viernes, 8 de noviembre de 2019

LA CNT, LA HUELGA DE LA CANADIENSE Y LAS OCHO HORAS DE TRABAJO

Artículo publicado en el diario El Obrero


En el centenario de la conquista por ley de la jornada laboral de ocho en España no puede quedar en el olvido el origen de tal decreto y el protagonismo sin discusión del anarcosindicalismo y de la CNT en el mismo, cuestión que ha quedado desdibujada cuando no olvidada.
            La CNT, como organización sindical, había nacido en octubre-noviembre de 1910 con la intención de estructurar a las sociedades obreras que estaban diseminadas por el territorio español y que no se sentía conformes con el modo de funcionamiento de la UGT. Una organización nacida bajo los auspicios del movimiento libertario que llevaba años buscando una organización nacional que coordinase sus actividades. Aunque en un principio su actividad se circunscribió al ámbito catalán, en pocos años el objetivo de la CNT (que lo fue previamente de Solidaridad Obrera, su embrión) era extenderse por todo el territorio nacional y estructurar un sindicato horizontal.
            A pesar de los altibajos de los primeros momentos (legalización e ilegalización), lo cierto es que a partir de 1915-1916 la CNT despegó como organismo sindical, rivalizando con su homologa socialista y copando puestos de influencia y hegemónicos en muchos lugares entre la clase obrera.
            La huelga de La Canadiense (también llamada La Canadenca o Riegos y Fuerzas del Ebro) no solo significó la chispa que provocó la consecución de las 8 horas de trabajo, sino también mostró la mayoría de edad de la CNT como organismo sindical y moderno de España y Europa. Este conflicto huelguístico hay que enmarcarlo en el contexto del ciclo revolucionario que se había abierto en España en 1916 con el primer pacto entre la CNT y la UGT y que tuvo su punto álgido con la huelga general revolucionaria de agosto de 1917.
            El conflicto de La Canadiense estalló cuando un grupo de trabajadores de la administración de la empresa fueron despedidos y acudieron a la CNT para que les apoyase en sus peticiones de readmisión. La intervención de la CNT hizo movilizar a las fuerzas del orden y políticas de Barcelona, que vieron como la huelga se iba extendiendo. Primero entre todo el personal de la fábrica y, finalmente, con un llamamiento a la solidaridad, en todo el sector eléctrico de Barcelona. Lejos de quedarse ahí, la CNT puso en marcha un modelo de huelga moderno: la huelga solidaria. Muchos otros sectores comenzaron a solidarizarse con los trabajadores de La Canadiense y con el conflicto, con lo que Barcelona quedó paralizada durante 44 días. A pesar de los intentos de las fuerzas del orden público por desactivar la movilización, con la detención de los integrantes del comité huelga, lo cierto es que el pulso que la CNT planteó consiguió los objetivos finales: libertad de los detenidos, readmisión de los despedidos, aumento de los salarios, reducción de la jornada laboral y pago de los salarios a los obreros en huelga. Un éxito sin precedentes en una movilización, que se llegó a plasmar con el decreto ley de la jornada de 8 horas de trabajo firmada por el gobierno y con la intervención de una comisión delegada de la CNT. El modelo de acción directa del anarcosindicalismo había triunfado.
            Pero el cumplimiento de los acuerdos fueron boicoteados por los patronos desde el primer momento, que vieron un crecimiento del poder sindical y no pudieron desgajarlo de los movimientos revolucionarios europeos de la época, sobre todo la Revolución rusa. Ante el incumplimiento de acuerdos, la CNT volvió a hacer un llamamiento a la huelga general, que se hizo extensiva, y que generó una mayor organización de la Federación Patronal Catalana.
            El éxito de la CNT se debió a varios factores. El primero que su modelo de organización había cambiado tras el congreso de Sans de diciembre de 1918, pues pasó de una estructura de sociedades obreras, típica de un sindicalismo más arcaico, a un modelo de sindicatos únicos adaptados a la realidad económica del país y al avance que había tenido el modelo capitalista. Algo inédito en Europa y que la CNT adaptó a nivel nacional en su congreso nacional celebrado en Madrid en diciembre de 1919. Este modelo sindical hizo más efectiva la movilización. Por otra mostraron que el modelo de acción directa era efectivo frente a la acción delegada, lo que hizo ganar enteros frente a su rival sindical UGT, a la que arrastró en muchas ocasiones hacía sus posiciones de influencia. Por último, la huelga solidaria que hizo que no solo un sector sino todos se sintieran identificados con las reivindicaciones de los obreros.
            Este influyente poder del sindicalismo hizo reaccionar a los patronos, que ante el temor del avance del anarcosindicalismo y el contexto revolucionario europeo decidió aplicar una política de acción terrorista contra la organización obrera. Fue el comienzo del periodo del pistolerismo que se cobró la vida de cientos de obreros y de algunos de los máximos exponentes del anarcosindicalismo español del momento como Evelio Boal o Salvador Seguí.

martes, 5 de noviembre de 2019

Notas al último libro de Ángel Viñas ¿Quién quiso la guerra civil? Historia de la una conspiración


Si existe en la actualidad un historiador capaz de concentrar en una investigación todos los avatares de un periodo histórico tan importante como la Segunda República, ese es el profesor Ángel Viñas. Su ardua tarea de investigación le han permitido publicar en las últimas décadas libros de enorme trascendencia para las nuevas generaciones de historiadores y ha marcado un modo de entender el periodo de la Segunda República, la Guerra Civil y el franquismo, que han roto los lugares comunes a los que durante generaciones se adhirieron multitud de investigadores y público en general. Viñas pertenece a esa generación de historiadores que como Paul Preston, Julio Aróstegui, Ángel Bahamonde  y otros nos han motivado y han sido pilares de formación. En la misma línea se encuentran otros como Fernando Hernández Sánchez, Juan Pablo Calero Delso, Chris Ealham, Eduardo González Calleja, Francisco Sánchez Pérez, Matilde Eiroa, Sandra Souto y un largo etcétera donde mi generación se ha formado.
            Desde hace años he leído la obra del profesor Viñas y en todos de sus trabajos saco la mismo conclusión: cuando termino el libro tengo la certeza que he aprendido mucho. Me pasó con su trilogía sobre la Guerra Civil (La soledad de la República, El escudo de la República y El honor de la República). También con la obra escrita a la par con Fernando Hernández Sánchez sobre el final de la Guerra Civil (El desplome de la República) y lleva un tiempo aportando cuestiones de interés sobre el origen y desarrollo de la Guerra Civil, como fue su aportación en la obra coral Los mitos del 18 de julio o Sobornos donde nos habla del papel de Inglaterra y su compra de voluntades para impedir que España entrase de lleno en la Segunda Guerra Mundial.
            Recientemente, nos ha sorprendido con otro voluminoso libro donde aborda algo que ya esbozó en su aportación a Los mitos del 18 de julio. Con su obra ¿Quién quiso la guerra civil? Historia de una conspiración, Ángel Viñas nos adentra en los movimientos de pieza, negocio y contacto que los monárquicos, encabezados por José Calvo Sotelo, llevaron a cabo desde la temprana fecha de 1933 para promover un golpe de Estado que pusiera fin a la experiencia republicana en España. El elenco de personajes que circundan el libro de Viñas es impresionante donde, en ocasiones, de forma casi detectivesca, nos adentra en un mundo de contactos intentado localizar todas las fuentes que sujeten su hipótesis. Un libro extremadamente minucioso e investigado que coloca en su lugar no solo a Calvo Sotelo sino a una serie de personajes a su alrededor que sirvieron como enlace entre los monárquicos españoles y los fascistas italianos, como Antonio Goicoechea o Pedro Sainz Rodríguez.
            Es muy interesante el trazo que Viñas nos da de un personaje como Calvo Sotelo, que por su trágico final y todo lo que posteriormente aconteció se perdió la perspectiva de quien era realmente. Un personaje que fue ministro de la dictadura, que nunca abandonó las posiciones más puramente monárquicas y que se fue “fascistizando” poco a poco. Aunque el profesor Viñas no lo analiza de lleno en su libro, muchas de las medidas ministeriales que implementó en la década de 1920 durante la dictadura tienen una semejanza con el naciente poder de Mussolini en Italia, así como las que Eduardo Aunós también desarrolló.
            No solo es la figura de Calvo Sotelo lo que analiza Viñas de forma pormenorizada. También lo hace con otros personajes como Goicoechea o Ansaldo, el piloto que intentó trasladar a Sanjurjo de Portugal a España tras el golpe del 18 de julio y que se estrelló en su avión.
            Viñas demuestra empíricamente algo que ya se conocía. La llegada de Franco al poder de la zona sublevada solo vino determinada por una serie de circunstancias que van a despejar el camino a su cúspide. El asesinato de Calvo Sotelo, verdadero cerebro de un golpe y de un modelo alternativo político, la muerte de Sanjurjo como jefe de la sublevación militar y la posterior desaparición del general Mola, allanaron un camino a Franco que hasta ese momento no estaba tan claro.
            El eje de los monárquicos es algo que siempre se analizó pero nunca se le dio la trascendencia que realmente tuvieron de cara al golpe de Estado. Viñas también analiza la participación carlistas y falangistas y como estos dos grupos también tenían contacto con la Italia fascista, país que intervino de forma directa en el golpe de Estado contra la República española.
            De forma muy acertada, el profesor Viñas lanza el reto a la historiografía más conservadora y revisionista que realicen un trabajo similar para encontrar los contactos que siempre se le han achacado a la República con la URSS, acusaciones sin pruebas documentales. Por el contrario, toda la información alrededor del contacto de la Italia de Mussolini con los grupos monárquicos en España ya está fuertemente documentada. En ese caso, la respuesta a la pregunta que efectúa el libro es muy clara.
            Un libro imprescindible el que nos ofrece el profesor Viñas. Quizá, la única crítica que podría hacer, que básicamente la hago extensiva a toda la obra de Viñas, es el excesivo peso negativo que muestra respecto al anarcosindicalismo y la CNT, en su relación con la República y posteriormente con la Guerra Civil. Una cuestión que no deja de ser un debate historiográfico donde mis conclusiones son distintas.
            Desde luego, que si tienen la oportunidad, no dejen de leer este libro de Ángel Viñas. Una pieza más en esos fundamentos para establecer una sólida historiografía sobre la Segunda República y los orígenes de la Guerra Civil

martes, 15 de octubre de 2019

Seminario "Memoria del exilio español en Argelia"

Entre los días 20 y 23 de octubre de 2019  se va a celebrar en Argelia un seminario sobre el exilio republicano español, entre las ciudad de Argel y Orán. Aquí pegamos su programa de actividades.


Domingo, 20 de octubre de 2019, Argel.

8,30-9,00h.: Inauguración oficial del Seminario.

9,00-12,30h.: Españoles en Argelia: Migración y exilio político,
         (Sesión en homenaje al historiador Juan Bautista Vilar).

-          Karima Ait Yahia: “La dinámica migratoria de los españoles en la Argelia francesa”
-          Juan Ramón Roca: “Tipología de las migraciones españolas a Argelia”.
-          Farid Sahbatou: “La guerra civil española en la prensa argelina”.
-          Emilio Sola y Julián Vadillo: "Anarquismo y cervantismo en el exilio argelino".
-          Eloy Martín Corrales: “El exilio socialista en Argelia”.
-          Ángela Rosa Menaches: "Lengua y cultura de la emigración y el exilio español en Argelia".

13,00h.: Almuerzo

15,00-17,30h.: Vivir en Argelia: de la guerra civil española a la independencia argelina.

-          Nadia Bouzekri:"Los españoles en  Argelia: una historia entre el silencio y la memoria".
-          Tramor Quemeneur: “La guerra de liberación argelina y los españoles del exilio”.
-          Héctor Perea: “Argelia, trampolín para el exilio republicano en México”.
-          Gerardo Bernabéu: “Españoles y argelinos: Vivencias y relaciones de una familia de españoles exiliados”.
-          Eliane Ortega: “Represión y concentración: los campos de concentración en Argeliade 1939 a 1943”.

17,30h.: Conclusiones finales, por Bernabé López García.


Lunes, 21 de octubre de 2019, Argel.

9,30h.: Visita a la Cueva de Cervantes.

Martes, 22 de octubre de 2019, Orán.

9,00-12,30h.: Memoria de emigración y exilio.

-          Palabras de apertura del seminario en la ciudad de Orán.
-          Alfred Salinas: "Oran, tierra de asilo. Entre colonización y confinamiento".
-          Djamel Latroch: “Las geografías (origen y destino) y la historia de las migraciones españolas hacia Argelia”.
-          Juan Ramón Roca: “Recorrido gráficopor las migraciones españolas a Argelia”.
-          Juan Martínez Leal: “Vencidos, evacuados y desterrados: la emigración a Argelia de los últimos resistentes republicanos”.
-          Wafa Elfekair: “La acogida de los refugiados en Orán: el centro de internamiento número 2”.

13,00h.: Almuerzo.

                        Al término del almuerzo desplazamiento a la Biblioteca de Orán.


17,00-18,00h.: Mesa redonda sobre “Antifranquismo en Argelia”.

-          Intervienen: Emilio Sola, Larbi Belazzouz, Saliha Zerrouki, Héctor Perea. Modera: Juan Martínez Leal.

18,30h.: Inauguración de la exposición de prensa española oranesa y exposición gráfica sobre la memoria del exilio español en Argelia en la Biblioteca de Orán.


Miércoles, 23 de octubre de 2019, Orán.

9,00-13,00h.: El exilio español en Argelia (1939-1975).

-          Yenia Camacho Samper: “Argelia en la memoria del exilio comunista español”.
-          Eliane Ortega: “Los lugares de la memoria del exilio español en Orán en 1939”.
-          Gerardo Bernabéu: “La memoria vivida de los españoles en Orán”.
-          Daniel Moñino: "Andalucía en el exilio argelino de 1939".
-          Saliha Zerrouki: “Max Aub y su memoria de Djelfa”.
-          Bernard Sicot: "Dos españoles en el Magreb colonial: Antonio Blanca y Antonio Gassó Fuentes"
13,00-13,30h.: Debate final
13,30h.: Conclusiones dirigidas por Bernabé López García.
13,50 h.: Clausura oficial.
14:00: Almuerzo

miércoles, 9 de octubre de 2019

LA RENOVACIÓN PEDAGÓGICA FRENTE A UN PIQUETE DE FUSILAMIENTO

Artículo publicado en el número 421 del periódico CNT (Octubre-Diciembre 2019)

El 13 de octubre de 1909 era fusilado en el Castillo de Montjuich el pedagogo Francisco Ferrer Guardia. Un Consejo de Guerra le había condenado a dicha pena como “cerebro” de la conocida como Semana Trágica de Barcelona. Un pretexto falso que servía como excusa a unas causas más profundas y que tenían a Ferrer en el punto de mira desde hacía muchos años. El odio que los sectores conservadores, clericales y pudientes de la sociedad española tenían contra Ferrer necesitaba un pretexto para poder eliminarlo.
            ¿Pero quien era ese Francisco Ferrer que tanto odio despertaba en los sectores clericales de la sociedad? Nacido en Alella en 1859 y a pesar de haber tenido un entorno muy próximo al catolicismo, desde muy temprano Francisco Ferrer comenzó a tener contacto con los círculos republicanos y anticlericales, ingresando en una logia masónica y estudiando de forma autodidacta.
            Como muchas personas avanzadas de la época, la primera opción de Ferrer fue el republicanismo, conociendo la obra de Francisco Pi i Margall. Sin embargo, su trabajo le permitirá viajar con frecuencia entre España y Francia, tomando contacto con los círculos de Manuel Ruiz Zorrilla, del que fue su secretario, y su Partido Republicano Progresista. Las estrategias del zorrillismo consistían en promover movimientos revolucionarios que trajeran a España la República. Esto llevó a Ferrer a participar u apoyar levantamientos republicanos como el de Santa Coloma del Farnés en 1884 o el pronunciamiento del general Villacampa en 1886.
            Pero Ferrer, en contacto con círculos internacionalistas y anarquistas, comienza a matizar sus posiciones respecto a la República, adhiriéndose a distintas iniciativas y congresos de librepensadores. Junto a una turbulenta vida sentimental, Ferrer comienza a estudiar de forma más profunda las iniciativas de renovación pedagógicas que se están dando en Europa y que tiene a los anarquistas como principales protagonistas. Las aportaciones de Charles Malato o la aplicación práctica del Orfelinato de Cempuis de Paul Robin fueron cuestiones que impactaron mucho a Ferrer.
            Ello le llevó a concebir la idea de fundar una escuela donde poder introducir dichos valores. Algo que se materializó cuando en agosto de 1901 fundó en Barcelona la Escuela Moderna en la calle Bailén, producto de una herencia recibida de una antigua alumna de Ferrer (Ernestina Meunier). Ferrer concibió su Escuela Moderna con los conceptos pedagógicos más renovadores. La coeducación de sexos, el racionalismo, el cientificismo, el contacto del alumno con la naturaleza, el desarrollo libre de la mentalidad del alumno, laicismo, abolición del examen y del premio y el castigo, etc., fueron valores trasmitidos por Ferrer en su iniciativa. Al calor de la Escuela Moderna se fundó una editorial con el mismo nombre, donde trabajaron como traductores intelectuales del movimiento obrero libertario como Anselmo Lorenzo y desde donde se dieron a conocer las obras más revolucionarias del pensamiento científico como las de Elisée Reclus o Piotr Kropotkin. Además, la Escuela Moderna editó un boletín y realizó actividades como las conferencias de los domingos. Por sus aulas e institución pasaron y participaron los intelectuales más prestigiosos de la época como Pompeyo Gener u Odón de Buen.
            Su proyecto pedagógico pronto fue imitado por otros centros y la Escuela Moderna comenzó a crecer exponencialmente. Si el primer curso lo cerraron con 32 alumnos, en 1903-1904 ya alcanzaban los 114. Un crecimiento que fue visto como un peligro por los sectores clericales de la ciudad de Barcelona, que vieron en Ferrer un enemigo a batir. Por ello comenzaron a perseguir a Ferrer, intentado con ello acallar su obra en la Escuela Moderna. No era un secreto que Ferrer era partidario del desarrollo del movimiento obrero y que había participado en él con apoyo económico a muchas de sus iniciativas.
            El primer intento serio de acabar con Ferrer se presento tras el atentado que Mateo Morral perpetró contra el rey Alfonso XIII el día de su boda el 31 de mayo de 1906. El hecho que Morral fuese bibliotecario de la Escuela Moderna fue razón suficiente para vincular a Ferrer con el atentado. Detenido y juzgado fue absuelto por falta de pruebas, pero las actividades pedagógicas de la Escuela Moderna fueron suspendidas.
            El segundo intento consiguió su objetivo. La movilización obrera que se produjo en Barcelona entre julio y agosto de 1909, por oposición al embarque de soldados para la guerra de Marruecos y la conflictividad social por las carestías que se daba en la ciudad, provocó un movimiento revolucionario que ha pasado a la historia con el nombre de Semana Trágica. La dura represión que se ejerció contra la misma alcanzó a Ferrer, que fue acusado de ser el inductor del movimiento a pesar de no tener ninguna vinculación con el mismo. En esta ocasión un Consejo de Guerra le llevó al paredón, a pesar de la inexistencia de pruebas y de que poco después de su fusilamiento fue reconocida su inocencia.
            Una oleada de protestas en España y Europa dieron a ver la dimensión que las aportaciones de Ferrer habían ofrecido al movimiento de renovación pedagógica y cultural. La monarquía de Alfonso XIII quedó erosionada, así como la figura de personajes como Antonio Maura que tuvieron especial inquina contra el pedagogo.
            La desaparición de Ferrer no significó el fin de su legado. Su obra póstuma La Escuela Moderna sirvió para dar a conocer sus postulados pedagógicos que se extendieron no solo por España sino por el mundo con iniciativas y experiencias. En 1911 fue erigida una estatua en Bruselas en recuerdo de Ferrer que ya en la década de 1990 fue reproducida en Barcelona.
            Lo interesante de Ferrer no es solo su vida sino comprobar como 110 años después de su fusilamiento sus presupuestos pedagógicos aun tiene vigencia y aplicación para la renovación de nuestro sistema educativo. Ese es el mejor homenaje a Ferrer y su obra.

miércoles, 2 de octubre de 2019

El franquismo y algunas novelitas del oeste


Revisando algunos libros que aun tengo en casa de mis padres me tope con tres novelas que, quizá, si alguien ve el resto de títulos en marcados en la historia política del siglo XIX y XX, podría considerar como fuera de lugar. En las estantería repletas de obras localiza una obra de Hazañas Bélicas con el título Loz, el partisano escrita por Harry Cowerland en 1959 y dos novelas policíacas de la editorial Rollán, de la serie “Selección FBI”, escritas por Eddie Thorny con el título Réquiem por Larry y Prisión de oro. Creo recordar que tengo alguna más, que no localicé en ese momento, de temática de western escritas por Edward Goodman. Una literatura de quiosco que se vendió en España en los años de la dictadura y que tenía como finalidad el entretenimiento.
            La razón de que ese tipo de obras formen parte de mi biblioteca no es tanto por la temática sino por lo autores. Esos nombres anglófonos y americanizados no son sino seudónimos de personajes muchos más conocidos pero que la censura y la persecución política de la dictadura les impedía firmar obras con su nombre.
            Tras el nombre de Eddie Thorny o Edward Goodman se esconde la personalidad de Eduardo de Guzmán Espinosa, uno de los más influyentes personajes de la España de la década de 1920 y de 1930. Afiliado a la CNT, simpatizante del movimiento libertario y perteneciente a una corriente a caballo entre el republicanismo más radical y el anarquismo, Eduardo de Guzmán fue uno de los redactores del periódico La Tierra, escribió en la páginas de La Libertad y durante la Guerra Civil fue el director de Castilla Libre, uno de los órganos de expresión de la CNT. Al acabar la Guerra, Eduardo de Guzmán fue apresado en el puerto de Alicante y trasladado a distintos centros de internamientos (campos de concentración y prisiones) hasta que un Consejo de Guerra lo condenó a muerte, pena que fue conmutada por la inferior de 30 años y que al final logró salir de la cárcel en una libertad vigilada. Guzmán, periodista y escritos profesional, no pudo firmar durante el franquismo ningún artículo ni ningún libro. Fue completamente expulsado del círculo de escritores y periodistas y se tuvo que ganar la vida escribiendo novelas policíacas y del oeste que firmaba con seudónimo (a los ya citados hay que unir otros como Richard Jackson, Anthony Lancaster o Charles G. Brown). Muchos de esos nombres no pasaban desapercibidos. Edward Goodman es muy claro, pero Eddy Thorny se podía traducir por Eduardo Negro, ya que Thorny es la trascripción de negro en lengua rusa (черный). Aunque Eduardo de Guzmán volvió a ejercer su profesión y escribir libros de enorme calado (como ejemplo La muerte de la esperanza, El año de la victoria, Nosotros, los asesinos, Historias de la prensa o la Segunda República fue así) este periodo lo recordaba el protagonista como de enormes agobios económicos pues no ganaban mucho dinero con esta literatura barata y, además, no ejercía el talento que siempre caracterizó la pluma de Eduardo de Guzmán.
            El otro título, Loz, el partisano, tengo que reconocer que lo adquirí por el título, por la
ubicación de la obra (Yugoslavia durante la Segunda Guerra Mundial) y porque me parecía curioso que durante la dictadura se escribiese algo relacionado con la lucha del antifascismo yugoslavo contra los nazis, aunque fuese en una novela. El libro está impreso en Argentina, pero la Editorial Toray que lo publicaba tenía distribución tanto en Buenos Aires como en Barcelona. Tiempo después averigüé que tras el nombre de Harry Cowerland se escondía la personalidad de Enrique Sánchez Pascual, escritor que durante la Guerra Civil había estado en la zona republicana y comprometido con ella. Al finalizar la guerra se exilió a Francia, pero decidió regresar, cumpliendo penas de prisión. Al igual que Eduardo de Guzmán, Enrique Sánchez no podía firmar con su nombre las novelas de aventuras que realizaba y tuvo infinidad de seudónimos (Isaías Bronstein, Alex Simmons, Oskar Soren, etc.). Llegó a fundar una editorial en 1955 con el nombre de Mando y dirigió la agencia de cómics Comundi. Su hijo, Enrique Sánchez Abulí, siguió la estela de su padre.
            Habría que citar en este sentido a un último personaje, muy famoso en las novelas del periodo dictatorial como fue Marcial Lafuente Estefanía. Marcial Lafuente, hijo de periodista y escritor, también estuvo comprometido con la causa republicana, alcanzado incluso grados de oficial en el Ejército Popular de la República. Al acabar el conflicto, Marcial Lafuente decidió no exiliarse y esto le costó penas de prisión en numerosas ocasiones. Sin embargo, fue en ese tiempo cuando cogió afición por la lectura, y pasado unos años comenzó a escribir novelas del oeste y de amor que se iban a popularizar en la España del momento. Aunque utilizó seudónimos (Tony Spring, Cecilia de Iradulce, Dan Luce, etc.), Marcial Lafuente si firmó obras con su nombre, gracias al contrato firmado con la editorial Bruguera (editorial con una historia muy interesante) que le convirtió en el más prolífico escritor de novelas del oeste. Tal fue su fama que Marcial Lafuente Estefanía se convirtió prácticamente en una marca, pues los propios hijos del escritor se dedicaron a ello y firmaban con el nombre de su padre.
            Lo que tiene en común todos estos personajes fue su pasado republicano y de izquierdas y la represión que sufrieron durante la dictadura que les impidió en muchos casos poder firmar con su propio nombre. Ahora que es tiempo de ferias de libro viejo y de ocasión busquen algunas de estas novelas, que son de bajo precio, pero piensen que detrás de ella existe una historia de represión de un régimen que cortó las alas y expulsó de la vida social (en muchos sentidos) a una generación de intelectuales y escritores que fue la flor y nata del país. Algunos siguieron escribiendo aunque fuese en una literatura barata y de consumo.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

“CÚMPLASE LA VOLUNTAD NACIONAL”. Una biografía de Baldomero Espartero


Breve reseña de libro de Adrián Shubert, Espartero, el Pacificador (Galaxia Gutemberg, Barcelona, 2018)

Uno de los lugares comunes que la historia reciente de España ha formado, y donde el franquismo tiene una responsabilidad enorme, es el papel del ejército en la historia del país. Que las armas en la Guerra Civil (1936-1939) fueran favorables a los elementos más reaccionarios y antiliberales del ejército, determinó un modo de entender el mismo. El franquismo nutrió la idea de un Ejército formado sobre los valores del tradicionalismo más atrasado y retrógrado, vinculando todas las acciones del mismo con esas ideas y lanzando al sumidero de la historia a otra parte del ejército que quedó desdibujado, manipulado o prácticamente desconocido para las generaciones venideras. La historiografía progresista tampoco fue, en líneas generales, generosa con el ejército, centrándose en los procesos más ominosos del mismo (guerras de Marruecos, represión ejercida por los militares contra el movimiento obrero, etc.) y dejando en un segundo plano el papel del ejército en el desarrollo de numerosos procesos revolucionarios. A pesar de ello, han existido grandes historiadores que, como Gabriel Cardona o Carlos Blanco Escolá, han tenido mucho empeño en recuperar una parte muy desconocida de los militares.
                Quizá en esto no hay culpas que valgan. Ciertamente, una parte del ejército participó de forma activa en los procesos más ominosos de la historia de España reciente, sus actuaciones en lugares como Filipinas o Cuba fueron de nefasto recuerdo, las guerras en Marruecos tiene episodios de crueldad inusitada y sirvieron para que un grupo de militares tomaron privilegios dentro del ejército (los africanistas) y, para rematar, los militares fueron los protagonistas de dos dictaduras que ha sufrido España en el siglo XX, siendo la de Franco especialmente virulenta y represiva. Fueron este grupo de militares los que imprimieron una visión unilateral de lo que era el Ejército y, por extensión, de España.
                Sin embargo, esos largo años de dictadura ocultó la faceta del ejército más liberal, aquella que sirvió como contraparte y, en muchas ocasiones, como apoyo para las trasformaciones progresivas de la sociedad española. Hoy apenas son conocidas las facetas que militares como Nicolás Estévanez dieron a la causa republicana. O como el general Villacampa, junto a la política desarrollada por Ruiz Zorrilla, intentaron proclamar la República en España. Tampoco como militares como Tomás de la Llave, expulsado incluso del cuerpo de ejército, promovió en el interior del mismo las juntas de suboficiales en el periodo de crisis iniciado en 1917 y que llegó a vincularse con el movimiento republicano e, inclusive, anarquista. Como ese ejército, descontento con la dictadura de Primo de Rivera, pactó con los republicanos y los anarquistas la necesidad de expulsar del país al dictador y al propio rey Alfonso XIII. No olvidemos que Fermín Galán y Ángel García Hernández eran militares que fueron fusilados por intentar proclamar la República en España en diciembre de 1930. Lean la obra de Galán Nueva creación y verán como ese militar tenía unas ideas enormemente avanzadas. También es justo rescatar que la sublevación de 1936 la hizo una parte del Ejército, porque otra se mantuvo leal a la República, que crearon organismo como la UMRA (Unión Militar Republicana y Antifascista) y que algunos de esos militares, como Juan Perea Capulino o Enrique Pérez Farrás, estuvieron con las milicias libertarias y muy cerca de la CNT. Sin hablar de personajes como Vicente Rojo o José Miaja, o, incluso, ya en las postrimerías de la dictadura franquista, la existencia y la represión contra la UMD (Unión Militar Democrática) de la que todavía se espera un restablecimiento. Muchos de estos militares pagaron con su vida, con el exilio o el ostracismo su lealtad republicana y su visión diferente de la sociedad.
                Esta tradición liberal del ejército parte del siglo XIX. Allí existieron personajes como Juan Prim y, sobre todo, Baldomero Espartero. Espartero es, con diferencia, el personaje más importante y trasversal de la política española del siglo XIX. Y gracias a la obra del historiador Adrián Shubert se ha recuperado la figura de Espartero poniéndola en su justa medida en la historia de España del siglo XIX.
                El libro de Shubert es muy completo y muy trabajado, haciendo una biografía total del personaje en cuestión, desde su nacimiento en el manchego pueblo de Granátula de Calatrava en 1793 hasta su muerte en Logroño en 1879. Pero Shubert no solo que queda en una historia lineal y una biografía al uso, sino que incluye al personaje en su época, haciendo un ejercicio prosopográfico con nota.
                De Espartero conocíamos muchos aspectos, pero Shubert ha logrado darle la dimensión que realmente tuvo. Su origen militar, su participación en las guerras en América, el ascenso de su popularidad con las guerras carlistas y la derrota de los tradicionalistas, su posición influyente de poder en el interior de la monarquía y su forma particular de entender las cosas. Un militar que fundamenta el progresismo liberal político, que siempre fue monárquico (era lo que tocaba en la época) pero que respeto la proclamación de la República en 1873. A pesar de sus exilios, Espartero se convirtió en un auténtico héroe nacional y su figura circulaba por distintos lugares de España con el sobrenombre de “El pacificador”. Un verdadero culto a la personalidad en el siglo XIX que valió a Espartero a ser comparado con George Washington o Napoleón Bonaparte. Pero también alabado, como cuando supo que poco podía hacer por la nación se retiro cual Cincinato a Logroño, donde se le seguía consultando y tentando. Un defensor acérrimo de la constitución y del liberalismo progresista que no dudó en afear a los suyos cuestiones en las que no estaba de acuerdo (especiales polémicas con Salustiano Olózaga), ya tuviera o no razón. Autor de medidas populares y también impopulares, que le granjearon fama de duro y autoritario (como el bombardeo de Barcelona, el de Sevilla o el fusilamiento de Diego de León). Un personaje que consiguió que fuese reclamado por monárquicos, republicanos e inclusive por socialistas como Fernando Garrido que veían en él, a pesar de su oposición, la única persona capaz de poner orden en el país antes de acometer transformaciones más profundas. Además, Espartero fue acumulando títulos y menciones a lo largo de su trayectoria (Duque de la Victoria, Príncipe de Vergara, etc.), convirtiéndose en uno de los pocos españoles que tuvo la denominación de príncipe sin pertenecer a ninguna dinastía reinante junto a Manuel Godoy, que también la tuvo. Y eso que rechazó en varias ocasiones la corona española. Nunca quiso ser Rey o Presidente de la República.
                Pero Shubert no solo ha rescatado la figura de Espartero en el contexto político. Al tener acceso al archivo particular del personaje, ha logrado reconstruir su vida privada y ha podido comprobar la enorme importancia que tuvo para Espartero su mujer Jacinta Martínez de Sicilia y Santa Cruz, de la que estaba profundamente enamorado. Jacinta, además, era una perfecta conocedora de la política de la época, culta y leída, que daba consejos y despachaba con las personalidades más influyentes de la época. Pocos meses separaron la muerte de Jacinta de la de Espartero.
                A esta obra magnífica de Shubert solo le pondría alguna matización sin importancia. La primera es que en los momentos que Espartero está en Cádiz (en plenos debates de las Cortes durante la Guerra de la Independencia), los datos de su vida son menores, y el autor vincula muchos supuestos de donde pudo estar Espartero en aquello momentos. Por otro, que al calor de algunos acontecimientos como el bombardeo de Barcelona de 1842 o las movilizaciones de la revolución de 1854 (tanto en las causas como en las consecuencias) el papel del movimiento obrero apenas es abordado, y tuvo una participación fundamental en el mismo. Dos apreciaciones sin importancia.
                Igualmente, Shubert realiza un necesario ejercicio de memoria histórica y nos muestra como la memoria de Espartero ha sido borrada de muchos lugares. El franquismo tuvo mucho que ver en ello, ya que un personaje como Franco no estaba cómodo con otro como Espartero, vencedor del tradicionalismo (al que Franco se sentía vinculado) y principal protagonista de la derrota del carlismo (grupo que apoyó a Franco durante la Guerra Civil y la dictadura). Se puso en relieve personajes como Tomás de Zumalacárregui frente a Espartero.  También por las distintas maneras de afrontar el final de una guerra civil. Frente al Abrazo de Vergara de Espartero, la política represiva sin límites de Franco. El dictador y su grupo más cercano siempre criticaron esa forma de acabar una guerra. Su objetivo era exterminar a su enemigo. Además, se popularizo la leyenda urbana errónea de que Espartero dijo una frase que jamás pronunció: “Hay que bombardear Barcelona cada 50 años”. Al final la impronta que quedó de Espartero en el siglo XX, plagado de dictaduras militares, fue desdibujada, falseada y manipulada.
                Si tienen ocasión no se pierdan la biografía de Espartero de Adrián Shubert. No se van a arrepentir. Bien trabajada, muy investigada y contrastada en la línea de un gran historiador como siempre ha sido Shubert. Yo la he disfrutado.

jueves, 5 de septiembre de 2019

LA IMPORTANCIA DEL FEMINISMO EN LA SOCIEDAD

Breve reseña del libro de Juan Sisinio Pérez Garzón Historia del feminismo (Los libros de La Catarata, Madrid, 2018)

            Entre las numerosas lecturas que tenía pendiente y he podido hacer este verano, se encontraba la obra del profesor Juan Sisinio Pérez Garzón Historia del feminismo, prologado por la profesora Amelia Valcárcel y editado por Los Libros de La Catarata.
            Era un texto al que tenía muchas ganas de hincar el diente por varias razones. La primera de ella por la temática, pues la historia del feminismo era algo que había analizado en algún trabajo, aunque centrándolo en la parte del obrerismo. En segundo lugar porque creo que es necesario que existan libros sencillos que nos acerquen a la complejidad de la historia. Y en tercer lugar porque de la pluma de Juan Sisinio Pérez Garzón, uno de los mejores conocedores del siglo XIX español, el trabajo tenía que ser necesariamente interesante.
            Ninguno de los anteriores ingredientes deja de estar en la obra citada. El profesor Pérez Garzón hace todo un repaso general a la historia del feminismo desde los albores de la modernidad hasta la actualidad, y consigue poner a la mujer en el eje central de la Historia. Una Historia, que de manera caprichosa y tendenciosa, expulsó a las mujeres de los procesos históricos a pesar de haber tenido una participación protagonista en el mismo. Y eso es precisamente lo que hace Pérez Garzón, situar a la mujer en el papel que tuvo.
            Por las páginas de este libro pasan mujeres como Olimpia de Gouges, Mary Wollstoncraft, Harriet Taylor, Flora Tristán, Emmeline Pankhurst, Simone de Beauvoir, Donna Haraway, etc. Una evolución de un pensamiento y una lucha, de distintas formas de entender de la realidad a lo largo de tres siglos de historia. Nos desentraña el autor como el discurso sobre la mujer va a cambiando, pero no por una benevolencia de los gobiernos y los Estados sino como producto de años de lucha donde las mujeres se fueron haciendo un hueco.
            El libro responde a la perfección a las necesidades que se le exige. Si alguien muy leído en el tema se acerca a él, quizá no le aporte grandes cosas pero le puede servir como base para poder explicar de forma ordenada todo un proceso. Si alguien no esta muy leído en el tema, este libro es excepcional para un acercamiento a cada una de las etapas del feminismo y puede ser punta de base de una investigación más exhaustiva del tema. Por sus páginas pasan liberales, socialistas, demócratas, etc., donde vemos la complejidad cada vez mayor de su discurso e, incluso, la animadversión que encontraron en sus propias filas.
            Recomendar Historia del feminismo de Juan Sisinio Pérez Garzón es recomendar un buen libro, sencillo, directo, divulgativo, didáctico y muy bien escrito sobre una de las cuestiones nodales de la historia contemporánea en el mundo. Para alumnos de Bachillerato o para asignaturas que aborden estos temas en la Universidad, el libro tiene que estar en las bibliografías. Eso sí, es una historia general, y aunque cita cuestiones relacionadas con España, no se detiene en ellas. Para eso hay otros libros que abordan de forma particular el caso español.
            Hay que felicitar al autor y a la editorial por la iniciativa de esta obra.