jueves, 12 de mayo de 2011

Nombres propios de la Comuna de París


Pongo aquí un artículo publicado hoy en el periódico Diagonal sobre una serie de personajes de la Comuna de París.

Entre los cientos de miles de participantes en la Comuna de París, hay una serie de nombres que destacan por la trascendencia que tuvieron en el génesis, desarrollo y desenlace de dicho acontecimiento. Trataremos aquí a los más significados.

EUGÈNE VARLIN (1839-1871)

Perteneciente a una familia de campesinos pobres, Varlin se convirtió en un obrero tipógrafo. Varlin se muestra rápidamente seguidor del ideario del anarquista Pierre Joseph Proudhon e impulsa la creación de Sociedades de Socorros Mutuos, embrión de los modernos sindicatos. Participante en numerosas huelgas de tipógrafos se afilia a la Asociación Internacional de los Trabajadores siendo delegado en los Congresos de Londres (1865) y Ginebra (1866). Fundó un comedor cooperativo en París (La Marmita) y formó parte del Consejo de la Internacional en Francia junto a otro personaje fundamental como Jean Louis Pindy. Desde el primer momento Varlin se compromete con la Comuna y el 26 de marzo de 1871 forma parte de su Consejo en la Comisión de Finanzas. Opositor a la creación del Comité de Salud Pública del que era partidario la mayoría de los blanquistas, Varlin tiene un trágico final. Detenido en combate durante la Semana Sangrienta es linchado por un grupo de burgueses, siendo fusilado sentado.

ÉDOUARD VAILLANT (1840-1915)

Proveniente de una familia acomodada, Vaillant se licencia en ingeniería y medicina. Muy pronto se afilia a la Internacional en la línea política de Auguste Blanqui, participando en la formación y desarrollo del movimiento socialista parisino. Miembro de la Comuna es elegido delegado de Instrucción Pública. Con él se desarrolla el laicismo en la escuela. Siguiendo la línea blanquista de organización vertical Vaillant trabajó para un entendimiento entre el poder político y el poder militar durante el sitio de los versalleses y los prusianos. El periódico oficial de la Comuna fue dirigido por él. Tras la Semana Sangrienta Vaillant huye a Inglaterra donde cuenta con el apoyo de Marx. Vaillant pasará a pertenecer posteriormente al Partido Socialista Revolucionario y en 1902 participa de la creación del Partido Socialista de Francia.

NATHALIE LE MEL (1827-1921)

Nathalie Le Mel, junto a Louise Michel, son las grandes defensoras de los derechos de las mujeres durante la Comuna. Participó en numerosas sociedades obreras y en las huelgas de 1864 y 1865. Se afilia a la Primera Internacional, estando su ideología a caballo entre el marxismo y el bakuninismo. Creó la Unión de Mujeres durante la Comuna y se enfrentó con las armas en la mano a los versalleses. Es detenida, juzgada y deportada a Nueva Caledonia junto a Louise Michel. Allí denuncia el trato que los autóctonos reciben por parte de los franceses. Regresa a París en 1878 y trabaja en diferentes oficios. Le Mel ve como todos sus hijos fallecen debido a la extrema pobreza. Muere en 1921.

GUSTAVE COURBET (1818-1877)

Miembro de una familia de propietarios terratenientes, Courbet aprende a pintar en la escuela del Museo de Louvre y se especializa en retratos. Su estilo es influencia de los realistas holandeses del siglo XVII. Sabedor de su talento, Courbert se pone al frente de la nueva escuela realista. Durante la Comuna de París, fiel a sus ideas republicanas y socialistas, Courbet funda la Federación de Artistas. Al igual que Varlin, se opone a la creación del Comité de Salud Pública. Detenido el 7 de junio de 1871 es encarcelado. Al salir se exilia a Suiza donde fallece en 1877.

CHARLES DELESCLUZE (1809-1871)

El periodista Charles Delescluze siempre fue muy participativo en los movimientos revolucionarios franceses. En la Revolución de 1830 ya está en las filas democráticas. Firme defensor de la República es perseguido y se exilia. Con la revolución de 1848 regresa a Francia, pero la subida de Napoleón III le vuelve a costar la detención y enviado a Cayena (Guyana). Tras la amnistía de 1859 funda el periódico Le Reveil, que se hace participe de los principios de la Internacional. Es contrario a la capitulación frente a los prusianos y anima a la lucha armada contra los mismos. El 30 de marzo es elegido miembros de la Comuna. Delescluze es asesinado en las barricadas parisinas defendiendo la Comuna durante la Semana Sangrienta.

JULES VALLÈS (1832-1885)

De familia acomodada, Vallès es un brillante estudiante. Desde muy pronto muestra sensibilidad social y con apenas 16 años participa de las protestas de Nantes durante la Revolución de 1848. se convierte en un opositor a Napoleón III y participa de numerosas conspiraciones contra él. Colaboró en numerosos periódicos como La Marseillaise de Henri Rochefort y La Liberté de Èmile de Girardin. Aunque cercano a todas las tendencias Vallès comienza a mostrar mayor interés por el anarquismo. Miembro de la Comuna de París participa de periódicos como Pere Duchesne, fundado él su propio periódico: el trascendental Le Cri du Peuple. Cercano a personas como Varlin o Courbet, Vallès es reprimido tras la Comuna. En su haber tiene obras para literarias para entender el periodo como Jacques Vingtras-L´Enfant o L´Insurge, junto a obras anteriores pero también con carga política como L´Argent o Les Amours de Paille

jueves, 21 de abril de 2011

UNA PLUMA AL SERVICIO DE LA CLASE OBRERA MAURO BAJATIERRA MORÁN (1884-1939)


Reproduzco el artículo publicado por "Cuadernos para el Dialogo" sobre Mauro Bajatierra, a propósito de la publicación del libro sobre este panadero y periodista anarquista.

Hay una cosa peor que la muerte, que es el olvido. Y cuando hablamos de la figuras del movimiento obrero español, en muchos de los casos, hablamos del olvido. El olvido generado por casi 40 años de dictadura que no paró de reprimir hasta el último suspiro del dictador. Y junto con esa represión se instaló un olvido obligado, que tras años de la muerte de Franco se ha convertido en un olvido sociológico. Las víctimas de la represión franquista no tienen su lugar.

Por ello la tarea de recuperación se hace ingente. Casi, a veces, inabarcable. Y en esa tarea de recuperación te encuentras en ocasiones con personajes extraordinarios, que cuando los investigas de cerca te das cuenta de la trascendencia y la importancia que tuvieron en el momento que les tocó vivir. En este grupo se encuentra la figura de Mauro Bajatierra Morán.

Descubrir la figura de Mauro Bajatierra no ha sido fácil. Y aquí siempre habrá que hacer mención a la importante que LaMalatesta editorial lleva a cabo en la recuperación y difusión de las figuras del movimiento libertario. Este proyecto surgido en el año 2005 y que desde el 2008 tiene su ubicación en la Calle Jesús y María (en el madrileño barrio de Lavapiés), está realizando una magnífica labor en esta línea.

De Mauro Bajatierra tan solo conocíamos algunos datos deslavazados. Militante anarquista, cronista de guerra en el diario CNT y que fue asesinado al finalizar la Guerra Civil, siendo una de las primeras víctimas de la represión franquista. Muchos libros citaban a Mauro Bajatierra pero siempre en la línea anterior. Poco más se sabía de él.

Pero leyendo sus crónicas de guerra descubrías a un personaje apasionante. Muchas fueron las crónicas y los cronistas durante el periodo bélico. Destacaríamos a Manuel Zambruno Nobruzán, Elías García (ambos anarquistas) o las de Jesús Izcaray o Clemente Cimorra (comunistas). Pero las de Mauro tenían algo que no tenían el resto. Sabía unir la tragedia de la guerra, plasmar el crimen que los golpistas contra la República estaban perpetrando y al mismo tiempo unirlo con el humor. Bajatierra comprendía que la moral no solo se conseguía con enardecidos discursos sino también con la sonrisa en un panorama que no era precisamente el mejor. Los motes a los rebeldes golpistas, la cercanía de Bajatierra con el combatiente y su propia implicación en el conflicto y en la lucha le pone por encima de cualquier otro cronista de guerra. Crónicas fidedignas, porque la investigación histórica nos ha mostrado que eran completamente verídicas.

Solo por sus crónicas de guerra la figura de Bajatierra ya es extraordinaria. Pero su muerte, o mejor dicho, su asesinato por las tropas rebeldes franquistas cuando llegan a Madrid, no deja de ser una muerte heroica. Bajatierra se niega a exiliarse. Se considera viejo y cansado. Y él era consciente de lo que les esperaba. Caminó ese 28 de marzo de 1939 hacía su domicilio en la calle Torrijos (en el madrileño barrio de la Guindalera) y allí defendió su vida hasta el último cartucho de su fusil. Al ser asesinado el cuerpo de Bajatierra es trasladado al depósito de cadáveres y allí, en su parte de defunción, comienza la infamia. Según dicho parte Bajatierra murió de un síncope. Un pequeño ejemplo de lo que será esa “justicia” franquista. Un Estado ilegal, pues proviene de un golpe de Estado, y un gobierno formado por criminales y delincuentes, como las investigaciones históricas nos están demostrando.

¿Pero quién era en realidad Mauro Bajatierra? ¿Quién era ese personaje que redactaba esas crónicas? ¿Quién era esa persona que tuvo una forma tan heróica de morir? Estás preguntas y estos interrogantes es lo que generó la investigación y posterior publicación del libro Mauro Bajatierra. Anarquista y periodista de acción.

Rastrear a Mauro Bajatierra no ha sido tarea fácil. Nunca es fácil hacer una biografía. Pero en este caso (como en otros muchos que están por venir) era completamente necesario. Para conocer la importancia del personaje hay que retrotraerse a los inicios del siglo XX. Y a partir de ahí podremos comprobar la vinculación trascendental de Mauro Bajatierra en el movimiento obrero madrileño y en el desarrollo del anarquismo en la capital de España. Dejando a un lado las colaboraciones que Bajatierra tuvo en periódicos satíricos de la época, la colaboración con la prensa anarquista y obrera data de 1908, en el periódico Humanidad. Mauro Bajatierra dinamiza la creación del Ateneo Sindicalista de Madrid, embrión de la CNT madrileña de formación más tardía. Mauro Bajatierra es fundador del grupo anarquista Los Iguales (que editaron primero Los refractarios y luego El Hombre Libre) en Madrid, que es uno de los mejores precedentes de la Federación Anarquista Ibérica (FAI) fundada en 1927. Y junto a esta militancia anarquista tan definida, Bajatierra siempre militó en las sociedades obreras de panaderos adscritas a la Unión General de Trabajadores (UGT). El sector de los panaderos era mayoritariamente socialista. Bajatierra con una conciencia de clase muy definida entendía que su lugar estaba en la sociedad obrera donde estaban sus compañeros de oficio y de lucha. Era tal el prestigio de Mauro Bajatierra en el movimiento obrero de la capital de España que acude a los comicios de la UGT donde hace una defensa del asociacionismo obrero, de la acción directa y una crítica a los dirigentes de la central socialista, como Pablo Iglesias, Manuel Cordero o Francisco Largo Caballero. Igualmente el prestigio de militante obrero se plasma en que Bajatierra siendo panadero preside también la Federación de Obreros Peones y Braceros de España, porque así lo determinó los miembros de esta sociedad. También escribió en el periódico El Tranviario, órgano de los obreros de dicho sector en Madrid. Y sus luchas las deja muy bien plasmada en sus escritos periodísticos y libros.

Junto a toda su militancia obrera, Mauro Bajatierra fue un activo militante de la masonería. Perteneció a la logia La Cantoniana de Madrid, donde coincidió con personajes de primer orden como Eduardo Barriobero y Herrán. Una militancia en la masonería en la que alcanza el grado 3 (Maestro Masón), ocupando varios cargos en las distintas logias por las que pasa, y de la que siempre estuvo vinculado. Su expediente de depuración masónico data de 1947. Es decir, ocho años después de su asesinato.

El prestigio de Mauro Bajatierra y su lucha constante por los derechos de la clase obrera le hizo visitar en más de una ocasión la cárcel. Quizá el juicio más famoso al que es sometido es aquel en el que le acusan de haber participado en el magnicidio contra el presidente del gobierno Eduardo Dato Iradier, en abril de 1921. A Mauro Bajatierra le acusan de comprar las pistolas que sirven a Mateu, Nicolau y Casanellas para ejecutar al presidente del gobierno. La inocencia de Bajatierra es demostrada de forma magistral por su abogado defensor, Pedro Rico. Este, durante la Segunda República será alcalde republicano de Madrid.

La dictadura de Primo de Rivera lleva a Mauro Bajatierra al exilio. Residió en París, donde en ningún momento abandonó su actividad política. Participa de distinta reuniones con la idea de expulsar al dictador y al Rey de España, teniendo como objetivo primario la proclamación de la República. Este era el objetivo mayoritario del movimiento anarquista en el exilio. Desde Bajatierra hasta Manuel Buenacasa, pasando por Eusebio C. Carbó, entre otros. Estas actividades llevan a que las autoridades pidan la expulsión de Bajatierra de la capital francesa, recalando en Bruselas y en Berlín, aunque siguió de forma clandestina en París durante bastante tiempo.

Con el fin de la dictadura Bajatierra vuelve a España y desde las páginas de distintos periódicos hace críticas a las políticas que desde el gobierno republicano-socialista se están llevando a cabo. Su participación es importante en un primer momento en La Tierra, dirigido por Salvador Cánovas Cervantes y donde también colaboraban personajes como Eduardo de Guzmán o Melchor Rodríguez. Pero a partir de noviembre de 1932, con la fundación por Avelino González Mallada del diario CNT, su pluma se pone al servicio del portavoz de la Confederación Nacional del Trabajo, con el que no paró de colaborar hasta su muerte.

Todo esto ya sería motivo de tener delante de nosotros a un personaje sin igual. Pero Bajatierra también legó un extraordinario trabajo en folletos y libros. Distintos folletos de defensa del movimiento anarquista, análisis sociales y memorias de su participación en procesos, como sus hoy ilocalizables dos volúmenes de su estancia con los zapatistas en México en 1914. Junto a esta producción hay también una ingente labor literaria con la publicación de novelas y cuentos infantiles. Mayoritariamente en la colección “La novela ideal” de la familia Montseny, o bien a través de la editorial del propio Bajatierra llamada Plus Ultra. También es autor de tres obras de teatro estrenadas en durante el periodo republicano.

Y no ha sido fácil reconstruir la vida de Mauro Bajatierra. Hacer una biografía nunca es sencillo. Los datos y la documentación están completamente fragmentados. Un poco en los archivos de la CNT (Fundación Anselmo Lorenzo), otro poco en el Archivo Histórico Nacional en Madrid, bastante más en el Centro Documental de la Memoria Histórica en Salamanca, muchos de sus textos en la Biblioteca Nacional en Madrid, sus artículos en la Hemeroteca Municipal de Madrid, etc. Pero si bien rastreando en todos estos archivos en España se recompone su vida y su obra se ha hecho necesario también recurrir a los archivos fuera de las fronteras españolas. Algo se encontró sobre él en el Instituto de Historia Social de Amsterdam. Otro poco en los archivos de la Federación Libertaria Argentina (FLA) y bastante documentación sobre su etapa de exilio en el Archivo Histórico Nacional de Francia en París, en los archivos de la Prefectura de Policía de París y en el Archivo de Fontainebleau.

Recuperar a Mauro Bajatierra Morán ha sido toda una aventura. Y con él no solo se ha reconstruido la historia de este panadero, periodista y anarquista. También se ha recuperado parte de la historia del movimiento obrero y del anarquismo madrileño. Y con ello un trozo de la España derrotada.

Mauro Bajatierra Morán ha salido del ostracismo.

Julián Vadillo Muñoz

jueves, 14 de abril de 2011

ILUSIONES Y ESPERANZAS DE LA SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA


Hace 80 años España amanecía llena de entusiasmo e ilusión. Tras las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, que da una victoria a las candidaturas republicanas en las capitales de provincia, y por una presión popular incontenible, Alfonso XIII abandona el país con su séquito y se proclama la Segunda República española (14 de abril)
Era una ruptura con un pasado ominoso. La monarquía borbónica belicosa había llevado al país al colapso. Tanto es así que, incluso, cuando su final estaba cerca, recurrió a la instauración de una dictadura (la de Miguel Primo de Rivera) para salvar los muebles. Pero tras unos años de fuerte represión, la caída de la Casa de Borbón estaba servida.
Cayó la monarquía y se proclamó la República. Y comenzó un periodo de amplitud de libertades, de recorrer un camino que había sido bloqueado.
La República del 14 de abril tuvo grandes aciertos. Fue un periodo donde se ampliaron los derechos. Exigencia de la población obrera. El gran acierto de la República fue la educación. Durante los dos años del primer bienio republicano, gobernado por republicanos y socialistas, se construyeron más escuelas y centros de instrucción que durante toda la monarquía de Alfonso XIII. La República llevó la cultura a los pueblos. Algo que se reclamaba. Algo que los Ateneos y Centros obreros de anarquistas y socialistas llevaban haciendo desde hacía mucho tiempo pero con medios mucho mas modestos. La alfabetización era algo fundamental en el movimiento obrero y lo había llevado a cabo. La República monta las Misiones Pedagógicas, crea escuelas, forma a los maestros y profesores, impulsa la creación de institutos de segunda enseñanza, se reforma la Universidad.
Otros derechos reclamados se impulsan. Libertad de asociación tras una dictadura que había reprimido duramente las posiciones contrarias a su establecimiento, sobre todo contra anarquistas y republicanos. Libertad de prensa. Libertad de opinión.
Se establece el sufragio universal, tanto para hombres como para mujeres. Será en 1933 cuando las mujeres españolas podrán ejercer por primera vez el derecho al voto. Una defensa del sufragio femenino colosal por Clara Campoamor, diputado por el Partido Radical, en la primera legislatura, que contó con el escepticismo de otras mujeres como Victoria Kent, diputada por el Partido Radical-Socialista, Margarita Nelken, diputada del Partido Socialista Obrero Español (que no participó en el debate), o la indiferencia de mujeres como Federica Montseny, anarquista, que consideraba prioritario otros derechos para la mujer. Es el momento en el que comienza despuntar mujeres de la talla de Hildegart Rodríguez Carballeira. Ser aprueba en 1932 la Ley del Divorcio y ya en Guerra, en 1936, la Ley del Aborto (impulsada siendo Ministra de Sanidad y Asistencia Social Federica Montseny)
Es un momento del desarrollo de las vanguardias artísticas, de la creación.
Es el periodo de la verdadera laicización. Es decir, de la separación Iglesia-Estado. La República nació laica. Dio libertad de culto. Algo que la Iglesia católica jamás perdonaría. El perder su poder e influencia (en educación, en la sociedad) hizo que la población española se encontrara con una Iglesia cainita, vengativa y beligerante. Pero el ritmo de la sociedad era separarse definitivamente del yugo vaticanista.
Se configura una nueva forma de Estado y en el artículo 6 de la nueva Constitución se elimina la guerra como instrumento de política nacional.
Pero la República falló en problemas estructurales del país. Sobre todo en material laboral. No se acometió con la contundencia que se reclamaba la Reforma Agraria, uno de los principales escollos de España. La expropiación a un reducido número de terratenientes monárquicos y el desigual reparto de la tierra, hizo que los jornaleros pronto comenzasen a criticar estas medidas republicanas por insuficientes. El plan de la Reforma Agraria era demasiado extenso en el tiempo. Y la miseria y el hambre de los jornaleros era inmediata. Aquí se sitúan sucesos como los de Arnedo o Castiblanco, encabezados por miembros de la UGT, o los de Casas Viejas, impulsados por los anarquistas, que pedían una verdadera igual social y económica.
A pesar de que la República avanzó en leyes proteccionistas laborales, también fueron insuficientes. Las leyes del trabajo, así como la Ley de Términos Municipales (solo se podía contratar a gente del municipio) y la Ley de Vagos y Maleantes (aplicando en muchas ocasiones en cuestiones laborales), se tornaron en leyes mas represivas que conciliatorias con el movimiento obrero. Cuando se aprobó la Ley de Defensa de la República se demostró que determinados republicanos temían mas el poder e influencia del movimiento obrero español (mayoritariamente anarquista) que a los verdaderos enemigos de la República, que eran los reaccionarios que se sublevaron contra ella en julio de 1936. La propia constitución de los Jurados Mixtos, impulsadas por el ministro de trabajo Francisco Largo Caballero, tenía una finalidad clara: eliminar del panorama sindical a la CNT para favorecer los intereses de la UGT. Los cenetistas advirtieron al ministro que ese sistema se volvería contra él. Y cuando ganan las derechas en noviembre de 1933 ese sistema excluye a la UGT que opta por los pactos y alianzas con los anarcosindicalistas. La República reprimió duramente, en alguna ocasión sangrientamente, al movimiento obrero.
Cuando en noviembre de 1933 ganan las derechas las elecciones se producen tremendos retrocesos en los derechos adquiridos. Incluso los que fueron los fallos de ese primer bienio republicano-socialista sufren una dura merma. Y eso hace reaccionar a la población que había traído la República. No iban a permitir que sus derechos fueran pisoteados una vez más. Y salen a la calle a defenderlos. Ahí se entiende la Revolución de Asturias de 1934, sangrientamente reprimida por Lerroux y la CEDA. La movilización hizo que las izquierdas confluyeran. Nació el Frente Popular conformado por el PSOE, UGT, PCE, Izquierda Republicana, Unión Republicana, Partido Sindicalista, etc. La CNT y sus militantes, aunque no participa directamente en el Frente Popular (se integrará en él durante la Guerra Civil), dará libertad a sus militantes y votaran en amplia mayoría a las candidaturas frentepopulistas. Un ejercicio de pragmatismo y aun de responsabilidad del anarquismo español, que al igual que aceptando participar en Guerra de las instituciones republicanas, demuestra hasta que punto de los anarquistas estaban al servicio de una mejor calidad de vida de los trabajadores españoles y porque no se retrocediera ningún derecho más. Solo cabía avanzar. En febrero de 1936 las izquierdas vuelven a ganar las elecciones.
Pero las derechas no daban tregua. Desde el mismo 16 de febrero, día de la victoria del Frente Popular, la derecha conspira. Parte del Ejército, la Iglesia, los fascistas, se sublevan contra la República en julio de 1936. Y una vez más el pueblo, generoso, no va a permitir que se establezca una dictadura, que vuelvan a mandar los de siempre. A pesar de que la República ha actuado duramente contra los trabajadores en muchos aspectos, estos se lanzan a defender esa República que trajeron el 14 de abril de 1931. Era el inicio de la Guerra Civil. Otra historia con un final trágico que sumió a España en una larga noche.
Una larga noche en la que algunos, aun hoy, no quieren encender la luz. Donde la continuidad de estructuras de la dictadura siguen intactas y todo recuerdo y reivindicación de la República o de lo que sucedió durante la República es silenciado y condenado al ostracismo como hizo Franco en sus largos años de dictadura, represión, terror y genocidio.
Ya es hora de restablecer nuestros verdaderos derechos y libertades.

martes, 5 de abril de 2011

Las repercusiones de la Comuna de París


El movimiento revolucionario generado en París no pasó desapercibido para otras poblaciones de Francia que intentaron emular su ejemplo. Saint-Etienne, Le Creusot, Marsella, Toulouse o Narbona son ejemplo de ello. Pero es quizá Lyon la ciudad donde la revolución tomó un carácter más similar al de París. Allí incluso llegan a intervenir personajes del primer orden del movimiento obrero internacional como Mijail Bakunin o James Guillaume. A pesar de todo, estos movimientos se desmoronaron y la represión también recayó sobre ellos.

Pero la liquidación de la Comuna de París no significó el fracaso de sus ideas. Muy por el contrario el movimiento revolucionario parisino se insertó en el imaginario colectivo del movimiento obrero internacional. Y la solidaridad de las distintas secciones de la AIT con los revolucionarios de París es un ejemplo de ello. Como ejemplo cabe citar el manifiesto que el periódico La Federación de Barcelona emite el 14 de mayo de 1871, pocos días antes de la masacre que se produciría en París. Una comisión formada por franceses y españoles emitió un comunicado de completo apoyo a la Comuna. Incluso algunos participantes de la Comuna, como Paúl Lafargue, recalan en España para huir de la represión feroz del gobierno de Thiers.

Las enseñanzas de la Comuna no fueron ajenas para posteriores procesos revolucionarios. Tan solo dos años después de la Comuna de París en España se sucedieron una serie de acontecimientos de carácter revolucionario con la Primera República ya proclama. El fenómeno del cantonalismo y la plasmación del federalismo en ese movimiento tienen como principal antecedente a la Comuna de París. A pesar del fracaso del movimiento cantonal, que contó con el apoyo de los internacionalistas de la AIT, hubo ciudades como Cádiz (con la figura de Fermín Salvochea), Alcoy o Cartagena donde las experiencias revolucionarias alcanzaron cotas muy altas.

La Comuna de París se convirtió igualmente en una fecha de recuerdo y conmemoración de la primera experiencia de la toma de su propio destino por la clase obrera. Todas las tendencias del socialismo, desde los marxistas hasta los anarquistas, la reivindicaron como un ejemplo de la plasmación de sus ideas.

Igualmente la Comuna sirvió como pretexto a los gobiernos europeos para reprimir de forma agresiva al desarrollo de los movimientos obreros.

Se sucedió la iconografía de la Comuna, así como la extensión de canciones que recordaban el acontecimiento. Un primer ejemplo es el poema “La Internacional” de Eugene Pottier, compuesto durante el trascurso de la Comuna, que en 1888 Pierre Degeyter le dio música y se convirtió en un himno de los trabajadores de todo el mundo. Otras canciones como la “Semaine Sanglante”, recordaba la crueldad con la que fue reprimido el movimiento comunero. Pero el gobierno francés persiguió cualquier atisbo de recordatorio de la Comuna de París, por lo que durante mucho tiempo estas canciones fueron proscritas. A pesar de ella los revolucionarios se valieron de canciones anteriores como “Le temps des cerises”, que a pesar de componerse en 1866 (años antes de la Comuna de París), los revolucionarios la tomaron como recordatorio del movimiento parisino, pues en el mes de marzo (mes que se inicia la Comuna) es el tiempo de la recogida de las cerezas. Un trasfondo de una canción popular que logró burlar a la ley.

Todo lo relacionado con la Comuna y sus enseñanzas se insertaron dentro de la cultura obrera reivindicativa que tuvo en las enseñanzas parisinas la mas alta expresión de sus ideas hasta la Revolución de 1917 en Rusia (el majnovismo es un ejemplo de ello) y la de 1936 en España, las cuales siempre tuvieron el ejemplo de la Comuna de París.

jueves, 24 de marzo de 2011

La represión contra la Comuna. La Semana Sangrienta



Tras las jornadas de la Comuna de París, iniciada el 18 de marzo de 1871, las tropas de Versalles, a cuya cabeza de encontraba Adolphe Thiers, inició una campaña de ataques contra París y su pueblo revolucionario. La idea de Thiers era clara: acabar con todo lo relacionado con la Comuna, el movimiento socialista y la Internacional. Algo que aplaudieron el resto de gobiernos europeos. A pesar de la resistencia, la represión fue cruel.

El gobierno de Louis Adolphe Thiers desde Versalles no se conformó únicamente con desmontar la Comuna. El hecho de haberse visto obligado a huir a Versalles era algo que debían de pagar caro los revolucionarios parisinos.
Muchos prisioneros fueron ejecutados de forma indiscriminada a medida que las tropas versallescas iban dominando París. Una represión de la que no se libró ni mujeres ni niños. En los últimos días de la defensa de la Comuna fueron cayendo sus más significados representantes. Dombrowski, Rigault, Delescluze, etc., murieron en los combates.

Pero a partir del 28 de mayo de 1871, cuando la Comuna ha sido completamente dominada por las fuerzas de Versalles comenzó una cruel represión. Personajes como el general Gaston Alexandre Auguste de Galliffet, se distinguieron por una crueldad infinita. Un corresponsal del Daily News vio como realizó fusilamientos selectivos. Por ejemplo, en una columna de prisioneros hizo sacar a los que tenían canas y acusarlos de forma inmediata de haber participado también en las revoluciones de 1848 ordenando su ejecución inmediata. Varlin, uno de los mas destacados militantes de la AIT francesa, fue agredido por los burgueses, dejándolo en un estado tan lamentable que lo fusilaron sentado. Trocadero, los Campos Eliseos, Montparnasse, Montmartre, etc., se llenaron de sangre de los comuneros.

Las delaciones se sucedieron y las cárceles se llenaron de presos políticos. Comenzó una serie de Consejos de Guerra, con las sentencias tomadas de antemano, que llevaron al paredón a multitud de personajes. Por ejemplo al condottiero Rossel, que había abandonado el ejército y se había unido a la Comuna. Blanqui, que no había participado de los acontecimientos por encontrarse preso en Versalles, fue condenado a cadena perpetua.

La famosa Semana Sangrienta posterior a la entrada de las tropas versallescas en París, se cobró la vida de más de 30000 revolucionario (otras fuentes hablan de hasta 50000). No contentos con este baño de sangre los Consejos de Guerra señalaron 13450 sentencias, entre las cuales se encontraban 157 mujeres y 80 niños. Las fotos de la represión de la Comuna son estremecedoras.

Pero la represión ideológica y psicológica sobre lo que significó la Comuna se extendió mucho en el tiempo. Los Consejos de Guerra se extendieron hasta 1874. No solo espero la muerte y la cárcel a estos revolucionarios. Gran número de ellos sufrieron penas de deportación a las lejanas tierras de Nueva Caledonia y Guayana. Este decreto se aprobó el 13 de marzo de 1872, poniéndose en práctica al mes siguiente. Se calcula en unos 7000 los deportados. Entre las deportadas se encontraba Louise Michel. Igualmente el 14 de marzo de 1872 que prohibía a los franceses pertenecer a organizaciones revolucionarias internacionales. Quedó completamente prohibido cualquier comentario sobre la misma y Thiers se encargó, en una campaña de propaganda, de mostrar a los revolucionarios como asesinos y gente sin piedad.

Habría que esperar a 1889 para que una amnistía general liberara a los cientos de presos de la Comuna que aun estaban en las cárceles, presidios y deportación.

Hoy a todos los ejecutados de la Comuna les recuerda una placa en el cementerio parisino de Père-Lachaise.


miércoles, 16 de marzo de 2011

Formación y desarrollo del movimiento obrero francés


Con motivo del 140 aniversario de la Comuna de París, vamos a poner algunos post relacionado con este acontecimiento trascendental para la historia del movimiento obrero internacional. Y comenzamos con la formación del movimiento obrero francés

Francia es un país con una honda raíz revolucionaria. La revolución de 1789 y sus consecuencias marca el devenir, no solo de la sociedad francesa, sino de todo el mundo. Es por ello que la expansión y desarrollo de su movimiento obrero no deja lugar a las dudas.

Francia es cuna de algunos de los pensadores socialistas más importantes de la historia. Junto a pensadores como Saint Simon (Catecismo político de los industriales), Charles Fourier (Doctrina social) fundador de los falansterios o Étienne Cabet (Viaje por Icaria), destaca Pierre Joseph Proudhon, nacido en Besançon en 1809, y que es padre del anarquismo. Sus teorías acerca del Banco del Pueblo, el mutualismo como sistema económico y el federalismo como organización política le ponen en un lugar preeminente el obrerismo internacional. Sus teorías son tomadas por multitud de revolucionarios que imprimirán una dinámica a los movimientos obreros de los distintos países. Entre sus obras destaca ¿Qué es la propiedad? (respondiendo categórimente que un robo), Sistema de las contradicciones económicas o filosofía de la miseria (respondida por Karl Marx con Miseria de la filosofía) o El principio federativo.

Desde otras perspectivas socialistas destacaría la figura de Louis Blanc (a pesar de que nació en Madrid), desarrollando el concepto de “cuarto estado” frente a la burguesía, el derecho al trabajo y la obligación del Estado de protegerlo. Su visión de la cuestión social le lleva a teorizar sobre los Talleres Nacionales, que llegarán a ponerse en práctica. Blanc representa el lado moderado del movimiento socialista. Destacaríamos su obra La organización del trabajo.

Más a la izquierda se sitúo Louis Auguste Blanqui, partidario de la acción revolucionaria y de la toma del poder político para desde allí emprender una transformación drástica de la sociedad. Para Blanqui la lucha de clases y la necesidad de una dictadura del proletariado eran fundamentales. Su acción revolucionaria está basada en las sociedades secretas y en la capacidad de un pequeño y decidido grupo de revolucionarios para la toma del poder.

Muchos otros personajes dinamizaron el panorama político obrero francés. Destacaríamos a los hermanos Reclus, a Louise Michel (anarquista con una participación fundamental en la Comuna de París), Jules Guesde (posterior fundador del Partido Socialista Frances), Jean Jaures, Henri Tolain, etc.

La fecha de 1848 marcó un antes y un después en el desarrollo del obrerismo francés. La revolución de ese año marca la capacidad de la clase trabajadora para organizarse y tener una alternativa a la sociedad capitalista emergente. Una clase obrera francesa muy influenciada por la obras de Proudhon y por el recientemente publicado El Manifiesto Comunista de Marx y Engels en 1847.

A pesar de la dura represión que sobre el movimiento obrero ejerció el gobierno del Segundo Imperio francés de Luis Napoleón Bonaparte, la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT) se asentó con fuerza. Cabe destacar aquí las figuras de Eugène Varlin y Jean-Louis Pindy, si bien la mayoría de las corrientes socialistas del momento se asociaron a la Internacional.

En vísperas del movimiento revolucionario de la Comuna, las fuerzas mayoritarias entre el movimiento obrero francés organizado eran los blanquistas y los anarquistas proudhonianos. Junto a ellos existían también fuerzas como los jacobinos (partidarios de reformas radicales), bakuninistas (seguidores en la Internacional de los ideales de Mijail Bakunin), marxistas, etc.


jueves, 3 de marzo de 2011

La "Filosofía del anarquismo" y su actualidad

El último tercio del siglo XIX y el primero del XX contaron con grandes figuras del anarquismo que desarrollaron la idea hasta alcanzar su plenitud. Si alguno tuviésemos que destacar podríamos centrarnos en tres: el italiano Errico Malatesta ("La anarquía"), el francés Elisée Reclus ("El hombre y la Tierra") y el ruso Piotr Kropotkin ("La conquista del pan"). Pero entre ellos hay una figura importantísima para el desarrollo del anarquismo en el plano de las ideas como es Charles Malato (1857-1938). Esto sin despreciar a otros como Gautier, Faure, Rocker o Nettlau.
De todas las obras de Malato, que fue un gran crítico de las religiones y considerado enemigo del catolicismo con claros ejemplos en la prensa conservadora española, destacaríamos la "Filosofía del anarquismo". Y si destaca esta obra es porque desde sus páginas emana todo lo concerniente a la idea anarquista que hoy, más de un siglo después de ser escrita, sigue guardando una actualidad tremenda. Y esto en un momento histórico para el anarquismo, sobre todo el francés, donde no existía una asociación que cohesionara las actividades del movimiento y donde obras de la envergadura de las de Malato eran eclipsadas por las acciones de los Ravachol, Émile Henry o Sante Caserio.
Malato nos hace un recorrido histórico en su libro desde un posicionamiento anarquista estructurando todo lo que la idea debe o tiene que abarcar. Malato anticipa la victoria de la anarquía pero asegura que los estallidos revolucionarios que se produzcan no llevarán inmediatamente al establecimiento del anarquismo, pues no habría aún suficiente madurez. Aun así el anarquismo debe estar presente, para que influyendo con sus ideas en el período revolucionario, logre la llegada de la sociedad anarquista.
Malato descifra bien la división que hay dentro del movimiento socialista. Distingue a los posibilistas o moderados, a los marxistas o revolucionarios autoritarios y a los anarquistas. No enumera a los independientes, a los que considera susceptibles de avanzar hacia el anarquismo, ni a los blanquistas, seguidores de August Blanqui, que están a caballo entre los republicanos burgueses radicales y los marxistas.
Igualmente hace una lectura del arraigo del anarquismo, y aunque aventura el triunfo de éste en todos los lugares, asegura que en los países latinos su triunfo será más fácil que en los germánicos, donde la tradición autoritaria y estatalista hace mas facil el camino a los marxistas. Es lo que denomina el comunismo a la prusiana.
No perdamos de vista estas palabras tan proféticas de Malato: "El siglo actual será el siglo de Rusia; esto está fuera de toda duda. ¿Y cuál será entonces el fin de la evolución? Esta idea hoy naciente y aún mal comprendida porque la miseria ha embrutecido a las masas: la anarquía (…) Francia está destinada a dar a Europa las primeras nociones de republicanismo, Alemania a organizar el comunismo autoritario y Rusia a que prevalezca la anarquía". Malato nos está anticipando la Revolución rusa. Solo falla en dos aspectos. La Revolución rusa, que sí iba encaminada a la anarquía, es yugulada por los bolcheviques al establecer su dictadura. También en Alemania, que no instaura el comunismo autoritario sino la más terrible de las dictaduras, la nazi, que pone al Estado en el centro de todo. Aun así el comunismo autoritario tuvo una fuerte organización en Alemania y tuvo su oportunidad con la proclamación de la Republica soviética de Berlín en 1919, focos de los levantamiento de Baviera del mismo año, donde hubo una importantísima participación anarquista (nos remitimos a los textos de Landauer), la revuelta de Turingia de 1921 y luego el avance del KPD (Partido Comunista Alemán) frenado por la dictadura nacionalsocialista. No iba pues equivocado Malato, más teniendo en cuenta que Francia sí ha sido escuela de republicanismo.
Otro aspecto que toca, como buen anarquista, es la religión. Y Malato critica todo tipo de credo religioso. Para él las religiones están condenadas a la desaparición en un mundo que camina hacia la ciencia y el librepensamiento. Reproduzcamos aquí algunos párrafos sacados del libro: "El cristianismo se extingue. Nacido en Oriente, jamás ha podido echar raíces allí. El islamismo lo hizo fracasar en África. En Europa y América pierde terreno día a día. (…) El islamismo (…) no puede convenir a las naciones civilizadas. Aún le restan largos días en África y en la India, pero ha de llegar el momento en el que la industria y la ciencia se posesionarán definitivamente del país de las mil y una noches; y este día será vencido el islamismo. El judaísmo no hace prosélitos; muy al contrario sus creyentes lo abandonan para hacerse ateos y librepensadores. Esta religión se extinguirá dulcemente".
También ataca Malato el brahmanismo y el budismo. Si bien hoy no se ha acabado con el credo religioso, lo que si es cierto es que Malato nos da las claves para hacerlo.
El resto del libro toca temas clásicos en el anarquismo como la propiedad, el consumo, las artes, las ciencias, la producción, el amor, la justicia, etc. En todas critica la banalidad burguesa y expone la concepción del anarquismo de todos esos términos. Lo mismo que Proudhon afirma categóricamente que la propiedad es un robo, Malato asegura que cuando la propiedad se universalice y se haga común desaparecerán los ataques contra la misma, pues nadie se roba a sí mismo.
La instrucción y la educación es otro de los temas tratados. Y aquí introduce un dato cuanto menos curioso. Para él la educación se realiza durante toda la vida, por lo que debe estar libre de toda jerarquía. Sin embargo, la instrucción abarca un período de tiempo cerrado y sí necesita una programación, que aun no siendo en desigualdad sí mantiene la dicotomía maestro-alumno. Por entonces en Francia se está desarrollando la experiencia de Paul Robin y el Orfanato de Cempuis, donde Malato tendría una referencia. Igualmente Malato fue una de las figuras que influyó mucho en Ferrer Guardia (eran amigos) y su proyecto educativo de la Escuela Moderna.
El punto más espinoso que toca Malato en su obra es la defensa social y el militarismo. Como buen anarquista, Malato condena las guerras como instrumento burgués. Pero sin embargo considera que la Revolución debe tener una defensa. Esto suscitó críticas en el momento. Pero Malato solo vino a confirmar la idea del pueblo en armas, circunstancia que se plasmaría con mayor claridad en el movimiento majnovista ucraniano de 1918 a 1921 y en la Revolución española de 1936 a 1939.
La obra de Malato es muy sencilla. Quien se acerque a ella comprobará que no es una de esas obras voluminosas que nos dejaron Bakunin o Kropotkin. Pero es, sin embargo, una obra intensa y que llena y sobre todo nos acerca al anarquismo. No nos va a hacer unos eruditos de la idea pero sí nos hace sentirnos próximos a la misma.