad de San Petersburgo. SU buen hacer como geógrafo le valió becas de estudios lo que hizo que viajase a lugares como Finlandia o Suecia.
                Comenzó a conocer las ideas opositoras al zarismo y muy pronto Kropotkin pasó a engrosar las filas revolucionarias y socialistas. Aunque en un primer momento se sintió atraído por el marxismo posteriormente fue conociendo profundamente el anarquismo, del que se convirtió en uno de sus principales teóricos. Perteneció a la Primera Internacional, que tras su disgregación en 1872 siguió siendo un referente, pues una de las ideas fundamentales de Kropotkin era poder aunar en una misma organización al movimiento socialista.
                Sus visiones del anarquismo, al que consideraba una filosofía y modo de vida natural, le van convirtiendo en una referencia internacional a través de escritos que va dejando en periódicos como La Révolté o en iniciativas impulsadas por él mismo como Freedom.
                Acusado por sus detractores como uno de los auspiciadores de la violencia anarquista del periodo finisecular, en realidad Kropotkin no contemplaba la acción terrorista como estrategia de acción revolucionaria sino la organización efectiva de aquellos que querían una transformación social profunda. Del periodo final del siglo XIX destacan sus grandes obras: La conquista del pan, Campos, fábricas y talleres o El Apoyo Mutuo. Muchas de estas aportaciones comenzaron como artículos para la revista Nineteenth Century. Aportaciones que confirieron a la explicación del anarquismo un concepto científico y que abarcaba todos los espacios sociales.
                Kropotkin, favorable a la transformación revolucionario y uno de los principales pilares desde el exterior a los organismos anarquistas en la Revolución de 1905 en Rusia, fue polémico cuando con el estallido de la Primera Guerra Mundial se mostró favorable a una victoria de los ejércitos de la Entente frente al militarismo alemán y austrohúngaro. Firmante en este sentido del Manifiesto de los 16 (junto a otros anarquistas como Jean Grave, Charles Malato o Vaarlam Cherkeshov) no contó en esta ocasión con el apoyo de un movimiento anarquista internacional que mantuvo firme en su crítica a la guerra.
                El estallido de la Revolución rusa de 1917 le hizo concebir la esperanza de un pronto final del capitalismo internacional. Volvió a Rusia y desde allí escribió en favor de la revolución y criticó medidas del gobierno bolchevique, que siempre respeto mucho la figura de Kropotkin como histórico del movimiento obrero internacional. Murió en Dmitrov el 8 de febrero de 1921.
El Apoyo Mutuo
                Para Kropotkin encontrar un fundamento natural que diese una justificación al anarquismo fue una tarea fundamental. Como científico, Kropotkin fue un observador de la naturaleza y de su entorno, lo que llevó a experimentar para poder sacar conclusiones. En la revista Nineteenth Century, Kropotkin escribió para debatir con los darwinistas, que hablaban de la lucha constante de los animales. Por el contrario, Kropotkin estimaba que esos animales, a pesar de la lucha, también ejercía el apoyo mutuo como factor de sociabilidad lo que permitía, en realidad, a las distintas especies sostenerse y evolucionar.
                En contexto donde las teorías de Herbert Spencer tenían mucho eco en la sociología y la biología, se llamó a Kropotkin para que realizará aportaciones en la línea de la respuesta a los darwinistas, pero llevado a los seres humanos y no a los animales. De la serie de artículos que escribió Kropotkin salió una de las obras referencias para el movimiento anarquista internacional: El Apoyo Mutuo. Un factor de la evolución.
                En esta obra, Piotr Kropotkin coge dos ejes básicos para justificar su teoría: la biología y la historia. Kropotkin, reconociendo la lucha entre especies, habla de como en algunas de esas especies se desarrolla un concepto de apoyo mutuo que permite la supervivencia de esta y su evolución. No solo lo lleva a insectos como las hormigas o las abejas (factor que también hará Maurice Maeterlinck), sino a otras especies animales como aves, monos, etc.
                Poteriormente, estos ejemplos los lleva Kropotkin a los seres humanos, donde pone ejemplos prácticos de la ayuda mutua en las sociedades primitivas, en la sociedad medieval, en la sociedad moderna, etc. Instituciones, territorios, ayuda entre iguales, etc. Cuando esa armonía se rompe y surge la lucha sin cuartel es cuando la sociedad no evoluciona, sino que muta a los intereses de aquellos que quieren dominar.
                Pero, aunque Kropotkin habla de la historia y de esos momentos de apoyo mutuo en la humanidad, el anarquista ruso no habla de una vuelta a esos conceptos medievales, cosa imposible en todos los sentidos, sino que el concepto se adapte en el momento que le tocó vivir y consolidar una alternativa social que tenga como eje estructural esa ayuda mutua. Si ha sido un factor de evolución positivo y la sociedad libertaria es la alternativa al modelo social capitalista, ese apoyo mutuo tiene que presidir las relaciones entre los humanos. Además, en los momentos difíciles esa solidaridad y apoyo mutuo es un factor fundamental y único a la hora de poder superar las adversidades sociales.
                Con ello, Kropotkin da una pátina de cientificismo a la teoría anarquista y a su concepto de organización social. Para el anarquismo se convirtió en un elemento central de su doctrina intentado mostrar que era una cuestión trasversal a toda sociedad.
                Corren tiempos en la actualidad donde es interesante y necesario revisar a Piotr Kropotkin.

martes, 7 de abril de 2020

LA MANO NEGRA Y LA REPRESIÓN AL ANARQUISMO ANDALUZ

Artículo publicado en el periódico El Obrero


La llegada de las ideas internacionalistas a España, al calor de la Revolución de 1868, hizo desarrollar en el campo andaluz un importante movimiento obrero donde el anarquismo tuvo mucha influencia. Con flujos y reflujos en su organización, los jornaleros andaluces vieron en las ideas anarquistas una salida a su penosa situación y una posibilidad de conseguir un reparto más justo de la riqueza que la propiedad terrateniente le impedía.
            Sin embargo, a pesar de que ese movimiento obrero fue fluctuante, siempre tuvo mucha presencia y el Estado se decidió a ponerle fin de cualquier de la maneras. En ese contexto fue cuando se produjeron los sucesos de la Mano Negra, una pretendida organización anarquista que quería acabar con el gobierno y con los propietarios agrarios. Andalucía siempre había sido protagonista de las luchas campesinas en el siglo XIX, pero el carácter de las actuaciones de la Mano Negra era distinta a la que se había desarrollado en otros momentos históricos.
            En un contexto de debate del anarquismo y de su organización, entre aquellos, mayoritarios, que pretendían impulsar una poderosa organización obrera representada por la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE) se alzaban otros que creían más en la organización de pequeñas estructuras y de una vía insurreccional. Esos debates teóricos y organizativos fueron aprovechado por unas autoridades deseosas de acabar con la fuerza, influencia y vigorosidad del movimiento obrero.
            A partir de finales de 1882, la prensa y las autoridades comenzaron a propalar las noticias de la existencia de sociedades secretas que pretendían subvertir el orden establecido. Y detrás de esas organizaciones secretas se encontraba el movimiento obrero.
            A la movilización jornalera y las detenciones, le siguieron una serie de hechos criminales como la muerte de los venteros Núñez, reconocidos confidentes policiales, el crimen de la Venta de Empalme y el crimen del Cortijo de La Parrilla. En este último, se produjo el supuesto asesinato de Bartolomé Gago Campos, conocido como el Blanco de Benaocaz, que se le suponía había participado de las sociedades secretas y había sido asesinado por sus propios compañeros. Y fue supuesto asesinato porque la aparición de un cadáver en avanzado estado de descomposición y al que no se le pudo efectuar la autopsia, fue tenido como la prueba del crimen. Incluso en el juicio, el padre de Bartolomé Gago aseguró haber recibido una carta de su hijo desde Barcelona, donde estaba asentado, con posterioridad a la fecha del supuesto crimen.
            La cuestión estribó en que todos estos casos sirvieron para realizar una masiva detención contra integrantes de organizaciones obreras y montar un macrojuicio contra las supuestas sociedades secretas que se saldaron con numerosas penas de muerte. La Audiencia de Jerez de la Frontera juzgó a 17 inculpados por el crimen de La Parrilla, dictando siete penas de muerte. El mayor escándalo vino cuando días después, el Tribunal Supremo revisó la sentencia y determinó que había sido suave, elevando las penas de muerte a 15. El consejo de Ministro las volvió a reducir, pero se la aplicó a un maestro, Juan Ruiz, conocido en los círculos obreristas y anarquistas de Cádiz por enseñar a leer y escribir a los hijos de los trabajadores. La sentencia fue ejecutada el 14 de junio de 1887 en la Plaza del Mercado de Cádiz.
            También fue ejecutado Juan Galán, acusado de haber asesinado al matrimonio Núñez en Trebujena. El escándalo estaba servido, tanto a nivel nacional como internacional. El movimiento obrero se veía debilitado por la fuerte represión contra sus estructuras, que diseminado, acabó por hacer desaparecer la otrora poderosa FTRE.
            Solo años después se comenzaron a aplicar indultos contra detenidos por estos supuestos y averiguar hasta que punto las autoridades habían tenido la máxima responsabilidad en los hechos.

¿Existió realmente la Mano Negra?

            Es una de las cuestiones que los historiadores se han hecho a lo largo del tiempo y las investigaciones. Para algunos como Clara E. Lida o Ángel Herrerín la Mano Negra sí existió. Para otros, como José Luis Gutiérrez Molina, solo fue un montaje policial y de las fuerzas del Estado contra el anarquismo.
            Aunque la existencia de sociedades secretas o discretas en el entorno del obrerismo fue una constante, sobre todo para mantener vivas unas estructuras en caso de persecución o represión por parte de las fuerzas del Estado, las actuaciones de la supuesta organización de la Mano Negra difería en las estrategias realizadas incluso por los sectores más insurreccionales del anarquismo. Quizá su existencia o no como entidad es lo de menos, pero donde los historiadores coinciden es que las supuestas actividades de esa organización fue el pretexto necesario para ejercer una dura política represiva con un pujante movimiento obrero, que tardará algunos lustros en recomponerse y recuperar la fuerza e influencia que había tenido. No iba a ser la primera vez en la historia del obrerismo español que se utilizase esta estrategia contra sus estructuras con la finalidad de endurecer las leyes que reprimiesen y limitasen las actuaciones del movimiento obrero.
            A pesar de la desaparición de la FTRE en 1888, los libertarios siguieron articulando organizaciones que mantuviesen vigente el modelo societario. A la FTRE le sucedió la Federación de Resistencia al Capital que en 1891 pasó a denominarse Pato de Unión y Solidaridad para desembocar a inicios del siglo XX en la Federación Regional Española de Sociedades de Resistencia. También, a modo de una Alianza de la Democracia Socialista, nació en 1888 la Organización Anarquista de la Región Española (OARE), que de muy corta existencia intentó mantener unido a distintos grupos para la extensión de una efectiva propaganda libertaria. Sin embargo, esta dispersión no se iba a subsanar hasta la fundación y desarrollo de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) en todo el territorio español a partir de 1910.
            Aun así, lo sucesos de la Mano Negra se mantuvieron indelebles en la mentalidad del obrerismo español.