miércoles, 17 de febrero de 2016

... Y GANÓ EL FRENTE POPULAR

Artículo publicado en la edición web del periódico Diagonal

El 16 de febrero de 1936 la coalición del Frente Popular vencía en las elecciones. Con una campaña basada en la aplicación de medidas reformistas, de la libertad de los presos políticos y de una profundización en la democratización del país, la coalición circunstancial de republicanos y partidos obreros de diversa índole se alzó con la victoria electoral.
En el 80 aniversario del acontecimiento toca recordar y romper alguno de esos lugares comunes que alrededor del Frente Popular se han ido generando.

El origen

Una de las bases de la que se valió los promotores del golpe de Estado en julio de 1936, era que el Frente Popular había sido parte del plan que la URSS tenía en España para hacerse con el control político. Basándose en los acuerdos del VII Congreso de la Internacional Comunista donde aprobó la participación de los partidos comunistas en los frentes populares amplios. Una afirmación que no se corresponde con la realidad. Ni en España, ni en Francia ni en ningún lugar.
La motivación de unión de las organizaciones de izquierda en España (y en otros lugares de Europa), no parte de una consigna soviética. Antes de la celebración de dicho congreso en agosto de 1935, los republicanos y los socialistas mostraban interés en la posibilidad de caminar hacia una coaliación electoral. Lo acontecido en octubre de 1934 había dejado claro a la izquierda que la única posibilidad pasaba por una unión de fuerzas. El debate entre republicanos y socialistas se establecía donde estaban los límites de esa coalición. Para los republicanos (Izquierda Republicana y Unión Republicana mayoritariamente, que se habían formado en aquellos momentos por la unión de diversos grupos republicanos) el pacto tenía que ser de gobierno. Los socialistas tenían una diversidad de opiniones, entre la postura de Indalecio Prieto que no veía con malos ojos la unión de un gobierno de republicanos y socialistas, y la de Largo Caballero, que tras la experiencia del primer bienio y su giro a la izquierda era partidario de una coalición electoral para desalojar a la derecha del poder y no de su entraba en un gobierno. Los comunistas, por su parte, sí que tuvieron un giro en su estrategia, que había sido cambiante a lo largo de la República. Mientras en su origen los comunistas mostraron oposición a las instituciones republicanas, tras la salida de Bullejos, Trilla y Adame de la dirección y la toma del control del PCE por Pasionaria, José Díaz y otros, el objetivo pasó a ser la unidad por la base. Los acuerdos del VII congreso de la IC afectó al PCE, que trabajó para la creación del Frente Popular.
En la medida que las organizaciones políticas se fueron recomponiendo tras el fracaso de la huelga general de octubre de 1934, los actos públicos y las declaraciones de los dirigentes políticos iban encaminadas a una coaliación de izquierdas. Meses antes del citado congreso comunista. Una coaliación, que tras muchos meses de negociación, se cerró en enero de 1936 cuando las elecciones estaban a la vista. Finalmente el Frente Popular lo compuso el PSOE, Izquierda Republicana, Unión Republicana, el PCE, el Partido Sindicalista de Ángel Pestaña, el POUM de Andreu Nin y dependiendo de la zona geográfica distintos partidos de la izquierda nacionalista o de implantación regional (Esquerra Republicana que impulsó el Front d'Esquerres – el Frente Popular en Cataluña –, el Partido Galeguista, etc.). La coalición también fue apoyada por la UGT. El Partido Republicano Federal de Barriobero o el Partido Nacional Republicano de Sánchez Román no se unieron a la coalición.
El programa del Frente Popular fue de minimos, pues las posiciones finales de cada uno de los firmantes era muy distinta. No se trataba de un pacto revolucionario, del que estaba muy alejado. Lo que quedaba claro, y debido a la influencia del sector caballerista en el PSOE, era que en caso de victoria electoral de la izquierda, el PSOE no formaría gobierno con los republicanos, como así fue. Y los comunistas tampoco.
La visión de un pacto patrocinado por Moscú cae por su propio peso.

Los anarquistas

Otro de los mitos del Frente Popular es la posición de los anarquistas frente al mismo. Siempre se ha establecido que los anarquistas participaron en masa en las elecciones y eso provocó la victoria del Frente Popular. Otro mito similar a que las derechas ganaron en 1933 por la participación de la mujer en las elecciones y la abstención anarquista. Ni lo primero ni lo segundo es cierto.
La CNT y la FAI salieron debilitadas del primer bienio republicano y tras la huelga general de octubre de 1934. La táctica que parte del movimiento libertario adoptó en 1932 sirvió para que en muchos lugares los libertarios fuesen repridos. Fue tras el fracaso de la insurrección de diciembre de 1933 cuando la estrategia de los libertarios comenzó a cambiar. En muchos lugares el movimiento libertario buscó la inteligencia con los socialistas. Algo que se llegó a plasmar en algunos lugares como Asturias en octubre de 1934.
Sin embargo la represión de dicho movimiento volvió a llevar al presidio a multitud de sus integrantes. Esto hizo replantear la estrategia de los anarquistas. En los meses finales de 1935 los libertarios se reafirmaron en su táctica antielectoral y abstencionista. Pero sus periodicos dejaban claro que lo importante no era la participación electoral o no de los trabajadores, sino la implicación de estos en la lucha contra el capitalismo y por una transformación revolucionaria. Igualmente, cuando se publicó el programa del Frente Popular, fue duramente criticado por los anarquistas al que consideraban insuficiente.
Pero una cosa fue la propaganda que los anarquistas plantearon y otra el comportamiento electoral de sus militantes. Igualmente hay que hacer una distinción según la zona geográfica. Mientras en Cataluña el movimiento libertario fue muy crítico con las elecciones, en lugares como Asturias o Madrid se rebajó bastante dicha crítica. El Pleno Nacional de enero de 1936, a pesar de reafirmarse en la lucha antipolítica, dejó claro que no se iba a realizar una campaña por la abstención como se había hecho en noviembre de 1933. Incluso declaraciones de dirigentes como Miguel Abós hacía un llamamiento a no abstenerse pues una victoria de la derecha sería perjudicial para los trabajadores.
Aun así en ningún momento la CNT hizo campaña o petición de voto público por el Frente Popular. Las páginas de sus diarios hacía constantemente reclamación de la libertad de los presos y del peligro de un posible golpe de Estado. Y eso que desde muchos sectores de la izquierda se reclamaba la participación activa de los libertarios. No fue así, aunque es evidente que muchos de sus integrantes acudieron a las urnas e incluso Durruti, en marzo de 1936, dijo en un mitin que gracias a la generosidad de los libertarios se había recuperado el espíritu del 14 de abril. Un síntoma más que evidente de la actitud individual de los anarquistas ante la cita electoral del 16 de febrero de 1936.

¿Victoria con trampas?

Otro de los argumentos contra el Frente Popular ha sido que en realidad no ganó la elecciones. Que las izquierdas manipularon para que los resultados le fuesen favorables y perjudicar así a la derecha. Nada más lejos de la realidad.
Aunque hay disparidad de criterios, los resultados electorales fueron de un corto margen a favor del Frente Popular. Se estima que el Frente Popular obtuvo 4451300 sufragios frente a los 4375800 de la derecha. El centro político obtuvo 299700 sufragios y el PNV 150100. Otros partidos se presentaron, según la zona, dentro de algunas de las coaliciones o en solitario.
Es evidente que el margen fue pequeño pero lo que favoreció al Frente Popular fue la política electoral de la República. Este sistema beneficiaba a las coaliciones por encima de cualquier cosa. Ese sistema de coalición fue lo que benefició a la derecha en las elecciones de noviembre de 1933 y perjudicó a la izquierda. La victoria del Frente Popular fue clara pues en ese sentido, si bien la derecha tenía un buen número de votantes. A nivel político, el partido más votado fue el PSOE seguido de la CEDA de Gil Robles..
La victoria del Frente Popular no se produjo por ninguna artimaña de los triunfantes, si bien no fue una victoria aplastante. Tampoco se puede establecer un paralelismo entre las zonas donde la izquierda triunfó y la derecha a lo que después fueron las zonas en la que quedó partida España con el golpe de Estado. En esta afirmación no se tiene en cuenta a los anarquistas que hubo zonas donde participaron, pero en otras como Sevilla o Cádiz, donde tenían mucha influencia, la abstención también fue muy alta, y fueron zonas que estuvieron bajo control sublevado practicamente desde el inicio de la Guerra Civil.

¿Un gobierno radical y comunista?

El Frente Popular y el gobierno que generó su victoria estuvo lejos de ser un gobierno radical y mucho menos comunista. Una vez que se produjo la victoria el gobierno estuvo conformado solo y exclusivamente por integrantes republicanos, encabezados por Manuel Azaña. Cuando este fue elegido presidente de la República, la presidencia del gobierno pasó a Santiago Casares Quiroga. En ningún momento los socialistas formaron parte del gabinete. Solo con el estallido de la Guerra Civil se llegó a esa circunstancia.
El gobierno del Frente Popular se limitó a liberar a los presos, tal como era su promesa electoral, a restituir al gobierno de la Generalitat y de los ayuntamientos sustuidos por gestoras tras octubre de 1934, y a aplicar las medidas reformistas que no se habían aplicado durante el primer bienio. Cierto fue que la presión y poder del movimiento obrero fue mayor y la aplicación de la reforma agraria se comenzó a acelerar con la ocupación de fincas. Una tarea pendiente de la izquierda y de la República.
Pero en el periodo que media entre febrero y julio de 1936, ni socialistas, ni comunistas ni mucho menos anarquistas participaron en la formación de gobierno. Incluso fueron críticos con el gobierno al que reclamaban más medidas de mejora para la clase obrera, lo que originó una serie de huelgas. Aun así estos movimientos no fueron mayores que en otros momentos de la República. Cuestión que también se ha sobredimensionado para presentar un periodo de caos y violencia entre febrero y julio de 1936. La inestabilidad existió, pero los choques entre las fuerzas de orden público, partidas de escuadristas y trabajadores, acabaron con un saldo de muertes mayor entre los trabajadores, tal como ha demostrado el profesor Eduardo González Calleja.


  Muchos mitos todavía alrededor del Frente Popular que requieren de estudios de investigación profundos.

miércoles, 10 de febrero de 2016

COMUNICADO DE PRENSA-CCMHSXX

El Consejo Ejecutivo de la Cátedra Complutense de Memoria Histórica del siglo XX (CCMHSXX) decide salir al paso de las noticias aparecidas en prensa que atribuyen a la Cátedra, en su trabajo de asesoramiento al Ayuntamiento de Madrid para el cambio del callejero, múltiples propuestas que son falsas.

Hasta ahora, la actitud de este Consejo Ejecutivo ha sido la de trabajar sin entrar a desmentir todas y cada una de las barbaridades que se atribuyen a la Cátedra. Pero hoy, el diario El País da la noticia de la existencia de una lista de 256 nombres de calles, cuya elaboración atribuye a la CCMHSXX, en la que se incluyen nombres de personajes no sólo de talla universal, sino además claramente alejados de las atrocidades cometidas en la dictadura. También hoy la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, en el mismo medio de publicación, sin cuestionar la información sobre la lista de calles a suprimir, descarga en la Cátedra la responsabilidad sobre los disparates que tal lista contiene, e indica que el ayuntamiento no va aceptar tales cambios en el callejero de Madrid.

La comentada noticia y las declaraciones de la alcaldesa sobre ella suponen un punto y final a nuestra capacidad de silencio y discreción. Ante el enorme daño que lo publicado produce en el prestigio institucional de la Universidad Complutense y en el personal de los integrantes de este Consejo, nos vemos en la necesidad de hacer públicas las siguientes puntualizaciones:

1.- La Cátedra Complutense de la Memoria Histórica del siglo XX apoya decididamente la iniciativa del Ayuntamiento de Madrid de elaborar un “Plan Integral de Memoria Madrid”. Los miembros de este Consejo Ejecutivo consideramos necesario e inaplazable reivindicar, entre otras medidas de política de memoria, la inclusión de las víctimas del franquismo en el callejero así como terminar con la apología del régimen de Franco o la los responsables de violaciones de los derechos humanos o a criminales de guerra desde los rótulos de las calles de Madrid o sus monumentos. Esa labor debe ajustarse a las recomendaciones que Naciones Unidas hace desde el Consejo de Derechos Humanos, el Alto Comisionado de Derechos Humanos o sus relatores especiales sobre el derecho a la verdad, el deber de recordar y la lucha contra la impunidad, así como a lo establecido en la Ley 52/2007, conocida como Ley de Memoria Histórica.

2.- El Consejo Ejecutivo de la CCMHSXX no ha aprobado, hasta ahora, ninguna propuesta concreta para la supresión y cambio de nombres de calles de la ciudad de Madrid, ni ha dado su visto bueno a contrato alguno con el Ayuntamiento de Madrid para realizar el trabajo de asesoramiento sobre modificación del callejero. Por supuesto, no han recibido, ni la Cátedra ni ninguno de sus miembros, dinero alguno vinculado a éste ni a ningún otro proyecto.Solo existe por parte de la Cátedra un contacto y un compromiso formal para asesorar al Ayuntamiento de Madrid en la elaboración de su Plan Integral Memoria Madrid, en el que se incluiría la modificación del callejero; pero esa labor está aún en un estado incipiente.

3.- Un grupo de investigadores de la CCMHSXX empezó, a finales de diciembre de 2015, a trabajar en el tema. Desde el primer momento ha habido una gran presión mediática y se ha generado un exceso de especulaciones sobre este trabajo, posibilitados, entre otros factores, por la utilización precipitada por parte del Ayuntamiento de Madrid de los primeros avances del citado equipo de investigación. En concreto, provocó numerosos malentendidos la publicación de una relación de 30 calles (en ella la Cátedra reconoció un error inicial, que rectificó inmediatamente, en la inclusión de la plaza de Juan Pujol) que el Equipo de Investigación iba a someter a una primera valoración. La presentación que de esa lista inicial realizó el consistorio incorporó otros errores, como el de atribuir al comandante Zorita el bombardeo de Guernica, de los que el equipo de investigación de la Cátedra no es responsable. Tan sólo el citado documento con el listado de las 30 calles, junto con el informe técnico para su retirada, ha sido emitido por la CCMHSXX. Ningún otro informe, recomendación u otra cuestión ha sido redactada por la CCMHSXX. Solicitamos, por tanto, el necesario contraste entre lo que señala ese documento con lo aparecido en los medios de comunicación.

4.- Ni el diario El País ni los responsables del Ayuntamiento han pedido a este Consejo o a la directora de la cátedra confirmación sobre la lista de 256 nombres hoy anunciada como propuesta de esta cátedra.La directora de la cátedra y otros miembros de este Consejo Ejecutivo han intentado insistentemente, sin éxito, que el rectorado de la Universidad Complutense hiciera públicas las rectificaciones pertinentes reclamadas por la Cátedra.

5.- La CCMHSXX no ha tenido nada que ver con la retirada de placas o el movimiento de monumentos que operarios del Ayuntamiento han realizado en los últimos días. Este Consejo Ejecutivo lamenta las tergiversaciones que sobre el trabajo de la Cátedra se han publicado a partir de esas actuaciones.

Por todo ello, el Consejo Ejecutivo de la Cátedra de Memoria Histórica del siglo XX acuerda:

Renunciar a la firma de contrato alguno con el ayuntamiento de Madrid para asesorarle en la elaboración de su Plan Integral de Memoria, dada la incapacidad de la institución para garantizar las condiciones mínimas para el desarrollo de un trabajo profesional y sosegado, como requiere toda investigación científica.

Madrid, 10 de febrero de 2016

Consejo Ejecutivo-Cátedra Complutense “Memoria Histórica del siglo XX”

miércoles, 20 de enero de 2016

Atrapado en Belchite

Siempre me ha parecido un error considerar al cómic como un género menor para trasmitir la historia. Nos quejamos continuamente que la gente no tiene interés por la historia y que hay una dejadez total respecto a la materia. Pero en ocasiones esa dejadez es compresinble viendo los libros y artículos que se hacen. Obras que tienen un circuito muy acotado (el académico) y que están escritos por y para investigadores. Los que nos dedicamos a la investigación o nos gusta hacer investigación agradecemos estas publicaciones. Pero tenemos la cuenta pendiente de poder conectar con el gran público. Algo que los publicistas de derechas si que han conseguido a la perfección. No hay más que dar una vuelta por las grandes librerías de este país y comprobamos cuales son los libros que están expuestos.
Sin embargo una buena forma de acercarnos a la historia de forma amable y sencilla son los cómic. El pasado diciembre regalé a mi sobrino el cómic de Rubén Uceda El corazón del sueño, que narra la historia de los anarquistas en los primeros momentos de la Guerra Civil y la Revolución de 1936.
Pero también he recibido un regalo. El cómic de Sento Atrapado en Belchite, segunda entrega de la historia del médico Pablo Uriel. En esta ocasión como este médico, de ideología contraria al bando que le tocó combatir, pide ir al frente y acaba en el pueblo de Belchite durante el asedio de las tropas republicanas. Una buena manera de acercarse a la historia de este pueblo, de esta batalla y de todo lo que le rodea. Y se hace de una forma sencilla y amena. Un buen ejemplo para poder tomar contacto con algo como la Guerra Civil y a partir de ahí ir creciendo en conocimientos.
Atrapado en Belchite muestra la crueldad de la guerra. La cerrazón de aquellos que dieron un golpe de Estado. Pero también las amistades que surgen en un contexto complicado como una guerra y la pérdida de amigos. Pablo Uriel, a pesar de haber sido militante de la FUE, se muestra como un profesional. Así lo dejó constatado en su obra autobiográfica. Y así lo refleja a la perfección Sento.

 Una vez más se muestra al cómic como un vehículo válido para trasmitir la historia. Recomendable esta obra de Sento, la segunda en la saga de Pablo Uriel. Esperamos la tercera, como ya avisa en este volumen. 

jueves, 14 de enero de 2016

El crimen fue en Casas Viejas

Artículo publicado en la edición digital del periódico Diagonal

He parafraseado chapuceramente a Antonio Machado en su poema a Federico García Lorca (el crimen fue en Granada). En realidad no iba a escribir sobre el 83 aniversario de los sucesos de Casas Viejas. Sin embargo un debate que seguí estos días en un grupo de historia contemporánea de Facebook me hizo cambiar de opinión. Allí hubo un acalorado debate entre posiciones del revisionismo histórico (por no decir neofranquistas, ya que darles la definición de revisionismo en ocasiones les viene grande) e investigadores que saben contrastar las fuentes con las que trabajan. Para justificar el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 algunos hacían alusión a una serie de golpes de Estado republicanos y “marxistas” que se habían producido en España entre 1930 y 1936. Entre ellos ubicaban la sublevación de Jaca de 1930, la proclamación de la República en abril de 1931, los movimientos catalanistas, las insurrecciones anarquistas de 1932 y 1933, la huelga general de octubre de 1934 y la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936. Es decir, golpe de Estado era todo lo que había tenido significación transformadora en la historia de la España de los años 30.
Y de todos los que se hablaban eran las insurrecciones anarquistas de enero de 1932, enero de 1933 y diciembre de 1933 las que más me llamaron la atención. Definir esos movimientos como golpes de Estado no deja de ser algo cómico. Si tomamos un golpe de Estado como la intervención a la fuerza para controlar las estructuras estatales, los anarquistas jamás darían un golpe de Estado por la sencilla razón de que quieren destruir el Estado. Partiendo de ese punto ya entramos en lo malintencionado de la afirmación. Pero hablar de los sucedido en España entre 1932 y 1933 promovido por los anarquistas como un plan para la toma de poder en coalición con otras fuerzas y que para salvar a España de esa situación se produjo “el Alzamiento Nacional” (literal) pues entonces ya estamos hablando de otras cosas.
Esto me llevó a pensar que los que allí escribían poco sabían del anarquismo y su historia en la Segunda República. Solo un prejuicio, una imagen preconcebida del anarquismo podría llevar a una conclusión tal. Por ello me he animado a escribir algunas letras sobre los que sucedió en Casas Viejas en enero de 1933 y así comprobar que allí no hubo ningún golpe de Estado.

El paulatino divorcio de la República hacía la revolución social

Si bien el anarquismo había visto con buenos ojos la proclamación de la República en abril de 1931, de cuya proclamación se reclamó parte por su insistente participación en la oposición a la dictadura de Primo de Rivera en colaboración con otras fuerzas políticas, el movimiento libertario había reclamado cuestiones que la República no concedió. Junto a ello parte de la legislación social y laboral republicana había contado con la oposición de la CNT y de la FAI, lo que hizo que con el paso de los meses la separación entre republicanos y libertarios fuese más evidente. Sucesos como la huelga de la Telefónica en Madrid en mayo de 1931 o los sucesos del mismo momento en el Parque de María Luisa de Sevilla marcaban el inicio de esa ruptura.
A ello se une que medidas tan reclamadas por la clase obrera española como la Reforma Agraria se producía de forma lenta. Para las masas campesinas República era sinónimo de Reforma Agraria desde la segunda mitad del siglo XIX. Por ello esperaban una rápida aplicación de dicha medida. La lentitud del proceso unido a la falta de recursos, tierras y el hambre que pasaban los jornaleros españoles hizo que se produjeran levantamientos y motines. Aquí habría que destacar los sucesos de Arnedo o Castilblanco.
Los anarquistas en aquellos momentos querían dar un paso más. La conflictividad laboral iba en aumento y los recien impulsados Grupos de Defensa Confederal querían plantar batalla al capitalismo. El levantamiento de la cuenca minera de Alto Llobregat en enero de 1932, proclamando el comunismo libertario en Figols, y la subsiguiente huelga general impulsada por la CNT, se saldó con un fracaso y una fuerte represión contra el movimiento libertario.
A lo largo de todo 1932 se dabatió en el seno de los organismos libertarios la conveniencia o no de ir a una huelga general. Sectores como el ferroviario estaban decididos a ello, pero se consideraba que un nuevo fracaso hueguístico podría ser fatal para el propio anarcosindicalismo. Aun así algunos nucleos confederales si estaban en la linea de iniciar una huelga general con el comienzo del año 1933. Desde el 1 de enero se fueron produciendo movimientos en distintos lugares: Barcelona, Madrid, Zaragoza, Murcia, Oviedo, Valencia, etc. En el municipio de Pedralba (Valencia) el choque entre la fuerza pública y los trabajadores se saldo con un guardia civil y un guardia de asalto muerto y diez trabajadores asesinados. Pero sin duda alguna los sucesos más trágicos y que mayores consecuencias trajo a la propio República se produjo en un pequeño pueblo de la provincia de Cádiz: Casas Viejas.

“Un castigo ejemplar”

El día 10 de enero de 1933 y tras una serie de malos infortunios (nadie avisó a los campesinos de Casas Viejas que la huelga había fracasado por problemas de comunicación), un grupo de militantes libertarios de la pequeña población tomó el cuartel de la Guardia Civil por asalto, quedando dos guardias civiles heridos (fallecieron después). Proclamaron el comunismo libertario, izaron la bandera rojinegra e incautaron los productos de primera necesidad dando a los tenderos un vale que les sería canjeado una vez triunfase la revolución.
Sin embargo tanto la Guardia Civil de la provincia como la Guadia de Asalto se desplazaron rápidamente a Casas Viejas. Los campesinos, temerosos de la represión, huyeron. Pero no se pudo evitar la respuesta desprorcionada de las fuerzas de orden público. Hasta allí se desplazó el capitan de la Guardia de Asalto Manuel Rojas Feijespán. Se detuvieron a varios campesinos y se cercó la choza de Francisco Cruz Gutiérrez, alias “Seisdedos”, un viejo militante anarquista de 72 años de edad que no había tenido participación en los sucesos. Dentro de la choza había varios familiares de Seisdedos. Se intento tomar la choza por asalto pero los habitantes se atricheraron y con escopetas disparaban a los guardias de asalto produciéndose un muerto y un herido. El capitán Rojas mandó disparar con ametralladora sobre la choza y lanzar bolas de algodón empapadas en gasolina e incendiadas sobre el techo de la misma. Seis personas quedaron completamente calcinadas solo sobreviviendo María Silva Cruz, nieta de Seisdedos, que logró huir. Inmediatamente después fueron conducidos al lugar los detenidos y asesinados a sangre fría por las fuerzas del capitán Rojas, que previamente habían asesinado también a otro anciano, Antonio Barberán Castellán, de 74 años que nada tuvo que ver con el asalto al cuartel de la Guardia Civil.
El resultado final de la masacre fue 23 personas asesinadas por las fuerzas del orden público (diecinueve hombres, dos mujeres y un niño) y tres guardias asesinados por los revolucionarios. Rojas Feijespán lo justificó en el juicio como acción para defender a España de la anarquía.

Las consecuencias a la República

Los sucesos de Casas Viejas causaron una gran conmoción en el país. El gobierno republicano-socialista de Manuel Azaña estaba en una encrucijada. Las explicaciones de Azaña ante el congreso no fueron convincentes y se desplazó una comisión parlamentaria a Casas Viejas para emitir un informe de los sucesos. Con ella fueron dos periodistas que plasmaron lo que allí sucedió en artículos y libros: Ramón J. Sender y Eduardo de Guzmán.
La implicación de Rojas Feijespán era evidente en la desproporción del suceso. Lo que no quedaba claro era si fue una decisión personal suya o la orden vino de más arriba. El capitán Rojas acusó a Arturo Menéndez de darle la orden de “sin piedad contra todos los que dispararan contra las tropas”. Pero tanto el capitán Rojas como el también capitán Bartolomé Barba hablaban de una orden directa de Manuel Azaña (“ni heridos, ni prisioneros. Tiros a la barriga”). Si bien es algo que siempre se mantuvo en una nebolusa, recientes investigaciones de Tano Ramos (El caso Casas Viejas: Crónica de una insidia, 1933-1936) sitúan que aunque desde el gobierno había ordenes de mantener el orden público solo el capitán Rojas actuó de dicha manera.
Sea como fuere, el gobierno salió erosionado. Los socialistas se plantearon desde entonces su salida del gobierno, produciéndose tal circunstancia en septiembre de 1933. La imagen de Azaña y de los republicanos quedó dañada por la brutalidad de la represión contra los campesinos.
Lo que también es cierto fue que todos los directores de la represión en Casas Viejas se sublevaron posteriormente contra la República en julio de 1936. El capitán Rojas, que fue condenado por estos sucesos, salió de prisión y se unió a los sublevados, participando activamente en la represión en Granada. Bartolomé Barba, que ya había tenido cargos durante la dictadura de Primo de Rivera, fue uno de los organizadores de la UME (Unión Militar Española), dirigió la represión en Zaragoza y fue gobernador civil con Franco. El general Cabanellas, director general de la Guardia Civil durante los sucesos de Casas Viejas, fue otro de los sublevados contra la República (a pesar de la vitola de progresista que se le daba), presidió la Junta de Defensa Nacional hasta que tomó el mando definitivo Franco.

 El crimen de Casas Viejas significó un antes y un después. Para el anarquismo porque a partir de ese momento muchos de sus sectores se replantearon la estrategia insurreccional como eje central. Para la República porque la gestión del suceso le costó el gobierno a la izquierda ya que en noviembre de ese 1933 la derecha ganó las elecciones. Porque se mostró la brutalidad con la que las fuerzas de orden público reprimieron una revuelta de campesinos y por ende del movimiento obrero (quedaban más episodios para comprobarlo). Hoy, el lugar que ocupaba la choza de Seisdedos es un lugar de la memoria. Un lugar para recordar lo que sucedió cuando unos jornaleros se levantaron contra el hambre y por unos ideales. Para los malintencionados solo decirles que nada tiene que ver con un golpe de Estado, que sí se produjo en julio de 1936 encabezado por una serie de militares que llevaron a España al desastre.

lunes, 21 de diciembre de 2015

EL REY O LA DESACELERACIÓN DE LA HISTORIA

Artículo publicado en la edición digital del periódico Diagonal

Hay muchas formas de abordar de la Historia de España. Esa es la riqueza de la ciencia histórica. Lo podemos hacer a través de sesudos trabajos de investigación, de buceos en archivos, bibliotecas y hemerotecas. Lo podemos hacer, igualmente, en libros más livianos, más divulgativos. También se puede poner al alcance del gran público a través de una buena novela histórica que conjugue los hechos reales con la libre creación del escritor. Y también se puede hacer a través del teatro.
Esta última opción es la elegida por Alberto San Juan en el Teatro del Barrio para hacer un repaso a la vida de Juan Carlos I. Y lo hace él mismo, por el texto que ha creado, junto a dos grandes actores: Guillermo Toledo y Luis Bermejo.
La obra comienza con el rey Juan Carlos I (Luis Bermejo), sentado en su trono real, con cara espasmódica mientras comienzan a aflorar los recuerdos de su historia. A partir de ahí, con tecnicas como el flash back, la biografía lineal y la aparición de diversos personajes para contar la historia de España, se construye la que ha sido la historia del Rey. Una historia que tiene hechos contrastado y otros hipotéticos. Que conjuga la historia política política con la personal, la económica con la de alianzas, etc. Y todo a través de la figura de Juan Carlos I, el elegido por Franco para sucederle.
Esta obra de Alberto San Juan trata temas que nadie se atreve a trabajar. Incluso desde el propio mundo académico. Que Franco dio un golpe de Estado en julio de 1936 y tras una Guerra Civil y años de plomo de dictadura impuso a fuego y sangre su mandato personal a los españoles es algo que ya no hay que poner en duda. Pero el mantenimiento de la dictadura franquista no solo hay que reducirlo a la manu militari del dictador. Los juegos de despacho, las alianzas políticas, los movimientos de pieza para mantenerse en el poder son fundamentales para entender esa larga dictadura. Porque el problema de cualquier dictadura es como hacerla pervivir, como conseguir la sucesión. Y Franco lo tenía claro. Había que emparentar la dictadura con la casa Borbón. Y por ello elegió a Juan Carlos. El exilio de Juan de Borbón en Estoril sirvió para que éste tejiese y moviese sus redes con la finalidad de poder llegar al trono de España. Juan de Borbón tomó contacto con la oposición antifranquista pero también con Franco. Y era evidente que el dictador no se fio nunca de áquel que le dio un apoyo explicito durante la Guerra Civil. Pero eligió a su hijo. En 1948, Juan Carlos se traladó a España y fue educado por orden de Franco. No era oficial pero ya tenía en mente su sucesor. Los intentos de Juan de Borbón por retornar al trono, la batalla perdida de Javier de Borbón y Carlos Hugo de Borbón-Parma (los carlistas) o las bravuconadas de Carlos VIII, eran inútiles pues el destino ya estaba marcado.
La obra de Alberto San Juan narra con indudable buen criterio histórico pero gran carga de humor y dramatismo esta elección. Así como la formación en la España franquista de Juan Carlos, el incidente que acabó con la vida de su propio hermano Alfonso y como poco a poco Juan Carlos se fue haciendo con un hueco en esa España gris de la represión para alcanzar el trono.
Alrededor de estos personajes principales (Juan Carlos, Franco y Juan de Borbón), van surgiendo con el tiempo otros que juegan un papel fundamental en el desarrollo de la política española. Luis Carrero Blanco, Henry Kissinger, Garrigues Walker, etc. Juan Carlos fue elegido sucesor de forma oficial en 1969, aunque desde la Ley de Sucesión de 1947 era vox populi.
La obra no deja hilo suelto. La hipótesis del asesinato de Carrero Blanco como consecuencia de las malas relaciones con Estados Unidos queda plasmada. Tampoco olvida la obra, como no podía ser de otra manera, a la España derrotada de la Guerra Civil. Aquí juega papel fundamental la figura de Chicho Sánchez Ferlosio, representado por Guillermo Toledo. Muestra también la obra como fue una dictadura que nació asesinando y murió asesinando. Desde como Franco presume ante Juan de Borbón que ha ganado la guerra y ha fusilado a miles hasta la recreación de la muerte de Salvador Puig Antich (que luego planeará durante algunos momentos de la obra) y el recuerdo a los últimos fusilados del franquismo el 27 de septiembre de 1975.
Pero la obra no para con la muerte de Franco. Siguiendo la propia frase del dictador que “todo esta atado y bien atado”, se aborda la Transición. Y se plantea esa Transición como ese pacto de élites del franquismo con una oposición antifranquista, para mantener las bases fundamentales del sistema. Dos figuras son centrales en este periodo en la obra. Adolfo Suárez y Felipe González. El primero como el mejor baluarte para mantener los privilegios de la dictadura, para que asegurarse a través de la Ley de Reforma Política (1976), la Ley de Amnistía (1977) o la Constitución (1978) que no va a haber juicios contra la dictadura. De hecho, la figura del Rey, el designado por Franco, se tiene que mantener. La figura de Felipe González viene a finiquitar el proceso. Gana el PSOE en 1982, la figura del Rey se comienza a desgajar de la imagen de la dictadura. Se inaugura la cultura del pelotazo.En sucesivos dialogos los personajes de la muestran que para mantener toda esa estructura hay que dar prevendas. Ahí queda explícito los supuestos negocios del rey, los acuerdos con países donde la democracia brilla por su ausencia. Y abordan también el polémico 23-F, el golpe de Estado, donde se vuelven a poner encima de la mesas hipótesis plausibles pero que de momento, debido a la imposibilidad de acceder a la documentación, no se puede demostrar.
El final de la obra es la muerte del Rey y su traslado a El Escorial. Será el último rey que se entierre allí.
 Estamos ante una gran obra de teatro. Por muchos aspectos. Porque pone el dedo en la llaga de muchos asuntos espinosos de la historia de España de los últimos 70 años que no se ha querido abordar. Porque ofrece una visión crítica de la historia de la Transición y no la dulce imagen que se ha intentado trasmitir. Y porque se pone en tela de juicio a lo que se considera cuasi sagrado por muchos sectores: la institución monárquica. Junto a esto le unimos una magnífica puesta en escena y tres grandes actores. Solo queda felicitar a Alberto San Juan, Guillermo Toledo, Luis Bermejo y a todo el equipo del Teatro del Barrio. Cuando dicen que el llamado régimen del 78 esta en proceso de descomposición, es fundamental poder ver obras como esta. Nos ayuda a entender muchas cosas que no solo tiene que estar en conocimiento de los historiadores sino de la gente en general.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

CUANDO LOS MILITARES SE SUBLEVARON POR LA LIBERTAD

Artículo publicado en la edición digital del periódico Diagonal, escrito por los historiadores María Losada Urigüén y Julián Vadillo Muñoz, en el aniversario de la sublevación de Jaca de diciembre de 1930.

En 1956, la colección Temas Españoles, en su entrega 64, ofrecía un folleto sobre los sucesos de Jaca de diciembre de 1930. Temas Españoles fue una colección impulsada por el franquismo entre 1952 y 1978 donde se ofreció la imágen del régimen en numerosas cuestiones relacionadas con la historia, la cultura y el folklore en España. Este cuadernillo lo escribió el comisario de policía Eduardo Comín Colomer, una de las pocas personas que durante el franquismo escribió sobre el movimiento obrero, evidentemente con la visión propia del franquismo. Teniendo como tenía los archivos incautados a las organizaciones obreras a su alcance no le fue difícil acceder a ellos y dar rienda suelta a su imaginación.
En dicho folleto, el comisario Comín Colomer, habla de la sublevación de Jaca de diciembre de 1930, como una suerte de conspiración francmasónica y comunista, en un momento de caos político que antecedió a otro momento de más caos, la Segunda República española. Esta fue la visión que durante mucho tiempo se mantuvo en el imaginario de una sociedad que el franquismo absorbió. Hoy quizá, más que estas visiones estrambóticas, lo que queda de Jaca es un manto de olvido. Cuando estamos en un momento de aniversario del hecho, merece la pena rescatar el acontecimiento.

La oposición a la dictadura de Primo de Rivera

Cuando en septiembre de 1923, el general Miguel Primo de Rivera Orbaneja dio un golpe de Estado con el beneplácito del rey Alfonso XIII e instauró la dictadura, el futuro de aquellos que en los años precedentes habían intentado dar un giro a la política española estaba marcado. Aun así fueron distintas las actitudes. Mientras republicanos, anarquistas y los escasos comunistas que existían fueron perseguidos y sus centros clausurados, los socialistas se integraron en algunas estrucutras de la dictadura, como los Comités Paritarios (según los ugetistas siempre que estos fueran elegidos democráticamente) y Francisco Largo Caballero llegó a auparse a una consejería de Estado.
Las organizaciones perseguidas fueron protagonistas de numerosos intentos de derrocamiento de la dictadura y de la monarquía. Los sucesos de Vera de Bidasoa de 1924, la “Sanjuanada” en 1926 y numerosas conspiraciones que se fraguaban en el exilio pusieron como protagonistas a republicanos y anarquistas que estaban a la cabeza de dichas conspiraciones. Personajes como Marcelino Domingo, Miguel de Unamuno, Santiago Ramón y Cajal, Manuel Buenacasa, Mauro Bajatierra, Eduardo Barriobero, etc., pasaron a ser protagonistas del periodo. Personalidades que luego jugaron un papel primordial en la Segunda República. A la altura de 1928, los socialistas comienzan a abandonar sus posiciones colaboracionistas y se unen a la oposición antimonárquica. Esto dio lugar a que el 17 de agosto de 1930 naciese el Pacto de San Sebastián, inicio del proceso de la Segunda República. Participaron todas las fuerzas menos los anarquistas, aunque estos siguieron el proceso muy de cerca y participaron de acciones del mismo como veremos. Cuando Primo de Rivera dimitió y se estableció la llamada “Dictablanda” de Berenguer, la suerte la monarquía estaba echada. Solo faltaba saber el precio que iba a costar su proclamación.

La sublevación de Jaca

La unión de las fuerzas antimonárquicas posibilitan el empuje de sectores que durante mucho tiempo buscaban un cambio de régimen. Los militares españoles habían sido un colectivo que habían aunado en su seno desde sectores ultraconservadores hasta sectores progresistas. A pesar que desde 1907 y la Ley de Jurisdicciones había puesto a los militares en la política española como protagonistas, siendo el rey el cabeza de ellos, siguieron existiendo en el ejército sectores de miltiares republicanos, retomando una tradición iniciada en el siglo XIX, que no dudaban en la conspiración para alcanzar sus objetivos. Alguno de esos militares fueron francamente avanzados, como el caso de Fermín Galán, por sus enormes conocimientos de la política española y su ideología política a caballo entre el republicanismo y el anarquismo.
Esta efervescencia revolucionaria llevó a un grupo de militares en Jaca a sublevarse contra la monarquía. Una sublevación en consonancia con el comité revolucionario surgido a raiz del Pacto de San Sebastián. Entre esos militares estaban el propio Fermín Galán, Ángel García Hernández, Salvador Sediles y Miguel Gallo. Galán llevaba tiempo preparando el movimiento en contacto con sindicalistas y anarquistas aragoneses, entre ellos el escultor Ramón Acín (fusilado por los franquistas en 1936). El objetivo era una sublevación militar con el respaldo del movimiento obrero declarando huelga general para colapsar el régimen monárquico.
Pero los planes no salieron bien. El gobierno y la Dirección General de Seguridad, encabeza por Emilio Mola, estaban al tanto de los movimientos revolucionarios. El levantamiento antimonárquico se fue aplazando y al final Galán y su grupo decidió sublevarse el 12 de diciembre de 1930. Casares Quiroga, integrante del Comité Revolucionario, se desplazó hasta Jaca para persuadir a Galán que era pronto para el levantamiento, pero como dijo él mismo “llegó a horas intempestivas” y se quedó dormido, produciendose la sublevación que tuvo un desenlace fatal. La idea era una sublevación general el 15 de diciembre, pues en Madrid había un entendimiento entre militares como Ramón Franco, el Comité Revolucionario y el movimiento anarquista. Galán decidió anticiparse unos días.
Una vez que se produce el movimiento tomó todos los centros neurálgicos de Jaca, proclamó la República, se nombró alcalde a Pío Díaz Pradas y se izó la bandera tricolor confeccionada por el sastre Lucas Biscós. El objetivo posterior era ir hacía Huesca, pero las tropas de Galán fueron lentas a la hora de movilizarse y eso dio tiempo al gobierno de Berenguer de reaccionar. Las columnas gubernamentales salieron al encuentro de las tropas de Fermín Galán desde Zaragoza y Huesca. Hubo enfretamientos con la Guardia Civil y el día 13 de diciembre, en el santuario de Cillas, se produce el encuentro entre las tropas de Galán y las gubernamentales. Hay enfrentamiento y Galán mandó el alto el fuego a sus tropas. Estas obedecieron pero las tropas gubernamentales siguieron descargando fusilería. Los sublevados comienzan a huir. Galán se negó. El golpe había fracasado. En el pueblo de Biscarrués, Fermin Galán y el resto de militares, se entregaron.

Consejo de Guerra

El domingo 14 de diciembre de 1930 se celebró el consejo de guerra presidido por el general Arturo Lezcano. Duró tan solo 40 minutos. Fermín Galán y Ángel García Hernández fueron condenados a muerte y ejecutados ese mismo días (a pesar de ser domingo) en el polvorín de Fornillos (Huesca). El resto de militares, como Salvador Sediles, fueron también condenados a muerte, pero con la proclamación de la República fueron indultados.
Desde ese momento las figuras de Galán y García Hernández pasaron al imaginario colectivo del republicanismo y de los antimonárquicos. Cuando el 14 de abril de 1931 se izó de forma oficial la bandera tricolor, ya eran conocidos como “los mártires de las República”.
Quedan para la historia la idea y la acción de esos dos militares que intentaron cambiar el curso de los acontecimientos con una idea de libertad.

Fermín Galán, protagonista

Fermín Galán Rodríguez nació en San Fernando, Cádiz, en 1899. Creció en un ambiente castrense. Con once años ingresó en el Colegio de Huérfanos de Guerra de Guadalajara. Se licenció en la Academia de Infantería de Toledo en 1918 y pronto fue destinado a Marruecos. Allí vivió la guerra en primera persona y fue formándose una opinión contraria a la dictadura de Primo de Rivera. Fruto de este desencuentro fue “La barbarie organizada”, libro de protesta que escribió en 1925.
Su disconformidad con la dictadura se materializó en su intervención en la insurrección de la Noche de San Juan, en 1926. Fue detenido por su implicación e internado en la cárcel de Montjuic. Allí estableció contacto con militantes de extremas izquierdas y anarquistas. Aprovechó su encierro para documentarse ideológicamente y, animado por sus amigos libertarios, escribió “Nueva Creación”, la síntesis de su pensamiento.
Galán basculaba entre el anarquismo y las extremas izquierdas republicanas. Reivindicaba una república federal y social que tenía sus bases en el sindicato y el municipio. En su opinión, ésta debía servir de transición hacia una nueva sociedad cuyos principios serían la educación racional, la igualdad legal para ambos sexos y la búsqueda del equilibrio entre el respeto a la libertad individual y el bienestar general.
En diciembre de 1930 lideró el Levantamiento de Jaca y trató de proclamar la República en aquella plaza. Su fracaso terminó con su fusilamiento y el de su compañero Ángel García Hernández. Tras este hecho surgió el mito de los “Protohéroes de la República”. Durante el Advenimiento de la II República, el recurso a su imagen fue recurrente en el ámbito popular, pero no se consolidó como un verdadero referente en el imaginario del nuevo régimen. En el escenario político sus únicos herederos eran las extremas izquierdas libertarias. Éstas monopolizaron su memoria durante el primer bienio y la utilizaron para criticar la obra parlamentaria de un gobierno republicano-socialista que apostaba por una “revolución legal” por encima de la idea de una república social y sindical, por la que se había levantado Galán.
A partir de 1934 los nuevos gobiernos republicanos empezaron a deshacer la obra reformadora de los años anteriores. Las izquierdas republicanas y los socialistas -ahora en la oposición- se contagiaron de la frustración de las extremas izquierdas y comenzaron a radicalizar sus posturas, como evidencia el movimiento de octubre de 1934. Paulatinamente, la imagen de los mártires volvió a un primer plano. Perdidas las urnas, se volvía la mirada a la legitimidad del recurso a la actuación revolucionaria violenta, de la que Galán era el paradigma. Esto evidenciaría una falta generalizada de costumbres democráticas en la España de los años 30, pero también la existencia de una idea común en la izquierda en torno a la esperanza republicana. Un símbolo de su unidad en la creencia de que la república era más que un régimen político, un compromiso de transformación de la sociedad. Y esta esperanza comenzaba a reavivarse.

lunes, 14 de diciembre de 2015

DE CONSTITUCIONES Y TRANSICIONES

Artículo publicado en la edición digital del periódico Diagonal

Estos días se ha celebrado el 37 aniversario de la Constitución de 1978. Salvo excepciones, todo ha sido parabienes para el texto aprobado el 6 de diciembre de 1978. A tenor de un par de artículos publicados el pasado 6 de diciembre en el diario El País me ha hecho reflexionar sobre este texto constitucional y la naturaleza de la Transición española. Pedro Sánchez, candidato del PSOE a la presidencia del gobierno, y Pablo Iglesias, candidato de Podemos, esgrimían sus argumentaciones sobre el texto.
            El candidato del PSOE hacía una defensa de la Constitución haciendo un llamamiento a actualizarla en el siglo XXI y que tuviese el mismo respaldo mayoritario que tuvo el texto actual hace ya casi cuatro décadas. Un texto, el de Sánchez, que responde a la perfección al papel que ayer y hoy le tocó y le toca al Partido Socialista.
            El texto de Iglesias es más interesante. Lo es porque aborda la historia y pone antecedentes dignos para un hipotético futuro constitucional o proceso constituyente. Y aunque el artículo de Iglesias si habla de un pacto entre las élites franquistas y una parte de la oposición democrática, lo cierto es que no deja de reconocer importancia a la constitución de 1978 y coloca a movimientos como el 15-M en el resultado de la traición que se ha producido a ese pacto constitucional. Por eso hace un llamamiento a un nuevo gran acuerdo.
            Sin embargo, ambos textos adolecen de una perspectiva histórica, de un análisis profundo de la razón de la Constitución de 1978. En el caso de Sánchez porque no deja de ser la posición del establishment. En el caso de Iglesias porque quizá no quiera dar una vuelta de tuerca más a su análisis, que empieza bien pero acaba mal.
            Para la analizar el proceso que se inicia con la muerte del dictador (del que este año se ha cumplido 40 años) habría que mirar más atrás en el tiempo. Esa legitimidad democrática de la que se jacta el candidato socialista forma parte de la ilegitimidad franquista. A estas alturas, cabe hacerse una pregunta: ¿Quién marcó los tiempos de la Transición? ¿Quién puso sobre la mesa la hoja de ruta que desembocó en el proceso de 1978? La respuesta es muy simple: los franquistas. Y no lo voy interpretar, sino que me voy a valer de una obra publicada en 1973 por Rafael Calvo Serer titulada La dictadura de los franquistas 1. El “affaire” del Madrid y el futuro político. Una obra poco conocida, publicada en París, cuando Calvo Serer ha caído en desgracia por el tema del diario Madrid y su enfrentamiento con Fraga Iribarne. Calvo Serer podría ser una de esas figuras representativas de ese franquismo, amoldado desde el inicio a sus estructuras, convertido en figura señera de la intelectualidad franquista, y en que la etapa final del régimen comienza a buscar una salida al mismo.
            No es intención aquí hablar de Calvo Serer. Para acercarnos un poco a su figura y su vinculación al franquismo recomiendo la obra de Gregorio Moran El maestro en en erial donde ubica a toda esa intelectualidad franquista. Lo importante a rescatar aquí de Calvo Serer es una parte del final de libro arriba citado. Calvo Serer en ocho puntos plantea cual puede ser la salida de la dictadura franquista. Estos ocho puntos son los siguientes:
  1. Nombramiento de presidente del gobierno: Para Calvo Serer esa Transición la tendría que encabezar un militar.
  2. Ley de prensa: Ofrecer un pluralismo social y político del país sin caer en manifestaciones revolucionarias y estableciendo límites en materia de prensa y sanciones administrativas.
  3. Independencia de los tribunales
  4. Estatuto de las organizaciones políticas: Reivindica la actuación de Charles De Gaulle en 1958 cuando reformó la constitución que condujo a la V República y que a pesar de los problemas salió reforzado.
  5. Libertad de las Cortes: Mira hacía un sistema que prime a la mayoría y castigue a la minoría parlamentaria sobre la base de un partido socialdemócrata y otro conservador.
  6. Amnistía para los vencedores y los vencidos
  7. Sindicación profesional única y asociación libre obrera
  8. Sometimiento a referéndum de la modificación constitucional


            Sorprende como lo que marcaba Calvo Serer en 1973 se iba a cumplir casi a la perfección entre 1976-1978. Ciertamente no hubo un presidente militar pero si un vicepresidente. El sistema mayoritario electoral se impuso entre un partido socialdemocrata (PSOE) y otro conservador/liberal (UCD, luego AP, luego PP). Esa amnistía a vencedores y vencidos se plasmó en la Ley de Amnistía del 15 de octubre de 1977 que no significó sino un punto y final para exonerar a la dictadura de sus crímenes. El modelo de sindicación no dejó de ser un calco del franquista, adaptado por los Pactos de la Moncloa, donde la diferencia partía de la diversidad sindical pero siempre dentro de los límites marcados por el nuevo sistema. Y efectivamente esa constitución se sometió a un referéndum un 6 de diciembre de 1978 saliendo el “sí”. Un “sí” conseguido tras una campaña que poca alternativa daba con un argumento falaz: o esta Constitución o vuelta a la dictadura.
            Calvo Serer fue un franquista que propuso estos tempos, que otros franquistas como Suárez, José María Areilza, Manuel Fraga Iribarne, etc., pusieron en marcha. Ellos marcaron los ritmos de la Transición. Franco designó al jefe de Estado. A partir de ahí comenzó a gravitar el proceso de Transición que Calvo Serer ya prevía en 1973. La verdadera base de la Transición fueron unos franquistas adaptándose a las circunstancias para no perder su posición y salvar su vinculación a un régimen que cometió crímenes contra la humanidad, y una izquierda, representada por el PSOE y el PCE en su mayoría, que cedió. Unos porque se convertían en una alternativa y para ello eliminaron cualquier conato de oposición en el exilio (Congreso de Suresnes, 1974). Otros porque se creían ser una alternativa y tanto cedieron que quedaron completamente descolgados de unas estructuras que no les fueron benevolentes. Algunos culpan exclusivamente al carrillismo, pero en realidad fue el camino de toda una organización. Aquellas posiciones que no cedieron y no se plegaron lo pagaron caro. Los republicanos quedaron fuera del mapa político (no les dejaron presentarse en las primeras elecciones de 1977. Cuando se presentaron en 1979 el sistema y la Constitución ya estaban en marcha). Los anarquistas sufrieron por una estructura sindical emanada del Pacto de la Moncloa que le fue hostil, por una criminalización de su modelo sindical y por unos problemas internos que acabaron condenándolo al ostracismo. La extrema izquierda se difuminó. Esa Transición les salió a pedir de boca a los franquistas. Tanto es así, que cuatro décadas después de la muerte del dictador la impunidad del franquismo sigue vigente y con argumentos legales, como la ya citada Ley de Amnistía. Y todo esto no quiere decir que los que lucharon en aquella época, que buscaron un mundo mejor, no consiguiesen torcer un poco la historia para que no fuese como algunos la marcaban. Todo lo contrario. Hay que reconocer el empuje y lucha de toda una generación.
            Pero tanto al artículo de Iglesias y, sobre todo, al de Sánchez, les hace falta mucha pedagogía histórica. Pablo Iglesias habla de proceso constituyente pero sin descifrar si ese proceso significa una nueva constitución o reformar la que tenemos. Pedro Sánchez si habla de reforma. Pero es difícil reformar algo que no ha funcionado durante 37 años. En ese tiempo, los artículos fundamentales de la constitución han sido sistemáticamente violados: derecho al trabajo, derecho a la vivienda, etc. Aunque una cosa si tiene el PSOE y es que sabe lo que es reformar una constitución. Lo hizo en su artículo 135 y tardó, junto con el PP, una tarde en hacerlo.
            Estos días se celebra el 37 aniversario de la Constitución de 1978. Pero casi nadie a recordado que un 9 de diciembre, pero de 1931, las cortes republicanas aprobaban la Constitución de 1931. No voy a entrar en una comparación de constituciones (tema muy interesante) y tampoco en mostrar que significó la experiencia republicana con sus acierto y sus errores y problemas estructurales, que los tuvo (frente a los que la demonizan y a los que la consideran la arcadia feliz). Lo que si podemos hacer tras leer su texto es concluir que aquella vieja constitución republicana si significó una ruptura con el pasado monárquico. La del 6 de diciembre de 1978 no. Básicamente porque la primera lo cambió casi todo. Y la segunda partió con el sucesor de Franco como Jefe de Estado y porque fueron las élites de una dictadura que tumbaron la democracia los que dieron paso a una nueva democracia. Difícil y extraña ruptura.